Análisis de Luna Nera, Temporada 1: brujas italianas en Netflix

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No es usual que nos lleguen series de Italia y mucho menos fantásticas: Luna Nera, de Netflix, revisita las historias de brujas con una óptica algo diferente y con resultados dispares.

Cacería de Brujas

Una cosa no se le puede negar a Netflix: el permitirnos conocer series de orígenes nacionales a los que no estamos acostumbrados y que, posiblemente, no tendrían lugar dentro de las cadenas de TV. De hecho, no son muchas las oportunidades que, en países de habla hispana, tenemos de encontrarnos con una serie italiana y, menos aún, de género fantástico. Porque Luna Nera es, básicamente, una historia de brujas, aunque, como veremos, con un enfoque distinto del habitual.


Luna Nera se basa en una novela de la escritora Tiziana Triana, quien, junto a Francesca Maniera y Laura Paolucci, es también una de las creadoras de la serie. Está ambientada en la Italia del siglo XVII y, particularmente, en una pequeña comunidad ficticia llamada Serra, de región indeterminada pero, al parecer, no lejos de Roma a juzgar por lo poco que tardan en viajar de una a la otra.


Ade es nieta (o eso cree) de Natalia (a quien a veces se refieren como Antalia y eso confunde, pero luego se entiende), una partera a la cual le toca asistir un alumbramiento por parte de la esposa de un noble local llamado Sante. En el momento previo al mismo, Ade percibe el alma del niño escapando, lo cual no solo significa que el parto no terminará bien sino, además, que la muchacha posee un don especial. En efecto, el niño nace muerto y eso encoleriza a Sante, quien elige el fácil camino de acusar de brujería a la partera, pues él es prácticamente el líder de una congregación llamada “benandanti” (buenos caminantes), los cuales salen por la noche a cazar brujas, sin que se entienda por qué lo hacen enmascarados cuando su actividad, según se ve, dista de ser secreta. Tanto abuela como nieta tendrán que huir de los cazadores, quienes, no obstante, les darán alcance. Para dar oportunidad de escapar tanto a Ade como al hermano menor de ésta, Natalia prácticamente se deja capturar aun sabiendo que su destino será la hoguera; antes de ello, sin embargo, ha instruido a Ade para que, junto a su hermano, busquen refugio en Las Ciudades Perdidas, una especie de reino secreto al cual se accede por medio de una puerta oculta en el bosque.

Un Poco de Historia: ¿quiénes fueron los benandanti?

Para empezar, hay que aclarar que son un descubrimiento bastante reciente de la historiografía italiana y, en particular, de la llamada microhistoria, que tiene entre sus grandes exponentes a Carlo Ginzburg. Este historiador italiano ha arrojado luz sobre la existencia de congregaciones de campesinos que, entre los siglos XVI y XVII, perseguían a mujeres acusadas de brujería a las que culpaban por las malas cosechas. Su existencia en época tan tardía vino a revelar que la caza de brujas se mantuvo en Italia más tiempo del que se pensaba y aun después del Renacimiento, aunque la evidencia histórica recogida parece evidenciar que estos grupos se movieron sobre todo en la región de Friule y no en las cercanías de Roma, como en la serie ocurre.


Como dato interesante, Ginzburg encuentra a esta práctica como herencia de otras precristianas, de origen pagano y que tenían que ver con la persecución de los llamados licántropos u hombres lobo, las cuales, con el paso de los siglos y por una especie de sincretismo religioso, quedaron subsumidas dentro del cristianismo, al cual tomaron como referente para su fanatismo.

Que las hay, las hay

Bien, ya sabemos sobre los “benandanti“; volvamos ahora a Luna Nera. Huyendo de ellos, Ade llega hasta la puerta oculta en el bosque y allí se encuentra con un aquelarre que bastante poco tiene que ver con Shakespeare, pero que funciona como una cerrada sororidad de brujas que conviven en forma de comunidad autosuficiente y fuera del alcance de sus perseguidores. El aquelarre (soy yo quien lo llama de ese modo: el término no aparece en la serie), está dirigido por una bruja mayor llamada Tebe, bajo cuyo liderazgo operan un grupo de discípulas que responden a nombres de ciudades antiguas. Y así es cómo nos vamos a enterar que las brujas, lejos de ser los esperpentos del mal que siempre nos han mostrado, son casi todo lo contrario: las encargadas de mantener cerrada la comunicación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, ese que, justamente, las fuerzas de la oscuridad se empeñan en abrir desde el seno mismo de la Iglesia, institución que constituye su máscara ante la sociedad.


El enfoque es bastante novedoso y, además, por supuesto, tiene una fuerte impronta feminista. Las mujeres perseguidas que allí permanecen ocultas han sido rechazadas por la sociedad por no aceptar las reglas de los hombres. De hecho, cada tanto salen en cabalgata nocturna para rescatar a otras mujeres que han sido apresadas o bien esperan ser ajusticiadas.

Por otra parte, las brujas aguardan la supuesta llegada de una elegida: si están ya haciendo sus apuestas al respecto, les advierto que se van a equivocar de cabo a rabo del mismo modo en que yo lo he hecho.

Libros Ocultos y Roles Cambiados

No faltan algunos lugares comunes de las historias de brujas o de espectros, por lo menos en el molde en que vienen en los últimos tiempos. Por lo tanto, hay un amor imposible, que es el de Ade y Pietro, quien, para complicar las cosas, es hijo de Sante. Los momentos amorosos (nunca sexuales, cosa que hoy sorprende) son bastante cliseros y, por momentos, dan ganas de avanzar hasta la siguiente escena pero, por fortuna, no llegan a ocupar un lugar tan central como para volverse empalagosos.

Pietro, por momentos, es demasiado bueno: un personaje sin muchos matices, que digamos. Ha estudiado medicina en Roma y, como tal, está identificado con la batalla de la ciencia contra el oscurantismo y la superstición, lo que lo lleva más de una vez no sólo a entrar en conflicto con su padre, quien dirige las cacerías de brujas, sino también con su hermana Cesaria, aun más fundamentalista en tal sentido, y con quien Pietro sostiene, al parecer, una relación incestuosa desde hace años.


También está, como dijimos, la sociedad secreta, sin la cual la historia no funcionaría y no pueden faltar el cónclave en algún lugar oculto ni tampoco y, como siempre, un libro misterioso y oculto cuyo título invariablemente sonará a disco de power metal, en este caso El Libro de los Reinos. El mismo es buscado imperiosamente por el abad Marzio Oreggi, clérigo que oficia como ideólogo y líder en sombras de los benandanti, a quienes, no obstante, esconde su oscuro y verdadero carácter. En otras palabras, la fe católica, en cuanto institución, es presentada como fachada para el Mal: sí, con mayúscula.

Virtudes y Defectos

Bien: eso es, básicamente, Luna Nera. Aun a pesar de algunos clichés ya mencionados, no se puede decir que no sea una base interesante y con potencial. Sin embargo, algunas cosas conspiran en contra.

Para empezar, el elenco está integrado mayormente por actores desconocidos, lo cual no me parece mal pero, por lo que estuve indagando, proceden en su mayoría del medio teatral. Eso tampoco sería un problema, claro, siempre y cuando alguien se encargara de decirles que, cuando tienen una cámara cerca, no es necesario exagerar gestos o expresiones como si tuviera que verlos alguien ubicado en una hipotética última fila y encima corto de vista. No ocurre con todos, desde ya, pero en muchos se advierte sobreactuación. Nina Fotaras es una de las pocas que tiene alguna experiencia televisiva a través de recientes series italianas como Don Matteo (2018), El Primer Rey (2019) o El Nombre de la Rosa (2019): sin brillar, está correcta en el rol principal. Quien más se luce, sin embargo, es Adalgisa Manfrida en el papel de la joven bruja Persépolis, la cual traba estrecha amistad con Ade: es un personaje interesante que me hubiese gustado que fuera más desarrollado por el guión. Roberto De Francesco está bien en el papel del abad Oreggi y en este caso es al revés: su villano es tan liso que no le permite excesivo lucimiento.


Hay también un cierto problema con el ritmo y el manejo de los tiempos; a veces la historia presenta baches en los cuales parece que los acontecimientos se aceleraran sin que nos demos cuenta cuándo ni por qué.
Por último: el discurso. Y aquí es el momento de insistir sobre algo que hemos dejado entrever al principio del artículo: la serie está creada, dirigida y guionada por mujeres, lo cual, desde ya, no tiene por qué ser bueno ni malo pero, al parecer, se buscó hacer una serie feminista desde la concepción misma de la idea. Insisto: eso no tiene por qué ser malo, pero aquí el problema no está en el discurso sino en la forma del mismo, sobre todo cuando, a medida que van avanzando los episodios, raya cada vez más en la obviedad. A ver si soy claro: me parece genial cuando, en los primeros episodios, la trama nos permite asociar la caza de brujas en la Italia del siglo XVII con el rol subalterno de la mujer en la sociedad de hoy o con las formas actuales de violencia contra la misma, quizás diferentes en grado pero no en contenido. Es más: hasta nos alimenta el ego al sentirnos inteligentes por haber logrado descifrar tal asociación. Pero con el correr de la serie, las metáforas van perdiendo lugar ante el discurso más obvio, el cual, muchas veces, aflora en boca de las propias protagonistas como si buscaran explicarnos algo que, quizás, no hayamos entendido. Y cuando a mí se me está pasando a subestimar como espectador, la cosa comienza a no gustarme: es como un humorista explicando el chiste. A ello hay que sumarle que esos comentarios, además, están expresados en un tono discursivo que parece corresponderse con el siglo XXI y no con el XVII, es decir: en la pretensión militante, se peca de anacronismo.


La ambientación de época está razonablemente bien sin ser rutilante. La fotografía también, aunque nunca vuelve a deslumbrarnos como en las primeras escenas nocturnas del episodio inicial. La banda sonora es extraña: al igual que ocurre, por ejemplo, con Peaky Blinders, se trata de música claramente contemporánea que choca un poco con el contexto de época (sí, perdón, debo decir que eso es lo único que no me convence en Peaky Blinders): ya sé que no es un error sino un contraste buscado, pero, en fin, no me convence, aunque debo reconocer que el tema de apertura es hermoso y, de hecho, fui a buscarlo a YouTube apenas terminé de ver la temporada (la canción se llama “Son of the Dust” y es interpretada por la banda Black Casino and the Ghost). Ah, y cuando las brujas van al galope, me vienen remembranzas de western spaghetti, pero inmediatamente me acuerdo que la serie es italiana y ya todo está en su lugar otra vez.


El último episodio introduce algunos giros interesantes. En primer lugar, nos enteramos del porqué del título de la serie: eso de la luna negra. En segundo lugar, hay sucesos que producen cambios drásticos en las relaciones entre los personajes. Y, en tercer lugar, hay dos revelaciones: una a propósito del hermano menor de Ade y la otra sobre su abuela, pero lo sorprendente es que eso último… ¡ya nos lo habían revelado antes! Parece que lo olvidaron.

Balance Final

En definitiva, es una serie entretenida pero, de momento, poco más que eso. Tiene algunos enfoques novedosos que, al menos hasta aquí, no explota del todo, así como un par de personajes interesantes que todavía no desarrolla bien. El guión, por momentos, tiene baches, mientras que en otros peca por exceso y es redundante. Por último, el discurso impregna toda la serie y se hace cada vez más obvio al ir la misma avanzando.
¿Habrá segunda temporada? Netflix siempre es bastante reservada al respecto y tarda en anunciarlo pero, por lo que se supone, está claro que sí, ya que la serie ha sido bastante exitosa, con lo cual bien puedes obviar todo cuanto antes he escrito y verla por tu cuenta para decidir si te gusta o no. De mi parte, espero que una segunda temporada corrija problemas que ha mostrado esta primera pues, tal como dije más arriba, la serie tiene potencial que sería una lástima ver diluido. Si las autoras se dan cuenta de eso, podemos tener una segunda temporada bastante mejor, lo mismo que si optan por contar una historia con discurso de fondo y no al revés.

Un saludo y que estén bien. ¡Cuídense! Hasta la próxima…



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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