La estrella juvenil Tini Stoessel regresa a la actuación después de diez años dando vida a una afamada pianista que busca desesperadamente sus orígenes familiares en Quebranto, coproducción argentina-mexicana disponible en Disney+.
Debido a la globalización del streaming, es cada vez más frecuente que plataformas como Disney+ busquen captar al público hispanoparlante o, como en este caso, latinomericano, con producciones locales que incluyan a figuras reconocidas en ese ámbito. Quebranto es justamente una producción argentina-mexicana protagonizada por Tini Stoessel, figura de éxito en casi toda Latinoamérica, ya sea por su carrera como cantante o por tiras juveniles como Violetta, de Disney Channel.
En principio miniserie (no se habla aún de segunda temporada aunque el final la hace posible), consta de seis capítulos dirigidos por el mexicano Bernardo de la Rosa, quien tiene ya experiencia en esto de las series con Control Z y ¿Quién mató a Sara? (aquí nuestra crítica), ambas para Netflix. Escrita por Andrés Gelós, Natacha Caravia y Andrés Pascaner, cuenta en su papel principal, como hemos dicho, a la argentina Martina Stoessel (Tini para sus muchos fans), constituyendo su regreso a la actuación después de diez años y en un rol dramático diferente de los personajes juveniles que en su momento la llevaran al éxito.
La historia gira en torno a Miranda (Tini Stoessel), concertista de piano que viene sufriendo en el escenario episodios de angustia que le impiden tocar en vivo. El motivo tras ello es la incertidumbre acerca de su propio pasado, pues hasta donde sabe nació en México y fue adoptada por un matrimonio de Buenos Aires, pero no mucho más que eso y siente que necesita viajar a dicho país para indagar y conocer su propio origen.
La postura al respecto de sus padres adoptivos no es la mejor, particularmente de parte de Martín (Rafael Ferro), quien se opone fuertemente a la idea por considerar que ir allí y escarbar en sus orígenes le significará solo encontrarse con un pasado doloroso que, según dice, es mejor dejar como está, aunque tampoco suelta palabra cuando la muchacha quiere saber al respecto.
Algo más comprensiva termina siendo su madre María José (Daniela Vargas) que, a pesar de sus reservas y del temor a que Miranda acabe sufriendo, le entrega los papeles de adopción para facilitarle la búsqueda y avala a escondidas el viaje mientras Martín se halla haciendo el suyo propio por cuestiones de trabajo.
De todas formas, no la deja ir así nomás, sino que le contrata una seguridad local para su estadía en México, la cual queda a cargo de un joven ex miembro de las fuerzas especiales llamado Leo (Martín Barba). La razón de tanto recaudo es que la investigación de Miranda la acerca a un entorno muy peligroso como es de los Lara Castillo, familia pesada del crimen organizado, dentro de la cual cual todo apunta a que Emiliano (Antonio de la Vega), uno de sus más prominentes integrantes, podría llegar a ser su padre.
Los “negocios” de la familia van del narcotráfico a la prostitución, pero por sobre todo manejan una empresa que recibe licitaciones de obras públicas en concesión gracias a la influencia que tienen sobre políticos corruptos a los cuales extorsionan gracias un vasto archivo fotográfico que los compromete y que los muestra, por ejemplo, en relaciones con menores.
Entre Miranda y Leo, mientras tanto, surge una relación especial desde el momento en que también él tiene un pasado familiar turbulento e indefinido, lo cual le lleva inevitablemente a sentir con ella una cierta identificación que le hará compenetrarse en la búsqueda como si fuera propia.

Las cosas, obviamente, se complican cada vez más en la medida en que verdades ocultas salen a la luz y Miranda toma conocimiento de la identidad de su madre al tiempo que va conociendo a los otros miembros de la familia Lara, como Santiago (Otto Sirgo), padre de Emiliano y por ende su probable abuelo, además de líder en sombras de la organización de la cual su hijo es rostro visible.
También están Gerardo (Sebastián Silveti) y Victoria (Lucía Gómez-Robledo), hijos de Emiliano a quienes no cae obviamente en gracia la aparición de una tercera en la ecuación, más allá de lo poco que parezcan a Miranda interesar los negocios familiares del bajo mundo que ellos aspiran a heredar.

Y Javier (Jorge López), primo de estos que acaba de llegar en coincidencia con Miranda y que se crió en Chile, adonde su padre fue prácticamente “desterrado” como oveja negra de la familia por no querer involucrarse en el tejido criminal. También con él establecerá Miranda un vínculo especial, formándose así un evidente triángulo por la competencia que ello supone para Leo.
Como no puede ser de otra forma de acuerdo a la reseña que acabamos de describir, la miniserie (o serie, pues aún no sabemos cómo llamarla) se mueve entre el melodrama y el thriller, combinando elementos de suspenso y romance.
En los tres primeros episodios la trama avanza bastante lenta y cobra en cambio vértigo en los tres últimos con una avalancha de giros que llegan uno detrás del otro (demasiados quizás) en la medida en que casi todos ocultan algo y nada es lo que a primera vista parece, al punto que cada vez que creemos estar ante una revelación, detrás hay otra y nos damos cuenta que las piezas están nuevamente cambiadas.

Cuando digo que hay demasiados giros, me refiero a que todo se apretuja demasiado pasada la primera mitad y ello no da tiempo a evaluar con la suficiente precisión (cuando entendimos algo, ya no corre) ni a conocer lo suficiente a los personajes involucrados en tales giros, a los cuales la historia no siempre desarrolla. ¿Hubieran venido mejor más episodios? Creo que sí: ocho en lugar de seis no hubieran estado mal…
Como dijimos al principio, Quebranto constituye el regreso de Tini Stoessel a la actuación, pero la novedad es que lo hace en un papel dramático en contraposición con los personajes de comedias adolescentes que la hicieran famosa antes de triunfar en el mundo de la canción. La pregunta, claro, es si está a la altura de ello…
Pues sí y no. Lo suyo es desparejo, sorprendiendo para bien en los momentos más intensos en los que tiene que llorar, patalear o gritar, pero quedándose muy lejos cuando debe interpretar momentos de calma, sosiego, temor o duda, en los que la parte gestual requiere un mayor minimalismo para expresar paradójicamente más. El resto del elenco está en general bien sin que ninguno sobresalga, cumpliendo especialmente Martín Barba y Jorge López en sus respectivos roles de Leo y Javier.

Los momentos de romance son bastante anticlimáticos e interrumpen de manera inoportuna el suspenso de la trama, pero salta a la vista que son obviamente parte del fanservice, pues por mucho que se le haya querido esta vez dar a Tini un personaje adulto, nadie en la producción debe comer vidrio y seguramente saben muy bien que, si quieren audiencia, necesitan contar con el público juvenil que la llevó al éxito.
Eso sí: casi no la vemos tocar el piano a pesar de que se supone que es una concertista famosa. Las escenas en la que supuestamente interpreta el instrumento muestran su rostro y sus manos en planos separados, lo cual evidencia que los dedos no son suyos, y recién sobre el final podemos ver las dos cosas juntas, aunque ello no implica que el piano que oímos esté necesariamente intepretado por ella.
A propósito de la música, la canción The Scientist, de Coldplay, tiene un lugar central en la historia y funciona como permanente leitmotiv (al punto de que una de las frases de la letra da título al último capítulo), ya que está muy ligada al pasado del personaje y aparece una y otra vez en versión de piano, caja de música o incluso la original. Supongo que habrá tenido en que ver la amistad entre Tini y Chris Martin, cantante y líder de dicha banda, que la invitó a subirse al escenario durante las últimas presentaciones en Buenos Aires y a colaborar en estudio el año pasado para la canción We Pray.
Fotografía y ambientación están correctas, más allá de que al público mexicano le moleste seguramente que, siendo la serie latinoamericana e incluso connacional en parte, repita muchos de los estereotipos anglosajones sobre la cultura del país y a la permanente relación con marginalidad, delito y bandas criminales (todo lo cual existe, pero lo que quiero decir es que México no es solo eso).
En cuanto a las escenas de acción, ocurre algo parecido a lo de Tini tocando el piano: lo fragmentado de la edición y el recurso a los primeros planos hace que las peleas, por ejemplo, no puedan apreciarse de forma íntegra, sino como una serie de retazos que no dan acabada idea del conjunto.
En definitiva, Quebranto termina siendo un producto que, si uno no se pone demasiado exigente, se deja ver y punto. No tiene una trama que venga a inventar nada, pues la búsqueda de los propios orígenes en país extranjero es tópico bastante común en cine, series e incluso telenovelas, en las cuales no es poco lo que abreva. Y está especialmente puesta al servicio de Tini Stoessel (de hecho, el guion se basa en una historia original de su propio padre Alejandro) y confiando en que su presencia sea garantía de éxito, más allá de lo desparejo que, como hemos dicho, es su desempeño actoral.
¿Habrá segunda temporada? Pues en principio (y quizás abriendo el paraguas ante un posible fracaso) fue anunciada como miniserie, pero tengo entendido que le ha ido lo bastante bien como para estudiar su renovación, lo cual, según se dice, estaría en la intención de Disney. Pero de momento no hay confirmación, así que solo queda esperar…
Hasta la próxima y sean felices…



