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Análisis de The Liberator: miniserie bélica de animación en Netflix

En una novedosa propuesta estética, Netflix nos ofrece The Liberator, miniserie bélica de cuatro episodios ambientada durante la Segunda Guerra Mundial que toma como eje la historia del coronel Felix Sparks y el Regimiento 157, de actuación en Italia, Francia y Alemania durante los estertores finales del nazismo.

Siempre volveremos a la Segunda Guerra Mundial, eso está claro: sigue sirviendo de inspiración para propuestas en todo tipo de formatos, que van desde la producción cinematográfica a la televisiva, pasando por los videojuegos. Quizás sea que el horror de esos seis años ha marcado demasiado nuestra memoria colectiva o que, cada tanto, salen a la luz nuevos pormenores detrás de la contienda. Pero aun con todo lo revisitado de ese momento histórico, resulta novedoso encontrarse con una producción animada como The Liberator.

Un Largo Camino de History a Netflix

Para más novedad aún, esta miniserie de cuatro episodios echa mano de una nueva y revolucionaria técnica de animación denominada Trioscope, lo cual convierte a la propuesta casi en un experimento. En realidad, The Liberator es un proyecto que tiene detrás de sí una historia de ocho años y que, originalmente, estaba pensado como serie en acción real de ocho episodios para History Channel que, inclusive, llegó a anunciarla dentro de su programación. Los astronómicos costes, sin embargo (unos ciento veinte millones de dólares), hicieron que History desechara la idea, pero Michael Lynne y Sarah Victor, responsables del proyecto, lejos de darse por vencidos, propusieron como opción el formato de serie animada, lo cual abarataría los costes de incluir escenarios naturales o montar reconstrucciones de época.

Pero bien sabido es que History no tiene a la animación ni por asomo entre sus prioridades y así, finalmente y recortado a cuatro episodios, el proyecto terminó cayendo bajo el interés de Netflix y llevándose a cabo, aunque, tristemente, sin que Lynne pudiese verlo plasmado por morir antes del estreno: la serie, de hecho, está dedicada a su memoria.

Una Revolucionaria Técnica de Animación

Ahora bien: hemos hablado de animación Trioscope, pero… ¿qué es?: se trata de una técnica nacida en los estudios de animación School of Humans y que consiste en un híbrido entre live -action, entornos CGI en 3D y animación 2D tradicional. Aun teniendo puntos de contacto, no es la clásica rotoscopia, tan utilizada en el siglo XX y que, básicamente, filmaba acción real para luego calcar los fotogramas. Aquí conviven tres técnicas diferentes para crear un único mundo que, al incluir actores, hace que los rostros estén dotados de gran expresividad y realismo.

El resultado conseguido, con las debidas disculpas por la analogía, es el contrario al llamado “efecto máscara”, tan común en el manga o el anime y en el cual, a la inversa, son, justamente, los rostros lo que menos real se ve. Desde el punto de vista estético, la técnica dota a la historia de un aura de credibilidad casi documental, aunque no termino de entender por qué, a lo largo de la serie, se repite tanto esa sensación de que hubiera, por delante de la imagen, una especie de paño traslúcido, gastado y ajado. Supongo que se buscó dar al conjunto un toque retro o, repito, documental, ya que así es como suelen lucir las imágenes de archivo de la segunda guerra mundial. Pero, en mi opinión personal, es innecesario y creo que no suma nada de interés, pues la animación misma es ya lo suficientemente impactante sin necesidad de aditamentos.

El conjunto visual recuerda bastante a una novela gráfica, tanto que aparecen, por supuesto, las clásicas escenas de lluvia con gotas larguísimas; inclusive (impresión personal), puede remitir a las fotonovelas italianas de los años sesenta.

También se nos pueden cruzar imágenes de Call of Duty, Medal of Honor, Battlefield y tantos videojuegos bélicos: tiene lógica, pues nunca hemos visto antes en pantalla la segunda guerra mundial en plan animado, lo cual hace inevitable que nuestra memoria visual busque referentes en aquello que más conoce o que a nuestros ojos se parece. Eso sí: las escenas bélicas están dotadas de un realismo realmente impactante.

De las Playas de Sicilia a las Puertas de Dachau

La serie está basada en una novela histórica de nombre kilométrico, escrita por Alex Kershaw, quien también aparece aquí como productor. Como showrunner aparece Jeb Stuart (quien, como guionista, acredita  Jungla de Cristal y El Fugitivo), en tanto que la dirección corresponde a Greg Jonkajyts, de prestigio fundamentalmente ganado por su labor de efectos visuales en títulos tales como Star Trek (2009), Iron Man 2 (2010) o Pacific Rim (2013).

Básicamente, es la historia del teniente coronel Felix Sparks (personaje que existió en la realidad), a quien se le encomienda en Oklahoma el mando de una unidad correspondiente al 157° Regimiento de Infantería de Estados Unidos, tocándole la difícil tarea de lograr que hombres que ni siquiera pueden compartir un mismo bar funcionen como equipo: el cuerpo, conocido como los Thunderbirds (de fama épica en la guerra), es mayormente rescatado de calabozos a los cuales han ido a parar por actos de indisciplina u ocasionar problemas en lugares públicos. Algunos de ellos son mexicanos, otros nativos americanos y, por último, rancheros de Texas, lo cual deviene en montones de prejuicios y odios mutuos contra los que el coronel deberá luchar para que no desunan al grupo.

La historia va siendo contada con la ayuda de flashbacks y relatos en off del propio Sparks, los cuales, leídos en voz alta, nos llegan en forma de cartas para su amada. Su grupo es asignado al desembarco en Sicilia y luego a Salerno, en donde, por resultar herido, es enviado a un hospital militar en el norte de África. A pesar de que la decisión superior es que abandone definitivamente el campo de batalla y regrese a su hogar, Sparks resigna tal beneficio y logra, de incógnito y contra sus órdenes, escapar de allí y regresar a Italia, pues su conciencia no logra lidiar con abandonar a sus propios hombres, a los cuales se suma durante el célebre combate de Anzio, adonde un oficial es enviado para notificarle su arresto.

No quiero contar demasiado más sobre la trama para que así puedan descubrirla por cuenta propia, aunque, claro, los libros hablan solos y, sin dar detalles, es sabido que los Thunderbirds desplegaron una importante participación durante las acciones en Italia, Francia y, por último, Alemania, en donde liberaron el campo de concentración Dachau.

Balance Final

Felix Sparks es interpretado por Bradley James, a quien podemos recordar por haber encarnado a un adolescente rey Arturo en la serie de la BBC Merlín o a Giuliano de Medici en Los Medici: Señores de Florencia. A pesar de que al personaje le faltan grises (demasiado noble y defensor a ultranza de sus principios), el actor hace un gran trabajo recreando sus emociones y conflictos: qué raro resulta decir esto para una serie animada, pero, en este caso particular, es así.  De hecho, pocas cosas pueden ser tan difíciles para un actor británico como tener que interpretar a un militar texano.

La historia del hombre que antepone sus códigos éticos a las órdenes recibidas no es nueva y menos dentro del género bélico, pero ello no deja de hacerla siempre efectiva y atrayente para los amantes del mismo. Los alemanes tampoco saben de grises: están algo toscamente trazados, son terriblemente despiadados y, por momentos, tontos. Hay también algunos errores de contexto histórico, sobre todo en algunos uniformes que se ven en los flashbacks y que, aunque por pocos años, se corresponden con un momento posterior.

La idea, claro, es resaltar el heroísmo del soldado americano. Sin embargo, ello no debe llevar a la equivocada idea de que The Liberator sea un alegato patriótico: de hecho y sorprendentemente, la bandera de barras y estrellas aparece bien poco a lo largo de la serie; creo que solo dos veces y ni siquiera flamea. Tampoco hay vacilaciones a la hora de mostrar los propios conflictos dentro de las propias fuerzas americanas al poner en práctica ciertos códigos reñidos con la ética: el último episodio, en particular, apunta claramente hacia ello.

Un punto que puede jugar en contra es la multiplicidad de personajes, para los cuales me da la impresión de que cuatro episodios se quedaron cortos a la hora de desarrollarlos. De hecho, aparecen todo el tiempo personajes nuevos y eso, en algún punto, conspira contra la integridad de la historia.

El valor a resaltar es, sin duda, el compañerismo y el dar la vida por quien se tiene al lado más que por una bandera: un enfoque que se viene repitiendo mucho en las producciones bélicas de los últimos veinticinco o treinta años. Insisto: no hay gran novedad en la historia en sí, sino en la forma en que está presentada.

The Liberator termina siendo una propuesta interesante, innovadora y osada desde lo estético, con una buena actuación de Bradley James en el papel principal y con una historia de fondo que, si bien algo repetida y convencional dentro del género, no deja de dar resultado aun con sus fallas y golpea desde lo emotivo. Vale el intento…

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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