Análisis de The Mandalorian. Temporada 1. Capítulo 4

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Regresamos una semana más al universo Star Wars con ansias de seguir profundizando y enriqueciendo el mundo creado por George Lucas. Tras un capítulo cargado de acción y algún que otro cliché, nos sumimos de nuevo en una de las series revelaciones del año, a la expectativa de las nuevas vías que Favreau y Filoni nos puedan abrir.

Bajando el ritmo

Si bien en el anterior episodio tuvimos un ritmo tenso con considerables avances en lo que al arco de temporada se refiere, en esta entrega hay un considerable bajón en la progresión dramática. Damos comienzo al capítulo con un planeta agricultor y pesquero llamado Sorgan. Allí parece respirarse paz y alegría, uno de los pequeños recovecos de la galaxia en el que es posible relajarse. Pero pronto descubrimos que no es así, pues los pueblerinos son asiduas víctimas de saqueos de un grupo de bandidos klatoonianos.

Mando llega al planeta en busca de un lugar tranquilo ya alejado de la red del Imperio y cazarecompensas para poder dejar al bebé Yoda en buenas manos. Sorgan, planeta sin densidad de población ni industria, parece el sitio perfecto. Nada más llegar al lugar, en una de las pocas cantinas disponibles, no tardan en atraer miradas nuestros protagonistas, especialmente la de una misteriosa mujer. Tras una más que obligada pelea entre Mando y la muchacha, en la que ambos se demuestran igualados en fuerza, descubrimos que era una soldado del ejército de la rebelión ya retirada que busca desaparecer, hastiada por su nuevo rol tras la victoria de guardiana de la paz en una política que ella considera cargada de hipocresía. Pero, ¿por qué ocultarse si ya han ganado? De hecho, la pelea se produce porque pensaba que Mando iba a por ella, creyendo que había un botín sobre su cabeza. Quizás el desertar de la República no haya sentado bien, o puede que su actividad tras dejarla haya sido un tanto… opaca.

El Imperio estuvo aquí

Lo visto en la introducción, no tarda demasiado en chocar con Mando cuando un par de pueblerinos se le acercan en busca de ayuda con los bandidos, ofreciéndole desesperados todos sus ahorros –que no le dan al mandaloriano ni para pipas–, pero lo que le termina convenciendo es otra cosa: la posibilidad de que le den alojamiento en su pueblo, que se encuentra más perdido dentro del planeta.

Tras reclutar la ayuda de Cara, la antaño soldado de la rebelión, se ponen manos a la obra y hacen un reconocimiento del terreno. Para su desgracia, lo que descubren es algo inesperado: los bandidos tienen un AT-ST, el temible caminante acorazado del Imperio. A Cara no le gusta la situación y quiere abandonar, ya que sabe por experiencia propia el daño que pueden hacer, pero, como era de esperar, terminan ayudándoles y convirtiendo a los habitantes del pueblo en guerreros con un montaje digno de Mulán. El plan es simple: atacar su base por la noche y provocarlos para emboscar al AT-ST en el pueblo, haciéndole caer. No sin algunas dificultades, lo terminan consiguiendo y salvan al pueblo de los klatoonianos, al menos por el momento.

Un mandaloriano con corazón

Si este capítulo ha servido de alguna cosa, –más allá de conocer al más que probable asiduo personaje de Cara– ha sido para hacer hincapié en las emociones de Mando. Desde el primer momento del episodio se nos ha presentado con una dinámica entre él y el bebé Yoda casi paterno-filial, viendo cómo ya le habla y ha empezado la inevitable caída emocional de encariñarse con el adorable moco verde. Es evidente que, siendo un mandaloriano, tiene una dura coraza a prueba de llantos, y lo vemos plasmado en su filosofía de no crear vínculos con nadie y deshumanizando su trabajo, hablando de sus objetivos como enemigos. Pero ya le hemos visto dudar sobre el sentar la cabeza, quitarse el casco y ser feliz alejado del drama. Un hecho que, como hemos visto, no es tan simple pues quitárselo en público implicaría el no poder ponérselo de nuevo.

Sea como fuere, no puede descansar todavía, pues cazarecompensas siguen buscando al bebé y debe encontrar qué se esconde realmente detrás del plan del Imperio. Un Imperio que mantiene poder todavía poder a pesar de ser tan solo una sombra de lo que antaño fue. Prueba de ello es que unos klatoonianos, famosos por ser bandidos y cazarecompensas, dispongan de un AT-ST.

Esta semana nos hemos topado con un capítulo bastante anecdótico que, salvo la introducción de Cara y el recordarnos de que ningún lugar es seguro, poco ha tenido que aportarnos. Parece casi haber un patrón en la serie, siendo los capítulos impares los cargados de información útil para la trama, y los pares pequeños paréntesis temáticos. De todos modos, se mantiene la intriga a pesar de la bajada de intensidad de esta entrega. Esperemos que la siguiente nos traiga más revelaciones acerca de la situación real del Imperio y quién sabe si atisbaremos el auge de la Nueva Orden. Hasta entonces, esperaré en mi pequeño búnker mirando fotos del bebé Yoda intentando no llorar.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

2 comentarios

    • La verdad es que sí que es buen guiño. La inclusión de elementos vistos en las series consideradas menores como The clone wars o en este caso Rebels, ayuda como bien dices a crear esa sensación de que Star Wars es un universo conectado entre sí. The Mandalorian está resultando ser una serie con muchos de estos guiños, veremos si continúa con la línea de unificar mundos con las series animadas (como la posibilidad de retomar lo plantado en The Clone Wars del plan para secuestrar a niños sensibles a la fuerza que menciono en el anterior análisis). Gracias por pasarte por aquí y perdona la demora en contestar.

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