Análisis de Watchmen. Temporada 1. Capítulo 8

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Bienvenidos al análisis del penúltimo episodio de Watchmen. ¿Queríais explicaciones? Pues las vais a tener. Damon Lindelof y su equipo han dedicado este episodio a responder a la mayoría de las preguntas que nos habían planteado. Os dejo con el enlace a episodios anteriores y vamos al lío.

El tiempo se nos va

El episodio de hoy juega con el tiempo. Es inevitable. Lo dije en uno de los comentarios de la semana pasada: el Doctor Manhattan no experimenta el tiempo tal y como lo hace la humanidad. No es que pueda ver el futuro sino que vive en él, al mismo tiempo que vive en el presente y también en el pasado. Desde luego, vivir con alguién así debe ser exasperante, tal y como Angela Abar experimenta en sus carnes en un bar de Saigón. Es allí donde le cuenta su historia, al mismo tiempo que le cuenta lo que vendrá sin que puedan hacer nada por evitarlo. Pero, ¿a veces no es exasperante el amor? Porque de amor trata todo esto, al fin y al cabo.

Por amor

Angela y Jon Osterman se conocen en un bar, se enamoran, a veces discuten, otras hacen el amor. Es por amor que el Doctor Manhattan abandona Europa, a dónde viajó con la idea de crear vida. Descubrimos que ese que está en Marte haciendo castillos de arena no es él, sino una grabación, un señuelo. Él se ha largado a Europa, a crear su propio Jardín del Edén, con sus propios Adan y Eva. Pero, a la larga, el amor que recibe de ellos le resulta insatisfactorio y los abandona para regresar a la Tierra y conocer a Angela. ¿Por qué ella? Pues a saber. Por su vacio interior, porque le odia, porque le necesita,… Que cada cual escoja lo que quiera. De hecho, ¿por qué nos enamoramos de una persona o de otra? ¿Se enamoran los dioses o simplemente son caprichosos? Angela hace referencia a Zeus y sus continuas infidelidades a su esposa, cuando se iba por la Tierra de parranda y embarazaba a unas y a otras. A crear vida, tal y como dice Jon y como le dicen los anfitriones de la mansión donde se refugió con su padre antes de viajar a América y que luego teletransportó a Europa.

Tenemos también una explicación de por qué adoptó la forma de Calvin Jelani y un breve atisbo de cómo Angela llevó a cabo la suplantación, algo que vimos en el análisis de la semana pasada gracias a los documentos de Peteypedia.

Es también por amor que Jon acude a ver a Adrian Veidt en su refugio de Karnak, donde transcurre su vida de forma patética. Veidt no ha alcanzado la utopia que imaginaba y deja transcurrir el tiempo haciendo llover calamares por aquí y por allá. La falta de imaginación de Jon le impide encontrar una solución a su problema de convivencia con Angela. Menos mal que Veidt había pensado ya en todo hace 30 años. Es él quien le proporciona el artilugio para cortocircuitar su cerebro, de forma que no recuerde quién es y no pueda usar sus poderes. A menos que lo haga inconscientemente en caso de grave peligro, como hizo para salvar a Angela de la Kaballeria en La noche blanca. Y mira que pensamos que Crawford estaba en el ajo cuando resulta evidente que el pobre Judd Crawford no estaba en el ajo de nada, sino que era la mujer, que había trabajado para Keene, la que movía los hilos.  Paradojas temporales de la vida, es la propia Angela quien mete en la cabeza de su abuelo la idea de matarle. Watchmen ha resuelto el eterno dilema de qué fue primero, si el huevo o la gallina, concluyendo que los dos al mismo tiempo.

Por amor, o más bien por la falta de él, es por lo que Adrian Veidt, totalmente desquiciado porque los planes no le han salido bien, acepta que Jon lo transporte a Europa. Allí acaba también por exasperarse, buscando una forma de regresar a la Tierra. Queda claro por el comentario de «Me lo dijo un elefantito» que es Lady Trieu quien está observando el satelite de Júpiter y que es a ella a quien Veidt dirige su mensaje de «Salvame» formado por los cuerpos sin vida de Adán y Eva.

Y es por amor por lo que la historia de Angela y Jon Osterman acaba en tragedia. ¿No acaban así todas las historias de amor, tal y como él dice? O bien por ruptura o bien por la muerte, siempre inevitable, de uno de los enamorados. Una relación de pareja va en serio cuando los dos son conscientes de que, seguramente, uno de ellos no sobreviva al otro, como sucede al final de este memorable episodio.

El hombre en la mazmorra

El episodio tiene una escena post-creditos, la primera de la serie. Adrian Veidt es castigado a recibir tomatazos en la cara hasta que diga que no piensa irse del paraiso. En la soledad de la mazmorra donde está confinado, el primer Adán (no sabemos qué fue de Eva) le trae un pastel para celebrar su séptimo año con ellos. Adrian está leyendo el libro que ya comentamos en uno de los análisis pasados, el del escritor Max Shea que habla de la soledad, tema muy apropiado para él. Adrian Veidt es un sociópata que simula preocuparse por todos cuando en realidad no se ha preocupado nunca por nadie porque nunca ha estado enamorado más que de si mismo. Es posible que incluso sea virgen, como dice Rorschach en el cómic. La sorpresa llega cuándo dentro del pastel encuentra la herradura que, suponemos, le servirá para fugarse. Esta claro que el regalo del Doctor Manhattan a Ozymandias ha resultado ser un regalo envenenado.

A God Walks into Abar

El título del episodio de esta semana es más bien un juego de palabra. Al principio parece el principio de un chiste: Un dios entra en un bar… De hecho es en un bar («Mr. Eddy»; ¿referencia a El Comendiante?) dónde está Angela y donde entra el Doctor Manhattan. Sin embargo hay que fijarse bien porque dice «into Abar», en referencia al apellido de Angela. Es decir, un dios entra en Abar, en la vida de Angela, de forma literal, poniéndola patas arriba. Insisto: ¿por qué Angela? Aquí cada uno que conteste lo que le parezca. No siempre nos lo tienen que dar todo masticado. De hecho, el cómic original de Alan Moore y Dave Gibbons juega mucho con el tema de las posibles interpretaciones de la historia. El episodio además remite de nuevo al cómic, en concreto al número 4 que narra el origen del Doctor Manhattan, donde al igual que Janey Slater le daba una cerveza, aquí el buen doctor repite la jugada. En dicho episodio el propio Jon Osterman cuenta su historia, mezclando pasado, presente y futuro en una estructura que se repite en este episodio. Desde el punto de vista narrativo y de montaje, el presente episodio es casi una obra maestra.

De nuevo Superman

El Hombre de Acero es una referencia importante en Watchmen. Siempre hemos considerado al Doctor Manhattan más como un dios que como un superhéroes pero no perdamos de vista que los héroes del Universo DC a menudo son descritos como dioses que caminan entre humanos. El principal héroe del panteón, obviamente, es Superman y ya vimos como en Superman 2 renunciaba a sus poderes por el amor de una mujer, circunstancia que se repite en este caso.

El hombre en Europa

Jon Osterman visita a Adrian Veidt en Karnak, en la Antártida. Por la conversación que mantienen podemos saber que dichos sucesos tienen lugar en una fecha determinada. Jon le dice a Adrian que han pasado 24 años, 41 días y 13 horas «desde la última vez que se vieron», que siguiendo el cómic fue el 2 de noviembre de 1985. Eso nos sitúa en el 13 de diciembre de 2009. Eso significa también que esa es la fecha en que Adrian Veidt fue confinado en Europa y que las escenas que transcurren allí en este episodio tienen lugar en el año 2016, ya que hay 7 velas en el pastel, una por año (o por episodio; recordemos que hay uno en el que Ozymandias no sale). Cobra fuerza la teoría de que el objeto que cayó en el campo que Lady Trieu acababa de comprar en el episodio 4 fuese el propio Adrian Veidt, atravesando el espacio, y que la estatua que ella tiene de Ozymanias sea el propio Adrian Veidt. Los años más o menos cuadran. Veremos si en el último episodio nos lo explican.

Fogdancing

Ese es el título de la novela que Adrian Veidt está leyendo en su mazmorra. No es la primera vez que aparece. Ya lo vimos en el episodio 4 y hablamos un poco de su autor, Max Shea, quien fuera guionista de Relatos del Navio Negro. En la Peteypedia de esta semana encontramos un extracto de un trabajo escrito por Dale Petey sobre la novela. Petey habla de unos personajes que aparecen en dicha novela, los «fogdancers». De dichos personajes se dice que usan un traje plateado ceñido que brilla con «SPF-666», un gel especial que los mantiene a salvo del fuego y biopeligros. Dicha descripción se parece sospechasamente al Hombre Lubricado que vimos en un episodio anterior y del que no se ha vuelto a saber nada. Petey afirma estar influenciado por esa novela. ¿Es Dale Petey el Hombre Lubricado, como apuntásteis en un comentario? La teoría va cobrando fuerza.

También encontramos un memorandum que se sitúa en los acontecimientos posteriores al último episodio (ojo spoilers). No es raro. De hecho todo lo que ha salido en la Peteypedia ha avanzado acontecimientos o ha dado pistas sobre lo que sucedía en el siguiente episodio. En este caso habla de «la lluvia de destrucción que llovió sobre Tulsa» y del descubrimiento de dos conjuntos de restos no identificados, llegando a afirmar que uno de esos restos podría corresponder a la agente Laurie Blake, aunque él tiene la esperanza de que siga con vida. Así que, como véis, pintan bastos. La cosa no va a terminar muy bien para algunos. Nos leemos la semana que viene, en el último análisis. Un saludo a todos y sed felices.



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el autor

Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

15 comentarios

  1. Rayos, que episodio… jugar con el tiempo de esa manera para explicar todo lo que pasa… ahora entiendo eso de «el tiempo es relativo». Sin lugar a dudas una buenísima serie, cada episodio sorprende y deja con ganas de saber más… ¡¡que genios!!
    Buen análisis el que has hecho… te fijas en todos los detalles, desde el título (cuyo juego de palabras me pasé por alto) hasta lo del «elefantito»…
    De otro lado pobre Veidt, me conmovió verlo llorar… derrotado y solo en su guarida… estoy enamorado de esta serie y espero con ansias el próximo capítulo, aunque con pena porque será el último, pero, ¿acaso no acaban así todas las historias de amor?

    Hasta la próxima

    p.d.1 El relato que hace Angela sobre el origen de la venganza del titiritero quiza nos adelante algo sobre lo que contó la mamá de Lady Trieu cuando despertó de su pesadilla…
    p.d. 2 Pobre Judd Crawford
    p.d. 3 Duda resuelta: fueron ambas, gallina y huevo (eso estuvo genial)
    p.d. 4 En tres capítulos no volvió a aparecer Looking Glass… ojalá haga una entrada triunfal en este último episodio…

    • Pedro Pérez S. el

      Harry, somos muchos los que pensamos que esta es la serie del año. Estoy contigo en que Adrian Veidt inspira un poco de penita. Debe ser triste montar semejante sarao para que luego las cosas no te salgan como quieres. Y espero con ansia el regreso de Wade Tillman, El Espejo. Para mi, uno de los mejores personajes de la serie. Un saludo y muchas gracias por el comentario.

    • Pedro Pérez S. el

      ¿Y eso? Bueno, la verdad es que puede chocar con ese concepto de que el Doctor Manhattan es un dios situado por encima de la humanidad y por tanto lejos de las pasiones humanas, etc. Sin embargo no es tan simple. Ya en el cómic Alan Moore, que fue quien planteó la idea de Manhattan como un dios, cometía varias «contradicciones» (lo de las comillas es que no se si llamarlo así). Pese a su superioridad, el Doctor Manhattan se ve afectado, muy afectado de hecho, por la idea de que hubiese podido provocar cancer a su ex-novia y a su amigo; sentado en Marte, se pasa todo un número recordando su vida de forma casi nostálgica (¿no es una botella de «Nostalgia» lo que se rompe en Marte en otro número); ¿y cuándo es que se va a Marte de forma permanente? Pues cuando comprueba que Laurie Blake va a estar bien con Dan Dreinberg. El Doctor Manhattan muestra un atisbo de sonrisa cuando los ve a los dos abrazados tras hacer el amor. También muestra un cierto humor, ironia si quieres, cuando le dicen que Rorschach se ha ido y el afirma que «No te preocupes por Rorschach. No creo que llegue a la civilización», cuando en realidad ya lo había matado. Así que si, creo que el Doctor Manhattan puede sentir y siente amor por Angela Abar. Aparte del hecho de que no ha renunciado a su nombre (él dice que se llama Jon) pero si a sus poderes, incluso a su propia identidad por estar con ella. Por supuesto es un tema opinable pero yo soy un optimista y prefiero pensar así. Jon Osterman no esta falto de amor. Quien si está falto de amor es el sociopata encerrado en Europa. Ese si que ha demostrado que es incapaz de sentir amor por nadie que no sea él mismo. Un saludo Oscar y gracias por el comentario y por leernos. Siento la parrafada que acabo de soltar.

  2. Muy buen capitulo, la serie ha ido aumentado en sorpresas y calidad en los capítulos sucesivos, (aunque para mi ya la tenia desde el comienzo) Lo que no termino de entender es porque Ozymandias aceptó ser enviado a Europa y unos años después está deseando salir de allí. Debe ser complicado eso si ser como el Dr. Manhattan de poder vivir tanto el presente como el futuro a la vez. ¿no?

    • Pedro Pérez S. el

      Hola Juan Carlos. Es difícil responder a eso sin ponerse en la piel (ficticia) de Ozymandias. Supongo (y sólo puedo suponer) que con el paso de los años la utopía que había imaginado no es la que realmente tenía. De hecho, su imagen en Karnak, como un viejo hermitaño que se dedica a la lluvia de calamares, es de alguien patético, un loco solitario. Supongo (y vuelvo a suponer) que por un momento, un brevísimo momento, atisbó la utopía a la que aspiraba en las palabras del Doctor Manhattan y por eso aceptó ir a Europa. Y supongo también (una vez más) que con el paso de los años esa utopía terminó por aburrirle. La rutina, la monotonía, es algo realmente jodido y que acaba por agriarle el carácter a cualquiera. Ozymandias quiere escapar de esa rutina, de ese mundo que realmente no le necesita. Lo tiene todo para vivir allí de puta madre pero no es feliz. Realmente, no creo que lo haya sido nunca. Es todo cuanto creo que puedo aportar al tema, Un saludo y muchas gracias por el comentario y por leernos.

      • Hola, creo que lo importante del capítulo es la falta de imaginación de Manhattan. Algunos ejemplos: tiene la capacidad de ver el futuro (no vivirlo) pero el asume que no puede cambiarlo porque no imagina otras opciones y asume al tiempo como algo predeterminado. La paradoja del huevo y la gallina, lo primero fue el observador, Manhattan, pues conectó futuro y pasado, a abuelo y nieta, y fue él quien transmitió el mensaje al pasado, pero como tiene una visión determinista del tiempo, asumió que el futuro creó el pasado (incoherencia lógica pues el futuro deviene del pasado). Quizo crear el amor en Europa y lo único que logró fueron unos clones sin humanidad, sin historia, sin romanticismo, un fracaso que le reconoce a Veidt, eso a pesar de él mismo definirlo como una obra de lo más importante para él. Se enamora de Ángela porque ella intenta salvarlo del cañón exponiendo su propia vida, pero él mismo se ofrece al cañón sin saber las consecuencias, simplemente las asumió porque así las veía, cuando perfectamente pudo evitarlo largándose a otra parte del mundo. Etc.

        A propósito del determinismo de Manhattan, los planes de lady Trieu pueden ir por una nueva especie de nostalgia que, en lugar de revivir recuerdos y provocar la adicción a los más dolorosos, detecte los recuerdos más dolorosos y simplemente los borre para evitar el dolor que provocan. Explicaría las cápsulas de llamada a Manhattan y el discurso sobre la nostalgia que reconoce como su gran fracaso (de parte de una mujer que no acepta los fracasos). También la ayuda prestada al abuelo de Ángela, a cambio recibe la linterna para controlar la mente: simplemente la instalará en cada cabina y después de grabar el ruego de la persona que llama, le manda los destellos para borrarle de la mente aquello que la hace sufrir. El viejo accede, después de todo parece algo noble. Y ahí tendríamos la alianza justificada. Pero si nostalgia salió mal, esto también. Y el reloj, bueno, se explica solo, sin un Dios en Marte que escuche la gente, un monumento es buen reemplazo, se cambia el satélite por el reloj y yastá.

        Sobre Veidt, abría que revisitar la primera obra de teatro donde expone su plan maestro de reemplazar a Manhattan (más bien crearlo). Sus palabras de añoranza de la humanidad a miles de kilómetros son sinceras. De nada sirve ser adorado por clones que solo hacen lo que se les enseña (acaso el juicio no parecía una obra de teatro?). Eva? Puede ser que se haya fascinado con Veidt al llegar éste como la serpiente del conocimiento, quizo enseñarle el amor que le pidió Manhattan que enseñara y los celos de Adán hicieron que la matara o algún culebrón por el estilo. Quizá quizo enseñarle a su celador algo de la nostalgia que él mismo padece y la asesinó y ese sería el origen del desprecio del Adán por Ozy.

        Fue gracioso ver a Manhattan todo azul salvo los bordes de sus ojos, aún negros por falta de maquillaje. Pero tiene otra lectura, de nuevo el gran referente de los héroes es un negro, color necesario para asegurarse de que unos adoctrinados supremacistas blancos lleven a cabo el reemplazo de Manhattan. Después de todo, puede que sea azul pero si por debajo es blanco pues tanto mejor a que sea negro.

        Veremos a Espejo en acción pronto. Es el cabo suelto del senador.

        • Pedro Pérez S. el

          Hola Dan. Te compro lo de la falta de imaginación del Doctor Manhattan. Muy bien visto. Aunque no creo que excluya lo que he dicho sobre el amor, la falta de imaginación de Jon Osterman es evidente. También bien visto lo de su determinismo y su papel como desencadenante de todo. El tiempo tal y lo vive y tal como lo planteó Alan Moore es complicado a la hora de solucionar el tema de las paradojas temporales. Lo de que bajo la piel azul sea negro no es nada casual. Está hecho con toda la intención del mundo.
          Y yo también espero al Espejo con ansia. Un saludo y gracias por el comentario.

  3. Excelente análisis y fantástica serie.Alan Moore es un genio,pero es muy suyo y creo que peca de excesiva auto estima.Me refiero claro a sus declaraciones respecto a todo lo que tenga que ver con un posible traslado audiovisual de sus obras y en particular esta.Ok de acuerdo,no es que haya tenido suerte al respecto y pueda que esa desconfianza sea más que justificada,pero ante este gran trabajo no creo que pueda quejarse y si quitarse el sombrero por su elaboración y cariño por la obra original con que está esta realizada.

    • Pedro Pérez S. el

      Hola Diego. Estoy de acuerdo contigo. Respeto la libertad como artista de Alan Moore pero creo que a veces se pasa mucho. Este trabajo está a la altura y cuenta con el visto bueno de Dave Gibbons, cuya importancia en la creación del cómic es igual a la de Moore. Se da también el caso de que Alan Moore ha triunfado más cuando se basa en personajes e historias ajenas que en las suyas propias. Los personajes de Watchmen partieron de otros creados previamente, así que 100% suyos no son; y ahí está La Liga de los hombres extraordinarios, pero claro, Julio Verne y Bram Stoker ya no pueden quejarse y Alan Moore si. Gracias por leernos y por dejarnos un comentario.

      • A ti.Moore como todo buen genio tiene su lado,por así decirlo,excéntrico y el hecho de que últimamente le de por la magia y el esoterismo es una muy buena prueba de ello.Es un personaje fascinante y un referente esencial en el mundo del cómic e incluso más allá,pero como el mismo admitió hace un tiempo,peca en determinados momentos de cierta pedantería.Todo un crack.Saludos a todos y a esperar al último episodio de esta magnífica serie.

  4. Hola Pedro, excelente tu análisis del episodio. Solo quiero dejar por acá lo que entiendo sobre los poderes del Dr. Manhattan. Antes dejo claro que aún no he visto el episodio nueve que ya se emitió. Bueno… La forma como percibe el tiempo es distinta a como lo vemos nosotros el resto de los mortales, para nosotros es como un camino lineal, el pasado está atrás y no lo podemos cambiar, el presente está en marcha y el futuro no ha ocurrido y lo que suceda allí dependerá de los decisiones del presente en base a la información (o desinformación) que tengamos. En cambio el Dr. Manhattan vive o experimenta todo a la vez, para él todos son lo mismo, pasado, presente y futuro. Él no viaja en el tiempo, él no ve el futuro, él lo experimenta o vive, su futuro es igual a su presente, está en marcha; pero su futuro también es igual a su pasado, el cual no puede cambiar. Para entenderlo (o tratar) Él le dice a Angela, como en su momento en el comic hizo con Laurie, «En tantos minutos me dirás esto» y cuando en efecto ocurre es como si se lo dijeran por primera vez… complicado ¿verdad? En fin… el no puede cambiar su futuro y ¿por qué? Porque todo el capítulo fue una gran paradoja… Aunque sabía que el rayo de taquiones lo mataría o atraparía (su futuro) no puede hacer nada porque este es cu pasado, inalterable. Y ¿por qué se dejó atrapar? Porque así como se sorprende al escuchar una información que se supone ya conocía, acá se descuidó al observar a Angela defendiéndolo. Bueno… es todo por hoy, lamento no haber comentado antes, pero estaba ocupado, saludos como siempre de este lado del charco, regresaré de la institución mental de donde salí. 😀

    • Pedro Pérez S. el

      Hola Alfonso. Esa es exactamente la forma en la que el Doctor Manhattan experimenta el tiempo. Eso lleva a la paradoja del huevo o la gallina pero en el último episodio esa paradoja se repite. Y no cuento más. Es siempre complicado tratar historias de viajes en el tiempo. Creo que el que más cerca ha estado de evitar las paradojas temporales es Stephen King en 22/11/63, una novela que recomiendo a todo el mundo porque me parece de las mejores del escritor y una gran novela en general. Un saludo y gracias por el comentario.

  5. ¡Mi episodio favorito de lejos!.
    1.- La conversación entre Ozymandias y Manhattan es básicamente la eterna discusión de por qué un Dios (Superhéroe, Superman) se hace pasar por humano y finge serlo. Pero mientras Veidt lo ve como un medio para dominarlos o aprender de ellos, Manhattan lo hace por amor. La crítica de Angela sobre Zeus y sus escarceos parece más acertada.
    2.- Este episodio es ejemplar con la cámara ocultando la cara de Manhattan en todo el inicio (en el que además lleva una máscara) jugando con los encuadres y los desenfoques.
    3.- Ese plano de las siluetas de Jon y Ángela contra la pared ya es icónica del cómic original y anticipa una tragedia…
    4.- «Llevo una máscara (de mí mismo) para que nadie me reconozca». ¡Qué grande!
    5.- Manhattan «creando vida» tal y como decía en la obra original. Muy bien pillado.
    6.- En la escena postcréditos Veidt recibe el pastel de cumpleaños. Dentro está oculta la herradura que usará para huir. En el primer episodio vemos que ya se la ofrecían los sirvientes, luego es algo que él YA conocía, una orden que sólo él les podía haber dado. Parece que es algo que él ya tenía planeado…
    7.- Para los que disfruteis con la percepción del Dr. Manhattan, recomendar el cómic «Antes de Watchmen: Dr. Manhattan» (de Straczynski y el gran Adam Hughes) que plantea por qué conociendo el futuro no lo modifica…

    • Pedro Pérez S. el

      Saludos Juanpe Q. Si tuviera que elegir mi episodio favorito la llevaba crudo, porque el último también se las trae. A mi todos me han gustado, especialmente el del origen de El Espejo, el de Justicia Encapuchada, el de Angela, este y el último. Lo de los planos y encuadres creo que es muy acertado porque tenían el handicap del Doctor Manhattan en la película. También he leído por ahí que Cal como Manhattan parece un closplay de los malos pero bueno, a mi no me ha molestado. Lo de la herradura, visto el último episodio, pues si, Veidt lo tenía planeado desde el primer día, o desde el primer año. No dudo que al principio estaba feliz cual perdiz pero con el paso del tiempo la cosa fue a peor. Gracias por tus comentarios y por leernos.

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