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Crítica de Archie (2023), la disección del mito masculino

Gran parte de los mitos que asumimos en nuestra sociedad actual beben del cine. Desde la visión de la esquizofrenia como una enfermedad marcada por la violencia al modelo de feminidad o, el que nos ocupa para este artículo, el de masculinidad. Uno de los mitos masculinos más importantes de la historia del cine fue Alexander Archibald Leach, más conocido como Cary Grant, de la que Filmin ha estrenado una miniserie de cuatro capítulos llamado Archie.

Archie no está basada en las memorias de Cary Grant, sino en las de Dyan Cannon, la que fue su cuarta esposa y la única con la que tuvo una hija. Por lo tanto, a lo largo de cuatro episodios, la serie no se centra en toda la vida de Cary Grant. Más bien se enfoca en su infancia y en los años de relación con Cannon. Básicamente, los años 60.

Pero centrémonos un poco en Archie. O mejor dicho, en Grant. Para muchos, el mejor actor de la historia del cine. Sus años de gloria coincidieron con los del cine clásico. Es decir, de los años 30 a mediados de los 60. Tuvo grandes éxitos de taquilla en todos los géneros. Pero dónde más destacó fue en la comedia romántica (probablemente sea el mejor actor del género de la historia del cine) y en la intriga, siendo uno de los actores fetiche de Alfred Hitchcock, aquel en el que el genial director plasmaba sus fantasías. Cary Grant era el hombre al que todos aspiraban a ser. 

¿Por qué? Mientras que algunos se quedaban con la rudeza y la determinación de John Wayne o Humphrey Bogart, Grant era el granuja encantador. El que encandila con la sonrisa. El canalla astuto. El atractivo sofisticado. Puede que los primeros, los protagonistas del western o del cine negro, fueran el ejemplo de lo que a la masculinidad de aquel entonces podía aspirar; pero Cary Grant era lo que todo hombre quería ser y no podía aspirar.

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¿Películas? Muchas. Por decir cinco que hayan cimentado la imagen del hombre perfecto delante de las camáras, diré Historias de Filaldefia, Arsénico por compasión, Encadenados, Con la muerte en los talones y Charada. Por algo es el mejor espía de la historia del cine. 

En contrapunto con su imagen delante de las cámaras, la vida privada de Cary Grant ha dado para mucho debate. Se casó varias veces y no fue padre hasta pasados los sesenta. Durante muchos años se sugirió que era homosexual por haber compartido piso durante años con el actor Randolph Scott.

Dirigida por Paul Andrew Williams, director de otras miniseries de la BBC como Broadchurch, Archie apenas profundiza en la fascinante carrera de Grant, lo que ya de por sí es un motivo para que los fans del actor (es decir, todos los cinéfilos) se echen para atrás.

Esencialmente, Archie deconstruye el mito, centrándose en el hombre detrás de las cámaras, un ser humano que interpretaba continuamente a un hombre sobrado de autoestima para buscar el cariño que nunca tuvo: el de sus padres.

Este conflicto iniciado en la infancia lo arrastra durante toda su vida, hasta el punto de convertir el matrimonio con Dyan Cannon en un infierno para ella. Así, Archie muestra el lado más oscuro de un mito popular como Priscilla lo hizo con Elvis Presley.

Sin embargo, la serie intenta dar explicación a la conducta de su protagonista y, sobre todo, le da una redención. Algo aparentemente real. Al fin y al cabo, a diferencia de otros actores de la época, Cary Grant se retiró con 64 años para poder cuidar de su hija y ser el padre que jamás tuvo.

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Como miniserie, Archie es correcta. Tenemos una buena ambientación y un guión sin fisuras pero que no emociona. Lo mejor, más allá de la disección del mito masculino, es la interpretación de Jason Isaacs, archiconocido como Lucius Malfoy en la saga Harry Potter. Tanto el maquillaje como el propio actor hacen un milagro y lo convierten en una de las caracterizaciones del año.

En definitiva, Archie es un correcto abordaje de un periodo concreto de la vida de uno de los actores más grandes de la historia del cine. Una acertada disección de lo que puede afectar a un ser humano no ser querido en la infancia y una enorme interpretación de Jason Isaacs. Lástima de no tocar otros aspectos de su vida y de no llegar a emocionar como debería.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
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