Civil War, cómics y política (II): El Escuadrón Supremo o el precursor de Watchmen en Marvel

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

En el anterior post hablamos de cómo Marvel empezó a introducir el tema de la intromisión del gobierno en los asuntos superheroicos, sobre todo en Los Vengadores y La Patrulla X a finales de los años 70-mediados de los 80 del pasado siglo.

Todos sabemos que aparecían dos cómics en DC destinados a cambiar todo, los dos tocando el tema de la intromisión del gobierno en lo superheroico: Watchmen (1986) y El Regreso del Caballero Oscuro (1986). Se ha escrito mucho sobre ellos, hasta el punto de ser un lugar común incluso entre gente que no ha leído mucho cómic. Quiero decir, que cuando sale el tema de que uno lee cómics lo primero que te dicen es “qué bueno es Watchmen”. Parece que con soltar eso o con decir “qué bueno es Frank Miller” (lo es) uno ya convalida horas de lecturas o algo así. En resumen: Alan Moore y Frank Miller rompieron las paredes del mundillo de los superhéroes e incluso del cómic para ser conocidos a nivel popular.

Pero un año antes de eso, en 1985, Marvel ya sacó una historia que adelantó lo que pudo leerse en las dos obras maestras de DC. No era sólo una historia: eran 12 números de una colección menor de Marvel que fue, hasta ese momento, la más valiente apuesta por hablar de las implicaciones políticas de la existencia de superhéroes. No sólo en una historia aislada, sino durante todo un año de cómics. Eso lo hicieron el fantástico guionista Gruenwald y el mítico dibujante John Buscema en los doce números de El Escuadrón Supremo de 1985-1986.

Todo empieza con unos adversarios muy peculiares de Los Vengadores: el Escuadrón Supremo. Es un supergrupo creado por Marvel a imagen y semejanza de los miembros de la Liga de la Justicia de DC. Sí, era una artimaña de Marvel en los años 70 para hacer pegarse a Thor con “Superman”, al Capitán América con “Batman” y no tener que pagar nada a DC. Hiperión era la versión de Superman, Halcón Nocturno era Batman, Dr Espectro era Green Lantern, la Princesa Poder era Wonder Woman, etcétera.

 

Era una trampa-homenaje, claro. Se pegaban con Los Vengadores una y otra vez, engañados/controlados mentalmente. En el cómic JLA/Vengadores (2003) el vengador Ojo de Halcón hace incluso un chiste con esto al ver a Superman o Batman, viniendo a decir que les recuerda al Escuadrón Supremo. Era un grupo de personajes muy secundario de Marvel, la verdad. Y cayó en manos de uno de los más grandes artesanos del guión de superhéroes que ha existido: Mark Gruenwald. Aquella serie no era Spiderman, La Patrulla X o demás, sujetas a una continuidad, presiones editoriales o demás. Aquella serie de superhéroes, de hecho, existía en un mundo paralelo al oficial de Marvel. No tenía una base de fans ni de fundamentalistas detrás. Él y el mítico dibujante de Conan, John Buscema, podían hacer lo que quisieran.

Y decidieron ir a por todas. Decidieron que la JLA de Marvel no se limitaría a pegarse con supervillanos o perseguir a capos de la droga. Eran la fuerza más poderosa de su planeta…y ante el caos de su mundo no esperarían con los brazos cruzados. Asumen como supergrupo el liderazgo de unos Estados Unidos hechos trizas, imponen sus leyes amparados por el bien común e intentan llevar a Estados Unidos a una teórica utopía. Lo harían en un año y luego abandonarían el poder, firmando el acto quitándose las máscaras. Todos están de acuerdo en el grupo…menos el “Batman de Marvel”, Halcón Nocturno. Según él, no tiene sentido una utopía si es regalada y conseguida sin esfuezo…por no hablar de qué hacer con los que no quieran dichas políticas.

Escuadrón Supremo Gruenwald

Por supuesto, el supergrupo pone todo su poder en marcha. El científico del grupo se propone curar el Cáncer, otros se dedican a retirar todas las armas de las calles, pretenden acabar con los problemas económicos, desmantelar el Ejército, buscar curar todas las enfermedades e incluso descubrir cómo salvarnos a todos de la muerte…hasta crean una máquina de Modificación Conductual, que se pone sobre la cabeza de un criminal e instantáneamente elimina todo pensamiento y tendencia delictiva. Tienen incluso un proyecto de fabricar en masa esta máquina, que sustituiría a las cárceles, caras e inútiles.

Pero en este grupo las cosas son distintas. Son superhéroes, pero es posible que sea de las primeras veces que veamos celos en toda su extensión. Hay miserias y sentimientos ruines, muy normales entre gente normal pero pocas veces mostrados así en superhéroes. Uno de ellos, el Green Arrow marvelita, deprimido y enfadado por que otra superheroína del grupo le ha dado calabazas, usa la máquina para cambiar la mente de ella y hacer que se enamore de él. Ella se muestra obsesisivamente enamorada de él, no dejándole ni a sol ni a sombra. El tono humorístico de la situación encubre algo terrible: la negación de la libre elección por parte de la otra persona. Es, vamos a decirlo, el equivalente a una violación. No hablamos de un cambio de personalidad de un criminal: es una mujer que te ha rechazado como pareja. Esto tan terrible lo hace alguien que, teóricamente, forma parte del supergrupo que maneja noblemente los destinos de los Estados Unidos. Un superhéroe. Aquí entra la tentadora posibilidad de cambiarlo todo…cuando realmente tu poder te permite cambiar todo de verdad.

Escuadrón Supremo Gruenwald 2

No todo acaba ahí, por supuesto. Hay asesinatos y engaños para conseguir acercarse a la persona amada, aún más conflictos por la Máquina de Modificación Conductual, muertes desgarradoras y definitivas (aquí no hay resurrecciones y todo es para siempre), una lucha del Batman marvelita contra lo que percibe como una tiranía de seres superpoderosos, aún más dilemas morales cuando el Escuadrón Supremo consigue encontrar una forma de engañar a la Muerte e integrar dicho sistema en el sistema sanitario de los EEUU y una batalla final en un aeródromo.

Diréis “buah, una batalla final en un aérodromo“. Y no. Aquí, por primera vez en mi vida, vi lo que uno esperaría entre seres que levantan montañas, van a la velocidad de la luz y demás: hay muertos. Muchos en muy pocas páginas. A todos los habíamos conocido poco a poco durante los números anteriores. No es el clásico “nos damos unos cuantos golpes y no ha pasado nada“. No. Es una constante del cómic: el nivel de poder es tal que es vergonzosamente fácil ver personajes lisiados por un combate o directamente muertos. La propia narración gráfica hace que la muerte de cualquier personaje sea algo vergonzosamente rápido, abrupto, terrible.

Sí, el número 12 y final de la serie se llamaba…¡Civil War!

Quizás por primera vez vimos a un grupo de superseres no resignándose a perseguir carteristas u otros payasos disfrazados durante varios números de una serie. Tal y como le pasaría a Ozymandias en Watchmen, pensaron que el mundo no podía salvarse sólo. Gruenwald nos habla del conflicto que tiene siempre la persona en el poder con las libertades de los gobernados, nos habla de la legitimidad del poder para ejercer la fuerza, sobre el peligro que implica la puesta en práctica de toda utopía…temas que, vamos de decirlo, sí han sido muchas veces visitados por los cómics de superhéroes, prácticamente siempre en el mismo sentido: la libertad del individuo es la piedra fundacional de los Estados Unidos y del liberalismo que lo mueve. Toda limitación de ésta tendrá que tener justificaciones serias. Hasta tal punto es así que una entrega casi total de la libertad individual es, en cientos de cómics, algo perseguido por supervillanos. Lo original en este caso es que sea promovida por un grupo de superhéroes durante tanto tiempo.

Escuadrón Supremo Gruenwald 3

Seres superpoderosos y de alta moralidad, cuyo sistema político depende demasiado en el hecho de que ellos son buenas personas (aunque no todos, como hemos visto). Dicho sistema en gente menos poderosa o noble acabaría en un sistema tiránico y terrible. Aquí, el autor nos habla de que en el debate político no debemos fiarnos de los salvadores, los grandes personajes ni los héroes. El debate político siempre debe ir a mejorar las instituciones, las políticas, las reglas del juego, precisamente para no depender de la bondad o poder de los dirigentes. La limitación del poder, el diseño de cómo se lleva a cabo permitiendo a su vez gobernar, es una de las bases del liberalismo político que es sistemáticamente difundida en muchísimos cómics de superhéroes. Confianza en las reglas, en las leyes, no en los liderazgos carismáticos o en los salvapatrias. La ley está por encima de los individuos, por nobles, altruistas o maravillosos que estos sean.

Dentro de las curiosidades, el tiempo de la historia del cómic (transcurre un año desde que toman el poder hasta el final de la historia) coincide con su tiempo de publicación (12 números, es decir, un año). También es curioso que estos doce números no tienen mucho transfondo de la Guerra Fría de los años 80, cosa que sí podemos encontrar en Watchmen o El Regreso del Caballero Oscuro.

Evidentemente, hablamos de una obra que no está a la altura de las dos grandes obras ochenteras de DC. De hecho, no tuvo demasiado impacto en su época, seguramente eclipsada por aquellas dos que eran mucho mejores. Esto no quita que, en lo que estemos hablando, se adelantara a los dos colosos ochenteros al hablar del tema del gobierno político y los superhéroes, siendo un precursor claro de lo que veríamos muchos años después en el cómic destinado a cambiar el siglo XXI de los superhéroes: The Authority. Quizás también fue todo esto por ser en términos de guión y narración gráfica un cómic de superhéroes muy clásico, muy de los setenta, por más que la propuesta o el tono fueran originales.  Digamos que sin haber leído nunca cómic de superhéroes entra más por los ojos Dave Gibbons-Frank Miller o sus respectivos guiones.

Ha sido con los años que estos doce números de El Escuadrón Supremo fueron sumando aplausos y reconocimiento. Se convirtió en un cómic de culto. Al fin y al cabo, sólo era leerse esos doce números y no hacía falta saber nada antes ni después. Es una más que recomendable incursión de Marvel en este terreno. Panini recopiló en 2009 los doce números de esta historia autoconclusiva en dos tomitos (1 y 2).

En el siguiente post ya nos plantaremos en pleno siglo XXI, con los antecedentes inmediatos a los cómics de la Civil War.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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