Crítica de Channel Zero: la persistente búsqueda del terror intimista

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Probablemente, el terror sea uno de los géneros más deseados y, a la vez, uno de los más complicados de ejecutar. Ya sea por motivos económicos, por pereza innovadora o incluso temor al fracaso, el terror es un género estancado (o al menos el producto más mediático). Una ingente cantidad de filmes y series avasallan nuestras pantallas con su etiqueta, prometiendo una desgarradora e impactante experiencia, pero rara vez es ese el caso. Parece que el terror popular contemporáneo está condenado a verse relegado a poco más que a una atracción de feria, a ser una sucesión de sustos divididos a lo largo del metraje, convirtiéndolo en ocasiones en un show gore con más características de una película de acción que otra cosa. Y es que ya hay gente que consume el terror con el único propósito de recibir su chute de adrenalina.

Viendo los productos del género que triunfan, no puedo evitar tener la sensación de que el término “miedo” ha perdido completamente su significado. El tren de “la bruja piruja” en el que te lo pasas teta hasta que te meten los sustos encorsetados de turno, no es terror. La esencia del miedo es puramente psicológica. De hecho, la mayoría de las angustias del ser humano se hallan en lo desconocido, en la ausencia de control y no saber qué puede pasar. El utilizar una fórmula basada en la repetición de una serie de recursos, lo único que hace es matar el misterio, por eso muchos productos del género se ven obligados a buscar el miedo en emociones fuertes y trepidantes escenas de acción o violencia.

De todos modos, y centrándome ya en el tema de este artículo, hoy trato de reivindicar una pequeña serie emergente, que aboga por un terror menos comercial, incluso buscando romper algunas convenciones de género: Channel Zero. Serie creada por Nick Antosca, que ya trabajó en productos similares de televisión como Hannibal. Channel Zero, centra cada temporada en explorar una historia distinta, buscando la reinterpretación o modernización de leyendas urbanas, cuentos populares o los conocidos como “creepypasta”. Con la conclusión de su tercera entrega, voy a aprovechar para hacer un repaso de las dos anteriores y analizar su progresión, culminando con la crítica de la más novedosa: Butcher’s Block.

Temporada 1: Candle Cove

Un programa infantil de lo más siniestro y niños desaparecidos ¿Qué conexión podría haber entre ambos? La respuesta la deberá averiguar Mike Pintor, cuando regresa al lugar en el que se crió buscando respuestas a la desaparición de su hermano hace muchos años.

Esta es la premisa de una decepcionante primera entrega. Peca de tener un ritmo excesivamente lento, con personajes no muy interesantes y un terror irregular, con más momentos anticlimáticos que otra cosa. Presenta un imaginario realmente interesante, con algunas criaturas sugerentes y turbadoras, pero la contundencia de su presencia se ve frustrada por un conflicto a veces demasiado difuso. Las actuaciones dejan bastante que desear, cosa que no ayuda a lo insípido de algunos personajes, haciendo de la inmersión e implicación del espectador algo cuanto menos complicado.

A mi parecer, una temporada irregular, con algunos momentos brillantes en los que consiguen crear un malestar crudo y profundo. Se nota y se agradece la intencionalidad, buscando el terror en escenas filmadas a plena luz del día, evitando sustos gratuitos e innecesarios, centrándose en crear un universo incómodo visual y acústicamente. Pero el reparto y el ritmo de la historia acaban matando gran parte de ese trabajo, haciendo que no siempre compense llegar a la siguiente escena opresiva e inquietante.

Temporada 2: No-End House

Una extraña casa aparece y desaparece inexplicablemente por todo el mundo, una mansión del horror cuya leyenda se propaga por el boca a boca de los adolescentes, pero aquellos que entran, nunca salen igual…

Lejos de tirar la toalla, volvieron a la carga este 2017 con No-End House. Temporada de la que ya hablé brevemente en este artículo de 8 series que probablemente hayas pasado por alto en 2017, por lo que intentaré ser breve y no repetirme. Lo primero que salta a la vista es su estética, una característica de la que ya presumía la primera, pero que se ha visto muy trabajada y mejorada en esta segunda temporada y, como ya veremos más adelante, completamente refinada en la tercera. El terror también funciona mejor y es más consistente, los momentos anticlimáticos se reducen notablemente y la atmósfera creada (sobretodo en los primeros capítulos) es muy potente. Lamentablemente los personajes siguen pecando de insulsos, arrastrando todavía actuaciones regulares y tramas poco desarrolladas o interesantes. 

En general una notable mejora respecto a su anterior entrega, con un inicio muy bueno que, por desgracia, acaba perdiendo interés al no haber un buen trabajo de personajes. El imaginario de la serie se ve reforzado y mejorado, siendo todavía un tanto confuso en ocasiones, pero con un terror más interesante potenciado por su estética inquietante y una interesante banda sonora que complementa bastante bien.

Temporada 3 : Butcher’s Block

Y por fin llegamos a Butcher’s Block, su última temporada, en la que dos hermanas se acaban de mudar a Butcher’s Block, un barrio decadente y plagado de personajes peculiares. Pronto descubrirán que sus vecinos no son lo único inquietante del barrio, ya que misteriosas desapariciones tienen lugar desde hace mucho tiempo…

Probablemente la mejor de las tres. En esta temporada se aprecia una clara progresión en todos y cada uno de los posibles niveles, e incluso se permite el lujo de innovar. La estética de Butcher’s Block es simplemente fantástica, consigue crear algunas de las escenas más grotescas y espeluznantes que recuerdo haber visto en una serie. La banda sonora también mejora, utilizando más sonidos y ruidos desagradables que fomentan esa sensación turbadora que muchas escenas pretenden. Los personajes están mejor interpretados y son más interesantes (especialmente las hermanas protagonistas), y en la primera mitad de la temporada el conflicto es claro y atrayente. Y me refiero solo a la primera mitad porque creo que la temporada está dividida en dos mitades: la primera caracterizada más por el suspense y el terror como vehículo narrativo, y en la segunda toman una vertiente más arriesgada y empiezan a mezclar el terror con la fantasía.

Esta hibridación es un claro reflejo de los referentes que los creadores han tenido para esta temporada. Con el género fantástico implementado, tratan de sumergirse en un mundo onírico más allá de la realidad. Basándose mucho en un maestro de estas técnicas como David Lynch (uno de los referentes que mencionan en varias entrevistas), le otorgan a la segunda mitad una tonalidad distinta, creando un mundo fantasioso, muy influenciado por cuentos como Alicia en el país de las maravillas, que te hace estarte preguntando constantemente si estás presenciando algo real.

Debo decir también, que esta hibridación se atasca un poco y no termina de fluir como podría y que las subtramas te acaban importando más bien poco. Pero de todos modos, creo que es una temporada bastante redonda, la mejor de las tres hasta el momento.

¿Deberías ver Channel Zero?

Si eres un fan del género y te interesa ver propuestas atrevidas y alternativas, el visionado de todas las temporadas es interesante, más todavía para poder apreciar el progresivo incremento de calidad. Al ser temporadas temáticas, que no están unidas por una línea argumental, tiene la virtud de que si no te convence puedes pasar a la siguiente y, siendo de tan solo 6 episodios, no es una gran inversión de tiempo. 

En general, un producto que destaca por su originalidad y perseverancia. Bastante irregular en su acabado, sobretodo en la primera temporada y parte de la segunda, pero con momentos muy potentes y con posibilidades de llegar a ser un ejemplo de género. Para mí, sin duda, la propuesta de terror más interesante que hay en pantalla.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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