Crítica de El Camino. Punto final a Breaking Bad

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Han pasado seis años ya desde el final de la que es, para muchos y entre los que me incluyo, la mejor serie de televisión de esta década. Breaking Bad cerraba el telón con la muerte de Walter White y la huida de Jesse Pinkman en la oscuridad de la noche, dejándonos huérfanos y con Better Call Saul para llenar el hueco. Ahora, el creador de la serie, Vince Gilligan, escribe y dirige El Camino, película que Netflix ha estrenado este viernes y que sirve de epílogo a la serie.

Qué fue de Jesse Pinkman

Esa pregunta es la que todos nos hacíamos. Nadie se engañaba: Walter White (Bryan Cranston en el papel de su vida) murió al final de la serie, y si no lo hizo entonces lo haría poco después ya que el cáncer acabaría con él si o si. Sin embargo, su compinche Jesse Pinkman (Aaron Paul en el papel de su vida) conducía un Chevrolet El Camino mientras gritaba a través de la noche y nunca más se supo de él. Hasta ahora. El Camino empieza justo donde acabó Breaking Bad y por fin sabemos a dónde fue y qué hizo Jesse, cosa que es mejor que descubráis por vosotros mismos y sobre la que no me extenderé demasiado para destripar lo menos posible.

Vince Gilligan ha planteado El Camino como el perfecto epílogo, el punto final a Breaking Bad. Sin la serie, la película no tiene sentido; sin la película, la serie queda incompleta. Con un ritmo pausado, que no lento, Gilligan se toma su tiempo para explicarnos el destino de Jesse, utilizando para eso unos cuantos flashbacks en los que recupera a personajes a los que ya añorábamos. Ahí están Skinny Pete (Charles Baker), Badger (Matt Jones), Old Joc (Larry Hankin), Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), Ed Galbraith (Robert Foster) y un par más que no vamos a mencionar por no hacer más spoilers.

Lo mejor es que lo hace de forma coherente con todo lo que nos contó anteriormente, sin giros de guión estrafalarios ni sorpresas inesperadas. Todo transcurre de forma natural y fluida, centrando la película en Aaron Paul y dando cancha a otros personajes que le sirven de contrapunto, en especial el Todd Alquist de Jesse Plemons. Todd fue siempre el contrapunto oscuro, el reverso tenebroso de Jesse. La falta de humanidad del primero es lo que otorga esa humanidad imperfecta a Jesse.

Si no eres fan de Breaking Bad, ver El Camino no tiene sentido; si lo eras por la violencia y por los personajes violentos y desquiciados, esta tampoco es tu película. No encontrarás en El Camino los excesos que caracterizaron la serie; si bien hay algunas escenas que los rememoran (ese apartamento destrozado, ese cadáver a ocultar, ese duelo que ya le habría gustado filmar a Tarantino) se echa en falta algo más de punch en la forma de contarlos. Es este un punto en contra de la película: la realización de Gilligan resulta demasiado plana, demasiado convencional para las expectativas creadas. A eso hay que añadir que los años no pasan en balde y eso se nota en todos los protagonistas, entrados en años y en quilos. Se ve que tras El irlandes no sobraban dolares en Netflix para otros liftings. Pero si eras fan de los personajes, de la soledad y la angustia de Walter, de su patetismo, del alma atormentada de Jesse y de todo lo que tenía la serie de nosotros mismos, El Camino es una película que no te puedes perder y con la que yo he disfrutado mucho. Es aquí dónde Jesse Pinkman encuentra lo que merece, tras haber intentado hacer lo correcto y haber sufrido de lo lindo a lo largo de las cinco temporadas de la serie. Se nota que Vince Gilligan le tenía cariño al personaje y le ha dado un buen final, el más lógico, el más honesto, el mejor que podía darle. Un final tras el cual no queda nada por contar ni falta que hace, aunque ahí están los comentarios para que digáis que os ha parecido. Un saludo y sed felices.



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el autor

Toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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