Se cumplen mañana diez años del estreno en el Festival de Venecia del filme La La Land, musical dirigido por Damien Chazelle que marcó época con las recordadas interpretaciones de Emma Stone y Ryan Gosling. Cumplida pues una década, hacemos repaso y analizamos su legado.
En 2016 se estrenó uno de los musicales más aclamados de todo el siglo, consiguiendo 6 premios Óscar y el cariño de millones de fans. Hoy, a más de 10 años de su estreno, sigue siendo una película que despierta mucho interés y curiosidad, la favorita de gran cantidad de espectadores y todo un fenómeno.
Por si desean echarle un vistazo, dejo link con la crítica que se publicara en esta web al momento del estreno y, antes de seguir adelante, cumplo en advertir que se vienen spoilers, por lo cual, en caso de que no hayan visto la película, recomiendo pasar directamente al subtítulo ¿Qué la hace diferente?.
La historia nos presenta a Mia (Emma Stone) y a Sebastian (Ryan Gosling). Ella es una barista que trabaja en una cafetería dentro de los estudios de cine de Los Ángeles y sueña con ser actriz, yendo a constantes audiciones y entrevistas, pero no consiguiendo nunca quedarse con ningún papel. Como ansía alcanzar el estrellato de Hollywood, asiste a constantes fiestas con la esperanza de conocer a alguien que la haga sobresalir. A la salida de una y caminando en la noche noche, Mia escucha una melodía saliendo de un restaurante y se encuentra con Sebastian.
Él es un músico apasionado por el jazz, pero su mismo amor por la música no le permite avanzar, ya que considera que nadie le da la suficiente importancia al género y está empeñado en llegar a la mayor cantidad de personas posible antes que en buscar su estabilidad.
Presionado por su hermana y por buscar la manera de pagar sus deudas, acepta un trabajo tocando de noche en un restaurante del que ya había sido despedido anteriormente y donde se le prohíbe tocar jazz porque aburre a los comensales. Aunque inicia la noche con normalidad, al ver que nadie le presta atención empieza a tocar su propia melodía, la cual llama únicamente la atención de Mia. Debido a esto, es despedido nuevamente y, aunque Mia intenta elogiar su melodía, Sebastian simplemente pasa de largo por la frustración.
Pasados unos meses, se reencuentran nuevamente en una fiesta y, aunque al inicio él le guarda un poco de rencor, logran conocerse un poco y entablar una conversación. Al finalizar la fiesta, Mia, queriéndose librar de otra persona, le pide a Sebastian irse con él, a lo que accede. Mientras caminan hacia el auto, logran conocerse más, pero ambos dejan en claro, dentro de un número musical, que no están interesados el uno en el otro.
Al día siguiente, Sebastian va a buscar a Mia a su trabajo. Al salir, ambos caminan por los distintos sets del lugar. Mia habla sobre cómo su sueño de ser actriz comenzó por su tía y su amor por las películas. Asimismo, menciona cómo abandonó la universidad para seguir su sueño en Los Ángeles.
Mientras conversan, Mia confiesa que odia el jazz, por lo que, indignado, él la lleva a un club dedicado al mismo. Ahí explica cómo, para muchas personas, el jazz es aburrido porque no pueden verlo o sentirlo. Para él es un género sumamente honesto y apasionado, ya que cada músico dentro de una banda puede sentir de manera distinta la canción y tomar las riendas mientras los demás se acoplan, siendo una gran muestra de caos y armonía por igual.

La plática se ve interrumpida porque a Mia le avisan de un casting y decide irse, antes de lo cual acuerdan ir por la noche al cine. Cuando Mia se está preparando para salir, sin embargo, llega su novio y le dice que tenían planes para la noche, por lo cual lo termina acompañando. En el cine, Sebastian espera, pero, a medida que pasa la noche y se da cuenta de que estará solo, decide entrar a la sala.
En su cena, Mia se siente desconectada de los demás y, por un momento, escucha en su cabeza la melodía que Sebastian tocaba en el restaurante. Decide pues irse corriendo al cine y logra reencontrarse con Sebastian, disfrutando ambos de la pelícua hasta que hay un problema con la proyección, no obstante lo cual deciden seguir pasando el resto de la noche juntos.
Deciden juntos ir al observatorio donde, al observar las estrellas en un número musical, todo cambia. La habitación se ve inundada por el universo y ambos bailan al ritmo de la melodía, sellando el momento con un beso.
Después de eso, establecen su relación y pasan muchos momentos juntos, compartiendo gustos y tiempo. Ambos son bastante felices juntos, aunque siguen teniendo el problema del dinero.
Un día, en el club de jazz, se acerca Keith, un antiguo compañero de Sebastian que ahora es un músico algo reconocido. Sabe del talento de este con el piano y le ofrece un puesto en su banda a Sebastian, pero Sebastian se niega rotundamente hasta que un día, discutiendo con Mia sobre su situación económica, termina aceptando la propuesta de su antiguo compañero.
Al llegar a un ensayo, Sebastian se da cuenta de que, si bien están tocando jazz, se combinan elementos musicales más modernos, a lo que él se ve arrepentido de haber llegado. Luego de hablar con Keith, se da cuenta de que es una simple evolución y que no puede llegar a más personas por sí mismo, sino que tiene que hacer algo que resalte y conecte. Acepta así tocar para la banda y empieza una gira.
Durante la misma, Sebastian y la banda se ganan el cariño de gran cantidad de fans, siendo todo un éxito. Pero hay menos tiempo para compartir con Mia y eso afecta la relación, además de una obra de teatro que Mia ha estado preparando con la esperanza de que sea su oportunidad para alcanzar el estrellato.
Sebastian discute con ella, diciéndole que todo lo que está haciendo es para conseguir dinero y que ella sabía lo que significaba, a lo que Mia responde que ni siquiera es lo que desea, que su sueño siempre ha sido abrir su propio club de jazz y que incluso le diseñó un logo y un nombre. Ambos, luego de la discusión, se van.

El día de la presentación de la obra de teatro, Sebastian, quien se encontraba dispuesto a ir, se retrasa debido a que con la banda tenían una sesión de fotos ya acordada a la que no puede faltar. Mia, por su lado, termina su obra solo para darse cuenta, al encender las luces, de que casi nadie ha ido a verla y que los que asistieron hablan de que ha sido una pésima presentación.
A la salida, sumida en tristeza, se encuentra con Sebastian, el cual intenta disculparse, pero ella no acepta sus disculpas, diciendo que abandonará su sueño de ser actriz y que se irá con sus padres nuevamente.
Pasados unos días, Sebastian recibe una llamada donde un agente de casting le indica que están buscando a Mia debido a que quedaron impresionados con su actuación en la obra. Sin pensarlo, va en su búsqueda y, aunque no sabe bien dónde vive, logra encontrarla. Aunque discuten al principio porque Mia piensa que no vale la pena ilusionarse nuevamente, finalmente acepta ir y, a la mañana siguiente, llegan al casting.
En su audición, a Mia se le permite improvisar y contar lo que más quiera y, como parte de un número musical, cuenta cómo se siente al perseguir su sueño y cómo, a pesar de las dificultades, sigue esforzándose. Gracias a ello, se queda con el papel. Al hablarlo con Sebastian, le comenta que la grabación es en París y que se irá por mucho tiempo, por lo que ambos deciden poner fin a su relación.
Cinco años después, Mia vuelve a Los Ángeles siendo una actriz sumamente famosa, aparte de también estar casada y tener una hija. Ese día decide salir con su esposo y, aunque ya tenían un plan, se desvían a caminar por la ciudad. Pasando la noche, entran a un club que resulta ser el de Sebastian, el cual incluso utilizó el logo y el nombre que Mia una vez le creó.
Sebastian, al verla entre el público, decide tocar la melodía que ambos compartían y, en ese instante, ambos piensan en lo que pudo haber sido su vida y cómo podrían tener todo lo que tienen, pero juntos. Se visualizan con el mismo éxito del presente e incluso con un hijo propio.
Pero, al acabar la melodía, ambos vuelven en sí y Mia decide irse con su esposo. A la salida del club, ella voltea a ver a Sebastian y él se encuentra también observándola fijamente también. Sabiendo que no volverán a verse, ambos deciden sonreírse mutuamente…
¿Qué la hace diferente?
Lo que hace destacar a La La Land es una suma de muchos aspectos, pero una de las principales razones es la profunda pasión que tiene por todos los temas que aborda. El director Damien Chazelle, desde su película anterior,Whiplash, hablaba sobre alcanzar los sueños y el camino para lograrlo, un tema que repite en La La Land y que es una constante en su filmografía.
Sin embargo, La La Land destaca aún más por todas las dificultades que presenta. No solo aborda cómo una persona puede ser su propio obstáculo, lo que se ve en la obstinación de Sebastian por querer mantener el jazz en su forma más pura, pero también en Mia, al no creerse suficientemente buena actriz.
La La Land también pone sobre la mesa todo lo que hay que perder para lograr los sueños, incluso dejar un amor atrás, lo cual la película presenta de tal manera que no solo nos genear tristeza, sino que además lo entendemos y aceptamos Un sentimiento agridulce que deja huella en el espectador por ser fácilmente identificable para cualquier persona y que da una capa más de profundidad a la historia.
Por eso es que Mia y Sebastian se sienten como una pareja tan real: no son personajes que giran en torno al hecho de amarse. Toda su construcción y evolución pasa por distintos momentos externos que simplemente se canalizan en una relación a través de una exploración con la que es fácil empatizar.
La La Land no es considerada una de las películas más icónicas de la década pasada por el simple hecho de tener un final triste, sino por las formas de llegar al mismo. Combina todo lo anterior con elementos realistas y mágicos por igual. Y si bien presenta una historia común que tal vez se haya contado en otras ocasiones, combina de manera excepcional la magia de los sentimientos y emociones con un desenlace profundamente realista.

¿Es una copia?
Desde su salida, mucho se ha dicho sobre si La La Land copia elementos de otras películas, sobre todo de los musicales más icónicos e influyentes de la historia. Uno de los ejemplos más mencionados es Singin’ in the Rain, ya que ocupa mucha de la influencia hollywoodense de la época. Y es verdad que replica momentos y elementos de la icónica película de los años 50, como las escenas dentro de los sets de cine, las coreografías de tap o la secuencia final con lo que pudo haber sido, referencia directa a los sets construidos para Singin’ in the Rain.
Si bien son elementos claros y se nota la influencia, la cinta logra separarse lo suficiente como para no ser un mero tributo. No intenta emular los momentos en sí, sino que en todo caso hay pequeños momentos que transportan a las escenas más icónicas de la clásica cinta, pero pasan rápidamente y no son lo que hace avanzar la trama. Ni siquiera los de mayor clímax emocional o que buscan ser icónicos. La película busca sus propios momentos para apreciar la belleza de las composiciones y los números musicales.
Otro de los ejemplos que se mencionan es el cine de Jacques Demy, específicamente Los paraguas de Cherburgo y Las señoritas de Rochefort. Esto es más claro por las mismas declaraciones de Damien Chazelle, donde confirma la inspiración.
Si bien el parecido es constante en temas estéticos, particularmente en la ambientación y en los colores primarios de los vestuarios colores primarios, La La Land se diferencia en que recurre a elementos externos, como las luces de neón y los colores más intensos, para crear un alto contraste.
Toma inspiración, pero no copia directamente y explora mucho más en su propia identidad, creando una de las películas visualmente más impresionantes y con una fotografía que sigue siendo estándar de calidad diez años después.

Los números musicales
Los números musicales de La La Land son de los más creativos y mejor realizados en el género. En una perfecta escena de inicio, la película introduce con Another Day of Sun una canción que sirve para plantear todo lo que será la misma, dejando en claro que los números son lo esencial y estableciendo que el tono viene desde un punto de vista positivo y no desde la tragedia.
Las coreografías, si bien no tienen números tan extraordinarios en el sentido de grandes bailes con muchos bailarines de fondo, tienen el valor de ser íntimas. Más que expresar una idea, expresan el momento emocional de los personajes. Todas las canciones vienen en un momento de catarsis emocional, donde todas las situaciones son demasiado grandes y solo pueden expresarse cantando. Y pasan por el anhelo, el deseo, el amor y la nostalgia.
La La Land destaca de gran manera en el apartado musical, puesto que está compuesta de distintas melodías muy diferentes entre sí que se sostienen por sí mismas. Aun sin ver a los protagonistas o las coreografías, se entiende perfectamente lo que expresan solo por su construcción. Cada una es significativa por todo lo que contiene. La mayor muestra de ello es el tema de Mia y Sebastian, que cumple distintas funciones en la película, pero, a grandes rasgos, contiene toda la relación de ellos.
Por eso, el intercambio de voces, donde ambos demuestran todo el amor que se guardan y cómo sus deseos y aspiraciones coexisten entre sí y los unen, hace que la canción sea significativa. La belleza que contiene no está en sus notas, sino en su significado, algo que es una constante en cada una de las canciones y que las eleva, haciendo que no sean simples números musicales entretenidos, sino unos que se quedan en el espectador.

Mia y Sebastian
Mia y Sebastian son dos personajes en apariencia simples, pero mucho más complejos de lo que a primera vista pueda parecer parece. Sebastian rompe un poco el arquetipo de interés amoroso. No se interesa por Mia al inicio e intenta evitarla. Lo vemos más centrado en sus propias ambiciones, de las cuales se cree ser el único experto y entendido. En ese sentido, es un personaje difícil de digerir al principio por lo arrogante y poco empático.
Ahí entra la gran actuación de Ryan Gosling, quien da una de las mejores actuaciones de su carrera, en la cual no solo logra con su propio carisma y rango actoral que empaticemos con Sebastian, sino que no perdamos el interés. Sumado a ello, demuestra un gran nivel vocal y como bailarín, sin sentirse en ningún momento fuera de lugar y siendo sus números de los más emotivos.
Por su lado, Emma Stone, como Mia, representa el arquetipo de personaje que busca sus sueños, pero no se va por el lado de ser sobreexigente, sino por no creer en sí misma. Esto la haría un blanco fácil para caer en el sentimentalismo, pero aun así no lo hace y es una de las partes más divertidas de la cinta.
Mia se lleva los momentos de clímax emocional y sus decisiones son las que dictan la historia. Por lo mismo, es un personaje más difícil de sobrellevar, ya que depende de su propia interpretación para lograr cautivar al espectador. Sumado a esto, Stone tiene un rango vocal impresionante y protagoniza algunas de las partes más icónicas del filme, haciendo que su interpretación le valiera ganar el Oscar como mejor actriz.
Asimismo, cuando actúan juntos es donde la película florece. Si bien cada uno tiene su propio momento para brillar, al estar juntos actúan con tanta naturalidad que creemos que los hemos visto durante años y que son la mejor pareja del cine, aun cuando los hayamos visto durante poco tiempo. Y eso, aunque sea algo poco reconocido, hace que la cinta se sienta más viva.

La escena final
Una de las mayores fortalezas de La La Land está en cómo construye su escena final para que sea tan emocionalmente devastadora sin necesidad de utilizar diálogos o momentos excesivamente dramáticos. Toda la secuencia funciona como una recopilación de elementos que la película había presentado anteriormente, retomando lugares, canciones, coreografías y situaciones que ya conocemos para construir una versión alternativa de la historia. Esto hace que el espectador reconozca constantemente lo que está viendo y entienda que no se trata de algo nuevo, sino de todo lo que pudo haber sido.
La música es probablemente el elemento más importante de la secuencia, ya que el tema de Mia y Sebastian funciona como una especie de resumen de toda su relación. A esto se suma el cambio entre la fantasía y la realidad, pasando de una puesta en escena mucho más grande y estilizada a una completamente silenciosa y realista.
La película no necesita decirnos que están tristes, porque la puesta lo comunica por sí sola. Incluso la última mirada entre ambos está construida para durar lo suficiente como para que entendamos todo lo que existe detrás. Y la sonrisa final evita convertir el momento en tragedia, dejando en cambio un sentimiento agridulce que hace que la escena permanezca en el espectador.

¿De qué trata La La Land?
La La Land puede adaptarse a muchas visiones, pero personalmente creo que lo que más intenta expresar es la magia y las conexiones.
Magia en el sentido de que todo lo que ocurre está narrado a través de musicales que cambian el entorno. Es un musical muy moderno en que todo el entorno cambia conforme al mismo y no al revés, dando como resultado momentos que parecen sacados del cine de la época dorada. El vals de Mia y Sebastian en el observatorio recuerda a los mejores momentos de los musicales antiguos, usando colores tan vivos que recuerdan instantáneamente al Technicolor.
Eso es una de las mayores fortalezas de la cinta: entregarse completamente a las pasiones de la misma. Es tanto el amor que profesa por musicales como Singin’ in the Rain que, aunque no seas fan de esa época del cine, te transporta a otro tiempo y a otro espacio en que solo existen las emociones, algo que es muy difícil de lograr y que no se consigue por lo técnico ni por lo musical, sino por la manera de abrazar el mensaje y apegarse a los propios logros.

La La Land, en solo diez años, se consolidó rápidamente como una de las películas más influyentes del siglo y un musical que tiene el cariño de millones de fans. Se adentra en un mundo mágico y excepcional con una pareja muy icónica y uno de los grandes finales de la historia del cine. Nos enseña cómo quizás el mundo de ensueño que creamos en nuestras mentes puede no competir con la realidad pero, a la vez, si decidiéramos no vivirlo, no seríamos las personas que estamos destinadas a ser.



