Crítica de Forever, anhelos y frustraciones

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A día de hoy, Amazon está empezando a reivindicarse como una plataforma a tener en cuenta. No precisamente por su variedad de catálogo o calidad de interfaz, sino como creadora. Prueba de ello ha sido esta última gala de los Emmy, en la que la mayor sorpresa ha sido una serie original de Amazon: The Marvelous Mrs. Maisel. Y no es que sea flor de un día, porque la plataforma está apostando fuerte por un formato serial de calidad como se puede ver con algunas de sus futuras propuestas, ya sea con la más que anticipada serie del Señor de los anillos (y más cara de la historia), Too old to die young de Nicolas Winding Refn o la prometedora Homecoming con Julia Roberts y el creador de Mr.Robot.

Una de estas nuevas series de Amazon en su apuesta por la creación original es Forever. Aunque es producto que, desgraciadamente, está pasando desapercibido a pesar de tener a dos ganadores del Emmy en Alan Yang (Master of None y Parks and Recreation) y Matt Hubbard (30 rock y Parks and Recreation). Forever es una serie muy especial con muchas cosas interesantes que aportar al panorama serial contemporáneo pese a que diste bastante de ser perfecto.

Monotonía para siempre

Oscar y June son una pareja sumida en la rutina. Llevan toda la vida juntos, su estilo de vida apenas ha variado y, con el paso de los años, ha empezado a desgastar la pareja y a sumirles en territorio desconocido. Pero ellos son tan solo la excusa para introducirnos en toda una serie de temáticas relacionadas con la frustración y la, en muchas ocasiones, total incompetencia para lidiar con nuestras propias emociones. Desde anhelos cohibidos, pasando por las implicaciones del cambio, hasta el tedio como consecuencia inevitable de la monogamia. Pero también habla de las relaciones humanas, del compromiso, de la dedicación, de la voluntad y, especialmente, del amor. Y es relevante destacarlo, pues Forever es ante todo una serie humana y lejos de regirse por blancos y negros, la serie nos muestra una escala de grises en la que el individuo es la verdadera respuesta.

A pesar de que entre sus géneros figure el de la comedia, Forever no es el típico producto que uno esperaría encontrarse bajo esa etiqueta. La serie no busca la carcajada ni el ritmo frenético característico de las propuestas más comunes o cercanas al slapstick. El humor aquí cumple una función distinta, es situacional y con el propósito de generar empatía y ternura, de crear una comodidad tácita con el espectador y pedirle que continúe el viaje. Y es que el ritmo de Forever es más bien pausado, sí que pueden haber giros potentes e inesperados, pero estos están supeditados al tono y al ritmo del conjunto de la serie.

Una serie de autor

Muchas veces, una de las grandes diferencias que separan cine y series suele ser la homogeneidad, la sensación de unidad del producto final. Y es que en la televisión, son muchas las manos por las que termina pasando la historia. Se delegan constantemente las labores de dirección y de guión con el transcurso de los capítulos, adulterando así inevitablemente la autoría del producto a pesar de la existencia de figuras como las del creador, encargadas de darle cierta coherencia al conjunto. En Forever se recupera esa sensación de unidad. La implicación de Yang y Hubbard a lo largo de toda la temporada se hace notar y le otorga a la serie desde el primer momento una personalidad distinta y de agradecer en la temática que deciden abordar.

Forever es una serie que ha sido claramente concebida como una unidad, teniendo una temporada lo suficientemente autoconclusiva como para dejar una sensación de compleción en el espectador, pero manteniendo el espacio justo como para que una continuación no sea algo descabellado ni codicioso. Tendencia que empieza a reivindicarse como la predilecta para los productos de calidad, pues al ser ideados prácticamente como una miniserie, el empaque suele ser más fuerte y no se compromete la integridad narrativa de la historia.

Pero a pesar de esa clara intencionalidad unitaria, el universo que plantea la serie, en algunas ocasiones, termina flojeando. Y es que, contra todo pronóstico, Forever empieza a flaquear cuando más asentada está. Es un producto que se siente cómodo en el cambio y en la innovación, pero que falla en lo más simple. Cuando se halla en la plena vorágine creativa para establecer las bases de su universo, fluye con una calidad envidiable pero, una vez presentada la dinámica, Forever termina cayendo a veces en la desidia o la repetición y es una lástima porque se nota que es una serie elaborada con mimo y cariño.

¿Por qué ver Forever?

Podría terminar el artículo de cualquier modo, pero me topé con una crítica de Liz Shannon en la popular revista americana Indie Wire. En un momento del texto, Shannon hizo una analogía que creo que capta la sensación con la que me quedé tras ver Forever y que transmite su esencia a la perfección, así que con ella os dejo:

  • “Una temporada que es como una pompa de jabón (…). Como la pompa, quizá sea algo escasa en algunos aspectos, pero hay algo hermoso y relajante, quizás incluso trascendente, en verla flotar.”



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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