Hay películas que por una razón u otra se convierte en afortunadas, y Jupiter’s Moon es uno de esos casos. La ganadora del 50 festival de Sitges este año es una película europea, pero sobre todo, es cine de autor, atrevido, valiente y ciencia ficción. ¿Demasiados conceptos para una sola película? Jupiter’s Moon se los merece. Se ha podido ver también en nuestro país en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Después de verla, se entiende porque es una de las que más está dando que hablar. ¿Preparado para descubrir a esta nueva joya del cine?
Probablemente el nombre de Kornél Mundruczó no suene demasiado, pero es el responsable de esta peculiar de ciencia ficción que aúna conceptos tan dispares como superhéroes, religión, crítica social y drama en poco más de 2 horas. Una de las películas más atrevidas del cine húngaro reciente y porque no, del cine en general, y protagonizada por actores del país, igual que el director, que parten de una premisa cuanto menos curiosa.
https://www.youtube.com/watch?v=OWS-VIuiHTs
Jupiter’s Moon narra las peripecias de un refugiado que cruza la frontera entre Serbia y Hungría, pero es abatido a disparos por la policía fronteriza. Justo en ese momento descubre que tiene la habilidad de flotar en el aire y regenerarse. Gabor, un médico que colabora en un campo de refugiados con una intensa historia personal a sus espaldas, le descubre e intenta usarlo para obtener dinero. Las cosas, como la vida misma, se torcerán y ambos se convertirán en fugitivos de un persistente agente de la ley con métodos muy turbios para resolver casos.
La película visualmente es una delicia, un ritmo más pausado al que Hollywood ha acostumbrado al espectador, pero aún y así, no se hace lenta. Y no se hace lenta porque los planos son tan hermosos, la cámara rueda de manera tan bella, que aunque se regodee en algunos planos secuencia impresionantes, no cansa. Más bien sorprende que el director se detenga y prolongue tanto algunos momentos sin aburrir al espectador.

Los efectos especiales, que los tiene, son espectaculares por la naturalidad con la que están integrados en el metraje. Muchas veces se tiende al exceso para impresionar a la platea a base de saturación, pero Jupiter’s Moon ha entendido bien la fórmula: muchas veces más no implica mejor. En este caso, con unas composiciones visuales brillantes, la cámara se detiene con Aryan -el personaje principal- para volar junto a él y lograr transmitir la sensación de magia y sorpresa iniciales, por lo que parece disfrutar una vez se acostumbra a sus extraños poderes, y los espectadores disfrutamos con él y sus descubrimientos constantes.
Quién busque acción trepidante y toda la clásica fórmula que los estudios estadounidenses están imprimiendo a las películas de superhéroes de los últimos años, se llevará un chasco. Jupiter’s Moon es cine europeo, de autor, lo que importan aquí son los personajes y que sean lógicos. Son personas normales superadas por las extrañas circunstancias de los poderes que posee Aryan (un creíble Zsombor Jéger), y también por la vida propia, la cotidianidad que arrastra problemas y situaciones personales que podrían tocar a cualquier allegado.

También la realidad social de estos tiempos está muy presente. Precisamente la historia arranca con una sobrecogedora huida de refugiados, que intentan cruzar la frontera de manera ilegal, hasta que son sorprendidos por las fuerzas de la autoridad que custodian la frontera. Esa escena inicial está rodada con energía, ritmo y una crueldad que logra poner al espectador en el lugar de esos supervivientes, los refugiados que las autoridades de los países han tratado con tanta injusticia en más de una ocasión. El director no pierde ocasión para retratar el complejo panorama social que se vive en Hungría como reflejo de la Europa del Este: las diferencias sociales y los problemas que tienen las personas para llegar a fin de mes o incluso para sobrevivir. Al final los poderes mágicos terminan siendo la excusa para contar vidas humanas.
Está claro que Jupiter’s Moon pretende sorprender al espectador, incluso incluyendo escenas tan a día de hoy por desgracia, como puede ser el terrorismo islámico, la paranoia social y la necesidad de culpar a alguien de manera injusta por los problemas que hay en la sociedad. Uno se da cuenta, mientras asiste perplejo al impresionante despliegue del que hace gala Jupiter’s Moon durante todo su metraje, que aunque el director pretenda despistar con toda la temática de los poderes, lo que hay de fondo es toda una crítica social a una sociedad que ha cometido muchos errores, y los pagan los más débiles.

Podría decirse que Aryan es el héroe de los refugiados, y el médico que lo ayuda, interpretado por el actor húngaro Merab Ninidze, la representación de todos nosotros, que primero no comprendemos el problema y nos aprovechamos y al final, terminamos ayudando a los débiles, porque es lo justo y lo que el mundo necesita. De hecho, la redención en el universo de Jupiter’s Moon es posible, y ojalá lo fuera también en la vida real.
No hay que olvidar que también es una historia de ciencia ficción, y en eso cumple con creces. Escenas de acción con un componente de hermosura, retratos de vidas hungaras tan reales como cualquier retazo costumbrista, tan opuesto es lo que muestra, como armonioso. No todo necesita respuesta y quién busque una explicación racional a algunas de las cosas que se cuentan en la película, saldrá decepcionado. Simplemente hay que disfrutar de una dosis excelente de cine distinto, pero también necesario. Jupiter’s Moon vendría ser a ser cine de Ken Loach con superpoderes.



