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Crítica de la 4º temporada Big Mouth, un cambio de rumbo

¡Buenas queridos lectores, y bienvenidos a la crítica de la cuarta temporada de Big Mouth! Estrenada el 4 de diciembre, esta temporada constituía la continuación de las aventuras de Nick, Andrew, Jessi y compañía, que en tal estado de inestabilidad dejó a sus protagonistas en la anterior temporada que no sabía muy bien cómo iban a lograr encauzarlos. Para mi sorpresa, debo decirlo, lo han conseguido.

Eso no quita que precisamente por eso se haya evidenciado uno de los mayores fallos de la serie y por los que esta esté perdiendo fuelle a toda velocidad: Netflix está alargando el chicle de manera escandalosa.

Esto, en un principio, no tendría por qué tener nada de malo, porque al fin y al cabo se trata de una comedia con episodios casi autoconclusivos, con casi nula conexión o continuidad entre los mismos. Pero el problema es que se ha truncado el único punto que debe ser constante en una comedia absurda como ésta, y eso es el humor. Bien es cierto que de acuerdo, la serie nunca ha gozado de unos chistes o gracias demasiado refinados, complejos o ingeniosos, humor del que por otro lado yo soy la primera seguidora, pero creo que esta cuarta temporada ya se ha pasado de rosca. Y no hablo de lo inapropiados o bestias de sus gags, sino de que han perdido toda clase de sentido más allá de ser grotescos, con por supuesto honrosas excepciones.

Pongamos por ejemplo cuando Nick y Andrew tienen a sus bebés, algo en lo absoluto relacionado con ningún trama o verdad vergonzosa y a la vez graciosa que suceda durante la adolescencia, sino que simplemente se trata de… dos cacas. Simple, llano, fácil. Antes por lo menos las cosas sucedían en su mayoría en la mente de sus protagonistas, o eso se daba a entender, como es el caso de los monstruos o de las almohadas de Jay. Entiendo que se suponga que los protagonistas hablan entre ellos de sus problemas y de ahí salga la externalización de estas fantasías, pero luego suceden cosas como la del tampón en el lago, que además de facilona me desconcierta. Es decir, parte de la gracia es que la serie es realista, ¿no? Que la adolescencia es así en mayor o menor medida para todos, y que la vivimos de manera fantasiosa, grotesca y exagerada.

Pero como he dicho la serie consigue hacer, de alguna forma, que la temporada funcione, especialmente hacia su final, aunque ello suponga deshacer lo que sucedió en la tercera temporada. Y es que esto es precisamente lo que me ha parecido lo mejor de la temporada con diferencia, la resolución de problemas, la parte seria. El cómo los protagonistas van desarrollando y superando trastornos típicos de la adolescencia, especialmente la ansiedad. Admito que hubo momentos en los que realmente yo misma me sentí ansiosa por lo que estaban pasando los protagonistas y en los que sólo tenía ganas de o bien abrazarlos o bien zarandearles para que espabilasen de una maldita vez, aunque bueno, eso es lo que siento por los adolescentes en general, por otro lado. En cualquier caso, todos sabemos que la adolescencia es una etapa especialmente complicada en la que los sentimientos y emociones están más a flor de piel y por lo tanto se presentan principios o síntomas de trastornos y enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, los trastornos obsesivo-compulsivos o las crisis de identidad. Esto tiene mucho más interés que lo que nos venían trayendo hasta ahora, basado casi únicamente en la sexualidad y en un humor que como dije antes, ya se está empezando a pasar de rosca.

También quiero hacer hincapié en cómo la serie empieza a hacer un ahondamiento en las primeras relaciones sentimentales y enamoramiento que algunos de los protagonistas empiezan a vivir. La filofobia, el miedo al compromiso, el miedo al rechazo, el amor no correspondido y las expectativas frustradas debido a percepciones erróneas de una sociedad hipersexualizada. En definitiva, la prácticamente nula capacidad de administrar los sentimientos por otra persona a causa de falta de madurez y experiencia, otro de las cosas que suceden y marcan nuestra adolescencia.

Y es que a este respecto creo que la serie ha sabido representar con relativa maestría los miedos y tendencias más comunes en la adolescencia y en cómo esto afecta a la percepción de sí mismos y del mundo en el que viven, que creo que es la parte estrella de la temporada y lo que, si tenemos suerte, explotarán a partir de ahora.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Os ha gustado?

Un saludo y sed felices

Kitayuhttps://kitayuland.blogspot.com.es/
Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

2 COMENTARIOS

  1. A mí me costó un poco entrar en la primera temporada pero, una vez estoy en el juego, he disfrutado las 4 muchísimo; no me importa que sigan dándome una temporada al año si éste es el nivel, aunque sea estirando el chicle.

  2. Quitando a un lado lo del estirar el chicle , que es una tendencia ya habitual en casi todas las series, creo que el humor que tiene serie refleja muy bien las conversaciones de adolescentes hormonados a tope, por eso no creo que haya que analizarla desde un prisma adulto. Por ponerte un ejemplo sobre lo que comentas tu misma, el gag de las cacas, cientos de veces hemos bromeado con eso, “No sabia si tirar de la cisterna o ponerle nombre” “Ahora ya se lo que es dar a luz” y cosas por el estilo. Sin entrar para nada en sexismos, creo que hay una parte muy grande de la serie que es humor de tio adolescente, bestia, sin barra de medir y exagerado hasta decir basta. Y creo que ahí es la liga donde pretende jugar la serie

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