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Crítica de la sombra de la ley, los gángster a la española

La sombra de la ley asoma este octubre como un tipo de película difícil de ver en las producciones españolas: el género histórico, que a pesar de ser muy rico en el caso español también es muy difícil. En esta ocasión nos encontramos en 1921, un año cruento y terrible en el que la violencia reinaba en España. Los anarquistas rondaban las calles, la corrupción era sofocante y los enfrentamientos, más.

La historia inicia con el robo de un tren militar cargado de armas que se cree asaltado por anarquistas, y alrededor de ésto girará toda la acción, en este caso con la investigación policial de Aníbal Uriarte, un policía enviado desde Madrid para recabar información. Por supuesto, y por si alguien lo dudaba, al final el misterio será mucho más grande de lo que aparenta. En este sentido me ha impresionado bastante cómo han conseguido encajar todos los elementos de la narración, que eran muy numerosos, para que la historia no tuviese cabos sueltos. Desde el dueño de un teatro donde la perversión domina el escenario junto a chantajes, malversaciones, robo e incluso asesinato, a los anarquistas que surgían en las fábricas de Barcelona pasando por la corrupta policía local y el autoritario ejército. Todos estos peones se mueven hacia un elemento común: contar una historia creíble, con cohesión y coherencia, aunque por otro lado completamente fantasiosa.

Las formas, ambientes y gestos recuerdan más a un Chicago del s.XX que a una Barcelona, que por otro lado debía de estar mucho más cochambrosa de lo que se muestra en la película. Mientras que la ambientación respecto a tecnología, vestimenta, etc suena creíble, lo que son las calles y el ambiente no tanto, faltando mostrar más de la sordidez, suciedad y miseria que se vivió en esos tiempos. Sin embargo, la película también tiene pequeños momentos donde se refleja una época de nuestra historia, hitos. La protesta pacífica de sufragistas por igualdad de derechos y sueldo, que justo a 1 de octubre 10 años más tarde dio su fruto probablemente sea un homenaje al feminismo.

Pero quizá lo más interesante sean las rencillas internas entre los anarquistas, con dos maneras de ver las cosas que se aplican a todo y que jamás terminarán su lucha a lo largo de la historia. ¿Es el diálogo el camino? ¿Quién es la partera de la historia, la paz o la violencia? toda la película trata, en el fondo, de responder a ésta pregunta mostrando las vivencias de todas las caras de la moneda desde el ojo de Aníbal, un agente consumido por su pasado que es encarnado por un Luis Tobar en plena forma.

Sin embargo, creo que Aníbal es del único personaje principal del que puedo decir que es hilo conductor de la historia, porque el de Ana me desconcierta un poco. A pesar de que en un momento determinado de la trama es clave, en general es un personaje cuya importancia y características están unidas de manera inherente a la figura de su padre. No hay apenas nada que demuestre la motivación del personaje, y aunque no se explica el pasado de ningún personaje, el de Aníbal es capaz de funcionar sin ese plus, cosa que no sucede con Ana. En otras palabras, pareciese que estuviese metida con calzador.

Otra cosa que puedo decir de la película es que aunque tuviese un planteamiento y una intención interesantes, e incluso un buen desarrollo, la película se hace excesivamente larga. El film se concentra demasiado en hacer una historia con muchos elementos de manera que se pueda hacer un esquema mental general de la situación, pero la dirección y acción no son lo suficientemente dinámicas por sí mismas como para que la película no necesite centrarse en elementos determinados en los que el  espectador pueda identificarse con la misma, interesarse por los personajes y su situación.

Sin embargo, la impresión final sobre la película es buena. Aunque no sea brillante y tenga sus fallos, sí es cierto que cumple bien su propósito de entretener con el añadido de observar cómo fue una época nefasta para los españoles y la clara intención, o quizá no, de hacer ver cómo nos encontramos cada vez más cerca de una encrucijada similar.

Carmen
Carmen
Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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