InicioCineCrítica de Pinocho (2022): técnicamente correcta, pero (paradójicamente) sin magia

Crítica de Pinocho (2022): técnicamente correcta, pero (paradójicamente) sin magia

Y llegó por fin el esperado estreno del Pinocho en live action de Robert Zemeckis que, protagonizado por Tom Hanks y sin paso por las salas cinematográficas, integra desde ayer la plataforma de Disney+. Con ligeros cambios, el filme reproduce casi literalmente el de 1940 y, al hacerlo, peca por falta de osadía y audacia.

Volver a visitar un clásico inmortal no es diferente a reversionar una vieja canción. Y así como en este último caso lo importante no es reproducirla nota por nota sino hacerla decir algo nuevo, no ocurre algo distinto cuando se quiere llevar nuevamente a la pantalla una historia tan emblemática como el Pinocho de Carlo Collodi (1882) o su correspondiente adaptación animada de Walt Disney (1940).

En ese sentido, el que estén involucrados talentos como Robert Zemeckis o Tom Hanks puede hacernos de antemano abrigar la esperanza de que en efecto así sea, pero siempre está, desde ya, el temor a que el filme caiga en el saco de las casi textuales adaptaciones a live action que los estudios Disney vienen realizando últimamente.

Es cierto que “la casa del ratón” tiene de todo y se ha atrevido sanamente a audaces reversiones como Maléfica, Cruella o Mulan, que saben despegarse del material de origen con personalidad y brillo propio, pero esta adaptación de Pinocho se inscribe más bien en el estilo de las casi textuales El Rey León, La Bella y la Bestia o Dumbo. Y al igual que en ellas, nos terminamos preguntando por el sentido de hacerla.

Ni falta hace decir que Pinocho es una historia que ha marcado la infancia de muchos de nosotros y siempre voy a insistir es que es un relato de connotaciones casi terroríficas pero que, en lo esencial y desde la novela misma del siglo XIX, reivindica el trabajo del artesano por sobre el de la industria que para ese entonces lo estaba reemplazando, a la vez que advierte crudamente del inescrupuloso accionar de empresarios capitalistas que dejan en la ignorancia a las masas para explotarlas más fácilmente. Se trataba, por lo tanto, de una alegoría social más que cuento infantil, como después terminó decantando.

La maravillosa adaptación de 1940, segundo largometraje animado de Disney, rescataba mucho de ello pero tomándose licencias y libertades, además de obviar algunos detalles escabrosos (otros no) y, ni falta hace decirlo, marcar época en cuanto a la estética de animación. ¿O cabe alguna duda de que la imagen que para siempre nos quedó de la marioneta fue la de esa película? Casi inconcebible pensar en otra…

Encarar una nueva adaptación en 2022 y hacerla interesante podía implicar un regreso al material original de la novela (difícil que Disney se boicoteara) o bien actualizar la de 1940 para hacerla más acorde a los tiempos actuales. ¿La realidad?: ni una cosa ni la otra…

pinocho

Y es una pena porque Robert Zemeckis es un realizador que a lo largo de su carrera se ha caracterizado por dotar de emoción y personalidad a sus filmes, aun cuando muchas veces haya sido considerado como simple y fiel discípulo de Steven Spielberg. Aquí ha decidido optar por una fidelidad casi cobarde a aquel clásico filme al punto de estar su sello ausente por completo, de modo semejante al Dumbo de Tim Burton.

La historia de Pinocho es ya tan conocida que no tiene sentido contar el argumento y si vieron la película de 1940 (y, como yo, se emocionaron con ella), hay que decir que la misma es casi repetida escena por escena y diálogo por diálogo. La novedad está, desde ya, en el uso de tecnologías actuales y, sobre todo, del cgi, no haciendo falta decir que visualmente luce muy bien y se pueden destacar recreaciones muy logradas como el taller de Geppetto (cuyos relojes cucú incluyen figurillas icónicas de otros filmes de Disney) o la Isla del Placer (o Isla de los Juegos, según las traducciones): por debajo de ello, muy poca sustancia…

Y así como Zemeckis está desperdiciado, otro tanto ocurre con Tom Hanks que, más allá del impacto de verlo ya hacer papeles de anciano y del carisma y oficio que habitualmente aporta, no se despega mucho del Geppetto de la versión animada, al que reproduce gesto por gesto dejando así pasar la oportunidad de aportarle algo nuevo.

pinocho

Algunas situaciones están pintadas de modo más aterrador, tal el caso de esos “espectros de humo” que aquí vemos reclutar a los niños convertidos en burros o bien el de la criatura que se traga tanto a Geppetto como a Pinocho y que esta vez no es una ballena (no suena correcto en estos tiempos) sino un monstruo más indefinido, mezcla de gran cetáceo, dragón marino y calamar gigante. En cambio, el titiritero Stromboli (Comefuego en la novela), interpretado por Giuseppe Battiston, no genera ni de cerca el terror que provoca el de la película animada.

Hay situaciones particulares en las que pareciera haber un intento por regresar a los textos de Collodi, particularmente en el acento italiano o toscano de los personajes, así como en la insistencia en la destrucción de relojes cucús como metáfora del cambio de los tiempos y desvalorización del trabajo del artesano.

En el otro extremo, no faltan elementos de agenda política actual, particularmente en cuanto a la diversidad étnica (el hada azul es afro-británica, interpretada por Cynthia Erivo) y a una mayor incorporación de personajes femeninos con algún papel activo como el caso de Fabiana (Kyanne Lamaya), joven titiritera que ayuda a Pinocho a escapar de las garras de Stromboli y que se comunica con él a través de una marioneta igualmente femenina a la que llama Sabina.

Y también hay un final distinto, que no contaré (bueno sería que revelara una de las pocas sorpresas del filme), pero tiene que ver con valorar la aceptación del diferente en lugar de buscar que se parezca a nosotros.

Un cambio que paradójicamente llama la atención entre tanta textualidad es el lugar absolutamente secundario e irrelevante que tiene el crecimiento de la nariz de Pinocho. Esa situación, tan icónica de la novela como del filme, aparece aquí una única vez y de forma deliberada, ya que es esa escena, también incluida en la película de animación, en que Pinocho miente a propósito para que le crezca.

pinocho disney las cosas felices.10

Otro cambio, en este caso más ligado al discurso hoy vigente en cuanto a “mensaje”, es la no inclusión de niños fumando en la Isla del Placer, aun cuando en la antigua película ello apareciera, justamente, con connotaciones negativas.

En cuanto a la animación de cgi, Pinocho es una reproducción exacta del de aquel filme (entendible que Disney no haya querido matar su propio ícono) y prácticamente lo mismo puede decirse de los distintos animales antropomorfos que aparecen en la historia, como el entrañable Pepe Grillo o el pérfido Juan el Honesto. En algunos casos se vuelve más discutible la utilización del recurso, como con Fígaro o Cleo, que no hablan ni hacen nada que no pudieran hacer un gato y un pez de carne y hueso (o lo que sea que tengan los peces).

pinocho

A la correcta (pero no memorable) banda sonora del gran Alan Silvestri se suman las canciones que ya conocemos, a lo sumo con versiones nuevas, y unas pocas más incorporadas. Infaltable, por supuesto, la clásica When You wish upon a Star que, a partir de ser incluida en aquel filme, pasó a ser después prácticamente ícono de toda la producción de Disney. Dice bastante de una película que una canción de ochenta y dos años sea lo más emocionante de la misma.

Como dato adicional para quienes gusten de oír en lengua original, la voz de Pinocho está a cargo del niño Benjamin Evan Ainsworth (La Maldición de Bly Manor, The Sandman), en tanto que actores de reconocida trayectoria como Joseph Gordon-Levitt y Lorraine Bracco interpretan, respectivamente, las de Pepe Grillo y la gaviota Sofia.

Balance Final

¿Significa todo lo dicho que Pinocho sea un tostón o un bodrio? No, es entretenida y mantendrá prendidos a los más pequeños, pero es una película sin sorpresa y sin alma en la cual Zemeckis se ha resignado a la copia fiel: al menos Burton se atrevió a eliminar los animales antropomorfos con excepción de Dumbo. Incluso la película de 2019 de Matteo Garrone protagonizada por Roberto Benigni tenía una impronta mucho más personal a pesar del tibio recibimiento por parte de la crítica. Veremos qué nos depara la de Guillermo del Toro, que pinta bastante más oscura…

Los ejecutivos de Disney deberían replantearse si este es el camino que quieren o el de Cruella. Claro que si los dividendos les siguen acompañando, es probable que no lo hagan. De momento y en lo personal, me he quedado con ganas de una adaptación a la altura de Zemeckis y Hanks, oportunidad que se ha dejado pasar.

Y si algo hacía grande al viejo Walt era el saber salirse de los textos originales para crear un camino propio: lo hizo con Lewis Carroll, con Rudyard Kipling, con los cuentos clásicos de la tradición europea y, por supuesto, con Carlo Collodi. Resulta no solo paradójico sino hasta una traición a su espíritu que ahora se opte por el anquilosamiento de las viejas versiones y, para colmo, da la impresión de que mantendrán esa línea con las próximas adaptaciones de La Sirenita, Blancanieves o Bambi. Y si los filmes pierden la sorpresa, también pierden la magia. ¿Podría pasarle algo peor a una película de Disney?

Hasta pronto y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
ARTICULOS RELACIONADOS

2 COMENTARIOS

  1. El tema de la inclusion esta llegando ya a unos niveles de delirio de una mente esquizofrenica.
    La Italia profunda del siglo XIX con una diversidad racial que riase usted de la Londres o la Paris actuales….Por favor, un poco de respeto por la inteligencia del espectador y de la de los chavales.

    • Hola Solidus: gracias por comentar. En efecto y como dices, la cuestión fundamental es que quita credibilidad y que, además, ya provoca hastío y hasta risa en el público, como todo lo que se hace de manera forzada. Pero hasta ahora los estudios cinematográficos parecieran en general no acusar recibo de ello: ojalá en algún momento lo hagan. Y, por otra parte, como varias veces he señalado, crean una idea distinta a la que promueven y en lugar de denunciar el racismo y la discriminación, los niegan, pues si eran esas sociedades tan plurales como se las muestra. ¿Entonces por qué tanta queja de racismo a lo largo y ancho del mundo durante todo este tiempo? Un saludo y que estés bien!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos artículos

Comentarios recientes

Y llegó por fin el esperado estreno del Pinocho en live action de Robert Zemeckis que, protagonizado por Tom Hanks y sin paso por las salas cinematográficas, integra desde ayer la plataforma de Disney+. Con ligeros cambios, el filme reproduce casi literalmente el de...Crítica de Pinocho (2022): técnicamente correcta, pero (paradójicamente) sin magia