Crítica de ¡Shazam!: creerás que un niño puede volar

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Shazam, antes conocido como el Capitán Marvel, fue el superhéroe de cómic más popular de los años cuarenta, con millones de fieles seguidores por número. No es difícil imaginar el porqué: el origen de este personaje, un niño que se convierte en un adulto superpoderoso gracias a la magia de seis dioses y héroes clásicos, creaba una dinámica con la que cualquier lector de esa época se podía identificar. Además, sus aventuras siempre fueron más inocentes e imaginativas que las de otros competidores como Superman o Batman.

Sin embargo, una serie de circunstancias legales y empresariales explicadas con más detalle en este artículo acabaron relegando al personaje al limbo, para luego ser recuperado por DC. Desde entonces, ha luchado por encontrar su lugar en el universo de la Liga de la Justicia, a veces exacerbando su potencial cómico para diferenciarse del Hombre de Acero. Paralelamente, el Universo Extendido de DC ha ido dando tumbos en el cine, con Wonder Woman y Aquaman como sus únicos éxitos completos, y claramente perjudicado por una notoria falta de organización interna y por sus feroces competidores de Marvel Studios. Shazam, de David F. Sandberg, llega para redimir al personaje y a la compañía, poniendo un rotundo punto final a la era de Zack Snyder. ¿Lo ha conseguido?

El niño elegido

El mago Shazam, último miembro de un extinto Consejo de magos, trabaja por mantener a raya a los Siete Enemigos Mortales del Hombre, poderosos demonios identificados con los pecados capitales. Sin embargo, sus poderes empiezan a debilitarse con los años, y por ello tendrá que escoger a un sucesor. Tras una larga búsqueda repleta de fracasos, acabará convocando al joven Billy Batson, un niño abandonado por su familia. Le otorgará los poderes de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio para que le ayuden a combatir el mal en el mundo. Sin embargo, este nuevo héroe tendrá que enfrentarse al malvado doctor Sivana, que desea vengarse del hechicero.

Comenzamos el filme siguiendo los pasos de este inexperto golfillo, y contemplando sus intentos de adaptarse a su nueva familia de acogida y a los nuevos poderes que le ha otorgado el mago. ¿Estará a la altura de este legado?

Una historia para toda la familia

La principal virtud de Shazam es la química entre el protagonista, interpretado por Asher Angel, y los niños adoptados por sus nuevos padres, en particular con el pícaro Freddy: este personaje se beneficia de la vis cómica de su intérprete, Jack Dylan Grazer, y llega a convertirse en el alma de la película. La cinta logra crear con muy pocos minutos de metraje a unos personajes muy agradables y divertidos, además de reflejar de forma realista cómo reaccionaría cualquier joven ante estas nuevas habilidades, por muy buen corazón que tenga. Es aquí donde surgen los paralelismos inevitables con Big, que lastran a este largometraje durante su segundo acto pero que logran provocar alguna carcajada que otra y permiten parodiar los convencionalismos del género con cierto éxito. Frente al humor más ácido de Guardianes de la galaxia, los chistes de Shazam están más ligados a las historias de superhéroes de toda la vida y, por tanto, son más adecuados para todos los públicos

Nada de esto sería posible sin la simpática interpretación de Zachary Levi, que brilla con luz propia (o, siendo más exactos, con la luz de Zeus) en esta película. Es la viva imagen del Capitán Marvel que triunfó entre los más jóvenes: a pesar de su indudable carisma, es más bien inocentón, y su inexperiencia llega a resultar adorable. Esta película es la de un viaje de aprendizaje en el que acompañamos al novato Billy a través de un mundo que desconoce, en una estructura que recuerda a las exitosas sagas de Harry Potter o Las crónicas de Narnia. Su familia, sacada directamente de la etapa de Geoff Johns al frente del personaje, aporta el toque necesario de color a esta travesía y humaniza al héroe.

Pero, si hablamos de humanizar a Shazam, es su historia personal de origen lo que destaca. En este sentido, y sin entrar en spoilers, el filme se aleja sabiamente del huérfano del cómic, mostrando a un muchacho inadaptado con el que muchos de sus seguidores podrán identificarse antes de la inevitable catarsis del tercer acto. En cuanto a los villanos, Mark Strong interpreta con solvencia a un Thaddeus Sivana mucho más logrado en la primera mitad de la película que en la segunda. Aunque sus motivaciones son comprensibles y su presencia es lo suficientemente amenazadora, para cuando llega el clímax ya se ha convertido en el típico villano de folletín del que Alan Moore se burlaba en Watchmen. En manos de otro intérprete, seguramente habría salido mucho peor parado.

Los pecados capitales

Shazam no está exenta de fallos. El más evidente de ellos es lo pesado que acaba resultando un humor que, aunque por lo general se agradece, llega a extenderse durante demasiado tiempo. No solo impide desarrollar con mayor acierto al antagonista, a la mitología del personaje o a algunos de los miembros de su familia: también resta carga dramática a algunos momentos que lo necesitan, como la batalla final. Algunos de estos gags, como el discurso de Sivana en el aire, funcionan de maravilla, pero muchos otros lastran unas escenas que deberían ser fundamentales. Seguramente nunca sabremos si se debe a la intervención del estudio, pero la película no acaba de decantarse entre la parodia y la ficción superheroica más pura. Este intento de abarcarlo todo hace que ninguna de estas dos opciones llegue a sobresalir.

El otro gran pecado de la cinta es renunciar a la mitología de este héroe para centrarse en un ambiente más urbano que no siempre funciona: no en vano, algunas de las escenas más sugerentes son aquellas en los que se nos ofrece un vistazo a los mundos que se esconden en la guarida del mago Shazam. El escaso presupuesto de esta película en comparación con sus predecesoras hace que los aspectos más fantásticos de su universo aparezcan algo aguados: así, el hechicero carece del carisma que debería tener, vestido con un traje que se asemeja a un cosplay de los malos. Todo esto por no hablar de los irregulares efectos por ordenador, que en ocasiones no parecen propios de una cinta de superhéroes producida por un gran estudio como Warner. Esperemos que el éxito de este producto permita ampliar sus horizontes en futuras secuelas. Atentos a las dos escenas post-créditos.

Conclusión

Shazam está ambientada en Navidad y, aunque se haya estrenado en abril, es la película ideal para estas fechas. Carece de pretensiones, cuenta con una predecible trama que nunca falla y hace gala de una inocencia que resulta más que bienvenida. Quizás los adultos no logremos conectar del todo con ella, pero esto se debe a que no está dirigida a nosotros: a los más pequeños, sin duda, les encantará. Está imbuida del espíritu del Superman de Richard Donner que, como si fuera uno más de los dioses que acompañan a nuestro héroe, le permite alejarse de los complejos que lleva arrastrando el Universo DC cinematográfico desde hace años, y de una oscuridad que no le pega nada al personaje.

 



el autor

Periodista en cuarto de carrera. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado cuatro libros en ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan mona, podrás verlo.

4 comentarios

  1. Buenas amigo, a pesar de no estar en la lista de: “al cine, sí o sí”, las buenas críticas y comentarios, de la gente, a la profesional nunca le hago caso, me arrastraron a la sala. Realmente me ha gustado. No la considero con fallos, la considero falta de pretensiones, cosa que se agradece. Además está sazonada con un regusto a cine ochentero que a mí es el que me pone. Recoge un poco esas aventuras de pandilla tan recordadas antaño. En resumen, buena película para todos. Saludos amigo.

    • ¡Saludos igualmente!
      Efectivamente, la película recuerda a otros filmes como “It” o “El carnaval de las tinieblas”, y pretende evocar esa clase de “sense of wonder” y, lo más importante, no se olvida de quién va a ser su espectador principal: un niño como el propio Billy. Es una adaptación decente de la fórmula al siglo XXI.
      Sin embargo, en mi opinión, sus defectos son los típicos de parte del cine de superhéroes: falta de dirección creativa clara, un villano y secundarios poco desarrollados, irregularidad… tuve la ocasión de revisionar el Superman de Donner antes de ver “Shazam” y, aunque es una digna sucesora, a esta película le falta algo que su predecesora hizo muy bien: tomarse su tiempo para que nos maravillemos. Me hubiera gustado que hubieran pasado más tiempo en la guarida del mago, o explicando los orígenes divinos del personaje, en lugar de un videomontaje de escenas cómicas que acaba haciéndose pesado al final.
      Pero, aún con todos sus fallos, es una buena película… y yo diría que mejor que “Capitana Marvel”, que debería ser su rival más inmediata. Por supuesto, espero y confío en que “Endgame” sea bastante más redonda.

      • Aquí, su público es de “todos para uno”, y si meto al chaval en capitana Marvel se me duerme. Pero endgame, tiene que darlo todo o será un antes y un despues para este tipo de cine. Aunque ciertamente, Shazam, no lo veo yo como todo lo demás que se ha visto. Aunque después de los tres Oscars al Pantera Rosa. Que por cierto, tendré que verla algún día.

        • “Pantera Negra” es una buena película, mejor que esta Shazam o que la Capitana Marvel. Aun así, no merecía el Oscar, y no es tan buena como han dicho los críticos de Estados Unidos.
          Y, efectivamente, “Endgame” será el acontecimiento del año. Dentro de una semana, ni nos acordaremos de Shazam.

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