Crítica de Tolkien, candidez sin pena ni gloria

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Buenos días queridos lectores, y bienvenidos a esta nueva crítica de Tolkien, el biopic del escritor del señor de los anillos que se hizo este 2019 y que en concreto muestra cómo el mundo de su más famosa obra se fue fraguando en su cabeza durante su complicada juventud.

Si tengo que inclinarme por un sentimiento respecto a lo que esta película me hace sentir es, como bien señalo en el título, candidez. El cómo la vida de Tolkien se vio salpicada por buenas voluntades que le hicieron seguir adelante explica su profunda religiosidad con la que más tarde contagió al C.S Lewis. Desde el sacerdote que se hizo cargo de él y de su hermano convirtiéndose en su tutor legal hasta la señora que se hizo su patrona y no sólo le mantuvo sino que permitió que estudiase en el prestigioso colegio King Edward, en Birghmingham. Pero sin duda lo más conmovedor del metraje es el tan marcado respeto por la fraternidad que posteriormente caracterizarían a sus novelas y que sentía por T.C.B.S, un grupo secreto literario que formó con sus mejores amigos y cuyo objetivo era: “cambiar el mundo a través del arte”, lo que impulsó sus intereses artísticos e intelectuales.

Y a pesar de que toda esa oda a la amistad, a la camadería y caballerosidad que hace que te surja una sonrisa tonta, la película pasa sin pena ni gloria. Tengo entendido que salvo algunas licencias poéticas, sobre todo en lo referente al amor de su vida, Edith, la fidelidad histórica está presente en el film, sin dejar de tener en cuenta que la familia de Tolkien ha rechazado a esta película y no la ha avalado como realista. Quizá sea por esta fidelidad histórica incompleta, formada por momentos claves, datos y situaciones concretas marcadas en un calendario por lo que al mismo tiempo la película resulte tan poco emocionante y plana. Como si se hubiesen limitado simplemente a rellenar huecos con cosas que sonaban plausibles pero que no acaban de encajar porque no fueron reales, o por lo menos de una forma tan distinta que al final la película un libro de texto en el que se nos cuenta una aunque apasionante biografía, rara, fría. Quizá hubiese sido mejor que el equipo al cargo del metraje hubiese sido un poco más valiente y atrevido, sacrificando los valores seguros y la fidelidad por realmente contar algo, aunque acabase por ser fantasioso y peliculero. Y es que el problema final acaba por ser este, aunque haya momentos fantásticos, esté bien hecho, o haya puntos concretos que se consigan reflejar, como la fascinación por la fraternidad, no puedes dejar de pensar que lo que estás viendo es a un actor interpretando a Tolkien y no al propio Tolkien. Lo que sentía, aquellos valores, ideologías y obsesiones que lo guiaban y que lo definían desaparecen, ¿y su dolor? ¿su sueño? ¿quería escribir? la película no acaba por responder a nada de ésto. Abarca demasiado con muy poco desarrollo, siendo por ejemplo lo referente al romance con Edith, que marcó toda su vida y acabó por ser su mujer, un desastre. Quizá esto tenga que ver con la falta de experiencia del director finés, Dome Karukoski, que debutaba como director. Esperemos que así sea.

A la espera de un biopic más logrado de este coloso del s.XX, también hay que decir que la película cuenta con numerosos puntos positivos. Las escenas que se desarrollan en las trincheras de la Gran Guerra están logradas e incluso llegan a hipnotizar cuando la realidad se difumina para dar lugar a dragones, caballeros o al propio Sauron. La música acompaña a todo lo que sucede en la película y resulta coherente y la ambientación está muy muy bien conseguida. Pero sin duda lo más destacable son las actuaciones, con un Nicholas Hoult tímido y retraído que suena perfectamente creíble o una Lily Collins apasionada, fiera y dulce.

Pero como ya he dicho al final resulta no ser suficiente. Falta cuerpo, significado, atrevimiento y en última instancia, cine. No una biografía mecánica, fidedigna y aburrida que suene plausible y en la que no se hayan querido arriesgar. No una sucesión de fechas en las que se señala que “tuvieron su primer hijo” y “perdió a su amigo” en wikipedia. Y ese, señores, es el problema de esta película.

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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