Crítica de Upload, Temporada 1, en Amazon Prime

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Este mes de mayo Prime Video nos trae, de su propia cosecha, Upload, comedia de ciencia ficción creada por Greg Daniels y protagonizada por Robbie Amell, que nos da una divertida y a la vez inquietante visión futurista acerca de la vida después de la muerte.

La ciencia ficción es un universo lo suficientemente vasto y complejo como para permitir cantidad de subgéneros y cruces entre ellos. Es este el caso de Upload, serie producida por Prime Video que, desde el 1 de mayo, se encuentra disponible en la plataforma de Amazon. La historia, ubicada en un futuro cercano, hace referencia a una gran corporación llamada Horizen, la cual ofrece a personas en riesgo de muerte la posibilidad de que sus conciencias y recuerdos sobrevivan en forma de lo que llaman uploads, entes de existencia virtual que viven dentro de avatares en un paradisíaco lugar (también virtual) llamado Lakeview.


No es que el planteamiento sea totalmente nuevo: de algún modo puede relacionarse con las excelentes novelas Ubik, de Philip K. Dick, o A Vuestros Cuerpos Dispersos, de Philip José Farmer, iniciadora esta última de la saga conocida como El Mundo del Río. También puede remitir algo a la magnífica serie Altered Carbon. Sin embargo, el cóctel dentro del cual se lo presenta sí es bastante novedoso. No se trata de la clásica atmósfera depresiva cyberpunk; el tono es más bien de sátira contra la sociedad de consumo, pero sazonado con toques de comedia romántica, humor negro y thriller policial. Si suena a mucho, les aseguro que no lo es. Nathan Brown (Robbie Amell) es un programador de videogames con grandes ideas, pero, de momento, sin demasiado éxito; tiene devoción por su pequeña sobrina Nevaeh (Chloe Coleman) y una relación de lo más asfixiante con su novia Ingrid (Allegra Edwards), una rubia sexy pero bastante frívola y, lo que es peor, terriblemente posesiva.

Todo parece indicar que Nathan no está muy convencido de seguir con ella cuando, mientras viaja en soledad a bordo de un auto inteligente sobre el cual carece de control, se estrella contra un camión y queda en estado crítico. Las alternativas que se le ofrecen son dos: ir al quirófano, con escasas chances de sobrevivir a la operación, o ponerse en manos de Horizen y aceptar que su conciencia sea convertida en upload, con posibilidad de «vivir» para siempre.

Presionado por Ingrid y por su familia, termina optando por este camino y yendo a parar a Lakeview: allí se aloja en un fastuoso hotel al que van a parar todos los huéspedes que, en definitiva, son personas muertas (aunque la empresa se niega a llamarlos de ese modo).


La clientela es bastante variopinta y puede ir desde un magnate dueño de empresas hasta un niño de once años que ha pedido que todos sus sirvientes funcionen en modo Street Fighter. A su vez, cada uno de los uploads tiene asignado un supervisor que oficia como una especie de «ángel«(de hecho, así se hacen llamar), habiéndole a él tocado en suerte una joven llamada Nora (Andy Allo), que es quien lo va a guiar y se va a encargar de poner en práctica los arreglos que él desee.


Nora es una muchacha sin mucho dinero que vive queriendo convencer a su padre de que acepte pasar a ser un upload, algo a lo cual él se niega sistemáticamente alegando que su esposa falleció antes de que existiera tal sistema y, por lo tanto, no va a encontrarse con ella allí tal como, por convicción religiosa, sí tiene pensado hacerlo en otra vida.


En Lakeview todo es de ensueño y parece estar preparado para que los uploads no extrañen las cosas que hacían en vida aun cuando ya no tengan sentido, como el comer o ir al baño: a propósito, el chorro de orina busca el mingitorio independientemente de donde uno se pare o la postura que adopte. Los placeres están al alcance de la mano y se pagan con monedas que llueven sobre las cabezas con sonidos idénticos a los de Super Mario Bros. Y se puede tener sexo, incluso con personas vivas, las cuales pueden entrar a Lakeview como visitantes, debidamente enfundadas en trajes especiales que lo permiten. Hasta se tiene la posibilidad de evaluar a los supervisores con estrellitas para que así la empresa pueda testear la opinión de los usuarios acerca del rendimiento de los mismos.


Pero con el correr de los días, Nathan irá descubriendo lo que, quizás, ya hayamos sospechado: cuando algo se ve demasiado perfecto, suele estar podrido por debajo. Y nada más literal, pues en los niveles bajos de Lakeview están aquellos que solo llegan a pagar un servicio muy básico (dos megas) y como tales, no tienen ninguna de las comodidades de que disfrutan los más adinerados; es más: cuando se les acaban los dos megas, quedan congelados hasta que se acredite el próximo abono mensual. También van apareciendo cada vez más publicidades suspendidas en el aire o enunciadas por los supervisores, las cuales no estaban en los primeros días. Asimismo, y como ocurre hoy en día con tantos videojuegos, para poder obtener nuevas mejoras o bien seguir gozando de las que ya se tienen, hay que pagar y todo ello se hace con una tarjeta de crédito que, en el caso de Nathan, ni siquiera es la suya propia sino la de Ingrid, lo cual significa que su novia ha logrado ponerlo totalmente bajo su control y ahora tiene lo que siempre quiso: ser dueña de su vida por completo; hasta puede, si lo desea, borrarlo con un click.


También, como los mejores sistemas informáticos, Horizen tiene fisuras, así que existe una región a la cual se llega cruzando los arbustos, conocida como Zona Gris, en la cual hay hackers que venden parches piratas para obtener de manera ilegal mejoras que la empresa no ofrece. El episodio 5, en el que tiene lugar la entrada a dicha zona, es el mejor de la temporada.
Entre Nora y Nathan se va a ir desarrollando un vínculo muy especial y, dado que él tiene novia, ello introducirá un elemento de conflicto: el triángulo, entonces, ya está planteado. Para fastidio de Nora, Ingrid no sólo visita a Nathan para tener sexo con él sino que, además, es quien, en definitiva, tiene la palabra final sobre su mundo. Hay escenas raras e hilarantes, como el funeral de Nathan al cual él mismo asiste en forma virtual para decir unas palabras a quienes han ido a despedirlo.

Poco a poco, además , se va introduciendo la intriga policial ya que Fran Booth (Elizabeth Bowen), una investigadora privada con perfil de loser pero obstinada y perseverante, está buscando determinar si la muerte de Nathan fue verdaderamente accidental. De hecho, algunas ausencias en los recuerdos de él parecen también ir en esa dirección.

Balance Final

No quiero agregar más sobre la trama en sí, a los efectos de que ustedes mismos la vayan descubriendo, pero sí puedo decir que es una propuesta fresca e interesante: es llevadera, simpática y divertida, pero a la vez y paradójicamente, estremecedora y siniestra. Esa aparente contradicción está manejada de modo muy eficaz y los géneros se cruzan de modo que nunca se absorben ni subsumen entre sí. La sátira contra la sociedad de consumo es feroz y se cruzan por allí nombres como Vogue, Facebook, L’Oreal o Netflix y el auto en el cual Nathan se estrella es fabricado por Automotora Google. Otra vez las paradojas, ya que no deja de ser llamativo que una mastodóntica corporación como Amazon avale este tipo de propuesta que, en definitiva y precisamente, tiene mucho de crítica contra el mundo de las corporaciones, tal como ocurre también con The Boys, excelente serie de la misma plataforma que, si aún no descubrieron, los invito a disfrutar.


Visualmente está bien lograda y los efectos son más que decentes, con el agregado de que aquí poco importa si parecen estar hechos por ordenadores, ya que, justamente, esa es la idea: efectos dentro de los efectos. Las actuaciones, en general, muy bien; se destacan especialmente Andy Nillo en el papel de Nora y Chris Williams en el de ese padre que quiere una muerte como Dios manda y no una inmortalidad virtual; fantástica también Elizabeth Bowen en el rol de la investigadora Fran Booth, pero en general todo el elenco cumple con creces. Y hablando puntualmente de Robbie Amell en el papel principal, lo que diré aquí no es distinto de lo que siempre digo de él: es un actor con limitaciones pero también con mucho carisma y sabe explotar los recursos de los que dispone sin buscar más que eso. No desentona en lo más mínimo dentro del conjunto y se maneja muy dignamente en los momentos de comedia. Sabe lograr, por ejemplo, que su apariencia de muchacho atractivo y formal se vea ridícula, es decir que se sabe reír de sí mismo o de su propio estereotipo, lo cual es genial. Si les interesa la propuesta, es una serie fresca e imaginativa que, a la vez, se ve muy fácil y los episodios son cortos: algunos tienen sólo 24 minutos y el más largo 42. 


En lo personal me he reído mucho, pero también hay que decir que la serie tiene sus momentos emotivos (sin llegar al melodrama sensiblero), su crítica social y su faceta de thriller, la cual nos arroja un par de interesantes vueltas de tuerca en el último episodio, en el que, si bien de algo ya nos vamos enterando, quedamos totalmente pendientes e intrigados en espera de la segunda temporada.

Un saludo y hasta pronto…

 



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

2 comentarios

  1. Hay una pelicula muy buenas de hace años con el Miami tema o muy parecido…. la serie por el tema podría haber sido más seria e interesante, hay material para algo más complicado y no tan simplista para mi gusto, le falta peso materia contenido interés

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola, Victoria:
      Muchas gracias por leer y comentar! Muy respetable tu opinión y, sí, es verdad que hay cosas semejantes y, de hecho, dije de entrada que la temática no era totalmente novedosa. A mí, en lo personal, me gustó que le hayan dado enfoque de comedia o de sátira, porque si hubieran hecho otra Altered Carbon u otra Black Mirror hubiera sido, justamente, más de lo mismo y me parece que eso le dio un aire distinto.
      Sé que muchos no comparten mi gusto, pero en lo personal prefiero cuando a este tipo de temas se los enfoca desde una óptica menos suicida y con algo más de luz; será porque de lo otro creo que ya hay mucho. Black Mirror, por ejemplo, me parece una serie sobrevaluada y que, en su discurso antitecnológico y anti sociedad de consumo, termina por ser predecible: al que se mete con la tecnología, inevitablemente le irá mal así que, con solo empezar a ver cualquier episodio, ya sabemos cómo va a terminar todo. De todas formas, no estamos aquí hablando de Black Mirror sino de Upload, pero era simplemente para hacer una comparación: entre tanto cyberpunk suicida que hay hoy, no me parece mal que haya una propuesta que se tome el tema algo más en broma y que mezcle géneros. Sé que no es una serie para cambiar el mundo pero creo que se lo proponga.
      Pero, como siempre, son gustos y opiniones, Victoria, y respeto mucho la tuya.
      Un saludo y que estés bien!

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