Crítica: Fe de etarras

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hablar de cine español siempre es complicado. Tenemos toda una serie de prejuicios instalados desde no sabemos cuánto sobre ello. El tópico de las subvenciones, el tópico de las cien mil películas al año de la Guerra Civil y, en resumen, que todo el cine español no ha pasado de algunas películas viejas de Almodóvar. En fin, que por alguna extraña razón los horrores reptantes que nos endiñan los Adam Sandler o Sarah Jessica Parker no valen para echar mierda al resto de cine de Hollywood, pero basta una sola película española mala para no necesitar más. De todo esto ya hablaremos otro día.

Además de todo lo anterior es una película sólo para Netflix. Y sobre ETA, claro, lo que ha llevado a las habituales polémicas sobre el tratamiento de la banda terrorista: si la película les pinta de modo romántico o no, si la película es justa con la memoria de las víctimas, etcétera. La campaña de publicidad llevó incluso a gente a pedir el boicot a Netflix y a llamar a darse de baja. Todo ello por el hecho de que los protagonistas iban a ser etarras.

Y bueno, los protagonistas sí son etarras. En concreto, tres miembros de ETA que están en Madrid al mismo tiempo que la selección española de fútbol va al mundial de Sudáfrica de 2010, que como todos sabemos terminará ganando. Esperan y esperan órdenes para atentar. Leyendo únicamente esto uno se espera lo peor: cómo meter comedia ahí. Cómo hacerlo sin que el espectador perciba que son parte de los buenos. Aquí el guión habrá que decir que juega con las expectativas  de los que van a ver la película, de lo que sabemos sobre ETA.

Ahora parece mentira, pero en los momentos más sanguinarios de ETA casi nadie hacía chistes de ella. Las viñetas cuando les trataban no les ridiculizaban, como mucho se hablaba de su violencia y ya. El proceso a través del cual surgieron cosas como “Vaya Semanita” da para mucho, pero digamos que es en ese mítico programa cuando ETA empieza a ser ridiculizada. Es decir, cuando se les pinta como chapuceros, se ríen de sus contradicciones y se les pinta como un tanto bastante iluminados. No sólo la banda terrorista: también se metieron sin ningún disimulo con una agudeza y gracia impresionante con sus simpatizantes, en secciones tan maravillosas como “los Batasunis”. Pero claro: esto ya fue cuando los períodos de más asesinatos ya habían pasado.

En definitiva, la película va en el mismo sentido que Vaya Semanita, porque, de hecho, comparte guionista. Es decir, la película desmitifica y se ríe de todas las pretensiones de ETA, de todos sus discursos ridículamente trascendentes, de toda su tergiversación de la Historia, de todo el delirio supremacista (es antológica la escena de la película cuando juegan al Trivial Pursuit). Aquí todo el peso del ridículo de la idelogía etarra recae en gran parte de la película en un sensacional Javier Cámara, que actúa como un etarra presuntamente experimentado que en el fondo lo más que hizo fue huir e intenta demostrar que no es un traidor a la banda.

Pero el personaje de Javier no puede evitar el ridículo. Ni el personal (todos sus discursos de pureza resultan ridículos teniendo en cuenta de donde ha venido, cosa que recuerda más de una vez el esperpéntico antisistema interpretado por Julián López) ni el operativo: a su cargo tiene unos novatos sin ninguna experiencia y al antisistema ido de pinza. Tampoco el real: está aislado de la banda, sólo, y sus actos parecen totalmente irrelevantes para toda una ciudad que está pendiente del Mundial de Fútbol y de la actuación de la Selección Española. Todo el gran sueño de realizarse como revolucionario, redentor de un pueblo perseguido al final consiste en un día a día patético. En un aislamiento de la realidad política, humana y social: a nadie le importa su ridícula lucha.

Y todo este ridículo, todo el sinsentido ideológico viene a través de chistes, de exponer de manera sencilla las constantes contradicciones de todos los discursos de los protagonistas, de hacernos reír con la total falta de capacidad de los protagonistas de hacer nada remotamente útil. Es, vamos a decirlo, devastadora a través del humor con todo lo etarra. Porque, claro, los protagonistas son la cara más moderna de ETA, de la que nos reímos son problemas, pero aparece un personaje de la ETA del pasado, la terrible, la que cuando estaba en activo nadie se reía de ella. El enfrentamiento entre estas dos ETAs se dará al final de la película, en un momento en el que era complicado acabar con humor. Es quizás el mayor debe de ésta, no tanto por la solución que se ha elegido (correcta y coherente argumentalmente) sino porque el tono choca demasiado con el resto de la película: demasiado abrupto, demasiado contraste, demasiado de repente.

Es una película más necesaria que buena, como se ha dicho ya varias veces, pero tiene mucho de válido y de aprovechable.

Sed felices.

el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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