Crítica: Venom. Una película parásito que se consume a sí misma.

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Venom es uno de los villanos más queridos del universo Spiderman. Tanto es así que hasta ha conseguido su propia serie de cómics e incluso una adaptación cinematográfica. La película de este malévolo personaje se estrenó en España el viernes 5 de Octubre y desde luego las impresiones que ha causado son amplias y diversas por varios motivos. Por parte de los fans más acérrimos de la saga, un profundo sentimiento de vacío, pues muchos de ellos consideran que el villano no tiene madera de protagonista. Por parte de los productores, un rodaje desastroso con una peor posproducción, donde se han tenido que cambiar cerca de 40 minutos del film original para poder cambiar la calificación por edad. Una película que empezó siendo para adultos pero que se ha visto obligada a ser dirigida a un público de más de 13 años. Todas estas cuestiones nos han dado como resultado una cinta difícil de afrontar y analizar, aunque voy a intentar hacerlo de una forma equitativa y resaltando tanto virtudes (las menos) como defectos (la mayoría).

Póster publicitario original de la película.

No quiero entrar mucho en spoilers, de modo que seré breve. La película abre con la caída de una nave espacial terrestre en Malasia. Esta pertenecía a una gigantesca corporación llamada Fundación Vida que descubre que el grupo de investigadores al cargo de la aeronave ha conseguido encontrar varias muestras de una forma de vida alienígena. Por otra parte Eddie Brock (Tom Hardy) es un despreocupado periodista que convive con Anne Weying (Michelle Williams) una abogada que trabaja para Fundación Vida. Cuando Eddie descubre los secretos que esconde la corporación trata de dejarlos al descubierto, pero esto acaba con su trabajo, su carrera profesional y su relación con Anne. Así pues, en un desesperado intento por conseguir pruebas que respalden sus acusaciones, Eddie acabará colándose en los laboratorios de investigación y entrando en contacto con uno de estos seres extraterrestres llamados simbiontes.

Venom se nos presenta inicialmente como un parásito, una forma de vida dependiente que necesita de otro organismo para subsistir. Así pues, con el pretexto de la convivencia mutua y el desarrollo de ciertas habilidades, formar equipo con él es realizar un pacto con el diablo, porque a la par que te otorga poderes sobrehumanos te está devorando por dentro.

Algo parecido sucede con la adaptación cinematográfica. Da la impresión, de que en una misma cinta, conviven dos películas distintas. Por un lado hay un cuerpo, un esqueleto, ideado y pensado para ser de una determinada manera, con un guion y una dirección definida, independientemente de su mejor o peor calidad. Sin embargo, esta primera idea sufre continuos ataques, esporádicos y aleatorios por parte de una concepción completamente opuesta de la historia de los personajes y del desarrollo de ambas. De esta manera, lo que en un principio resulta serio acaba con chascarrillos cómicos que no encajan con la dinámica que la película persigue en un principio.

Este trastorno de la personalidad se encuentra presente en todos los aspectos de la película, en especial en el desarrollo de los personajes. Eddie comienza siendo un tipo despreocupado  e irresponsable, pero sin embargo resulta ser alguien que se toma muy en serio su trabajo y sus convicciones personales. Por otro lado está terriblemente asustado por haber entrado en contacto con Venom, pero habla con él como si fuera su colega de toda la vida y estuviese de cañas un viernes por la tarde. Anne por su parte, pasa de completamente enamorada a desencantada y decepcionada en segundos, saltando a la comba con la línea que separa ambas opciones cada vez que le da la gana.

Un diseño espectacular del simbionte muy poco explotado.

Quizá aquí hay más spoiler, pero nada grave. Por otra parte hay un exceso de escenas de acción innecesarias. Cerca de 10 minutos de la película se dedican a una persecución en carretera que poco o nada nos interesa más allá de lo anecdótico, pero la relación del simbionte con nuestro planeta desaparece a la vez que se muestra el cartel de “6 meses después”, un salto temporal enorme justo al principio de la película. Además, las escenas de Venom como tal son pocas y no terminan de satisfacer. Considero un error no aprovechar uno de los mejores diseños que ha tenido el personaje, o por lo menos el mejor en la gran pantalla. No concibo que en su propia película tenga tan pocos minutos.

Podría seguir enumerando fallos ya que todavía no hemos hablado de lo ridículo que resulta el villano, una persona sin ambición más allá que viajar al espacio con la ayuda de los simbiontes, y a raíz de ahí surge un comportamiento guiado por la maldad absoluta y sin justificación. Es malo porque es malo. Y, claro está, algo que resulta evidente desde el primer momento, es el rol de Venom como héroe/anti héroe en lugar de villano. En lugar de ser nuestro tradicional villano resulta querer jugar a salvar la tierra, decisión que podría ser interesante, si no fuera por el mal tratamiento de guion con el que cuenta.

Hay pocos aspectos positivos a realzar, pero aun así se podría destacar lo impresionante de las escenas en las que aparece Venom, la excelente actuación de Tom Hardy, pisoteada por un guion esquizofrénico, pero convincente tanto en lo humorístico como en lo dramático (y no tanto a la hora de decidir cuando toca qué), una muy buena banda sonora contando con la colaboración de Eminem.

Tom Hardy logra adaptarse bien a los dos registros que propone el film.

En definitiva, considero a Venom uno de los personajes más interesantes de Marvel y personalmente creo que podría tener madera como protagonista, pero esta no es su historia, si no más bien una cinta infectada por la enorme ola de corrección que es el gran parásito del cine actualmente. Podría ser mucho más de lo que es, pero por el momento es una de tantas que sumar al montón de hostias repartidas sin coherencia por tipos varios en mallas, semidesnudos o derivados.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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