Descubriendo el rol (III) Un mundo sin límites

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¡Buenas, queridos lectores! Y bienvenidos a esta nueva entrada de descubriendo el rol en la que hablaremos de algunos de los grandes debates del mundillo del rol, con una riqueza casi infinita y sobre todo algo al alcance de todos los bolsillos.

Empecemos declarando que no soy ninguna experta en el tema, como casi en nada, y que estoy segura de que muchos de nuestros lectores podrán aportar muchas anécdotas, experiencia y opiniones a este respecto que nos ayudarán y abrirán los ojos a los demás (estáis invitadísimos). Una vez dicho esto, comencemos.

Uno de los grandes encantos de rol, por no decir el más grande, es que sus opciones son ilimitadas

Al final participar en esto es jugar a la vida como si fueses otra persona, con sus miedos, complejos, fortalezas, opiniones y pasado. De un elfo malabarista de medianos a un dracónido escapado de casa de sus abuelos dragón, todo es posible. Solo que no es verdad. Ni de coña.

Vale, vale, acordemos que de todas las experiencias jugables, desde los juegos de mesa hasta los videojuegos, es sin duda aquel con miras más amplias y sin límites. Está bien. Pero  hay cosas que no se pueden hacer, tú y yo lo sabemos, y eso, quieras que no, empobrece (un poquitín) la experiencia. Un ejemplo de ello es que tus personajes tienen que ser de determinada manera. Por supuesto hay un amplio rango, sigue habiendo muchas posibilidades, pero rasgos muy definitorios de la personalidad quedan casi descartados. No pueden ser solitarios, ni independientes, ni malvados, ni dementes. La pureza de muchas de estas características queda descartada si no quieres que el máster te coja tirria (con razón) y te liquide.

descubriendo el rol

En otras palabras, en la realidad quedaría un poco rarito que todos los personajes fueran juntos de la manita hasta para mear, y de pronto perdieran toda individualidad y no pudiesen irse de allí sin ser vistos, porque están hartos o x. Incluso porque a su personaje el resto de personajes le dan soberanamente igual. No actuar guiado por tu cabeza, sin facilitarle la información a los demás. Que en una cueva te aleje un poco en silencio sin decir nada a tus compañeros (sí al máster) y tener que dar una explicación. Es decir, actuar como una persona normal con libre albedrío.

No entraremos en la famosa discusión es la de si se puede hacer una campaña de villanos, una de personajes de alineación chaotic evil o neutral evil. La respuesta es clara: no. A no ser que tus villanos, por alguna razón, tengan un gran sentido de la unión y el compañerismo y vayan todas a una.

Esto, que quede claro, no es una crítica. En lo absoluto, es por estas normas no escritas, en la que le facilitas la vida a tu máster y no decides ir a masacrar al pueblo de al lado porque sí que el juego puede funcionar. La verdadera pregunta es, ¿porqué jugarías un juego cooperativo sino quieres cooperar?

Mi respuesta, a sabiendas de que sería imposible jugar así, es que se supone que juegas siendo una persona real, con un crisol de grises del carajo que ni tú ni tus compañeros acabáis de entender. Porque que estas reglas sean estrictamente necesarias no quita que en el fondos tus personajes no sufran una verdadera evolución, una en la que empiecen siendo unos cabrones egoístas, dentro de un orden, para ir abriéndose y adentrándose en el camino de la rectitud. O que sea poco orgánico, o incluso algo anticlimático. También que obligues a hacer a tus personajes cosas que en el fondo sabes que no harían.

No porque sean malvados ni similares oye, hay muchas maneras de ser posibles, que no sean conflictivas pero que al mismo tiempo no sean buenas o rectas. Supongo que de ahí es de donde sale acudir con tanta frecuencia a la excusa del dinero.

Descubriendo el rol

El rol, a pesar de ser divertidísimo y casi ilimitado, sí tiene límites. Desde no poder insistir en una tarea para no ser pesado hasta no tener motivaciones ocultas que te permitan, al margen de tus compañeros, hacer cosas. Colocar trampas, por ejemplo, ser un doble espía del que tus amigos duden. Tener conflictos reales dentro de una party.

No nos engañemos, el mundo está lleno de estas reglas no escritas, que es de lo que va el artículo. Seguirle el juego a todo el mundo, esencialmente. Sobre todo al máster.

¿Será esto algo solucionable? Quizá, y sólo me falte experiencia. Para están ustedes, lectores míos, así que coméntenme.

 



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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