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El cómic de la semana: El Eternauta

Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”Hoy destacamos El Eternauta.

El Eternauta, el gran clásico del cómic argentino

Es importante que los aficionados al cine, a los libros o los cómics tengan siempre disponibles y a mano las mejores versiones posibles de sus grandes clásicos. En el mundo de las viñetas no siempre ha sido así. Muchas veces se ha considerado como un “arte menor” y como tal no tenía que tener obras de referencia. Afortunadamente, esta percepción ha ido quedando atrás y hay cómics que se consideran obras de obligada lectura dentro de todos los géneros que conforman nuestra afición.

Es bastante sencillo encontrar en España buenas ediciones de Watchmen o Sandman dentro del cómic más comercial, Adolf en el manga o El príncipe Valiente en las tiras de prensa, por poner solo algunos ejemplos. A ellos se les ha unido recientemente y gracias a Planeta Cómic El Eternauta, un tebeo argentino de ciencia ficción creado por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López entre 1957 y 1959 en el formato de tiras de prensa y que es la novela gráfica más importante de Hispanoamérica.

¿De qué trata El Eternauta? Héctor Germán Oesterheld nos ofrece una obra de ciencia ficción hija de su época en la que su protagonista Juan Salvo, el eternauta del título, visita al guionista para, en un ejercicio de metaficción de manual, contar la historia de su vida. Una vida que se vio destrozada por una nevada misteriosa que mata a todas las personas que tocan sus copos y que no hace más que anticipar una invasión alienígena que pondrá en jaque el futuro de la humanidad.

Cuando uno se acerca a obras de esa época siempre se tiende a hacerlo con cuidado ya que sus historias, aparte de su interés por ser obras fundacionales del género, corren el riesgo de haber envejecido mal. Leer por ejemplo los primeros cómics de superhéroes de Marvel y DC requiere un esfuerzo considerable y una mentalidad abierta. Pero eso es algo que no pasa con El Eternauta. Sí, es cierto que tiene bastantes cosas típicas de los años 50 que ahora nos pueden chirriar un poco (por ejemplo, el principio de la obra con Juan Salvo haciendo de narrador o ese final que parece sacado de un episoido de The Twilight Zone), pero a pesar de todo, la historia se lee con soltura y resulta muy entretenida.

En las primeras 70 páginas más o menos parece que vamos a tener la típica historia postapocalíptica en la que los supervivientes tienes que luchar para sobrevivir en un entorno hostil, pero de repente el guionista da un volantazo y nos presenta una invasión alienígena ante la que los protagonistas tienen que dejar de lado sus propios intereses para enfrentarse a unos enemigos comunes muy superiores.

El acierto de Héctor Germán Oesterheld es ir presentado esa amenaza a cuentagotas, subiendo el nivel de amenaza poco a poco. Tanto es así, que visto con los ojos de hoy en día, incluso pudiera parecer que los protagonistas viven en un videojuego en el que van pasando fases cada vez más difíciles de cara al enfrentamiento con un temible jefe final. De esta manera se consigue atrapar al lector que está deseando saber como diablos van a salir Juan Salvo y sus compañeros de las situaciones a las que tienen que hacer frente.

En el elenco de personajes que pueblan sus páginas y su manera de enfrentarse al enemigo es donde reside otro de los puntos de interés de la obra. Acostumbrados en esa época a los héroes individualistas que parecen ser los líderes perfectos y que tiene la solución a todo, en El Eternauta, el protagonismo es muy coral y queda claro desde el principio que la única opción de la humanidad es enfrentarse al enemigo de manera conjunta.

Aquí vamos a poder ver una de las muchas lecturas sociales que tiene este cómic. Si al principio parece que los protagonistas van a ser los típicos burgueses acomodados, pronto queda claro que para ganar la guerra será necesario que todos arrimen el hombro, desde los citados burgueses, con su mayor nivel intelectual, hasta los obreros con su arrogo y constancia, pasando por los militares y sus conocimientos bélicos e incluso la picardía de la juventud.

Por eso Germán Oesterheld se molesta en mostrarnos unos personajes que dentro de las limitaciones de la propia obra (recordemos, ciencia ficción y guerra contra los extraterrestres) están bastante bien perfilados. Aunque aquí también se nota que los años no pasan en balde, ya que la representación de los personajes femeninos deja bastante que desear.

Y si la historia de Héctor Germán Oesterheld sorprende para bien leída en la actualidad, lo mismo se puede decir del dibujo de Francisco Solano López. El artista nos ofrece unas viñetas claras en las que destaca la ambientación y los paisajes de ese Buenos Aires “nevado” que seguro que era plenamente reconocible en los años en que se publicó la obra por primera vez.

Solano López también destaca en la narrativa, llevando de la mano al lector viñeta a viñeta para contar la apasionante historia de esa guerra tan desigual, y en el diseño de los personajes, todos con personalidad propia. El único borrón que se le puede poner es a la hora de diseñar algunos alienígenas o la tecnología, ya que en estos casos si se nota que el dibujo ha envejecido un poco regular.

He hecho mención a la lectura social por que es necesario saber que El Eternauta fue una obra prohibida y perseguida por los gobiernos de las dictaduras argentinas. El propio Héctor Germán Oesterheld se cuenta entre los desaparecidos de la dictadura que gobernó Argentina entre los años 1976 y 1983. Por eso El Eternauta es un cómic que ha perdurado en la imaginación de la gente, porque su lectura sirve, además de para entretener, para mandar un mensaje de solidaridad que siempre debería ser bien recibido.

Para un clásico como este hacía falta una edición a la altura y eso es lo que sin duda nos ofrece Planeta Cómic. La editorial española ofrece una edición definitiva, revisada y corregida que sigue las directrices de los herederos de los creadores y para la que se han retocado más de cincuenta ilustraciones sin alterar el espíritu original de la obra, con la intención de optimizar su calidad visual, potencia y continuidad gráfica.

Además se incluyen diversos extras que sirven para poner en contexto la obra, como un par de prólogos a cargo de Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain y lo más interesante, unas extensas biografías de los autores. El tomo está encuadernado en tapa dura y contiene 376 páginas por un precio de 35 euros.

En resumen, El Eternauta, debería ser una lectura obligatoria para todos los aficionados a ciencia ficción. Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López nos ofrecen una historia apasionante y entretenida que logra mantener la tensión a lo largo de todas sus paginas gracias al ingenio con que los protagonistas se enfrentan a la invasión alienígena y a lo bien perfilados que están estos. Una lectura que ha resistido el paso del tiempo y que además puede servir para plantear preguntas interesantes, más aun conociendo el contexto que la rodea. En definitiva, un clásico del cómic que además tiene pendiente según parece una próxima adaptación en forma de serie a cargo de Netflix.

Juanjo Avilés
Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

1 COMENTARIO

  1. Hola Juanjo: gracias por esta gran reseña de una obra que me marcó. Cuando hablas de que se ha convertido en referente para muchos, el enorme Grant Morrison la ha homenajeado en Batman Inc., donde en un muro (en Buenos Aires) se puede apreciar un graffiti haciendo referencia al “odio cósmico”, expresión que se volvió icónica y que justamente es pronunciada por uno de los “manos”.
    Y si bien es un llamado a la resistencia contra la dictadura posterior a 1955, se permite también dejar margen a la percepción individual de los personajes sobre el mundo y cómo ha cambiado: la tristeza de Juan Salvo cuando evoca cada lugar que pisa y las vivencias que allí tuvo antes de que se desatara el apocalipsis.
    En lo particular, recuerdo que me impactó muy fuerte el poder leer una historia de ciencia ficción que se ambientaba en calles y lugares que yo conocía, pero lo curioso es que tuvo para mí tanta fuerza icónica que luego se me invirtió la relación y cada vez que paso por esos sitios, me hacen acordar al Eternauta. Solo una gran historia puede lograr eso: es algo así como reescribir la historia de los lugares y redefinirlos como tales…
    Oesterheld llegó a escribir una segunda parte poco antes de su desaparición, la cual no es tan buena como la primera, pero tampoco mala a pesar de tener un tono quizás algo más panfletario por estar escrito en una época en que su militancia política estaba mucho más marcada y corrida a la izquierda. Y hay una tercera parte que no fue escrita por él, aunque supuestamente hecha a partir de bocetos que había dejado y que la editorial publicó sin mención de autores para esquivar a la censura.
    El Eternauta siempre va a hacer algo muy especial para mí, desde aquellos días de adolescencia en que lo leía en el tren (no llegaba a los puestos de revistas en mi pueblo) y, de hecho, mi primer artículo para esta web tiene que ver con esta obra.
    Gracias nuevamente Juanjo…

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