Uno de los motivos por los que el 2026 presagiaba ser un buen año de cine es porque, entre otros directores, regresaba Steven Spielberg, el que ha sido durante décadas el director de cine más reconocido a nivel popular. De hecho, a sus 79 años continúa siendo de los poquísimos directores que tiene vía libra para sacar adelante sus proyectos. Recordemos que las últimas películas de, por ejemplo, Martin Scorsese no se hubieran estrenado sin el apoyo de las plataformas de streaming. En este sentido, solo James Cameron y Christopher Nolan pueden competir junto a Spielberg en libertad artística para afrontar sus proyectos comerciales. Hoy es el turno de hablar de su última película, El día de la revelación, el regreso del director a la ciencia ficción.
Situada en una Estados Unidos actual pero inmersa en la Tercera Guerra Mundial, El día de la revelación se centra en dos personajes. Por un lado, un hacker que trabaja para una misteriosa empresa a la que le ha robado información que considera que la humanidad tiene derecho a saber y que se ve perseguido por esta. Por otro lado, una presentadora del tiempo que comienza a desarrollar extrañas habilidades, como hablar distintas lenguas o conectar con el mundo interior de las personas, que también será perseguida por esta empresa.
Dirige Steven Spielberg tres años después de aquella infravalorada obra maestra titulada Los Fabelman en la que abordaba la historia del divorcio de sus padres. Con El día de la revelación vuelve a un género que ha abordado en muchas ocasiones, la ciencia ficción. Lo hizo en Encuentros en la tercera fase (1977), E.T. (1982), Parque jurásico (1993), A.I. (2001), Minority Report (2002), La guerra de los mundos (2005) y Ready player one (2018).
Aquí os dejamos el análisis de una de las películas más conocidas de Spielberg, La lista de Schindler.
El día de la revelación es una película bien distinta a las anteriores. Si acaso, su premisa puede recordar a Encuentros en la tercera fase, con aquellos personajes sometidos a la certeza de la llegada de seres extraterrestres a la Tierra. Sin embargo, aquí el maestro coloca el foco en un lugar distinto.

Aunque situamos a El día de la revelación como ciencia ficción, en estructura es más bien un thriller conspiranoico marcado por distintas persecuciones, en la línea de películas como El informe pelicano o Enemigo público.
Aquí lo importante no son los extraterrestres o sus intenciones. Sin entrar en spoilers, esta es una película coherente con el humanismo con el que Spielberg siempre tiñe sus películas. El día de la revelación se centra en la información. O, mejor dicho, en la gestión de esta. Si se tuviera la certeza de algo que podría hacer temblar los cimientos de nuestra sociedad, ¿Deberíamos saberlo? ¿O tendría que quedar oculto y protegido para no exponernos a la confusión y al dolor?
Este conflicto tan potente se nos narra a lo largo de una trepidante trama de persecuciones exquisitamente rodadas (hay momentos en los que la cámara se mueve como un pincel) que tiene sus valles. Desgraciadamente, y es el mayor pero que se le puede poner a la película, El día de la revelación es larga para lo que realmente está contando y, sobre todo al inicio, tarda un poco en arrancar. Pero cuando el conflicto estalla, ya no la soltamos hasta un final en el que Spielberg pone toda la carne el asador.
A los mandos de la película tenemos a una carismática Emily Blunt, capaz de ofrecernos en un solo plano fortaleza, vulnerabilidad e ironía; y a un Josh O’Connor en alza que emociona. Frente a ellos, Colin Firth aborda con su habitual elegancia el papel de villano.

Al final, con la edad Spielberg se va deshaciendo de adornos y solo deja el hueso. Es una película en la que los efectos digitales tienen un peso muy secundario y en el que la tensión y el suspense son la bandera.
En definitiva, El día de la revelación es un notable thriller que busca sacudirnos a base de acertadas dosis de intriga y aventura mientras nos plantea un potente conflicto moral lleno de la visión buenista y, por que no decirlo, ingenua con la que Spielberg siempre ha tratado a la humanidad. Una película para tener fe y esperanza, no solo en la humanidad, sino también en que el buen cine de suspense no ha muerto. Y, encima, tenemos banda sonora de John Williams.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



