Hawks repite la fórmula y le funciona. El título nos hace una especie de spoiler sobre lo que es El Dorado. Una segunda versión de uno de los clásicos más celebrados del cine del Oeste: Río Bravo. Tiene la misma estructura, icónicos personajes casi calcados (para algo es Howard Hawks su director) y el mismo mito cinematográfico al frente: John Wayne. Al final de la crítica os dejaremos la review que le hicimos a la primera en nuestra web.
Sobre que trata El Dorado
La historia sigue a Cole Thornton (John Wayne) un pistolero profesional que llega a la ciudad de El Dorado. Rechaza la oferta de trabajo del terrateniente de la zona, Bart Jason (Edward Asner), porque sabe que aceptarla le llevaría a enfrentarse con un viejo amigo, J.P. Harrah (Robert Mitchum), sheriff de la localidad, cuya situación personal (alcoholismo) le impide desarrollar su labor como representante de la ley, por lo que Thornton decide ayudarle en su lucha contra los forajidos de Jason.
Parece la misma película, pero no lo es…
Howard Hawks realizó en 1959 una de sus grandes obras cinematográficas, Río Bravo. Existe la leyenda de que la misma fue la respuesta que Hawks y Wayne, ambos muy conservadores, dieron políticamente a Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952).
En la que nos ocupa, El Dorado, se repiten elementos de aquella: tenemos a Wayne como el pistolero que está de vuelta de todo, al sheriff cuyos problemas con las mujeres le hacen caer en el alcoholismo (en la primera Dean Martin, aquí Mitchum) y al viejo cascarrabias que funciona como personaje paternal del de Wayne (Walter Brennan en Río Bravo y aquí un más que correcto Arthur Hunnicutt), al igual que como gancho humorístico.
El personaje del joven pistolero que es hábil con las armas se repite aquí también, y mientras en la película de 1959 ese rol lo interpretó un joven cantante de country de nombre Rickie Nelson, en esta ocasión tenemos a James Caan en uno de sus primeros papeles. El terrateniente o villano de la anterior producción recayó en la figura de John Russell (Nathan Burdette) y aquí lo hace en el televisivo (serie Lou Grant) Edward Asner, como Jason.
Como nexo emotivo (y como interés romántico también), tanto en Río Bravo como en El Dorado tenemos personaje femenino importante. En la primera fue la magnífica Angie Dickinson quien cumplió ese rol, mientras que aquí es llevado a cabo por la actriz Charlene Holt.

Sin querer compararlos, es difícil no hacerlo finalmente. Las tramas más o menos se desarrollan de la misma forma, la lucha entre el bien y el mal, los problemas derivados de relaciones personales, etc. Soy muy fan de esta El Dorado, pero como siempre digo, creo, que está situada un poco por debajo de su predecesor.
Aspectos que la hacen merecedora de nuestra atención
Uno de los elementos más destacables de El Dorado es cómo Hawks trata los códigos tradicionales del cine Western, evitando llevar tanto el interés hacia las escenas de acción o el más que evidente enfrentamiento entre el bien y el mal para hacerlo, en cambio, hacia la relación entre los personajes. Como es habitual en muchas de sus películas, Hawks trata como temas la camadería y colaboración entre estos para la consecución de un objetivo. El grupo de hombres que forman el núcleo del filme son imperfectos y, debido a ello, deben colaborar para salir airosos de sus problemas.
La química entre Wayne y Mitchum constituye el núcleo de la historia que nos cuentan aquí. El primero representa los valores de competencia y valentía aun llegado a una edad en la que muestra cansancio y vulnerabilidad. El segundo, en cambio, representa muy bien el papel de una persona también con valores, pero derrotada por sus propios demonios. Su personaje es quizás el más complejo del filme ya que oscila entre la tristeza, el humor y la dignidad. La amistad entre ambos, basada en pequeños gestos y escenas compartidas, representa la base de la historia que Hawks desarrolla.
El tercero en discordia sería James Caan que también aporta ese enfrentamiento generacional que hay entre Wayne, Mitchum y él mismo. Su personaje aporta juventud e inexperiencia, pero evitando Hawks convertirlo en un simple aprendiz; con su carisma, aporta al grupo personalidad sin romper el equilibrio narrativo.
Hawks utiliza además una puesta en escena muy simple pero efectiva, evitando los excesos visuales y centrándose en las diferentes narrativas. Cada escena parece estar construida para desarrollar la historia de manera sencilla, sabiendo centrar la atención del espectador en lo que a él le interesa, es decir las relaciones humanas.

La esencia dramática de la película es aderezada por momentos de humor que hacen que la tensión de la historia se tome su tiempo. Un humor, por cierto, muy ligado al propio estilo del director y que ayuda a mantener un ritmo agradable. Trata temas serios como la decadencia física, el envejecimiento o la pérdida del prestigio y la dignidad, pero claramente sin caer en la depresión. Digamos que la diferencia con Río Bravo es que esta representaba a personajes parecidos, pero en su «prime», mientras que aquí el tiempo ha pasado y la madurez lleva a la vejez.
Podemos, en resumen, destacar El Dorado como una película muy entretenida, llena de los valores típicos del género del Oeste y salpicada por grandes actuaciones de sus protagonistas, sobre todo del binomio Wayne/Mitchum. Ello además de un humor muy reconocible en el cine de Hawks y un ritmo narrativo muy bien planeado y ejecutado por este. No la definiría como una «secuela» o segunda parte de Río Bravo, porque aun compartiendo elementos muy similares, El Dorado tiene su propia personalidad y carisma.
Os dejamos la crítica de la película Río Bravo que hicimos para nuestra web. AQUÍ



