IniciocineEl experimento fantasma (2021): los fantasmas como objeto de estudio

El experimento fantasma (2021): los fantasmas como objeto de estudio

El experimento fantasma, que acaba de estrenarse en Netflix, es el exponente de algo curioso: cómo la comedia y el terror, a veces, no solo funcionan bien juntos sino que pueden llegar a reforzarse entre sí. No nos podemos olvidar, por ejemplo, de Scream, que funciona como slasher y como parodia de este subgénero, ni tampoco ignorar que ya los añejos filmes de monstruos de la Universal solían incluir algún alivio cómico. Esta película, con elementos de drama y comedia, nos da una visión refrescante sobre los fantasmas y, a pesar de sus altibajos, constituye un buen ejemplo de comedia de terror.

El experimento fantasma

Wee y Gla trabajan como doctores en un tranquilo hospital y, a pesar de que son grandes amigos desde hacen tiempo, sus personalidades no podrían ser más distintas: mientras que el primero mantiene una actitud escéptica frente a las supersticiones de sus compañeros y pacientes, el segundo está abierto a la existencia de lo sobrenatural. Un acontecimiento le acabará dando la razón a Gla, que contemplará junto a su amigo cómo un espíritu aparece frente a los dos.

Ghost Lab

Tras el susto inicial, los dos colegas darán comienzo a un nuevo proyecto: investigarán los motivos por los que se manifiestan los espíritus, tratando de demostrar científicamente su existencia y de plasmar su rostro en las portadas de las más prestigiosas revistas. Sin embargo, se encontrarán con una cantidad creciente de problemas que harán que tengan que tomar medidas cada vez más desesperadas. Un giro en torno al ecuador de la cinta hará que la investigación se torne cada vez más oscura…

Ectoplasma bajo el microscopio

Aunque El experimento fantasma supone un entretenimiento más que adecuado para los aficionados al terror, no nos encontramos ante un Sam Raimi ni ante un Peter Jackson. Al largometraje le sobran en torno a unos quince o veinte minutos de duración y la subtrama romántica es bastante mejorable. En ocasiones, algunas de las decisiones que toman los protagonistas resultan demasiado abruptas y no todas las escenas dramáticas funcionan por igual.

Sin embargo, sus virtudes compensan por estos problemas, y los responsables de esta cinta consiguen presentarnos una historia con unos comienzos inocentes que va escalando hasta alcanzar unas cotas razonablemente altas de tensión y de terror. Aunque no estamos ante El exorcista ni ante La semilla del diablo, algunas de las escenas donde el experimento se vuelve peligroso consiguen que mantengamos los ojos pegados a la pantalla a través de recursos sencillos de los que cineastas como el efectista James Wan deberían aprender. La buena química entre los dos personajes principales hará que nos preocupemos seriamente cuando sus perspectivas comiencen a chocar.

El experimento fantasma

La cinematografía, aunque más que efectiva para lo que se pretende narrar, no aporta nada nuevo. Visualmente, no nos encontramos con grandes hallazgos, aunque la primera aparición de un espectro consigue sorprender gratamente por lo extraña que resulta. Lo que realmente funciona de El experimento fantasma es su historia, no demasiado arriesgada ni muy cruenta, pero en la que contemplamos cómo la salud mental de un hombre obsesionado con un descubrimiento va degradándose poco a poco. Se repite así el arquetipo de Frankenstein, que ya protagonizó un descenso a la locura en múltiples adaptaciones cinematográficas, y la lección del filme parece clara: hay cosas que es mejor no saber.

A pesar de ello, algunas de las mejores escenas son aquellas en las que los dos protagonistas tratan de aportar el método científico a un objeto de estudio que, por definición, es incomprensible y esquivo. Aunque esto nos obliga, en ocasiones, a llevar a cabo un ejercicio de suspensión de incredulidad, la película es consecuente con sus ideas y trata de aportarle cierto orden al caos que acaba desatándose. Al contrario de lo que sucede en otros productos de este estilo, la existencia de espectros no justifica todos los desmanes de los guionistas, sino que sigue ciertas pautas que quedan bastante claras.

Conclusión

El experimento fantasma no es el primer intento de aplicar la ciencia a los fantasmas: sin ánimo de ser exhaustivos, todos recordamos cierta melodía al oír hablar de este tema. Pese a esto, esta propuesta supone una novedad agradable en la que los protagonistas superan con rapidez el temor inicial a este fenómeno para embarcarse en una peligrosa y fascinante expedición. Si fuera más atrevida en el apartado visual, podríamos estar hablando de un producto muy memorable.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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