El niño con grandes sueños que hizo soñar a toda una generación: Steven Spielberg

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La música proveniente del piano envolvía el frío hogar. Arnold escuchaba cómo Leah, su mujer, tocaba una de sus piezas favoritas con envidiable maestría. Ella era música y restauradora, una mujer en continuo contacto con el arte, y él, ingeniero eléctrico, especializado en computadoras. Era 1946 y ambos esperaban un hijo, hijo que crecería bajo las influencias artísticas de su madre y rodeado por los numerosos artilugios que tenía su padre (entre los que se encontraba una cámara Super 8). Nació en Cincinnati el 18 de Diciembre y lo llamaron Steven Allan Spielberg. Ninguno de los dos pudo llegar a imaginarse que acabaría convirtiéndose en, probablemente, el cineasta más conocido de la historia.

A los doce años de edad ya jugueteaba con la cámara de su padre, realizando cortometrajes caseros con sus amigos. Uno de ellos, The Final Duel (El Duelo Final), fue el que lo empezó todo. Era un western de 9 minutos que grabó durante un campamento de scouts y por el que obtendría una insignia de mérito. Tiempo después, con dieciséis años, escribió y dirigió la que considera su primera película independiente, FirelightVisualmente era un producto muy primitivo, pero el guión acabaría evolucionando años más tarde en una de sus grandes obras: Encuentros en la Tercera Fase. Llegados a este punto, Steven tenía claro que quería dedicar su vida al maravilloso mundo del cine.

Cuando sea mayor voy a poner a correr a Harrison Ford con un gorro y un látigo a través de sucios túneles y cuevas. Es mi gran sueño.

Este amor por el celuloide lo llevaría a estudiar a la California State University, en Long Beach, pero cuando llevaba dos años de carrera Universal Studios le ofreció una oferta de que no pudo rechazar. Dejó los estudios (algo que sus padres tardaron en perdonarle y por lo que se sentiría arrepentido años después) y comenzó a trabajar para la productora como becario en el departamento de edición, es decir, sin cobrar un mísero dólar. Poco a poco fue empezando a dirigir pequeños proyectos (episodios de series como Columbo), lo que le permitió ir escalando hasta conseguir realizar en 1971 su primera película dentro de la industria, un notable telefilme titulado Duel (El Diablo Sobre Ruedas), que recibió aplausos tanto de la crítica como del público. Este pequeño triunfo ayudó a que un año después pudiera dirigir su primera película para pantalla grande, Loca Evasión, cuya música, curiosamente, había sido compuesta por el también novato John Williams. Resultó ser un éxito absoluto, recaudando cuatro veces más de lo que había costado y recibiendo ovaciones de la crítica. Spielberg había llegado. Aquel niño que soñaba con ser director, que grababa a sus amigos con la Super 8  de su padre acababa de desembarcar en Hollywood dando un golpe sobre la mesa, pero ni siquiera él era consciente de lo que estaba por venir…

Fotograma de DUEL. ¿Quién dijo que un telefilme no sería un buen comienzo?

Universal decidió confiar en él y produjo su próximo proyecto, con un coste de nueve millones de dólares. El guión se basaba en la obra de Peter Benchley, un best-seller que nadie confiaba pudiera adaptarse a la pantalla grande, pero tras un arduo rodaje, Spielberg lo logró, trajo al mundo la innovadora y magnífica Jaws, en España conocida como Tiburón (la música había sido encargada nuevamente a J.Williams, por la que ganó un merecidísimo Óscar). Los 470 millones de dólares que recaudó hablan por sí solos.

“Va Richar, que la broma ha estao bien, pero sácame de aquí que ya no tiene gracia. Venga Richar, ayuda que yo solo no doy. Richar, en serio, que ni gracia tiene ya eh… y deja de grabar joer…”

A Tiburón la precedieron los nuevamente éxitos Encuentros en la Tercera Fase (1977), clásico innegable de la ciencia-ficción, e Indiana Jones: En busca del arca perdida (1981), película que reanimó el género de aventuras y trajo al mundo a uno de los personajes más afamados de la historia del cine junto con su inmortal banda sonora, de nuevo a cargo de Williams. Pero no todo era grandeza y gloria, los rodajes con Spielberg eran agotadores y no faltos de problemas. Se cuenta que un día, durante las grabaciones de Indiana Jones en el estudio Elstree de Londres, un amigo de Spielberg acudió para llenarlo de elogios. Era nada más y nada menos que Stanley Kubrick, y lo que dijo de él fue que era un gilipollas. Muchos le dieron la razón, consideraban a Spielberg un tirano, que los tenía bajo el Sol de Túnez horas y horas, toma tras toma, sin descansos y durante jornadas interminables. Esa era su visión, pero realmente Spielberg lo único que quería era hacer las cosas bien, porque si alguna virtud es intrínseca en él es su empeño por hacer las cosas bien.

– Oye Spielberg, ahora Tiburón 2.
– Nah, yo paso, quiero hacer una de marcianitos.

Llegados a este punto sería una pérdida de tiempo seguir repasando su carrera. Todos conocemos ya Jurasic ParkE.T. el extraterrestree incluso otros filmes menos comerciales y dirigidos a un público mayor, con los que iba construyendo una de las filmografías más variadas de la historia, como El color púrpura El Imperio del Sol. Sin embargo, habría que hacer un inciso en los 90’s, el punto cumbre de su carrera, donde, en mi opinión, alcanzó su plenitud como director. Comenté anteriormente que Spielberg se arrepentió de haber dejado la Universidad, y eso sumado a que ya tenía hijos con cierta edad, ayudó a que decidiera retomar los estudios y sacarse el título. Con ello pretendía, entre otras cosas, inculcarles ciertos valores. Pero claro, imaginaos a principios de los años 90, un director tan renombrado y reconocido como Steven Spielberg acudiendo a clases de cine, siendo compañero de chavales de veinte años que, casi con toda seguridad, eran admiradores suyos. El panorama tuvo que ser interesante, aunque supongo que no acudiría a todas las clases, porque posiblemente en alguna asignatura él ya sabía más que el propio profesor.

Y no olvidarán nunca, en la California State University, aquel proyecto fin de carrera. Proyecto que compitió por una nota, al igual que todos. Se presentó como una película más, una película que debía ser juzgada por los profesores, revisada con lupa, observándose las aplicaciones prácticas de todo lo aprendido. Pero claro, todos los alumnos presentaron películas prácticamente caseras, mientras que Spielberg presentó algo que, por qué no decirlo, dejaba en auténtico ridículo cualquier tipo de trabajo realizado nunca en esa Universidad. Para empezar, un reparto que contaba con más de 50 personas, encabezado por nada mas y nada menos que Ralph Fiennes, Liam Neeson y Ben Kingsley. También estaban Janusz Kaminski al mando de la fotografía y el archiconocido y glorificado John Williams al de la música. Kathleen Kennedy formaba parte del equipo de producción, producción que estaba a cargo de Amblin Pictures y contaba con la distribución de Universal. Y os preguntaréis, ¿Universal implicada en un proyecto fin de carrera? Si señores. Pero no solo eso, sino que el coste de la película rondó la friolera cifra de 25 millones de dólares. Casi nada…

El caso es que ese mismo proyecto fin de carrera ganó siete premios Óscar, entre ellos, mejor película y mejor director. Yo me imagino la escena: Spielberg llegando con su Óscar en mano a la Universidad y el rector (o el encargado de llevar a cabo la corrección del trabajo), con la boca abierta y completamente atónito diciéndole al propio Spielberg: “Ponte tú la nota, yo no me lo merezco”. Bueno, y por si todavía no habéis caído, ese proyecto fin de carrera con el que Spielberg se ganó el respeto de todo el mundo era La lista de Schindler.

“Ale, ahí os queda, a ver quién tiene los santos de no ponerme el 10…”

Su producción cinematográfica se desenvolvería a partir de ahí de una forma, según muchos, un tanto irregular, aunque no cabe duda de que siempre dentro de lo mejor de Hollywood. Volvió a ganar un Óscar en el 98 con Salvar al Soldado Ryan y todavía hoy en día nos sigue regalando magníficos ejemplos de cómo hacer cine. A sus 72 años, mantiene el alucinante ritmo de película por año. Este 2018, Los archivos del Pentágono estuvo nominada a mejor película en los anteriormente citados premios y además, acaba de estrenar Ready Player One, una auténtica oda al frikismo y al cine de ficción y fantasía de los años 80 del que él mismo formó parte. Pero como es un no parar de hombre, ya nos ha hecho saber que está preparando la quinta parte de Indiana Jones y un ramake de West Side Storyasí que aún queda Steavy para rato…

“Lo complicao va a ser no autoreferenciarme…”

En definitiva, Steven Spielberg es y siempre será uno de los grandes directores de cine de la historia, no solo por su maestría a la hora de realizar sus obras, sino que también por haber conseguido formar parte de la vida de tantas personas alrededor de todo el mundo. Ha creado leyendas, magníficas historias y personajes que perviven en nuestros recuerdos, ha sido parte de nuestra infancia y nos ha hecho soñar, al igual que él soñaba cuando era niño y cogía la Super 8 de su padre.

Por todo ello, gracias.



el autor

Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffdecine

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