Héroes humildes, antología animada de Netflix que sabe a poco

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En el competitivo panorama del mercado audiovisual, donde no cesan de surgir nuevos estudios, es difícil darse a conocer. En el caso del anime, cada vez más popular en Occidente, el Estudio Ponoc se ha revelado como un interesante nuevo competidor durante los últimos cinco años. Fundado por ex-empleados de Ghibli, se ha especializado en cortos a pesar de contar con un largometraje en su haber, y la reciente película Héroes humildes, en colaboración con Netflix, es un inmejorable escaparate para un mundo cada vez más interesado en la animación japonesa. Es posible que su éxito o falta de él sea determinante en el futuro inmediato de esta empresa.

En este breve producto de menos de una hora, nos encontramos con tres historias de una factura técnica impresionante para un estudio principiante, y con unas ideas bastante llamativas. Sin embargo, su corta duración es uno de los problemas más graves de esta cinta, que parece más una demostración de técnica de un grupo de aspirantes a cineasta que un filme ya acabado. Repasemos los distintos cortos que conforman esta breve antología, uno por uno, para conocer mejor este trabajo de presentación.

Kanini y Kanino

En este corto, donde no se pronuncia ninguna línea de diálogo inteligible, somos testigos de una breve pero intensa historia en la que seguimos los pasos de unos diminutos seres que viven bajo el agua: se trata de una familia de dos niños y un padre, más una madre que se encuentra encinta, que sufrirá un revés cuando su progenitor se vea arrastrado por la corriente. Sus dos hijos, tras perderle la pista, tendrán que esforzarse en rescatarle de un depredador acuático.

Kanini y Kanino es una muestra de imaginación magistral con unos personajes muy sencillos pero con los que compaginamos al instante. Su visión de la naturaleza salvaje en un río es cruda a veces, y hay momentos que podrían asustar a los más pequeños, pero todo esto acaba mereciendo la pena cuando estos dos hermanos llevan a cabo su odisea. El final es toda una oda al esfuerzo y al optimismo, y hace que deseemos saber más de estos protagonistas. Podrían, sin ningún problema, protagonizar su propia serie, dado que el mundo que ha creado Hiromasa Yonebayashi tiene potencial para muchas historias más.

La vida siempre gana

Radicalmente distinta a la entrega anterior, La vida siempre gana es la historia que más sufre por la escasez de metraje con la que cuenta. Sigue los pasos de una joven madre y su hijo, alérgico al huevo. Éste tratará de alcanzar la excelencia en el mundo del deporte estudiantil mientras ella, a pesar de tener un horario bastante ajetreado, se esforzará por evitar que su pequeño sufra por culpa de una alergia que podría matarle.

Este corto de Yoshiyuki Momose es todo un homenaje a la maternidad y cuenta con momentos realmente duros de extremo realismo, además de ser capaz de sacar alguna lagrimita con escenas concretas. Se logra dotar a esta obra de suspense presentando desde el principio la amenaza de una muerte temprana al espectador, que siempre estará atento al desarrollo de los acontecimientos por lo que pudiera suceder, y el uso inteligente de la animación en secuencias febriles muestra las posibles consecuencias de una alergia alimenticia. Sin embargo, con un metraje más dilatado, se podría haber aportado más profundidad a unos personajes que en ocasiones parecen plantillas, y esta encantadora historia habría ganado enteros por ello.

Invisible

De la fantasía y el realismo pasamos al término medio: el realismo mágico. Invisible, de Akihiko Yamashita, sigue los pasos de un gris trabajador japonés con una peculiaridad: es invisible. Pero no solo pasa inadvertido ante las miradas ajenas, sino que nadie le escucha, nadie puede tocarle, las puertas automáticas de los comercios a los que acude no se abren a su paso. A pesar de esta condición tediosa e inaguantable, un día vivirá una aventura que podría cambiar su vida.

Es difícil no pensar en el entorno laboral asiático y occidental cuando vemos este cortometraje, y es imposible no admirar el modo en que su director ha condensado de manera tan aparentemente sencilla la alienación que viven a diario millones de personas en urbes como Tokio. Además de ello, los hallazgos visuales que podemos encontrar en esta cinta son abrumadores, representando fielmente algunas descripciones que Wells ya adelantó en El hombre invisible con más fidelidad que cualquiera de sus adaptaciones. Sin embargo, a pesar de lo adecuado del clímax emocional, nos encontramos con el mismo problema que en el corto anterior: con unos cinco o diez minutos más de duración, esta pequeña delicia transparente nos habría dejado mucho mejor sabor.

Conclusión

Se nota que hay talento detrás de estos tres cortometrajes: después de todo, muchos de sus directores han ocupado puestos creativos en algunos de los cortometrajes más reconocidos del célebre Estudio Ghibli. De hecho, al igual que estas películas alegraron las infancias de muchos, estos tres edificantes relatos son perfectos para los niños, que seguramente podrán aprender de la película en estos tiempos de dificultad.

Sin embargo, a Ponoc le hace falta una identidad propia y, a día de hoy, parece más una nota a pie de página en la historia de Ghibli que un estudio que tenga algo nuevo que decir. Quizás en el futuro pueda llevar a cabo proyectos más ambiciosos pero, de momento, Héroes humildes se trata solo de un entretenimiento blanco e inofensivo para pequeños y mayores por igual. Y no hay nada de malo en ello.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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