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Las bandas sonoras de nuestra vida

A estas alturas, parece obvio que este ha sido un año diferente a los demás. Que no somos enteramente dueños de nuestro destino y desconocemos cuándo se nos va a presentar una situación que no podamos controlar. Hemos perdido privilegios que no identificábamos como tales. Pero también, como buen periodo de 365 días, es probable que no nos reconozcamos exactamente como éramos a comienzos de 2020. Que todos (nos) decepcionamos y aprendemos lecciones, que damos un significado a situaciones que anteriormente no las tenían. Que los ¿Y si? campan por nuestra vida tanto o más que las certezas.

No me considero tanto un experto musical (siempre es mejor recomendar una Web de música) como un experto en mi propia vida y, como tal, algunas composiciones armónicas tienen un significado para mí más allá de la calidad objetivamente musical de la pieza. Evocan sensaciones, recuerdos que nos permiten saborear y dar un tinte especial a un momento que queremos conservar para siempre en nuestra vida.

Es algo característico del arte. Lo que evoca cada cuadro. O cada película. He visto verdaderos bodrios que recordaré siempre por la compañía con la que tuve la oportunidad de compartir aquel largometraje. Sólo me he dormido una vez en el cine y, sin embargo, daría mucho más de lo que tengo por volver a caer rendido y perderme ese fragmento de nuevo.

En este sentido, muchas de mis bandas sonoras favoritas ya están completamente separadas de su función inicial: la de acompasar a las imágenes que vemos en la película correspondiente.

Durante los seis años de carrera más la oposición, la música del cine me ha acompañado en cada día de estudio. John Williams, Hans Zimmer, Ennio Morricone, Thomas Newman, James Newton Howard, Trevor Jones, Joe Hisaishi, Harry Gregson Williams, Jerry Goldsmith y tantos otros. Unas aportaban paz. Otras, la motivación suficiente para afrontar ese tema difícil de digerir.

En estos últimos meses, distintas bandas sonoras me han acompañado en las diferentes situaciones que me ha tocado vivir. E, independientemente de lo que los compositores quisieran expresar cuando las crearon, el significado que tienen irá conmigo siempre.

La nostalgia ante lo vivido del Claudia´s Theme de Sin Perdón y ante lo perdido del Doe´s Eyes de Los puentes de Madison, ambas de Lennie Niehaus para Clint Eastwood. El inicio del aprendizaje con la banda sonora de Naúfrago, de Alan Silvestri. La contradicción interna de Para One en el tema principal de Retrato de una mujer en llamas. La obligación de alejarse en el Revelation de Troye Sivan y Jonsi, enfrentado a la necesidad de regresar de The ludlows de James Horner (Leyendas de Pasión).

La imposibilidad de borrar lo imborrable gracias al Theme de Jon Brion (Olvídate de mí) o el On the nature of daylight de Max Richter (Shutter Island). El imaginarse un reencuentro con la música de Vangelis para Blade Runner o el ¿Qué hubiera pasado sí…? Del Epilogue de Justin Hurwitz para La la land.

El asumir la pérdida al regreso a casa con God yu tekem laef blong mi (La delgada línea roja) y Home (Dunkerque), ambas de Hans Zimmer. El pisar con cautela sobre suelo arrasado del Mad World de Gary Jules para Donnie Darko.

La esperanza de recuperar lo que se creía perdido con el Theme de Love Actually de Craig Armstrong. La cúspide de la felicidad con el Just Us de Trent Reznor y Atticus Ross para Soul. Y verla marchar de nuevo al ritmo del Toy planes, home and earth de John Williams para El imperio del sol.

La obligación de reponerse con el Sixteen hundred men de Thomas Newman para 1917, pese a recordar cualquier nimio detalle de los momentos perdidos bajo el sonido del impresionante Love de Mica Levi para Under the Skin. Finalmente, la nostalgia más reflexiva del Vide Cor Meum de Hans Zimmer para Hannibal y la aceptación de un camino distinto con el God moving over the face of the waters de Moby para Heat.

Poco tienen que ver entre sí las películas que he mencionado. Los autores son dispares y los temas musicales radicalmente diferentes. Pero no es cuestión de instrumentos o de géneros, sino de lo que inspiren en uno mismo al escucharlos. Supongo que en eso consiste el arte.

Sed felices.

Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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