Los 5 primeros grandes directores que apostaron por las series

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Con el paso de los años, la ficción televisiva ha ido ganando relevancia hasta llegar al punto en el que nos encontramos hoy en día, donde ya es considerada como un producto de gran calidad, siendo incluso equiparada al cine. Dejando de lado los grandes problemas que suscitan estas comparaciones entre dos formatos sumamente distintos, sí que es cierto que cada vez son más los grandes nombres de la industria cinematográfica que deciden dar el paso a la pequeña pantalla, ya sea por necesidades narrativas, curiosidad o simplemente por el gran público que estas suelen traer.

Pero no siempre ha sido así, la televisión tuvo que luchar mucho en el pasado por reivindicarse como un medio narrativo competente y alejarse de las influencias de otros formatos más allá del cine, como el teatro o la radio. Hoy pretendo mostraros los inicios del cambio del paradigma en la concepción de la ficción televisiva, mediante las cinco primeras incursiones en las series por parte de grandes directores de cine y hablar un poco sobre el contenido de las mismas.

1.- Alfred Hitchcock: Alfred Hitchcock presenta (1955)

Estamos en los años 50 y pese al rápido auge en su popularidad, la televisión se sigue viendo como un entretenimiento insulso. Pero a pesar de ello, fue una de las décadas con mayor crecimiento para el formato: en el 51, I love Lucy fue la primera serie en ser grabada de la historia, abriendo todo un abanico de posibilidades narrativas al alejarse de la emisión en directo; en el 53, Paddy Chayefsky confeccionó Marty,  que se convirtió en la primera serie en ser adaptada a la gran pantalla, abriendo los ojos así a las posibilidades de la ficción televisiva; y en 1955, Alfred Hitchcock inició su antología Alfred Hitchcock presenta, que terminó ya no solo remodelando la concepción del cine hacia las series, sino también la de la audiencia.

Hitchcock gozaba ya de cierto renombre en la época, ya que había hecho grandes películas como La ventana indiscreta y La soga. El hecho de que alguien de su categoría irrumpiese semanalmente en los televisores, mostrando un lado más cercano y cómico, causó gran revuelo en la industria y en la población, propulsándolo al éxito. El director ejercía principalmente de productor, supervisando los actores, directores  y decidiendo los relatos que se debían emitir; pero eso no le impidió dirigir algunos, siendo 17 el total de capítulos de los que se encargó. Pero si de algo le sirvió la serie, fue para descubrir a dos individuos: Vera Miles (Psicosis y Falso culpable) y John L. Russell, director de fotografía de prácticamente todos los episodios y que trajo a Psicosis más adelante.

La serie planteaba capítulos autoconclusivos, sin ningún nexo en común más allá del leitmotiv de suspense marca de la casa. A Hitchcock al principio no le entusiasmaba especialmente la televisión -la consumía por los concursos y poco más- y tendía más a ver su auge como una amenaza para el cine, como era habitual en la época. Pero su agente le terminó convenciendo de las posibilidades del medio y el director terminó moviendo la idea que tenía de antología radiofónica a la televisión en lo que, con el tiempo, demostró ser una fructífera decisión.

Y es que Alfred Hitchcock presenta marcó un antes y un después en la historia de la televisión. Trajo a nombres conocidos de la gran pantalla a la pequeña, fomentando la interacción entre ambos mundos; motivó a otros grandes autores a apostar por el medio y por las antologías -como Rod Serling y su famosa La zona desconocida-; y, quizás uno de los aspectos más relevantes, contribuyó a cultivar contactos y creatividad, convirtiéndose en el entrañable y misterioso icono cultural que conocemos hoy en día.

2.- Ingmar Bergman: Secretos de un matrimonio (1973)

A pesar de no ser su primer trabajo en televisión, me he visto prácticamente obligado a seleccionar Secretos de un matrimonio para hablar del director en la industria, por motivos más que obvios. No pudiendo gozar del título de primer gran director en apostar por las series, Bergman sí que puede presumir de ser uno de los más prolíficos e implicados en su desarrollo. Cuando la televisión llegó a su país, él ya venía de ganar la Palma de Oro en Cannes y gozaba de cierto prestigio internacional, pero el director veía en el medio algo especial: la convergencia entre teatro y cine. Y fue así como en 1957 se encargó de trasladar a la pantalla una obra de teatro, siendo este el primero de muchos trabajos que realizó el sueco para televisión, tanto adaptaciones como productos íntegramente suyos.

Pero fue a finales de los 60 cuando empezó a generar un contenido más refinado para televisión, consiguiendo grandes series como El rito en el 69 o Reservatet en el 70. Esto se debió a una mayor interacción entre Bergman y la televisión sueca, estando esta última decidida a potenciar manuscritos de prestigio para la European Brodcast Union, organización que estaba impulsando la puesta en común de los guiones para así hacer adaptaciones más fácilmente y exportar la ficción del país. Esta mayor exportabilidad y posibilidad de llegar a más gente se demostró eficaz con la adaptación en la BBC de Reservatet, serie que sirvió a Bergman como preludio para así poder confeccionar en 1973 Secretos de un matrimonio.

La serie, escrita y dirigida íntegramente por él, aborda la desintegración de un matrimonio, asignando cada fase de esta a un capítulo. Bergman consiguió exprimir en esta serie el formato televisivo, utilizándolo para profundizar paulatinamente en los personajes y desarrollar su arco con el paso de los capítulos -concepto que nos puede parecer ahora habitual, pero que no empezó a utilizarse hasta 1963 con la llegada de la serie El fugitivo-. La serie está filmada de un modo angustiante y claustrofóbico, rodada con primeros planos muy cerrados y con un estilo austero y naturalista. La tensión era tal, que el director ponía al final de los capítulos imágenes del tranquilo entorno natural en el que se desarrollaban los hechos para relajar a la audiencia, que sentía invadir la privacidad de la pareja.

Secretos de un matrimonio tuvo un gran éxito tanto a nivel nacional como internacional, llegando a ganar diversos premios entre los que se encuentra un Globo de Oro. Bergman desarrolló también más adelante una secuela llamada Saraband, pero el director destacará por la asiduidad de colaboraciones con el medio y por cómo ayudó a elevar la imagen de la ficción televisiva. Bueno, por eso y por ser el responsable del aumento de divorcios en Suecia y otros países nórdicos…

3.- Steven Spielberg: Amazing Stories (1985)

Muchos años han pasado ya desde los inicios en directo de la ficción televisiva: gracias a la era de las antologías que desató Alfred Hitchcock presenta se pudo apreciar el potencial narrativo del formato y lo catapultó al siguiente paso que propició El fugitivo, aportando un arco argumental de desarrollo en la misma estructura serial. Pero precisamente por el desarrollo de dramas e incluso comedias de continuidad, la llegada de la antología Amazing Stories -la serie creada por Steven Spielberg- no parecía un movimiento inteligente. Pero el nombre del ya consagrado director, era garantía suficiente para la NBC, que firmó dos temporadas con Spielberg sin si quiera haber producido el piloto -recordemos que ya había dirigido películas como TiburónIndiana Jones o E.T.-. Tal era el poder de su nombre, que impulsó un leve resurgimiento de las antologías antes incluso del estreno de la serie y dio pie a que la CBS reviviese La zona desconocida y HBO sacase The Ray Bradbury Theatre.

El caché de la serie no solo se limitaba a Spielberg. El director, a parte de escribir gran parte de los episodios y dirigir unos cuantos, no puso el resto de capítulos en manos cualquiera: directores como Clint Eastwood, Martin Scorsese, Burt Reynolds o Robert Zemeckis dejaron su huella por la serie; y actores como Mark Hamill, Danny DeVito o Christopher Lloyd también hicieron acto de presencia. Y todo esto aderezado con bandas sonoras compuestas también por algunos de los mejores como John Williams o Danny Elfman.

Pero a pesar de los grandes nombres, los numerosos Emmys y la aclamación por parte de la crítica; la serie no fue renovada por su escasa audiencia. En última instancia, la gente no terminó de conectar con el espíritu de la antología y prefirió volver a las series más continuistas que tener que sumergirse cada semana en una historia nueva.

4.- Robert Zemeckis: Tales from the crypt (1989)

Otra fue la suerte que tuvo la antología de su amigo Robert Zemeckis cuando se embarcó en el alocado proyecto que terminó siendo Tales from the crypt. Debido a que la serie fue de HBO -cadena por cable en aquel entonces- no se vio condicionada por el habitual departamento de revisión de contenidos en la época, por lo que pudo dar rienda suelta a auténticas salvajadas. Tales from the crypt estaba basada en unos cómics publicados por EC comics en la década de los 50, por los que los creadores sentían especial devoción.

El Guardián de la Cripta introducía los episodios con juegos de palabras y chistes malos

Grandes nombres fueron los que pasaron por la serie cada semana para participar en el siguiente grotesco relato de terror, tantos o incluso más que los de Amazing Stories (actores como Daniel Craig, Steve Buscemi, Ewan McGregor, Benicio del Toro, Demi Moore…). Con el paso de los años, Tales from the crypt se convirtió en la serie más longeva de las estrenadas por HBO en la época, teniendo un total de 7 temporadas y un total de 93 episodios que se extienden desde 1989 hasta 1996.

Pero si por algo pasó a la historia fue por su irreverencia. La serie mostró por primera vez de manera evidente el potencial que albergaba la televisión por cable, permitiéndoles mostrar una violencia inusitada hasta el momento e impensable en las cadenas tradicionales, remarcando la tendencia de que las series que se creaban en HBO iban dedicadas a un público adulto, a diferencia de las predominantes series familiares a lo largo de la historia de la televisión.

5.- David Lynch: Twin Peaks (1990)

Es muy posible que de los 5 productos que comento en este artículo, este sea el más difícil de sintetizar. Twin Peaks supuso un antes y un después en el mundo televisivo, no por ser una excentricidad característica de David Lynch, sino por la reformulación del formato que puso sobre la mesa y por cómo expandió las expectativas del público ante una serie. Estamos en los años 90 y un estrafalario David Lynch decide apostar por la pequeña pantalla tras venir de dos nominaciones a los Oscar y de impresionar a la industria cinematográfica con Terciopelo Azul. Siendo conscientes de su particular estilo, la idea de una serie hecha por alguien de esta índole se antojaba cuanto menos curiosa, más aún si tenemos en cuenta que Mark Frost (co-creador junto a Lynch) era ya un consolidado guionista de programación habitual en la televisión, de calidad pero costumbrista (Canción triste de Hill Street por ejemplo).

Twin Peaks puso encima de la mesa un whodunnit clásico, pero la serie pasó rápidamente de ser un thriller policiaco habitual a un campo de exploración narrativo para un Lynch obsesionado por explorar el folklore de la América rural. La gente no tardó mucho en pasar de preguntarse “¿Quién mató a Laura Palmer?” a “¿Qué pasa en Twin Peaks?” y es que ese thriller es tan solo el pretexto para sumergirnos en la cara oculta del pueblo, un universo distinto con personajes enrarecidos pero a la vez incómodos y reales. La serie exigía al público un compromiso al que no estaban acostumbrados con simbolismos y elementos paranormales que le añadían capas de complejidad a un producto apreciable a distintos niveles. Y quizás lo más sorprendente de todo, es que se convirtió en todo un fenómeno tras su primera temporada, siendo tema de discusión habitual entre miles de estadounidenses, teniendo la nada menospreciable audiencia de 34’6 millones de espectadores en su episodio piloto.

Pero al final, su popularidad decayó. Entre que el público no estaba acostumbrado a un visionado tan disciplinado -la mayoría consumía la televisión de manera casual-, la ausencia de Lynch en gran parte de la segunda temporada por estar trabajando en Corazón salvaje y su subsecuente bajada de calidad; terminó por impacientar a la ABC, que precipitó la solución del misterio de Laura Palmer, siendo algo que el mismo Lynch afirmaba no querer desvelar todavía puesto que no era la línea de la serie.

Aunque la de Twin Peaks es una historia con final feliz, pocas series se pueden permitir el lujo de volver tras un hiato de 25 años, y gracias a eso tuvimos este 2017 una de las mejores experiencias de la televisión con lo que quizás, sea lo más Lynch visto hasta el momento.

Para ir terminando…

Gracias a estos productos, hemos podido ver posteriormente a Scorsese dirigir su propia serie, a Spielberg producir mucho contenido en el medio que le vio nacer, a la fantástica The Knick de Steven Soderbergh o incluso a los Coen anunciar su western televisivo.

Perdonad la extensión, pero he creído necesario hacer hincapié en el contexto histórico y concepción de estos productos, pues son historia de la televisión y, en mayor o menor medida, han influenciado y cambiado el medio del que hoy en día tanto disfrutamos. Hay muchas más que han tenido impacto y han seguido moldeando el formato, pero estas en concreto contribuyeron a generar un cambio de paradigma en la concepción y visión de las series, derribando muros de escepticismo con la industria cinematográfica y mostrando el formato por lo que realmente es: una manera distinta de contar historias.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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