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Reseña Basura: Tibupulpo

Bienvenidos, habituales de los bajos fondos del Séptimo Arte. Hace un tiempo que mi sección deambula por los deshechos fílmicos más mainstream que pudiéramos encontrar. Pero, como todo buen artista, de vez en cuando siento la necesidad de hacer una pequeña introspección, y de volver a mis orígenes. Es decir, a las peores bazofias sobre tiburones que nadie se ha atrevido a ver jamás. He de decir, que en cualquier circulo de expertos en el tema, esta película es conocida por su nombre original: Sharktopus, mucho más terrorífico. Incluso cuando la echan en Cuatro a las tres de la tarde, la llaman por el original. Pero he decidido mantener el nombre que le dieron al llegar a España, porque me parece que encaja mejor con el enfoque de la sección, y para mí es importante mantener la coherencia en el discurso durante mi obra. Señoras, caballeros, con todos ustedes, lo quieran o no, la reseña basura de Tibupulpo.

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La inevitable llegada del monstruo

La película comienza con unos encantadores títulos de crédito, porque aunque se llame Tibupulpo, Declan O’Brien, el director, no quiere que demos nada por sentado. Fiel seguidor de la escuela de Bello, O’Brien quiere que el espectador piense, se devane los sesos. Y por eso tarda cuatro minutos enteros en presentarnos a la criatura, en una angustiosa escena, con un elegante guiño a la reina del género: Megatiburón contra El Pulpo Gigante. Un dato curioso que quizá os guste, es que algunas de los exteriores del cuartel general del villano son ni más ni menos que La Ciudad de Las Artes y las Ciencias de Valencia, a pocos minutos de mi casa. Os juro que no he tenido nada que ver. Y no, no me lo invento.

Pero vamos al meollo. El doctor Sands (el mismísimo Eric Roberts) y su hija Nicole, más conocida en algunos círculos como “Calabacita”, han creado un peligroso híbrido entre pulpo y tiburón al que controlan con un implante experimental y que llaman S-11. En la primera prueba ante un superior, S-11 se descontrola, destruye su implante, y destruye de forma aparatosa y explosiva una propiedad privada. El desastre está servido, si. Y también la reflexión. ¿Por qué llamarlo S-11? ¿Que intrincada verdad nos intenta transmitir O’Brien al representar al gobierno creando un monstruo incapaz de controlar, que deja miles de victimas, y que llama S-11? Yo no soy tan inteligente como para desentrañar sus complejos misterios narrativos, pero si alguno puede entrever la verdad en este hermoso guión, que lo deje en los comentarios.

Con S-11 en fuga, el Doctor Sands, Calabacita, y el canallita de turno, Andy Flynn, unen sus esfuerzos para dar caza al monstruo, y salvar el mundo.

La búsqueda del héroe

Bien, a partir de este punto ocurre una cosa curiosa. El guionista tuvo que abandonar el país por problemas con inmigración, el ayudante de guionista, por su parte, se encontró teniendo que cuidar de su abuela inválida, a pesar del estupendo servicio del Obama-care. Esto lo supongo yo, porque puestos a deducir, llega un momento que tengo que deducir porqué el guió se termina a los 11 minutos y cuarenta segundos de la película. O’Brien es un fiel seguidor de la doctrina “Hágase su propia trama”. 

He intentado buscar una en la que no pareciera muy pedo… No lo he conseguido

La siguiente hora y diez oscila entre imágenes gratuitas de culos femeninos (descarnada crítica de O’Brien a la machista industria de la caza de monstruos en México), trepidantes persecuciones en diferentes medios de transporte que no llevan a ninguna parte, e imágenes de gente reaccionando de manera muy poco sobreactuada a ataques del Tibupulpo.  He de decir que, personalmente, soy muy fan de Roberts, que se pasa todo el film pedo perdido sin molestarse lo más mínimo en disimularlo. También nos presentan la historia de amor entre Flynn y Calabacita. Es evidente que Flynn está enamorado ella, porque finge que le duelen sus comentarios hirientes a pesar de que esta chica tiene la retórica de Britney Spears en 2007.  Es un constante en su personaje, lo que no es un constante es la actriz que la interpreta, que va variando a lo largo de la hora y media de película, en un fantástico ejercicio de meta-cine. Ni Daario Naharis en juego de tronos creo tanta confusión.

El inesperado final

Como en cualquier buena película de tiburones asesinos, se plantean varias soluciones. Durante el camino,hemos de despedirnos de amados personajes como Eric Roberts (tuve que buscar si seguía con vida, porque con el pedal que lleva toda la película, llegué a pensar que había muerto de verdad), Santos, algunos extras, y 11 de las 12 actrices que dieron vida al personaje de Calabacita Sands.

Busque las diferencias

Pero todo lo bueno, incluso esta maravillosa crítica al gobierno americano, tiene un final. Y ya cuando llevaban unos doce o trece meses de rodaje, el ayudante de guionista volvió de cuidar a su abuela (porque la mujer ya faltó) y decidió echar una mano, creando un conveniente chip en el cerebro del Tibupulpo que nadie había mencionado hasta ese momento, que puede hacer explotar al animalico. Y así, entre los restos del engendro, con un Flynn agotada y la decimonovena Calabacita, nos despedimos de este maravillo ejercicio fílmico, que nos acerca a la épica del subgénero de tiburones, junto con las mejores sensaciones del “elige tu propia aventura”.

Estaréis un poco confusos, ya que solo os he contado el principio y el final de la película. Esque no hay más. Como ya os he dicho, el resto te lo tienes que montar por tu cuenta. Imagínate lo que prefieras. Piensa. Porque el cine debe hacerte pensar. En qué debe hacerte pensar ya es otro debate. Si eres un de esos culturetas, que cree que debe formarte opiniones, hacerte replantearte tus ideas, o formarte sobre aspectos concretos de tu día a día, allá tú. Los hay que vamos un paso por delante y pensamos que el cine debe hacerte pensar “¿Qué cojones?”. Y esa gente, son los que encuentran en esta sección, su hogar.

La aerodinámica es solo uno de sus super poderes

Hasta la próxima. Hasta entonces… Sed felices.

Sofia Ricarte
En mis ratos libres soy la Chica Ardilla

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