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Reseña de Chew Integral 1 (de 3). Un cómic al que hincarle el diente

Planeta Cómic sigue con su acertada política de reeditar obras del cómic independiente para hacerlas llegar a todo el público y en esta ocasión rescata de su catálogo Chew, publicada en EE UU por Image. La obra de John Layman y Rob Guillory llega esta vez en un formato de lujo en tres volúmenes integrales, de los cuales ya hemos podido saborear el primero.

El argumento de Chew no puede ser más demencial. El virus aviar produjo una pandemia mundial que acabó con la vida de millones de personas en todo el planeta y por eso el gobierno de EEUU ha prohibido el consumo de carne de ave y derivados. Eso desencadena las protestas de una población que no cree que el virus sea real creándose un mercado negro en el que la carne de pollo y los huevos son los grandes protagonistas. Se crea entonces una agencia llamada FDA cuyos agentes actuaran como vigilantes de la prohibición e investigadores de todo lo que tenga que ver el virus.

A esta agencia llegará el protagonista de la historia, el detective Tony Chu, quien tiene una habilidad muy especial. Es un cibópata, una persona que obtiene impresiones psíquicas de cualquier cosa que coma. Si come una lechuga sabrá como ha sido cultivada, pero si come una hamburguesa… pues verá como la vaca ha sido sacrificada. Una habilidad muy desagradable para el pobre de Tony pero que hace que si muerde el resto de un cadáver puede llegar a saber como ha fallecido esa persona. Desagradable pero muy útil para un detective.

El “talento” de Tony Chu

La historia empieza siendo un procedimental de libro, con Tony investigando casos, pero rápidamente se convierte en algo más cuando su trabajo hace que vaya descubriendo más y más cosas sobre el virus, complicándose la trama a cada número que pasa.

El gran acierto de Layman, además de presentar un escenario tan peculiar, es acompañar a Tony de otros personajes a cada cual más desquiciado y extraño, que elevan el nivel de la historia hasta niveles insospechados. Entre ellos destacan Amelia Mintz, una crítica culinaria saboescribana (capaz de inducir sensaciones a aquellos que leen sus artículos gastronómicos), Mason Savoy, el compañero de Tony en la FDA y también cibópata, John Colby, un cyborg también compañero del protagonista, o la familia del propio Tony, donde hay alguna que otra sorpresa. Y muchos otros locos secundarios entre los que destacaran los que tienen poderes relacionados con la comida, un amplio catálogo de habilidades que el guionista se saca de la manga para no parar de sorprender al lector.

Los protagonistas de Chew

Es cierto que la historia tiene que ir respirando y creciendo poco a poco, haciéndose la trama más compleja con cada nueva revelación y con cada nuevo personaje que va apareciendo. Lo bueno es que en este primer volumen el guionista logra poner en el tablero a todos los protagonistas y a la vez planta los grandes misterios sobre los que va a tratar la serie. Según el propio Layman, la historia estaba planeada para durar alrededor de los 20 números, pero la aceptación que logró permitió a los responsables dar más vuelo a la trama, llegando a los 60 números que recogerán los tres volúmenes que publicara Planeta en este formato. Y es que Chew es un plato que sabe mejor si se cocina a fuego lento…

Y para que este aparente disparate entre bien, Layman nos cuenta la historia de una manera muy muy divertida. Las situaciones disparatadas y los locos personajes que pueblan las páginas de Chew hacen que el lector este siempre con una sonrisa en la boca. La habilidad del escritor es sobresaliente ya que logra algo muy complicado: crear una serie policiaca de humor a la vez que ofrece una compleja trama que crece número a número con un ritmo medido que hace que su lectura sea como comer el mejor mangar del mundo.

La familia Chu en todo su esplendor

Pero todo este trabajo sería muy complicado si Layman no contara con la ayuda necesaria por parte de un dibujante que logrará acertar con el tono artístico de la serie. Y vaya si lo consigue gracias al gran trabajo de un enorme Rob Guillory que logra con su estilo caricaturesco acertar con el tono que la historia necesita. Las cosas que vemos en Chew pueden ser muy desagradables (el protagonista no deja de estar mordiendo muertos y cosas desagradables todo el rato), pero el estilo cercano al cartoon de los dibujos de Guillory hace que sus escenas sean mucho más fáciles de tragar. Además de ofrecer una caracterización de los protagonistas realmente perfecta, teniendo cada uno su propia personalidad.

La edición de este primer tomo integral por parte de Planeta Cómic es realmente magnífica. Estamos ante un volumen en tapa dura de 576 páginas que contiene los 20 primeros números de la serie además de un sinfín de extras entre los que se incluyen todas las portadas, ejemplos de guion y del trabajo del dibujante, múltiples bocetos y demás añadidos que harán las delicias de los lectores gourmets. El precio de venta es de 50 euros.

Tony y Savoy trabajando codo con codo.

En resumen, Chew es uno de los mejores cómics que vas a poder encontrar en las estanterías este verano. Es una obra entretenida, amena y contada con un ritmo perfecto que dosifica las revelaciones en la trama para que el lector este siempre enganchado. Si a eso le añadimos un escenario de locura, unos protagonistas divertidísimos y un dibujo que casa perfectamente con el tono de la obra no se puede pedir más. Comprar y leer Chew, no os arrepentiréis.

Juanjo Avilés
Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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