Reseña de El último día. Una de zombies a la española

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Terminando con nuestro análisis de las obras cedidas por la editorial The Rocketman Project, hoy vamos a hablar de otra obra de Fernando Llor. Como ya sabéis, esta es una editorial española independiente, especializada en cómic de fantasía y ciencia ficción. Su primer trabajo, Las catacumbas de Salem se financió a través de crowfunding en 2014 y desde entonces no han parado de sacar material, tanto en digital como en físico. Os dejamos aquí el link a su web oficial, así como el enlace a la reseña de Cuchillos negros, escrito y dibujado por Israel Álvarez:

Todo parece normal en la agradable ciudad de Vigo, donde se va a celebrar la salida de la vuelta al mundo en vela. Todos están expectantes, debido a que este evento aumentará el turismo en la zona. Pero hay algo con lo que no contaban. Una explosión llamará la atención de Jota, un informático que acababa de despertarse resacoso tras varios días durmiendo. La verdadera sorpresa nace una vez que baja a la calle y descubre que todo está infectado de zombies. Gracias a la ayuda de un pintoresco grupo de militares logra escapar de allí con vida. Descubrir qué ha pasado y si serán capaces de solucionarlo, es su misión a partir de ahora.

Con este cómic Fernando Llor se consolida en su posición de guionista de calidad. La obra está muy bien planteada. Todo tiene su porqué, está bien enlazada y resulta. Apenas se le puede poner pegas a una obra, más allá de cuestiones puntuales. La primera y quizás la más evidente, es la poco originalidad de la trama. Es una historia de zombies al uso, como otra cualquiera. La mayor peculiaridad es que sucede en España. Las localizaciones son adecuadas y casan perfectamente con el argumento, sin embargo no se profundiza mucho más. España es simplemente el marco donde sucede la acción. Los personajes no se sienten españoles, sino que más bien parecen sacados de Left 4 dead o Dead Island. Quizá para no caer en estereotipos culturales se han intentado evitar diálogos con rasgos dialectales, así como expresiones típicas españolas. El resultado son una serie de conversaciones, que sin resultar forzadas en ningún momento, generan una sensación similar a la que se tiene cuando se escucha un diálogo doblado al español, pero que todo el mundo sabe que procede del inglés. Algo de personalidad propia no le vendría mal a ninguno de sus personajes. Aun así, todos ellos están ahí cuando deben, tienen sus tramas principales y secundarias, y cumplen su función en todas ellas. Apenas sobran personajes y eso es reflejo de un guionista con ideas fijas, que tiene claro de dónde exprimir el jugo que quiere sacarla a la historia.

El dibujo, de la mano de Ángel Bernuy se complementa bastante bien con los colores de José Amaro y Luís María Dumont, que logran darle una vida fundamental para la obra. El color de la sangre, de lo podrido, de la carne del zombie, es lo que puede diferenciar una obra sencilla y minimalista, de una barroca y gore. En este caso, da la impresión de que se ha trabajado con la intención de mantener el espíritu del dibujo de Bernuy, el cuál resulta rápido y poco preciso. Trabaja con trazos rápidos y es muy sugerente. Da la impresión de que no busca definirnos la imagen perfectamente, sino plantearnos una silueta general y que mediante nuestra imaginación completemos los rasgos menos trabajados. Ese estilo desenfadado le da al lector una sensación de velocidad, de que todo está pasando muy rápido, tanto que las líneas se mueven. Es un buen recurso que le da personalidad a la obra y la encuadra en una estética que le sienta bastante bien. Si bien de vez en cuando supone un prejuicio para los rostros, generalmente es efectivo y compensa sacrificar ciertos detalles en pos de la cohesión del cómic. Otra cosa que puede resultar una tontería pero que me ha gustado mucho son los diseños de las onomatopeyas. Acostumbrados a los sonidos anglosajones o japoneses, leer un “crak” escrito de esa manera y con un buen diseño tipográfico me ha resultado una sorpresa agradable, aunque también aparecen los “booms” y “bangs” más clásicos.

En definitiva, un buen cómic de zombies. Entretenido, intrigante y bien trabajado. Mis felicitaciones a todo su equipo creativo y a  The Rocketman Project por enviarnos sus obras. Ha sido todo un placer colaborar con vosotros.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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