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Reseña de Marvel Omnibus. La Bruja Escarlata: La senda de las brujas (2015). James Robinson da en el clavo con su versión de Wanda Maximoff

2015 fue un año importante para La Bruja Escarlata. Su aparición en la película Vengadores: La era de Ultrón la puso en primer plano y eso era algo que Marvel no iba a dejar pasar. Así que la editorial decidió dedicarle una colección propia en solitario cuyo primer número salió a la venta en diciembre de ese mismo año con guiones de James Robinson. Dicha serie duro quince números que ahora publica Panini en un solo volumen con el título La Bruja Escarlata: La senda de las brujas, dentro de su línea Marvel Omnibus.

Portada y contraportada de la edición de Panini

La tarea que se encomendó a Robinson era bastante complicada. Wanda Maximoff es un personaje muy antiguo dentro de la editorial, pero siempre ha tenido una caracterización complicada que no la ha dejado brillar como. Empezó siendo la típica mujer sumisa y hasta sometida en cierto modo a su hermano Pietro (Mercurio), para ir poco a poco saliendo de su influjo y empezar una relación romántica con Visión que daría gran importancia a la pareja dentro de la continuidad de los Vengadores. Parecía que su destino era ir pasando de la sombra de un hombre a otro hasta que su relación con Visión se rompió y empezaron los verdaderos problemas. Bendis acabó haciéndola responsable de la destrucción del grupo en Vengadores: Desunidos y posteriormente sería la encargada de acabar con los mutantes con la famosa frase “No más mutantes”.

Además de todo esto, problemas con los derechos cinematográficos de los mutantes, hicieron que se cambiara de la noche a la mañana su origen, pasando de ser hija de Magneto y por lo tanto mutante, a ser una humana mejorada genéticamente por el Alto Evolucionador cuando era un bebe. Todo un jaleo tanto de caracterización como de continuidad con el que James Robinson tenía que lidiar en su nueva serie.

Una bruja entra en una comisaria y…

La solución que toma el guionista no puede ser mejor. Lejos de obviar todo lo que el personaje había pasado para ofrecer su propia versión del mismo, Robinson abraza ese fragmentado bagaje para presentarnos a una Wanda plenamente consciente de sus problemas mentales que quiere dejarlos atrás mientras busca la redención que tan esquiva le ha sido siempre.

La Bruja Escarlata que vemos en estas páginas toma su medicación, no bebe e incluso visita a un terapeuta en un episodio que recuerda a las visitas al psiquiatra Doctor Samson que tanto gustan a Peter David (y que hemos visto por ejemplo en dos maravillosos números de Factor X). Aunque ya aviso que el terapeuta de Wanda no es precisamente el bueno de Samson. A pesar de ser consciente de sus debilidades, nuestra protagonista se ve a la vez como una mujer fuerte y decidida, que no se deja avasallar por un mundo que siempre va recordar quien ha sido. Los problemas mentales que tiene no dejan de ser un obstáculo más que afronta buscando crecer como persona y como heroína.

En su camino contará con la ayuda del fantasma de la fallecida Agatha Harkness, en su papel típico en las viñetas de mentora de Wanda, no como la antagonista que hemos visto en la serie de televisión WandaVisión. Y a la vez que sirve de apoyo y de guía también hace las veces de elemento cómico, con un sentido del humor que no la conocíamos pero que decididamente le queda muy bien.

Agatha Harkness versión fantasma

Otro de los elementos que usa James Robinson para dar forma a su Bruja Escarlata es la búsqueda de la protagonista de sus raíces. Ya hemos comentado que su continuidad es bastante confusa, pero eso no le importa a un guionista que no teme enfrascarse en la búsqueda de los orígenes de Wanda. Y bien que lo consigue, logrando por una parte ordenar y clarificar (dejando algún conveniente cabo suelto para el futuro) la línea temporal del personaje embarcándola en una búsqueda de su pasado que le sirve para reconciliarse con sus orígenes y su legado y para poder mirar con optimismo al futuro. Quienes conozcan la obra de Robinson tampoco se van a extrañar de este acercamiento al personaje ya que es un recurso que usa a menudo, teniendo el  mejor ejemplo de esto en la magnífica Starman de DC Comics.

También es de resaltar la manera en que Robinson vertebra la historia que quiere contar. La colección empieza ofreciendo números unitarios e independientes que ofrecen historias autoconclusivas. Pero siempre siguiendo un hilo conductor que se va enriqueciendo con cada cómic. La trama gira en torno a la investigación que Wanda lleva a cabo sobre el problema que siente en la brujería. Este mundo mágico está corrupto y está siendo destruido poco a poco por alguien o por algo que se mantiene oculto en los bordes de la percepción. Ella lo siente y va siguiendo un camino de miguitas de pan, saltando de pista en pista que le llevan a recorrer todo el mundo resolviendo casos como si fuera una detective mágica.

Wanda en París haciendo nuevos amigos

La acción se aleja de los escenarios típicos de los cómics Marvel para visitar Grecia, Irlanda, España (concretamente Logroño, ya estáis tardando en visita esta ciudad y pasaros por la Calle Laurel), Francia, Hong Kong o Japón. En cada país va aprendiendo algo nuevo y conociendo otros practicantes de la mágica hasta que se llega a los últimos cinco números que contiene este tomo y que dejan de lado esa estructura de números unitarios para ofrecer una saga en la que se resuelven todos los misterios que el escritor ha ido planteando. Este acercamiento al personaje le queda como un guante y hace que se disfrute mucho la lectura capítulo a capítulo.

Robinson también tiene tiempo de tratar el tema de la magia dentro del Universo Marvel, conociendo varios personajes nuevos practicantes de este arte y estableciendo una especie de reglas sobre el funcionamiento de este poder. La principal es que el uso de la magia tiene siempre un coste que la bruja o el mago deben pagar, por lo menos así será en el caso de los practicantes “buenos” ya que los “malvados” ya se encargaran de que paguen otros por ellos. Es una idea que luego también retomará Jason Aaron en su etapa del Doctor Extraño.

Wanda y sus viajes

Otro tema sobre el que gira la historia es el del poder femenino y como nuestra protagonista ha tenido que enfrentarse a bastantes prejuicios por su condición de mujer. En este sentido son muy divertidos los diálogos del primer capítulo con el inspector de policía. Y además este tema permite a Robinson un acercamiento hacia el poder femenino, ya que en la antigüedad la brujería siempre ha estado más relacionado con la mujer, siendo las “mujeres sabias” tachadas de brujas y atacadas por eso. Muy acertado el capítulo que trascurre en España que habla de todo esto.

En cuanto al apartado gráfico hay un problema: el gran baile de dibujantes a lo largo del tomo. Eso repercute en la homogeneidad que una obra cerrada como esta necesita. Además, aunque se intenta que todos los artistas sean de un estilo parecido hay algunos que pegan un cantazo considerable, por ejemplo, Steve Dillon, que es un dibujante adecuado para historias de corte realista que aquí no pega ni con cola. Mención aparte merecen el episodio del Español Javier Pulido, realmente acertado y el trabajo en las portadas de David Aja, sencillamente espectacular. Es una pena que no haya podido hacer cargo de los interiores también.

Magnífica doble página de Javier Pulido

Por último, la edición de Panini es muy buena. Esta etapa ya se había publicado entre 2016 y 2017 en el formato de “Colección 100% Marvel” en tres tomos de tapa blanda. Pero es una ventaja poder tenerla y leerla en un solo volumen muy cuidado y en tapa dura que además tiene un tamaño algo mayor y en el que también se incluyen las portadas originales y algún artículo para poner en contexto la obra.

En resumen, estamos ante un cómic muy recomendable que supone una puesta al día de un buen personaje que había sido un poco maltratado a lo largo de los años. James Robinson logra poner en orden el pasado de la Bruja Escarlata para dejarla lista para las aventuras que puedan venir, y lo hace contando una historia entretenida con un sabor clásico que encantará a los amantes de la magia.

Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

2 COMENTARIOS

  1. Pues, la verdad es que no me ha molestado lo de los dibujantes, sobre todo en los números autoconclusivos. Los diálogos con Agatha y el momento en el que Wanda le canta las cuarenta, por fin, a su hermano me ha parecido lo mejor del tomo. Tomo que se disfruta; sí, señor. Un saludo.

    • Gracias por comentar Manuel. Lo de los dibujantes, pues es a gusto de cada persona, yo reconozco que tanto baile de estilos no me acaba de convencer. En lo que estoy totalmente de acuerdo contigo es en lo de Mercurio y en lo de que es un tomo muy muy disfrutable. Un saludo

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