La navidad es una época de sueños, sueños volátiles que sobrevuelan sobre los corazones transportando alegría, que acaban logrando que seamos un poco más permisivos. Una época en la que una película como Red One puede pasar como mercancía ligera para el divertimento del público, con la única misión de generar sensaciones distraídas que sirvan para acabar aceptándola sin elevar el dedo para juzgarla.
Red One es como un paquete de navidad, bonito envoltorio, lazo currado y un regalo trivial, de esos que según tengas el ánimo lo aceptas con alegría o enfado. He de reconocer que viendo la película he decidido ser de los primeros; al fin y al cabo, un regalo es un regalo.

Dicho esto, ¿es una mala la película Red One? No, por lo menos da lo suficiente como para animar una velada navideña. Es verdad que tiene un guion genérico que navega a veces a la deriva, pero se esfuerza en ofrecer leves destellos de imaginación con los que reflota la sensación de estar disfrutando de una fantasía navideña en la pantalla. Sus intenciones van dirigidas a resultar entretenida, aunque algunos chistes sean inocuos a la sonrisa y ciertas partes del guion rocen la dejadez del que solo tiene ganas de empezar las vacaciones de navidad.
La trama de la película es sencilla: Navidad, Papá Noel, una organización secreta para salvaguardarlo, un robusto escolta a punto de jubilarse, un secuestro en su último servicio y un cazarrecompensas que está en la lista de los malos, pero que resulta que tiene buen corazón. Elementos de acción, algún chispazo de magia, leves toques de fantasía, algún acierto imaginativo y un chiste sobre Wonder Woman que hace gracia, todo mezclado en una coctelera navideña que sabe a poco, pero que tiene un sabor distraído.

El director de Red One es Jake Kasdan, responsable de Jumanji: Bienvenidos a la jungla. Protagonizada por Dwayne Johnson y Chris Evans en sus papeles principales, a los que les acompañan los actores Kiernan Shipka, Lucy Liu y J.K. Simmons. Siendo producida conjuntamente por Amazon MGM Studios y Seven Bucks Productions.
A pesar de tener una historia con leves aires novedosos, el guion esta tan plagado de lugares comunes que acaba por darle un aspecto confuso al argumento. Una confusión que acaba por dejar una sensación de pérdida, una oportunidad desperdiciada de crear una gran película de fantasía. Y eso que Red One destaca por su habilidad en reinventar algunos tópicos navideños, pero se aleja de la senda creativa para ofrecer un espacio de confort, donde el ingenio es reducido a dosis de acción grisáceas que buscan la simplicidad para agradar al público. El resultado del conjunto resulta insípido, porque a nivel técnico solo es una catarata industrial de CGI que no consigue generar momentos memorables.

En este tono desabrido de Red One también tienen parte de culpa su dupla protagonista, con un Chris Evans que no termina de alejarse de su famoso estatus de Capitán América y que desdobla su actuación gestual en dos posiciones, la de estar feliz por el cheque firmado y la de querer terminar sus escenas para salir corriendo a cobrarlo.
Por otro lado, Dwayne Johnson, con su cara impertérrita, parece estar realizando la segunda parte de Black Adam, con lo que los chistes parecen salir de un muro de ladrillo. Pero a ambos les termina por salvar su carisma y es que al final son capaces de encontrar las vías adecuadas para rascar gramos de simpatía, siendo cada uno de ellos alguien interesante con el que compartirías unas cervezas.
Red One tiene algunas ideas atractivas, que con un poco más de interés en su desarrollo habría obtenido mejores resultados. Por ejemplo, la aparición de los enormes muñecos de nieve que ofrecen una de las mejores escenas del filme. También resulta interesante toda la atmósfera que rodea la visita al castillo del Krampus, pero su resolución es bastante sencilla e infantil. Mención especial para la aparición de una gallina que le roba las escenas a los dos protagonistas.

Hablemos de las emociones. En una película de navidad se hace especialmente necesario que la emoción exude por todos los poros del metraje, que consiga removerte aunque sea por unos instantes. Porque son esas vibraciones las que resaltan los puntos principales del mensaje que quieres transmitir. Red One fracasa a la hora de trasladar esa emoción, porque apuesta más por la acción festiva que por darle dimensión a los personajes, aunque se agradece que la típica y fallida relación paterno-filial no sea aburrida. Los intentos de componer algo parecido a una reflexión son demasiado vagos para que calen en el espectador, basando sus cartas en que los tópicos de ciertos valores navideños sean los que generen algún tipo de sentimiento.
Este fallo de emoción dificulta resaltar los momentos memorables, esos que se quedan grabados en la percepción de los espectadores. Por lo que al final, solo queda una rutinaria aventura de las que se disfrutan y se desechan. A su favor, Red One consigue juguetear con elementos fantásticos, que por lo menos ayudan a que la imaginación goce de alguna nueva experiencia. Quizás si se hubiera apostado por desarrollar esta vía de la fantasía, podría haberse convertido en una gran película navideña. Al final, solo se queda en un vehículo para el lucimiento de dos actores que no terminan de brillar y a los que les sobra carisma pero les falta química.

En definitiva, la única realidad que nos deja Red One es que acaba siendo bastante entretenida, alegre y palomitera, rayando a buen nivel en su sentido del ritmo aventurero y con algunas escenas de acción aseadas. Un bonito, lindo y liviano regalo de navidad que es consumido sin esfuerzo. Una película inyectada por el simple entusiasmo que produce el abrir un paquete más que, dependiendo del humor que tengas, aceptarás mejor o peor y sobre todo si lo abres sin ninguna expectativa. Si cumples esa condición, por lo menos te ofrecerá unas horas de entretenida distracción navideña.
A continuación os dejamos con el tráiler de Red One:



