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Análisis de Riverdale. Temporada 5. Episodio 14

Como todas las semanas, analizamos el nuevo episodio de Riverdale, en este caso, decimocuarto de la quinta temporada que lleva por título La Galería Nocturna, ya veremos por qué. La serie, creada por Roberto Aguirre-Sacasa, es emitida por The CW y puede ser vista en España a través de Movistar+.

Bienvenidos una vez más a nuestro análisis de Riverdale: hay que decir que aquel episodio del origen de Hiram, dos semanas atrás, le ha sentado bien a la serie y aun cuando la serie haya vuelto a la fragmentación habitual, los dos últimos episodios han estado bien y contribuyeron a levantar la puntería promedio de esta quinta temporada.

Insisto: sigue habiendo disparates o no sería Riverdale, pero el episodio que nos ocupa ha sido original en el modo de narración, además de intenso y oscuro: es el 14 de esta quinta temporada o, si lo prefieren, capítulo 90 en el listado total.  Dato curioso: está dirigido por Mädchen Amick (Alice, o sea), siendo ya el segundo en que es así, pues había dirigido el último de la temporada anterior.

Cumplo, como siempre, en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordarles que pueden leer nuestros análisis previos aquí. ¡Al lío de una vez!

La Artista

El episodio comienza con una escena de tormenta nocturna y una figura femenina que, enfundada en impermeable y munida de paraguas, se acerca a Thornhill, la mansión de los Blossom. Cuando Cheryl le abre la puerta, descubrimos que es Minerva, la vendedora de arte con quien ella mantuviera una fugaz relación y a quien viéramos, por última vez, zafarse de milagro de ser sacrificada en un ritual pagano (sigo recriminando que nos hayan privado de ello).

De hecho, Minerva recuerda ese episodio expresamente y debe gustarle mucho Cheryl, sus pinturas o ambas cosas para atreverse a regresar allí. Yo, por lo menos, jamás volví a sitios en donde hayan tratado de sacrificarme. Por lo pronto, se encarga de decir que ha ido solo por la nueva colección de cuadros que, según parece, Cheryl le dijo que tenía para mostarle.

Se advierte un leve atisbo de decepción en el semblante de la pelirroja que esperaba, tal vez, algún contacto más íntimo. No obstante ello, pasa a mostrarle sus nuevas pinturas en las cuales Minerva encuentra reminiscencias de Goya, Bacon y Dalí. Lejos de mostrarse humilde (no le perdonaríamos que lo hiciera), Cheryl reconoce a esos artistas como sus referencias y dice que son sus héroes.

Llama particularmente la atención de Minerva una pintura que buena parte de la platea femenina gustaría de tener en su casa y en la que se ve a Archie lucir pectorales desnudos y casco de minero. Consultada Cheryl al respecto, dice que se trata de un joven perseguido por su pasado y atormentado por su presente: está claro que entre pelirrojos se entienden y la historia, justamente, nos lleva al Archie de carne y hueso en un recurso que se repetirá otras dos veces a lo largo del episodio.

El Minero

Archie, en efecto, no logra lidiar con sus traumas y fantasmas, casi literal lo segundo. Lo vemos en terapia con la doctora Winters que, como buena psicóloga americana, busca indagar en su subconsciente (término jamás usado por Freud: siempre habló de inconsciente y la psicología estadounidense se lo apropió a su manera).

Negándose él a recibir medicación, ella recurre a la técnica terapéutica conocida como EMDR, que como yo no tenía la menor idea de lo que era, busqué en Google y descubrí que significa desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares y así es como el pasado, la guerra y el soldado al que no pudo salvar afloran en la sesión.

Cheryl, sabiendo de la existencia de paladio bajo su arboleda de arces (la mayor reserva del continente según afirma), está decidida a extraer el metal antes de que lo haga Hiram, por lo que va en busca de Archie para pedirle que forme una cuadrilla de mineros a tal fin.

El pelirrojo no tiene idea de minería, a lo que Cheryl, en uno de esos excelentes momentos en que la serie se toma el pelo a sí misma, le replica “fuiste soldado, bombero, entrenador de fútbol, profesor y cazarrecompensas; ¿ser minero te parece tan alocado?” (touché). De todos modos, parece que su tío Frank tiene alguna experiencia en la materia y Eric también, así que, sumando al equipo a Kevin y a Fangs, aceptan el trabajo.

Sorprende la rapidez con que nos encontramos con un socavón minero ya hecho, derecho y funcionando, pero así es.  Lo que no sorprende, para esta altura, es el ritual de oración al que Cheryl somete a la cuadrilla antes de iniciar el trabajo mientras Frank mira de brazos cruzados y a Kevin se le ve encantado.

La vida en los túneles, sin embargo, se convierte en una pesadilla en estricto sentido después de que, ingresando a la mina en busca de Kevin, Archie se topa con el fantasma.

El hecho, de todas formas, sirve para dar con la primera pieza de paladio, que le ilumina el rostro a Cheryl al verla.

Riverdale

Acuciado por las visiones, Archie no tiene más remedio que volver a la doctora Winters y aceptar las pastillas: el nombre del medicamento es alpralozamtras haber chequeado en Google, puedo decir que en realidad existe.

No solo soldados muertos deambulan por los túneles: también hombres-polilla (volvemos a saber de ellos), mientras la mina se va pareciendo al recorrido de un parque de diversiones.

Las alucinaciones no solo afectan ahora a Archie sino también a todo el resto y Eric nuevamente cree ver un enemigo o, según dice, un demonio, esta vez en el tío Frank (insisto: yo no lo tendría allí).

Archie piensa que la doctora Winters le ha drogado con sus pastillas y así se lo recrimina, pero volverá a ella al entender que no es así (lo adjudican a emanaciones de monóxido de carbono) y que necesita de la terapia para liberar culpas y eliminar fantasmas. En un nuevo giro, nos enteramos que Bingo, a quien primero habíamos tomado por un perro y luego por un soldado, no es ninguna de ambas cosas o, mejor dicho, no es un único soldado sino varios: un batallón completo al que Archie no logró salvar en la guerra.

El trauma, entonces, es más espeso de lo que pensábamos al estar involucradas varias vidas, pero ello hace que nos sorprenda todavía más que el guion decidiera mostrarlo en forma tan tardía: hasta un par de episodios atrás no había a la vista señales significativas de psicosis en el comportamiento de Archie.

La Interrogadora

“¿Quién es el monstruo? ¿El demonio que persigue a la chica o la chica en sí?…”  Con esa pregunta, Cheryl muestra a Minerva su siguiente pintura en la cual vemos a Betty motosierra en mano y en plan Leatherface.  Y no es una referencia casual ya que se viene un momento slasher.

Una vez que el cuadro nos sitúa en la historia, vemos que Betty tiene cautivo, en el aula taller en que enseña mecánica, al camionero que intentara trozarla en el episodio anterior.

La escena está llena de elementos reminiscentes de El Silencio de los Corderos, como los primerísimos planos y el tono general del interrogatorio, al menos antes de desmadrarse.

Betty (una vez más) no tiene demasiado éxito y ya hasta justifica que le hayan quitado su placa del FBI.  Comienza por mostrarle al sujeto imágenes de las chicas desaparecidas: no parece reconocer la de Polly y, en cambio, sí la de otra muchacha a la cual dice haber enterrado no lejos de allí, pero cuando Betty excava en el lugar, solo encuentra huesos de perro: fue engañada.

Su siguiente intento es humanizarlo y, para ello, acude a su madre Alice y la pone al tanto de la situación.  ¿Quién, alguna vez, no ha tenido que decirle a su madre que tiene un asesino encerrado en el taller?  La idea es ablandarlo ante el sentimiento de maternidad, por lo que Alice le habla de su hija cuando era pequeña. Lejos de ablandarse, sin embargo, sonríe y le espeta que Polly gritó como un cochinillo cuando le cortó el pescuezo.

Alice se quiebra y le grita en la cara que es un monstruo, mientras Betty entiende que hay que cambiar otra vez de método.

Anunciándole que va a cortarlo en pedazos, le escupe una serie de frases que, tal como un flashback nos muestra, son las mismas que a ella le dijera el Asesino de la Bolsa de Plástico cuando la tenía cautiva en aquellos días oscuros en que servía como agente del FBI.

Pero cuando ella va en busca de la motosierra para hacerle sentir el rigor, regresa y lo encuentra muerto: el sujeto se ha arrancado su propia lengua con los dientes para asfixiarse con ella.

Por lejos, uno de los segmentos más gore que hemos visto en toda la serie, como también la segunda vez que Betty está a punto de cometer una locura pero se le adelantan.  Esta vez, sin embargo, ha habido mejor contexto.

Hablando luego madre e hija, coinciden en no lamentar la muerte del camionero aun cuando no hayan obtenido información sobre el paradero de Polly. Alice aduce que muchas jóvenes que ya no van a morir, pero Betty, menos optimista y sobre la base de las contradicciones mostradas por el sujeto, sospecha que no era el único asesino, sino que quizás se trate de una especie de gran grupo o cofradía.  Al igual que con el soldado Bingo, tenemos que empezar a hablar en plural.

El Rey Rata

La siguiente pintura nos muestra a Jughead, anunciado por Cheryl como “el rey rata”: lo vemos representado (obviamente) con una corona en su cabeza y, en efecto, cubierto de ratas.

La imagen nos lleva a una sesión de alcohólicos anónimos en la que él cuenta que fue llamado desde New York por Samm Pansky, quien se ofreció a convertirse en su representante para publicar su libro Proscritos que, según le dijo, será un éxito juvenil.

La noticia pone tan feliz a Jughead que llama a Betty para pedirle que asista al evento de presentación de su novela, pero esta no responde y ello deriva en un episodio alcohólico en el cual le envía aquel duro y furioso audio que, en el episodio 11 de esta temporada, Betty hiciera escuchar a Tabitha y a Jessica.

En los callejones, Jughead ha terminado en caos alucinatorio y fue a parar a las cloacas en donde, según cuenta en la sesión de alcohólicos anónimos, se encontró con un rocambolesco personaje que, con el rostro de Panski, se le identificó como Rey Rata y al cual leyó su novela.

Lo último que recuerda de las alcantarillas es que Betty se le apareció cual ángel de la guarda para sacarlo de allí y salvarle la vida antes de que el lugar fuera inundado.  En una referencia mitológica que no será la única en el episodio, compara el hecho con Orfeo rescatando a Eurídice de los infiernos, aunque con los roles invertidos.

Cuánto de ello será cierto es algo que Jughead no sabe: solo que fue encontrado en la calle y despertó tres días después en el hospital St. Vincent junto a su novia Jessica.

Siente un gran vacío sobre lo ocurrido en esos tres días y supone que el rey rata fue un invento de su mente para disfrazar lo que verdaderamente ocurrió, tal la razón por la cual ha terminado regresando a New York.

De todos los arcos presentados en los cuadros de Cheryl, el de Jughead es, claramente, el más extendido en el tiempo, al punto de mostrarnos lo ocurrido en New York tanto antes como después del regreso a Riverdale. Se infiere, entonces, que logró, en efecto, llegar a la gran manzana y que el camión al que lo vimos subir estaba desligado de los asesinatos.

En el final de la primera de ambas secuencias temporales se produce el llamado de Archie del episodio 4 y… detalle: vemos que al momento de recibirlo, Jughead tiene el manuscrito de Cora Carter, ese por el cual tanto vengo reclamando y que finalmente reapareció aunque más no sea por unos breves instantes. Es bueno saber que no ha sido olvidado por la trama y se me ocurre que tendrá que ver con lo que venga…

El Beso de Cupido

Esperaba alguna pintura referida a Veronica, pero no: ni siquiera hay referencia a ella en todo el episodio ni tampoco a su padre Hiram. La última que Cheryl enseña a Minerva, en realidad, representa el famoso beso con el cual Cupido reanima a Psique del “sueño estigio”, misma escena mitológica inmortalizada en la célebre escultura de Antonio Canova.

En la pintura, Cupido y Psique son, respectivamente, Cheryl y Minerva, teniendo la escena tan buen impacto en esta última que decide quedarse a compartir la noche aun cuando al día siguiente, según dice, tenga que viajar a Sudáfrica. A la larga, Cheryl siempre consigue lo que quiere.  Si lo sabrán los nuevos y sufridos mineros que aún siguen trabajando en la mina.

Balance del Episodio

Lo que hace interesante a esta entrega es, ante todo, el estilo narrativo. Contar las historias de los personajes por medio de cuadros es un buen recurso que nos lleva a pensar en El Hombre Ilustrado, antología de relatos de Ray Bradbury cuyo hilo conductor son los dibujos que, a modo de tatuajes, cubren el cuerpo de un hombre misterioso que descansa junto al fuego y que dan, cada uno de ellos, lugar a una historia diferente. No es, de hecho, la primera referencia al genio de Illinois en la serie y, probablemente, tampoco sea la última.

Por otro lado, lo que las tres historias tienen en común es el carácter oscuro y tono terrorífico, desdibujando, de algún modo, los límites entre realidad e imaginación en un existencialista juego de marionetas en que Cheryl mueve los hilos (o pinceles) para dar forma a cada una de las historias. “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?” se preguntaba Jorge Luis Borges. No sé si será Cheryl pero sí que, por segunda semana consecutiva, se ha ganado el premio de personaje del episodio al ser quien ha articulado todo: insisto en que sería una gran pena si, como se rumorea, Madelaine Petsch abandonara la serie en la próxima temporada.

Pero además, el sacar a relucir los traumas de Archie ha permitido a KJ Apa mostrar que actoralmente puede dar más que lo que su personaje, generalmente liso, le permite.

Y otro tanto para Lili Reinhart, a quien hemos visto solvente en el juego de gato y ratón propuesto: escucharla repetir las frases de su propio captor denota una dualidad en la que el monstruo emerge de su interior y cuando ello ocurre, hasta el peor asesino serial puede ser fuente de inspiración.

Por otra parte, su rostro decepcionado al encontrarse con que el camionero se ha suicidado nos deja la duda acerca de si ello se debe a no haber podido obtener información sobre su hermana o a no haberlo podido cortar en pedazos. Cualquiera puede ser una bestia con el incentivo justo y todos podemos ser asesinos seriales con la chispa adecuada. Estremecedor.

Veremos qué nos depara el próximo episodio. ¿Volveremos a saber de Veronica?  No lo sé, pero la sorpresa es que tendremos noticias de… ¡las Pussycats!.

Será hasta entonces y sean felices…

 

 

 

 

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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