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“Sara”, de Garth Ennis y Steve Epting. El asco por los burócratas y al amor a los pringados.

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hoy hablaremos de “Sara”, cómic dibujado de por Steve Epting y guionizado por Garth Ennis, publicado en España por Panini Cómics. En la contraportada puede leerse lo siguiente: “1942: los nazis han invadido Rusia. Pelea duro. Apunta bien. No dejes que te cojan con vida. Durante el segundo y terrible invierno del asedio de Leningrado, siente francotiradoras de élite soviéticas libran una feroz batalla contra el invasor nazi. Sara es la más inteligente de todas, y sus hazañas despiertan temor y desprecio en ambos bandos. Además de a los agentes de la policía secreta soviética debe enfrentarse a unos demonios interiores que podrían llevarla a su destrucción.”

Steve Epting

Ya hemos hablado de Garth Ennis en este blog más extensamente (1 y 2), aunque puede que algo menos de Steve Epting, dibujante que acompañó a Brubaker en la ya famosa etapa en el Capitán América que atrajo tantas ventas y buena crítica. Ha ido evolucionando con los años a un estilo de dibujo que sienta como un guante a cualquier historia de espías, comandos en una guerra o en general intrigas y conspiraciones. En Sara ha conseguido ser espectacular sin abandonar la pretensión realista de expresiones faciales, proporciones, detalle en las armas o vestimentas (buscar y comparar vestimentas del cómic y de la realidad de aquellas batallas deja claro que han hecho un trabajo concienzudo) o narrar. Entra por los ojos al poco puesto en dibujo, a la vez que impresiona por los muchos enfoques distintos desde los que muestra la acción. Puede que Steve Epting haya encontrado el tipo de cómics que a día de hoy nadie sabe dibujar mejor.

Garth Ennis

Pero sobre todo hay que hablar de Garth Ennis y la historia de Sara. Otra vez. Ennis, alejado ya de fantasías macarras con The Boys o el Predicador, lleva mucho tiempo que cada vez que saca algo no baja del notable y suele tener muchos cómics sobresalientes. En este caso ya ni hablamos de su espectacular obra con Nick Furia o con su segunda etapa en El Castigador, que es un clásico moderno que no está por debajo del Daredevil de Frank Miller. En esta ocasión se ha inspirado en el mito de la famosa francotiradora soviética Liudmila Pavlinchenko, que en teoría mató a 309 nazis. Aquí lo sencillo sería hacer algo parecido a lo que se hizo con la película sobre ella o seguir la senda de la película Enemigo a las puertas. Y ya.

Los burócratas, los ideológos y la madre que los parió

El cómic engaña en la portada y la contraportada. No es lo que promete. O no solo. Esto no es un acto de glorificación de una francotiradora soviética matando nazis, casándose y teniendo hijos. No es, como era de esperar en Ennis, propaganda política, a la que ha combatido y odiado toda su vida. En Sara el guionista vuelve con varios de sus temas estrella quizás de siempre: el asco y repugnancia por los burócratas y su corrupción, propagandistas e ideológos que no van a sufrir las consecuencias de sus decisiones, la cercanía a los pringados a los que se manda a morir, las mentira como motor de la guerra, la decepción acerca de los ideales que llevan a cualquier persona a implicarse políticamente y el sentido del deber hacia amigos, familiares y compañeros como elemento que pone por encima moralmente a los pringados de sus superiores.

En Sara todo esto es llevado a su máxima expresión. El enlace de las francotiradoras con el partido comunista es casi una parodia de monja roja que les suelta casi una misa cada vez que se encuentra con ellas, con el cansancio inevitable de la protagonista. Protagonista que cuando empieza la historia sabe bastante más de lo que pueda parecer, como sabremos casi al final, cuando descubramos el viaje que recorre entre las motivaciones idealistas del principio que le llevaran casi de casualidad a descubrir la realidad. Tenemos una contrucción de la fraternidad o sororidad, como tanto se oye ahora, de las mujeres francotiradoras, con sus muy diferentes respuestas a los piropos de los soldados del frente, su habilidad en el campo de batalla o, en general, su motivación para estar allí. Es fantástico como Garth Ennis consigue dibujar personajes tan diferentes con tan pocas pinceladas sin que parezcan básicos y cómo la interacción entre ellos es creíble, consiguiendo que te metas en esa relación de camaradería y amistad. Una que surge de tener que enfrentarse a la muerte con otros.

El espectacular final

Siendo Sara un cómic de la versión sobria de Garth Ennis nadie debería esperarse un desenlace cómodo. Las últimas cinco páginas cierran la historia subrayando la importancia del sacrificio como única manera no ya de derrotar al Mal sino como simple supervivencia de los consideramos los nuestros. Sin dioses, sin países, sin ideologías. Los nuestros. Los que han llorado, sufrido, reído o pasado el tiempo con nosotros. En Sara no hay nada que valga más por lo que luchar. Las cinco últimas páginas son dolorosas, bellísimas, en fondo y forma, y habla, otra vez, de esa pelea de cada uno contra el mundo, ese sitio frío, indiferente y a veces hostil. Uno en la que los contadores de misas quieren vendernos su moto, uno en la que la única lucha digna es para los que son tus hermanos, comparta uno sangre con ellos o no. Y, como toda lucha, no puede al menos empatarse sin sacrificios personales reales, conscientes y que necesitan de algo que los expertos en datos no encuentran en sus Excel y regresiones a la media: valentía.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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