Star Wars: una historia de amor, dinero y odio.

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La frase final de esa joya pionera del cine negro que es El halcón maltés bien puede resumir la esencia misma del cine. Al preguntarle al detective Sam Spade sobre el porqué una estatua de un halcón ha sido tan perseguida por unos u otros personajes de la trama, este responde:

“Está hecha del material con el que se forjan los sueños”.

Algo parecido ocurre con el cine. Da igual que sea una de las industrias con mayor poder económico del mundo, con producciones que superan los cien millones de dólares con facilidad y con actores en las listas de las personas más influyentes del planeta año tras año. El principal motor del cine como arte, incluso como entretenimiento, son los sueños y la ilusión de poder compartir una historia con millones de personas. Ninguna película ha reflejado mejor este motor como Star Wars: Una nueva esperanza.

Tras 42 años, la saga, digamos, original terminará el 19 de diciembre con El ascenso de Skywalker, el noveno episodio de una serie de películas con rupturas cronológicas tanto en la propia trama como en el tiempo en el que fueron rodadas.

No cabe duda de que Star Wars es historia viva del cine, no por la cantidad de millones que ha generado en taquilla, ni por el merchandising y productos asociados vendidos, si no porque cambió el blockbuster para siempre allá por 1977.

Y el cine cambió para siempre

Los años 70 estadounidenses fueron una etapa fascinante en la historia del cine. Combinaron el crepúsculo de los grandes directores del cine clásico, sin estar atados al sistema de estudios, con nuevos realizadores procedentes de la televisión que, o bien reinventaban el clasicismo (El Padrino) o bien se oponían a él (Easy Rider). De una forma u otra, prácticamente todos los directores apostaban por incluir la complicada realidad social de la época en sus tramas. Hablamos del descontento de la guerra de Vietnam, de una juventud que se rebelaba contra el narcisismo de sus padres, veteranos de la Guerra que hizo grande a Estados Unidos. El sueño americano se desmoronaba.

En aquellos años, un joven Lucas ideó una trama basada en una galaxia muy muy lejana con elementos futuristas y otros deudores de la antigüedad. Tomando como base las historias pulp de Flash Gordon o las películas de aventuras de Akira Kurosawa (Una nueva esperanza es clara deudora de La fortaleza escondida), creó una historia concebida como una película única. Contra todo pronóstico, consiguió la financiación para realizarla. El resto es historia.

No entraremos aquí en las curiosidades del rodaje de la primera trilogía de la saga. Ni en los consejos que Lucas recibió de Spielberg (el único que le apoyó), Coppola, Scorsese o De Palma. Lo que está claro es que la trilogía original, aparte de envejecer sorprendentemente bien, muestra un blockbuster realizado con ilusión, la palabra clave de todo este artículo. Sí, luego llegaría El retorno del jedi con los ewoks y ese especial de Navidad horrendo que hemos visto dos y el del tambor, pero el episodio IV, V y VI reflejan una época en la que había que demostrar mucho talento para enseñar al espectador lo inimaginable y que pareciera real. Gracias a Una  nueva esperanza, el espectador medio abandonó el interés para la temática social y abrazó la fantasia heroica. El cine de consumo pasó de hablar de los problemas de la sociedad a ser pura evasión. 

Como los efectos especiales había que dosificarlos, había que fortalecer todos los demás aspectos, incluyendo los básicos: trama y personajes. El héroe ingenuo cuyo camino se va oscureciendo, el maestro mártir, los compañeros con una historia de amor que ya quisieran muchas películas románticas de hoy en día, el villano con matices… Probablemente, el final de El imperio contraataca contiene uno de los grandes giros de guión de la historia del cine, y de los mejor llevados. Al escuchar ese Yo soy tu padre, todos, inconscientemente, averiguamos porque Obi Wan y Yoda se mostraban preocupados por el encuentro entre Luke y Vader. No era porque Vader hubiera matado a su padre, eso era lo fácil. Era por ser su padre y, por tanto, una tentación para caer en el Lado Oscuro.

Este tipo de cine comercial, amparado en el merchandising a partir del episodio VI, pero con una trama fuerte y con efectos especiales diseñados con talento e imaginación, es el que luego influyó en Regreso al futuro, Los Goonies, Superman, Lady Halcón…

Paradójicamente, el CGI desvalorizó al Yoda marioneta original

Lucas esperó casi 20 años para contar la precuela de esta trilogía. Consideraba que necesitaba una tecnología más avanzada para llevarla a cabo. Una vez vistas las tres películas de Star Wars que marcaron mi infancia, no entiendo su enfoque. Salvo que sea uno más romántico que el decir: lo hice por dinero.

Los efectos digitales estaban ahí, pero ni rastro de una trama tan sobresaliente como la de la trilogía original. Ojo, son películas notables, especialmente La amenaza fantasma, pero palidecen en la construcción de personajes. Este defecto es más sangrante aún en El ataque de los clones. Prueba de ello es que los mejores efectos especiales consiguieron convertir al venerable Yoda (una icónica marioneta en El imperio contraataca) en un extremadamente habilidoso, hasta el ridículo, luchador. Ni rastro del impacto de la fuerza interior del personaje. La forma estaba ahí, pero el envoltorio no puede descuidar el interior. Da la sensación de que las dos primeras películas eran un mero adorno para rodar la lograda La venganza de los Sith. En el episodio III los combates impactaban no por la espectacularidad de los efectos especiales, si no por lo trascendental de los conflictos entre los personajes.

La trilogía precuela, muy criticada en su época, refleja la contradicción a la que llegó el cine digital a principios de siglo XXI. Tener los medios para hacernos soñar despiertos y, sin embargo, despertar nuestros bostezos. Se habían olvidado de lo esencial. Salvo La venganza de los Sith y algunos apuntes en La amenaza fantasma (Qui Gonn), Star Wars había perdido su alma.

Cuando hay alma, hay emoción

Si el episodio IV se titulaba Una nueva esperanza, con el episodio III la esperanza estaba perdida.

Hasta Disney.

Es bien sabido que la ultrapoderosa compañía que domina el cine (y el mundo y el universo conocido) quería hacer borrón y cuenta nueva. Utilizar el universo creado por Lucas para crear nuevas historias. Pero se encontró con la férrea oposición de los fans, deseosos de conocer que había ocurrido con los protagonistas de la saga original. El riesgo de boicot a una nueva trilogía de películas sin el regreso de los personajes conocidos era importante, por lo que decidieron traerlos de vuelta de forma conservadora…en principio.

La nueva trilogía de Star Wars está repleta de fallos argumentales de grueso calibre, pero sí que cuenta con algunos aspectos que llaman a la reflexión sobre el papel del blockbuster en el imaginario colectivo. Más cuando la saga que invita a esa reflexión es el estandarte del cine comercial moderno.

El despertar de la Fuerza, pese a ser una copia descarada de Una nueva esperanza que da los fans precisamente lo que quieren, aparición de Han Solo incluido, cuenta con un personaje que es toda una bofetada al fan de toda la vida: Kylo Ren. Un villano en apariencia temible que, al quitarse la máscara, muestra a un niñato que idealiza en exceso a la figura de su abuelo. ¿Nadie ve analogías con el fan de la trilogía original que, tweet en ristre, va a criticar cualquier mínimo fallo de una película llamada a compararse con un largometraje cuyo recuerdo está momificado en un sarcófago dorado?

Kylo Ren: el fan rígido

En esencia, esta nueva trilogía abraza la metaficción. El envoltorio es una nueva historia de aventuras con jedis, siths, rebeldes, viajes intergalácticos…pero, en el fondo, habla de la búsqueda desesperada de los grandes iconos, ya sea el Halcón Milenario o Luke Skywalker. Los últimos jedi se encarga de destruir.

Se podrán decir muchas cosas del Episodio VIII, entre ellos sus fallos argumentales, pero no que se amolde a lo que el fan quiere. Rian Johnson se pasa toda la película destruyendo nuestras expectativas, desde el mismo momento en que Luke Skywalker tira su sable por el acantilado, pasando por la aparición de Yoda desmintiendo el poder dogmático de la Fuerza, la muerte del antagonista en la sombra, el origen desconocido de Rey o el duelo entre Kylo Ren y Luke. El pobre villano espera un combate con su maestro. Todos lo esperamos y el combate dista de ser espectacular. Solo es un holograma. Otro bofetón al espectador que desató la ira de los fans.

A falta de ver el último episodio de la saga de los Skywalker (ya tenéis nuestra crítica en la web), esta trilogía, con sus múltiples defectos, ha sacado a la palestra todo lo que ha supuesto estos 42 años de blockbuster: idealización, rigidez ante cambios, plegarse a las expectativas de los fans sacrificando una trama más coherente…

En definitiva, la trilogía de trilogías sirve como reflejo de la evolución del cine comercial moderno: de la ilusión a la comercialización y, de ahí, a la autorreflexión. Del amor al odio, pasando por el dinero.

Un saludo y sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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