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Análisis de Vikingos: Valhalla. Temporada 1. Episodios 5 a 8

Cerramos el análisis de esta primera temporada de Vikingos: Valhalla, la serie creada por Jeb Stuart para Netflix que sirve como spin-off de Vikings, aunque con estilo bien propio y sin resignarse a ser su sombra. Hoy, los episodios del quinto al octavo.

Bienvenidos una vez más para seguir analizando Vikingos: Valhalla. En esta división que, a efectos de comodidad, hemos hecho, nos tocan ahora los últimos cuatro episodios de esta primera temporada, los cuales confirman el nivel mostrado en los cuatro primeros, así como lo distinta que es esta serie de Vikings, a pesar de ser su spin-off.

Antes de comenzar, cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y si no han leído el análisis de los cuatro primeros episodios, pueden hacerlo aquí. Dicho esto… a la batalla.

Canuto, el Negociador

Tras el combate del puente de Londres, los vikingos logran ingresar al castillo, pero las diferencias que ya venían exhibiendo terminan de marcarse y cada uno de los cabecillas parece moverse por cuenta propia. Olaf, por ejemplo, captura a la reina Emma y a sus dos hijos más pequeños, aunque nada dice a los demás sobre ellos. Apartándolos de su madre y encerrándolos como rehenes, exige que Emma le diga el lugar en que está escondido un tesoro cuya existencia conoce de los tiempos en que oficiaba allí como consejero.

Harald, por su parte, captura a Edmundo y está a nada de decapitarlo cuando es detenido por Canuto, que es quien muestra más habilidad y tacto. Harald considera que el soberano está faltando a su palabra empeñada, pues le había prometido venganza. Para calmarlo, Canuto le dice que puede ayudarlo a ser rey de Noruega pasando por sobre su sobrino. También hace manifiesta su admiración por Edmundo, aunque bien sabe que el joven no pudo haber concebido todo el plan de defensa y quiere saber quién ha estado detrás.

Sin Piedad para los Traidores

Leif ha perdido a todos sus compañeros groenlandeses a excepción de Liv, a quien ha logrado salvar a duras penas. En el banquete de la victoria, Canuto le reconoce su aporte y da por saldada la deuda, lo cual significa que su hermana podrá ser libre e, inclusive, se le exonera por los crímenes que en el pasado pudiera haber cometido su padre. A pesar del reconocimiento, sombras de duda y tristeza surcan el rostro del joven.

Otro de los que se hace presente es Streoda, rey de Mercia, a quien Canuto le reconoce que no tenían chance alguna de victoria si, tal como había acordado con Edmundo, les atacaba desde la retaguardia. Cuando le pregunta qué quiere en compensación, Streoda pide gobernar Inglaterra en su nombre, pero Canuto tiene sus propios planes y reserva ese lugar para sí mismo. Declarando no soportar a los traidores, le hace decapitar ante toda la sala.

Las piezas parecen moverse rápido sobre el tablero y le manifiesta a Edmundo que, dado su escaso conocimiento de la política local, le necesita junto a él para poder gobernar.

Algo similar ofrece a Emma, quien por lo bajo le dice que no puede ayudarlo mientras Olaf mantenga en cautiverio a sus dos hijos pequeños.

Anoticiado de ello, Canuto decide sacar de prisión a Godwin y asignarle la tarea de rescatar a los niños, lo cual hace disfrazándose de monje y matando a los guardias apostados por Olaf. Emma queda gratamente impresionada por el gesto de Canuto y todo indica que marchan hacia algo más que una alianza.

La Última Hija de Upsala

En el santuario de Upsala, Freydis atraviesa por un largo ritual que podría ser un tedio de no ser por lo bien que las escenas se alternan con lo que está ocurriendo en otros sitios. Envuelta en visiones y en lo que parece una imagen de su pasado, ve una población arrasada mientras, a pesar de los ruegos en contrario, huye del lugar como a vuelo de cuervo. También habla con el Vidente (muy semejante al de Vikings, si no el mismo), quien se le presenta como el pasado, presente y futuro, además de reconocer en ella a La Última.

Entretanto, el hombre cuyo berserker ha sido muerto por Freydis, sigue uno de los rastros de sangre hasta la aldea en que esta ha dejado a Yrsa para su recuperación. La curandera que la tiene a su cuidado, justamente, encuentra a su bebé en brazos del sujeto, quien responde al nombre de Kare y exige saber en dónde está Freydis. Cuando la mujer le informa que ha ido a Upsala, él menciona que había otro rastro de sangre y ella no tiene más remedio que delatar a Yrsa.

En Upsala, Freydis sale de su delirio por haber percibido algo y quiere ir a la aldea. Antes de que parta, la sacerdotisa del templo le entrega una singular espada y, al igual que el Vidente, se refiere a la joven como La Última Hija de Upsala.

Cuando Freydis llega a la aldea, solo encuentra muerte. Un círculo de cabezas rodea la vivienda de la curandera, de cuyo techo y sin vida, cuelga Yrsa en forma de cruz: la imagen es tan terrible y estremecedora como bellamente fotografiada (para entender la paradoja, piensen en aquel guardiacárcel crucificado en El Silencio de los Corderos).

Kare aún está allí y sigue sosteniendo en brazos a la beba que ha quedado huérfana a la luz de la masacre. Sus jinetes rodean a Freydis y parecen a punto de darle muerte, pero cuando la muchacha desenvaina la espada de Upsala, todo cambia, inclusive el rostro de Kare, que, cambiando de plan, la deja ir no sin antes encomendarle que anuncie a la condesa Haakon que van hacia allí.

La Jaula Vacía

Mientras Freydis marcha hacia Kattegat, Kare hace estragos en Upsala y no deja a nadie con vida. Un flashback nos ilustra sobre su pasado y vemos que en ese santuario había sido sacrificado su hermano, lo cual explica su visceral odio por los paganos. En señal de advertencia, envía a Kattegat un barco repleto de cabezas y también a la beba huérfana, que luce en su frente una cruz de sangre.

En Londres, la flamante alianza entre Canuto y Emma ha devenido en lecho compartido y, finalmente, matrimonio. Toda la situación disgusta a Olaf, quien sabe del complot para imponer a Harald en el trono de Noruega.

Haciendo su propia jugada, visita a la reina Aelfgifu, a quien pone al tanto de que su esposo ha decidido quedarse en Inglaterra y contraer matrimonio con la reina viuda. La noticia, obviamente, sacude a la soberana, lo que Olaf aprovecha para pedirle su flota y atacar Inglaterra.

No es la única visita que el noruego hace en su gira: también se encuentra con Kare, con lo que nos enteramos que se conocen y comparten el mismo fanatismo cristiano. Es obvio que Olaf también lo quiere como aliado para ir contra Canuto, pero se va preocupado luego de oírlo hablar con alguien al que aparentemente tiene cautivo… en una jaula vacía. Se marcha, seguramente pensando que Kare está loco: vaya novedad…

Conspiración y Caída

Canuto se ve obligado a abandonar el confort de Londres al enterarse de una invasión contra Dinamarca procedente del Rus oriental. Marcha, por ende, hacia allí y deja en su lugar a su padre Sweyn Forkbeard, bastante menos sutil a la hora de negociar: sin ir más lejos, hace matar a un regidor que, disconforme con el trato impositivo, había solicitado ayuda a Edmundo.

Por cierto, este último también está urdiendo su propia jugada ante la ausencia de Canuto. El matrimonio entre este y su madrastra no solo ha caído mal al estómago de Olaf y Aelfgifu sino también al suyo. Si la pareja llegara a tener un hijo propio, este tendría prioridad en la línea sucesoria, siendo la única solución que Canuto muera antes de que lleguen a concebir uno.

Aprovechando la disconformidad de los regidores por los impuestos, les convoca en el campo para tramar una conspiración que le restablezca en el trono. Le dan su apoyo, pero al verle marchar a caballo mientras echa una carrera con Godwin, ven con preocupación el seguir a un líder tan inmaduro. Pronto vemos que no son los únicos.

A poco de iniciado el galope, el caballo de Edmundo tropieza con una cuerda que ha sido colocada allí muy sospechosamente y el joven cae a tierra seriamente herido. Viendo la escena a lo lejos, los regidores corren hacia él, pero Godwin llega antes y, quitando al joven cualquier esperanza de salvación, le entierra una fina hoja que lo remata en sus brazos y así lo encuentran los regidores al llegar, mientras monta la farsa de que el joven murió por la herida que le produjo la caída.

La noticia, obviamente, deja sin consuelo a Emma, pero la reina dista de ser tonta y, desconfiada, encuentra en el cuerpo de su hijastro una segunda herida que echa en cara a un Godwin que nada responde.

El Asedio de Kattegat

A todo esto, Aelfgifu ha llegado a Londres, situación paradójica al haber marchado Canuto a defender Dinamarca. Viene para reclamar un trono que considera suyo y hasta tiene un encuentro cara a cara con Emma. Forkbeard le niega derecho, pues, según él, su matrimonio con Canuto ha sido concertado ante otros dioses y con anterioridad a que su hijo abrazara el cristianismo. La reina, sin embargo, sabe manejar su poder de persuasión y le advierte que tiene su flota escondida y al acecho.

La amenaza funciona y Forkbeard ordena restablecerla en el trono, a la vez que desterrar a Emma de regreso a Normandía. Aelfgifu se ha salido con la suya, pero Godwin le aconseja que es el momento ideal para reforzar la alianza y ganar posición política, lo cual podría lograr si, aprovechando sus orígenes de Mercia, viaja a dicho reino para conseguir el apoyo que, en su momento, Edmundo fracasó en obtener.

Entretanto, los invasores cristianos ya están a las puertas de Kattegat mientras Harald, Freydis y Leif preparan la defensa. Este último está atormentado por actos indignos que le ha visto cometer a su padre. Freydis, más pragmática y menos reñida con el pasado, considera que hay que atacar al enemigo antes de que se haga más fuerte y no puedan ya detenerlo.

Harald sale al campo por su cuenta para conferenciar con Olaf y también con Kare. Buscando evitar una masacre, propone que se ofrezca a los habitantes de Kattegat la conversión voluntaria al cristianismo. Al hacerlo, invoca valores bíblicos y cristianos que momentáneamente crean en Kare algún conflicto con sus sanguinarios métodos: le dura poco…

La propuesta es aceptada mientras Harald asegura a Olaf que lo apoyará para ser rey de Noruega, aunque el rostro de este evidencia desconfianza. Pero cuando Olaf y Kare llegan hasta las murallas en busca de una respuesta, se encuentran con la negativa de Haakon: su pueblo, dice, no tiene miedo a morir en batalla porque su premio es la mesa de Odín. Kare considera que han perdido el tiempo y el ataque es inminente.

Mientras Leif y Freydis aprontan la defensa de las murallas, Haakon sacrifica jóvenes que se ofrecen como voluntarios para asegurar el favor de Asgard: él ve la escena con espanto y ella con emoción. En cuanto a Harald, la negativa de Haakon y el fracaso de su gestión le hacen pasarse al bando de los atacantes. Sin embargo y de manera encubierta, da a Leif claras señales sobre cómo y desde dónde se producirá el ataque.

Luna de Lobo

El plan de Olaf consiste en aprovechar la marea alta durante la “luna de lobo”, lo cual permitirá a sus barcos pasar por sobre las defensas dispuestas en el agua. Mientras ello ocurre, Kare ataca con los suyos y la defensa de los arqueros acaba por flaquear. Usando catapultas, Leif, a su vez, ataca a los barcos de Olaf solo para descubrir que no hay nadie a bordo: es una trampa…

El noruego ha urdido su propio plan a espaldas de Kare: dejar que las fuerzas de este se desgasten en la batalla para luego aparecer con las suyas. Haakon cae muerta bajo las flechas, aunque seguramente feliz de ir a la mesa de Odín.

Freydis se encuentra cara a cara con Kare y se produce un singular combate entre tan formidables enemigos. El despiadado cristiano logra desarmarla y apoderarse de su espada, pero cuando está a punto de rematarla, ella le sorprende ensartándole un cuchillo en el vientre y termina decapitándolo.

Encontrando el paso prácticamente libre, Olaf entra con sus fuerzas en una Kattegat arrasada e indefensa. De modo indiferente, pide que aparten de su paso cuerpo y cabeza de Kare mientras a su alrededor se libra un pandemónium de violencia y terror.

El Grito

Mientras tanto, Aelfgifu ha regresado a Londres tras su viaje a Mercia. Para su sorpresa, encuentra a Emma sentada en el trono cuando se suponía que ya estaba en Normandía. El taimado Godwin, en alianza con Forkbeard, le ha jugado sucio: su viaje les dio tiempo para dar con la flota y apoderarse de ella. Juramentando contra los traidores, Forkbeard ordena poner proa a Kattegat mientras los hombres de Olaf huyen despavoridos apenas ver los barcos.

Leif, en tanto, está conmocionado ante tanto baño de sangre y ha visto morir en sus brazos a Liv, que hasta último momento le pidió que le dijera que se verían en Asgard. Leif tarda en hacerlo, lo cual evidencia las profundas dudas religiosas que lo atraviesan; cuando finalmente se decide, ella ya está muerta…

La última imagen nos lo muestra cubierto de sangre y hacha en mano, profiriendo lo que parece un alarido de guerra entre un mar de muerte y destrucción.

Balance de Temporada

Tal como dijimos en el análisis anterior, Vikingos: Valhalla sabe apartarse muy bien de la sombra de Vikings y estos cuatro últimos episodios de la temporada lo confirman. Un detalle significativo y, justamente, distintivo, es la presencia, cada vez más acentuada, de elementos místicos o sobrenaturales.

No es Juego de Tronos ni The Witcher: aquí hay un contexto claramente más realista y, en todo caso, lo fantástico se presenta muy dosificado y de modo sutil o hasta fronterizo. Pero tampoco es (una vez más) Vikings, en donde el delirio místico de Ragnar, Athelstan o Floki se presentaba como parte de sus desvaríos personales y no como algo real: siempre quedaba en claro que estaba en sus mentes.

Vikingos: Valhala, en cambio, maneja un límite más ambiguo y no sabemos si Freydis tiene o no poderes de presunción, como tampoco si la espada es o no portentosa: sin ir más lejos, Kare encuentra su muerte apenas la tiene en mano. Insisto en que todo es muy sutil y no despoja a la serie de su sesgo realista, pero ese tipo de rasgos ayudan a darle personalidad propia y diferente de la serie original.

Otra cosa que estos cuatro episodios dejan en claro es que se trata de una serie sin concesiones (y en eso sí se parece a Juego de Tronos). No se sabe quién puede morir y quién no; de hecho, se han cargado a varios personajes que yo presumía que tendrían largo rodaje: Edmundo el primero de ellos, pero también Kare, que se perfilaba como villano estable, o bien Haakon y, en menor medida, Liv. Por cierto, no sé ustedes, pero soy de los que creen que Godwin ya está viviendo de regalo…

Es muy interesante la antítesis entre los hermanos groenlandeses, pues claramente Freydis y Leif se mueven en direcciones totalmente opuestas. Uno tiene cada vez menos certezas y habrá qué ver qué transformación anuncia ese furibundo gesto final; a la otra, por el contrario, se la ve cada vez más segura en sus convicciones religiosas y se sigue afirmando como alguien especial y diferente, en consonancia con los elementos místicos antes mencionados.

Emma se sigue afirmando como un gran personaje, en tanto que ha sido un muy buen aporte, en estos cuatro episodios, el de Aelfgifu, aunque también es cierto que Pollyana McIntosh repite bastante el personaje frío y desalmado que compusiera no hace mucho en The Walking Dead: World Beyond (analizada en esta web por un servidor).

En fin, Vikingos: Valhalla se ha afirmado, durante esta primera temporada, como una serie de trama bien construida, con actuaciones sólidas y gran factura técnica, junto a una historia que no da respiro. Siguen faltando, al menos en cantidad, personajes tan carismáticos como los que conociéramos en Vikings, pero algunos tienen posibilidades y, de todos modos, insisto en que estamos ante una serie muy diferente.

Veremos qué nos trae la segunda temporada y les espero aquí para analizarla llegado el momento. Ah, y si les interesa la temática, quizás nos encontremos en estos días para analizar la quinta temporada de The Last Kingdom.

Gracias por leer: hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

2 COMENTARIOS

  1. Vaya Rodolfo. No sabia que habias hecho analisis de Valhalla.
    Muy sorprendido con la serie en lineas generales. Le tenia mucho prejuicio ya que la Vikings original me parece un desproposito monumental. A te la tomas como “fantasia con ligera coartada historica” o es imposible de ver.

    Esta Valhalla por el contrario, mas alla de alguna licencia por aqui y por alla, me ha gustado y dejado con ganas de mas. Incluso podria verse no tanto como secuela de Vikings, sino como secuela de The last kingdom. Porque al encontrarnos a principios siglo XI y unos mas o menos casi 90 años despues de donde terminara las andanzas de Uthred, da margen a poder verla como una continuacion de lo relatado en estas.

    El contexto ademas, es fascinante. Con el paganismo del norte casi desaparecido y el auge y conflictos con el fanatismo cristiano. Tambien le noto un intento de tener algo mas de rigor por mas de que mezclen algunas fechas y figuras historicas para condensar tramas y sucesos. Especialmente en el lado anglosajon, donde la serie original era un absoluto disparate, se nota el esfuerzo de explicar con mucho detalle la situacion politica y geografica de las islas.

    Y aunque por supuesto la serie no tiene ni por asomo la profundidad y el nivel de detalle de The last kingdom, tiene momentos muy buenos y personajes bien llevados. Me encantan especialmente Cnut Y su padre Sven “barbapartida”. Que grande esa escena final con los nietos: “Que os sirva como primera leccion”, “nunca dejar con vida a los traidores”, jajajaja. La reina Emma de Normandia o el traicionero Godwin resultan muy interantes tambien.

    Donde la serie flojea por el momento es en los tres protas.Si que es cierto que Leif es el unico en el que se profundiza “algo” y creo que tiene una minima evolucion de personaje. Pero su hermana Freydis y su rollete con Harald, es sin duda, lo peor de la serie. Con unos dialogos que parecen escritos por un chaval de 15 años.
    Pero bueno, aun y con todo me ha dejado con muchas ganas de mas. Espero que mantengan el nivel y que no se les vaya la mano con las licencias absurdas, que fue lo que hundio en el fango a la original. Un abrazo y gracias por tu analisis.

    • Hola Solidus: gracias por comentar y me alegro de que hayas descubierto el artículo, jaja. En efecto, coincidimos mucho en cuanto a la apreciación de la serie y a cuáles son los personajes más y menos interesantes.
      Con respecto a Vikings, a mí en líneas generales me gustó mucho y quizás no me molestaron tanto las licencias porque ya el propio Michael Hirst se había encargado de decir que las habría, así que llegué preparado. Soy consciente, además, de que la información de esos años es vaga, general y a veces contradictoria: no hay seguridad de quién haya sido la madre de Björn y algunos dudan de que haya sido Ragnar el que atacó París (las crónicas lo ubican como Ragnerius, aunque el modus operandi coincide). Pero entiendo a lo que apuntas: sobre las últimas temporadas, hay acontecimientos que se superponen demasiado en el tiempo y se novelizan a los efectos de acomodarlos; es el caso de la trama de Groenlandia y la de América. Ocurre que, una vez más, Hirst me había preparado para ambas cosas en una entrevista que le leí cuando acababa de ser estrenada la tercera temporada.
      Coincido en que el tratamiento de la parte sajona en Vikings es bastante deficiente y está mucho mejor en Valhalla o en The Last Kingdom pero bueno, repito que en general la serie me gustó, aunque en el balance final es menos pareja en su desarrollo que, justamente, The Last Kingdom. Con respecto a Valhalla, la comparación con Vikings es más difícil porque tienen un estilo diferente y, además, estaríamos contraponiendo una temporada contra seis. De lo que no hay duda es de que la cosa arrancó muy bien y ojalá así siga.
      Gracias por tu valioso aporte de siempre. Un saludo!

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