Revisitamos hoy Starship Troopers (Las Brigadas del Espacio,1997), filme de ciencia ficción que, basado en la novela homónima de Robert A. Heinlein y elevado con el tiempo a clásico de culto, marcó la despedida de Hollywood para su director Paul Verhoeven.
Bienvenidos a un nuevo retro-análisis, hoy para desbrozar Starship Troopers (1997), película de ciencia ficción de Paul Verhoeven que, conocida en España como Las Brigadas del Espacio y en Latinoamérica como Invasión, adapta de manera bastante libre la icónica novela de 1959 del mismo nombre escrita por Robert A. Heinlein y ganadora del Premio Hugo, máximo galardón literario dentro del género que el autor se llevó cuatro veces.
Por cierto, es una novela que disfruté mucho en mi adolescencia, cuando estaba bastante libre de prejuicios ideológicos o de cualquier tipo y las críticas que, según me enteré luego, existían contra la misma no me llegaron ni condicionaron. La defensa que hace del militarismo y la necesidad de una sociedad disciplinada, así como su diatriba exacerbadamente antimarxista en consonancia con la Guerra Fría, levantaron mucha polémica en su momento y con posterioridad, si bien es cierto que Heinlein no ha permanecido ideológicamente estático a lo largo del tiempo.
De hecho, solo tres años después publicó Forastero en Tierra Extraña, con un tono contrario a las normas sociales y más acorde a la contracultura por esa época en ciernes, así como una desconfianza general hacia todos los sistemas y no solo hacia el comunismo. Y en La Luna es una Cruel Amante (1965) ya le ubicamos más cerca del anarcocapitalismo.
No estaba, de cualquier modo, en la intención original del guionista Ed Neumeier adaptar la novela, sino que lo que presentó en 1991 fue un guion propio llamado Big Hunt at Outpost 7 (Cacería de Bichos en el Puesto de Avanzada 7), pero cuando le hicieron notar que se parecía mucho a la historia de Heinlein optó directamente, y a sugerencia del productor Jon Davison, por adaptar la misma, aunque fue inevitable que algunas de sus ideas originales (como el amor adolescente) acabaran filtrándose.
El proyecto atrajo a los ejecutivos de TriStar que el guionista conocía bien de los tiempos de Robocop (1987, aquí retro-análisis) y ello abrió la puertas para que se sumaran Paul Verhoeven y el doblemente oscarizado Phil Tippett, respectivamente director y animador de stop-motion de aquella clásica película distópica.
El primero llevaba ya una década instalado en Hollywood tras su carrera inicial en Europa y a su entrada en dicho ámbito con Robocop le habían seguido dos exitazos de taquilla como Desafío Total (1990) e Instinto Básico (1992, aquí retro-análisis).
Menos suerte había tenido con Showgirls (1995) que, además de fracasar comercialmente, fue destrozada por la crítica y no con toda justicia, pues creo que no se entendió el carácter fuertemente irónico de una película que pagó, por efecto de arrastre, el precio de ser estrenada muy cerca de la esperpéntica y olvidable Striptease (1996), de temática más o menos similar, pero con mucho más marketing previo.
El camino de Starship Troopers, no obstante, estuvo lejos de ser corto o fácil. La animación digital requerida era sumamente costosa y TriStar no estaba bien dispuesta a grandes desembolsos con el antecedente de brutales pérdidas que a Universal le había significado Waterworld (1995). Hubo pues que traer otro socio y así se sumó Touchstone Pictures (propiedad de Disney), que pasó a compartir tanto gastos como eventuales ganancias a cambio de los derechos de distribución.
Verhoeven no pudo siquiera leer completa la novela de Heinlein, que dejó a la mitad. La exaltación del militarismo y de la obediencia civil le trajeron inevitables recuerdos de su patria ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que encargó a Neumeier que le hiciera un resumen del resto. Ello devino en cambios sustanciales al primer guion que, de manera mucho más fiel, Neumeier había desarrollado y obtenido incluso el visto bueno de la viuda de Heinlein.
Verhoeven prefirió más bien un tono paródico hacia aquello mismo que la novela exaltaba y dio vía libre a los romances adolescentes y triángulos amorosos para hacer más atractiva la historia. En un primer momento se pensó en actores como Chris O´Donnell y Christian Slater, pero los descartó por estar ya cerca de los treinta y se optó por un elenco menos conocido de jóvenes que se vieran como modelos publicitarios para acentuar el tono de parodia.
La película tiene, por cierto, varias escenas de desnudo o no sería Verhoeven, y hasta una en que los jóvenes reclutas comparten las duchas forma mixta, la cual, para generar menos incomodidad en los actores, fue rodada únicamente en presencia del director de fotografía Jost Vacano bajo condición, por ellos impuesta, de que estuviese igual de desnudo.
Casper Van Dien fue elegido para el papel principal de Johnny Rico por encima de Matt Damon y Mark Wahlberg, en tanto que Denise Richards, hasta el momento solo con experiencia publicitaria y televisiva, se quedó con el de Carmen Ibáñez. Y Dina Meyer, que venía de Dragonheart (1996), con el de Dizzy Flores (a pesar de haber ido en principio a audicionar para el anterior).
En cuanto al elenco adulto, recayó sobre el siempre eficiente Clancy Brown el rol del sargento Zim, mientras que dos personajes distintos de la novela (el profesor Dubois y el teniente Rasczak) quedaron subsumidos en uno solo bajo la interpretación de Michael Ironside, actor del cual Verhoeven era devoto.
El mayor problema eran, desde luego, los efectos visuales, que se llevaron la mitad del presupuesto. Tippett se ocupó de los arácnidos y Sony Pictures Imageworks de las naves espaciales. Y aunque la mayoría de las criaturas fueron recreadas por CGI (con la dificultad para los actores de tener que interactuar en las escenas de batalla con la nada misma), se usaron también un par de diseños mecánicos.
Constituía para Tippett un desafío incluso superior al que había asumido en Jurassic Park (1993, aquí retro-análisis), pues no es lo mismo hacer una escena con un dinosaurio que con miles de “bichos”. Y el protagonismo de los arácnidos es tan grande que Basil Poledouris, autor de la música, decidió no componer para ellos ningún tema especial porque los propios y sobrecogedores sonidos que producían eran suficiente y creaban el contraste justo con las escenas más emotivas o épicas, que sí iban musicalizadas.
La mayor parte de los exteriores para recrear el planeta Klendathu se rodaron en áridos paisajes del condado de Natrona, en Wyoming, teniendo que luchar actores y extras contra los golpes de calor y las serpientes de cascabel que pululaban por la zona. La falta de caminos pavimentados dificultaba el traslado de equipos, por lo que la propia producción del filme se abocó a construirlos con apoyo del gobierno local.
Starship Troopers arribó a los cines estadounidenses en noviembre de 1997…
La Historia
Estamos en el siglo XXIII y en el contexto de una sociedad militarista y autoritaria surgida como resultado de los fracasos de la democracia. Los medios, a través de la cadena FedNet, promocionan a toda hora las virtudes del sistema y atiborran a los civiles con propaganda para unirse a la Infantería Espacial, pues únicamente pasar por el servicio militar convierte a uno en ciudadano y le da derecho a voto.
Johnny Rico (Casper Van Dien) es un joven estudiante de Buenos Aires enamorado de su compañera Carmen Ibáñez (Denise Richards), quien le corresponde enviándole besos en clase, pero hay un serio y presuntuoso competidor llamado Zander Barcalow (Patrick Muldoon), que también le arrastra el ala y, para colmo, es rival de Rico en las justas deportivas de la institución.
Es por ello que, a fines de impresionar a Carmen y en contra de la voluntad de sus padres, Rico se alista en la tan promocionada Infantería y, junto con él, sus compañeros Dizzy Flores (Dina Meyer), admiradora y enamorada suya a la cual no corresponde, y Carl Jenkins (Neil Patrick Harris), amigo nerd con poderes psíquicos.
Los tres pasan por un riguroso entrenamiento en el cual los instructores pueden llegar a romperle el brazo a un recluta o ensartarle la mano con un cuchillo. El principal es el sargento Zim (Clancy Brown), pero también anda por allí el teniente Rasczak (Michael Ironside), al cual conocen por haberle tenido como profesor en la escuela y que tiene hacia ellos un trato también severo, pero algo más humano.

Johnny está orgulloso de sus logros e incluso es ascendido, pero el alma se le viene al piso cuando se entera que Carmen irá a la Fuerza Aérea y ya no podrán seguirse viendo. Para colmo, Zander se enrola con ella, lo cual le ubica a él en clara desventaja. Pero lo que desborda el vaso es la muerte de un cadete como producto de una mala decisión, lo cual le implica castigo corporal, degradación y, de su propia parte, renuncia…
Cuando está a punto de marcharse, sin embargo, ve en las transmisiones de FedNet la noticia de una catástrofe en su ciudad natal, Buenos Aires, sobre la que, en aparente represalia por haber ingresado a sus dominios, una raza de alienígenas a los que llaman arácnidos ha dejado caer uno de los asteroides de su sistema planetario merced a su capacidad de manipularlos y utilizarlos como armas.
La masacre ha dejado más de ocho millones de muertos, entre ellos su familia completa, y ello le lleva a alistarse nuevamente para sumarse a la campaña militar que buscará atacar y exterminar a los bichos en su propio mundo.
Lo que sigue es una serie de acciones militares tendientes a tal objetivo, primero en el planeta P y luego en Klendathu, de donde los arácnidos son originarios, pero las cosas se complican al descubrir que estos, fuera de la impresión que dan, son capaces de desarrollar estrategias e incluso tender trampas, lo cual hace sospechar que por detrás hay un arácnido más evolucionado al que es necesario encontrar y acabar. Y, en medio de todo ello, los caminos de Johnny vuelven a cruzarse con los de Carmen, ya convertida en piloto.
No Apto para Aracnofóbicos
Starship Troopers tiene, como adaptación, grandes diferencias con la novela original. Algunas por limitaciones técnicas, como el reemplazo de las armaduras robóticas de los soldados por uniformes y equipamientos más propios de cuerpos actuales de élite o la eliminación de los neo-perros, súper-caninos especialmente desarrollados para el combate, pero demasiado caros para el presupuesto.
Y si hablamos de eliminaciones, no podemos obviar a los skinnies (traducidos a veces como flacuchos o delgaduchos), raza alienígena que en el libro es tercer actor en discordia y que aquí brilla por su ausencia, aunque no solo por cuestiones monetarias, sino también porque el propio Verhoeven consideró que complicarían la trama.
La novela da además mucho protagonismo a la discusión ideológica o filosófica, que Verhoeven decidió prácticamente pasar por alto para privilegiar la acción, en el libro mayormente secundaria al punto de transcurrir las batallas casi siempre en off. De hecho, el entrenamiento consume prácticamente tres cuartas partes del mismo y en el filme menos de la mitad.
El triángulo (o cuarteto) amoroso es también un invento. Y si bien Carmen existe en la novela, no pasa de ser para Johnny un amor imposible con el cual se cruza un par de veces, pero jamás le corresponde. Dizzy Flores también existe, pero muere bastante pronto y además… es hombre. Y en cuanto a Carl, es también en el libro el mejor amigo de Johnny, pero no tiene ningún poder psíquico y, de hecho, nadie lo tiene…
Lo que sí coincide es que la destrucción de Buenos Aires constituye un punto de quiebre, pero Johnny Rico no es de allí, sino de ascendencia filipina y, en todo caso, su madre muere por estar de vacaciones en dicha ciudad. El hacerle proceder de Buenos Aires da un carácter más personal a su lucha contra quienes, justamente, destruyeron su ciudad (aunque la muerte de la madre quizás alcanzaba). Y también Carmen y Dizzy comparten en la película su origen, aunque la verdad es que ninguno de los tres luce demasiado latino interpretados respectivamente por Van Dien, Richards y Meyer…
Recuerdo con una sonrisa haber leído a un crítico estadounidense defender el criterio de elección con que en Argentina hay muchos descendientes de nazis escapados, lo cual es verdad, pero la diversidad étnica del país se debe más bien a los aluviones de inmigrantes europeos entre finales del siglo XIX y mediados del XX, mayormente italianos o españoles, pero también alemanes, suizos, franceses, rusos, polacos, irlandeses o galeses.
A lo que voy es a que no es nada raro ver argentinos de ojos azules, pero tres de tres no es estadísticamente representativo y, además, no hay casi rostros latinos en el colegio al que asisten. Quizás las cosas cambien mucho de aquí al siglo XXIII y no solo Buenos Aires se termine pareciendo a Los Angeles, sino que además se practique en sus escuelas fútbol americano o algo similar (???).
La caracterización de los alienígenas es también muy distinta: en el libro no son tan grandes ni tienen un comportamiento tan bestial. Presentan características arácnidas, sí, pero contextura más humanoide y son lo suficientemente inteligentes como para portar armas, lo cual en la película jamás hacen.

Desde ya que ese aspecto entra en contradicción con que sepan desarrollar estrategias o hacer ataques interplanetarios, lo que se busca explicar con la presencia de un arácnido-reina que controla la colmena y que es más evolucionado que el resto. No es que en la novela no los haya, pero no del mismo modo ni uno controlando a todos, sino más bien una minoría evolucionada que gobierna al resto en clara analogía con la intelligentsia de izquierda o la burocracia soviética a las que el autor critica sin sutilezas.
Otra cuestión diferente en la película es que la humanidad ya está acostumbrada a lidiar con los arácnidos, a los que somete a experimentos o bien disecciona en laboratorios, mientras que en el libro recién toma conciencia de su existencia a partir del ataque contra Buenos Aires.
Reconvirtiendo la Historia
Pero aclaradas las principales diferencias entre novela y película, hay que decir que el mayor mérito de Verhoeven es tomar la primera y reconvertirla en crítica en lugar de exaltar los valores que preconiza. Exagera todo y lo lleva deliberadamente al ridículo, siendo increíble que la mayoría de los críticos cinematográficos no lo hayan entendido en su momento (aunque no tanto si tampoco lo habían hecho con Showgirls).
Hay en el filme una deliberada búsqueda de estética pulp y que el elenco juvenil luzca ario y perfecto como en un capítulo de Sensación de Vivir o Melrose Place es suficientemente indicativo de la intención paródica del director que, recordemos, dejó el libro a la mitad.

Los cambios siempre hacen chirriar a los puristas y es entendible, pero aun como ávido lector de Heinlein y, en particular, de esta novela, soy de los que sostienen que a veces es un ejercicio interesante separar la película del libro para decir otra cosa. El Resplandor, por ejemplo, es una gran novela, pero también la película de Stanley Kubrick que la adapta a pesar de sus gruesas diferencias con la historia de Stephen King.
Desde ya que para los fans puede tener algo de sacrílego, sobre todo considerando que Heinlein es, junto a Ray Bradbury, Arthur C. Clarke o Isaac Asimov, uno de los grandes exponentes de la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX. Puede, por lo tanto, ser válida la acusación de traición al material original, pero también lo es que Verhoeven logra que la novela diga algo nuevo y más acorde a los noventa.
La película no es solo una crítica despiadada contra los pasados regímenes totalitarios de corte nazi o fascista (de hecho, los noticieros que aparecen cada tanto tienen mucho de los documentales propagandísticos de Leni Riefenstahl), sino también contra el discurso republicano que reivindicaba en ese momento la política exterior de años previos, particularmente de la administración Bush (padre). Los operativos en planetas desérticos tienen bastante de desembarco en Normandía, pero remiten también a la Guerra del Golfo y otras aventuras militares estadounidenses en oriente medio, lo que en parte explica la vigencia actual del filme.
Cuesta creer que la mayor parte de la crítica que se encarnizó tanto con el filme al momento del estreno no fuera capaz de verlo, como tampoco percatarse de la fuerte impronta humorística. Los detalles más gore, por ejemplo, tienen una carga de humor negro bien propia de un director al que siempre caracterizó el culto de la violencia explícita.
Algunas escenas pueden provocar repugnancia, pero buscan precisamente el choque y el contraste, como cuando Carmen vomita sobre el arácnido que están diseccionando, algo que las chicas lindas jamás harían. Y la escena en que el líder de ellos la tiene ensartada e inmovilizada con su enorme aguijón no puede ser más pulp. Hay ocasiones en que lo que vemos es tan repulsivo que invita a dejar de mirar, pero si nos resistimos a ello y seguimos mirando, lo más probable es que acabemos riendo y es justamente la intención.
El elenco juvenil cumple, pero ninguno sobresale actoralmente y eso también es algo buscado (solo de Dina Meyer puede decirse que está medio escalón por encima). Por algo Verhoeven no escogió a ninguna gran estrella y el criterio pasó más bien por la apariencia física y rasgos de estereotipo, como la mandíbula cuadrada de Van Dien o la nariz marcadamente respingada de Richards, que parecen dibujadas por un artista de cómics o un portadista de novelas de bolsillo. Pero no hay ninguna Sharon Stone, por ejemplo.
Sin embargo, y como es en él habitual, el director logra equilibrar con la presencia de dos grandes talentos como Clancy Brown y Michael Ironside. En el primero, la deliberada sobreactuación (se supone que un instructor militar la practica) toma clara inspiración en los papeles de Louis Gosset Jr. en Oficial y Caballero (1982) o de R. Lee Ermey en La Chaqueta Metálica (1986, aquí retro-análisis).
En cuanto a Ironside, sabido es que es un gran especialista en personajes ambiguos y saber dotar a su rostro de un humor tácito y contenido por debajo de lo que a primera vista podría equivocadamente verse como inexpresividad: todo el tiempo hay algo en él que provoca ternura y mueve a la risa contra su aspecto de tipo duro.
Los efectos visuales que, como hemos antes dicho, se llevaron la mitad del presupuesto, están más que logrados para la época, amén de que no siempre corran a la misma altura. Y las escenas de combate espacial aprueban más allá de las maquetas y de que ese vacío lleno de ruidos, explosiones y llamaradas haría chirriar a Heinlein, que sin ser Clarke ni Asimov buscó siempre igualmente en sus obras una cierta verosimilitud científica. Pero bueno, ya sabemos que la cultura Star Wars ha instituido en el cine que las luchas en el espacio tienen que ser ruidosas y las naves virar como si fueran aviones.

La banda sonora no está a la altura de otras de Poledouris (cómo olvidar las de Conan el Bárbaro, Robocop o La Caza del Octubre Rojo), pero estamos hablando de uno de los más grandes compositores de la historia del cine y ello deja su propio listón alto. En sí, cumple con la épica requerida y, por cierto, es una gran injusticia que nunca haya tenido una nominación al Oscar, aunque sí para otros premios e incluso ganado el Emmy por la miniserie Paloma Solitaria (1989) .
Valoración y Legado
Starship Troopers recaudó poco más de ciento veinte millones de dólares en su paso por las salas cinematográficas, exiguo si se consideran los ciento diez de costo y directamente pérdida si se tienen en cuenta gastos de promoción y marketing. Recuperó bastante con las posteriores ediciones en video hogareño, pero lo importante es que, una vez más y como con tantas películas analizadas en esta sección, fue revalorizada con el tiempo y elevada a clásico de culto.
Es que no se puede negar que el filme es un colosal entretenimiento, más allá de que la acción, vertiginosa y sin freno, se vuelva algo reiterada y cargosa hacia la segunda mitad. Pero, como hemos dicho, lo que llevó principalmente a su resignificación con el correr de los años es ese carácter despiadadamente paródico que la crítica de su tiempo no supo decodificar, atacando paradójicamente a la película por su supuesto contenido fascista.
Para Verhoeven significó prácticamente el fin de su etapa hollywoodense y regreso a Europa. En cuanto al elenco emergente, Casper Van Dien adquirió reconocimiento dando vida a uno de los mayores iconos de la cultura pop en la biopic James Dean: Carrera contra el Destino (1997) y fue el “rey de los monos” en Tarzán y la Ciudad Perdida (1998), fracaso absoluto de taquilla. También estuvo en dos secuelas de Casper (¿lo habrán llamado por el nombre?) y a las órdenes de Tim Burton en Sleepy Hollow (1999). E incluso se atrevió a la silla de director en La Bella Durmiente (2014).
Denise Richards, tras una corta relación con el anterior después de rodar juntos Starship Troopers, formó dupla con Neve Campbell en el exitoso thriller erótico Juegos Salvajes (1998) y se convirtió en chica Bond con El Mundo nunca es Suficiente (1999) para luego protagonizar en la vida real y con Charlie Sheen uno de los más recordados divorcios mediáticos.
Dina Meyer, por su parte, estuvo en Star Trek: Nemesis (2002), además de dar vida a la detective Allison Kerry en la saga Saw y a Barbara Gordon (Oráculo/Batgirl) en la serie Birds or Prey. Y Neil Patrick Harris se convirtió desde 2005 en estrella televisiva interpretando a Barney Stinson en la exitosa serie How I met your Mother.
Starship Troopers dio lugar a dos secuelas live action más dos animadas, de las cuales la única rescatable es la última (Starship Troopers: El Traidor de Marte), que cuenta con Van Dien y Meyer prestando respectivas voces a Johnny Rico y Dizzy Flores. También a varios videojuegos de éxito, de los cuales el quinto y último hasta el momento fue lanzado el mes pasado.
Y está en marcha, según se dice, un bastante avanzado proyecto de remake a cargo del sudafricano Neill Blomkamp (Distrito 9, Chappie) que, por lo que se anuncia, se ajustará mucho más a la novela. Ello daría lugar a un filme incorrectísimo para esta época y generaría, obviamente, fuertes controversias por su contenido político-ideológico, pero el director se encargó de aclarar que la mayor fidelidad al material original no irá en desmedro del tono crítico que Verhoeven diera a su adaptación.
Habrá que ver qué resulta de ello y, mientras tanto, la invitación está hecha para descubrir la original, una película a la que el tiempo puso en su lugar y que se disfruta más que bien si uno tiene sentido de la ironía y estómago más o menos inmunizado…
Hasta la próxima y sean felices…





Yo la vi en el cine de crío y disfruté y lo pasé mal de asco en cantidades iguales. Una película al que le tengo un gran recuerdo. Me llamó la atención el tono ideológico pero nunca me lo tomé en serio se veía el tema exagerado y de burlarse un poco de todo eso. Dina meyer…..jj
Hola Dani: gracias por comentar! Asco y disfrute, creo que eso define a la película bien. Y si no la tomaste en serio en aquel momento, has hecho lo correcto porque la idea era y sigue siendo esa. Lamentablemente hubo críticos que no lo supieron ver. Un saludo y gracias por transmitirnos tu experiencia al verla!
Starship Troopers es, por mucho, una de mis películas favoritas. Y es cierto, no lo recordaba, pero acá en tierras latinoamericanas fue conocida como “Invasión” en su momento.
Recuerdo que, desde que se estrenó, fue recibida con críticas divididas, aunque veo que con el paso del tiempo se ha ido revalorizando y se ha comprendido mejor su mensaje crítico e irónico.
Siempre me llamó la atención que todos los protagonistas en la ficción fueran argentinos, pero que todos hablaran y se comportaran como cualquier estadounidense (jajaja).
Hace poco la volví a ver y los efectos especiales siguen siendo bastante decentes; quizás ya se les note un poco el paso del tiempo, pero siguen funcionando. Visualmente, el momento del ataque al planeta Klendathu me parece estupendo.
A diferencia de lo que se menciona en el artículo, a mí la banda sonora de Basil Poledouris me parece maravillosa y uno de sus mejores trabajos; de hecho, es justamente la música lo que considero que eleva mucho a toda la película.
No me deja de llamar la atención la cantidad de productos que surgieron a raíz de esta cinta: tenemos dos secuelas en acción real, dos más animadas, la serie de televisión Roughnecks: Starship Troopers Chronicles, un montón de videojuegos, cómics, novelas, juegos de mesa y de rol, e incluso juguetes; no falta el Funko Pop! de los bichos de la película, claro.
Es una cinta muy disfrutable y que me resulta de lo más entretenida. Junto con Robocop y Total Recall, es de lo que más me gusta de Paul Verhoeven.
Saludos ‘cienciaficcionarios’ desde México
Hola Javier: gracias por comentar! Hmm, ojo, quizás me expliqué mal. No es que no me guste la banda sonora de Poledouris; es que simplemente él mismo deja el listón muy alto con algunas de las que ha hecho, pero me parece buena.
Starship Troopers es una película disfrutable que no fue entendida como tal en su momento y es verdad lo que dices acerca de todo el marketing y productos que generó, indiscutible prueba de su vigencia.
Muchas gracias por el aporte! Un saludo
Hola, Rodolfo. Gracias por responder al mensaje y por la aclaración sobre la banda sonora.
Por cierto, sé que las secuelas de esta película son malísimas (solo he visto la segunda, que entra más en la categoría de ‘gusto culposo’, jeje), pero aun así me interesaría leer un artículo tuyo sobre ellas. Seguro ha de haber algo rescatable por ahí.
¡Saludotes!
Por nada. Ok, gracias por la sugerencia. La única que me gustó fue la quinta. Es animada, al igual que la cuarta, pero está claramente por encima del resto. Quizás la haga en algún momento.
Un saludo y gracias nuevamente!