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Retro-Análisis: Instinto Básico (1992), mejor de lo que la recordaba

Hoy revisitamos un clásico del thriller erótico bien de los noventa, como lo es Instinto Básico (Basic Instinct), película de Paul Verhoeven que marcó un punto de quiebre para un género hoy casi extinto y convirtió en estrella a Sharon Stone.

A veces, al revisionar ciertas películas, nos damos cuenta de que las recordábamos mejores. O puede pasar al revés, que es lo que particularmente me ha ocurrido con Instinto Básico, filme de 1992 conocido en América Latina como Bajos Instintos y al cual, para ser honesto, recordaba bastante peor.

Supongo que lo que más me habrá incidido negativamente al momento de verla por primera vez es que fuera dirigido por el neerlandés Paul Verhoeven, quien, tanto durante su etapa europea como en sus primeras experiencias hollywoodenses, había mantenido un tono si se quiere subversivo, particularmente en el modo de tratar sexo y violencia casi como si fueran lo mismo.

Es probable entonces que al ver Instinto Básico por aquellos días, me haya generado sensación de poco o de estar viendo a un cineasta europeo amoldarse a la escena de Hollywood con un producto “mainstream”. Ojo: en parte lo sigo pensando, pero no vi en aquel momento montones de detalles que, como pequeños agentes infecciosos traídos de su cinematografía de origen, supo Verhoeven inocular al cine americano, al punto que Instinto Básico acaba siendo, sin duda, la película que mejor define en los noventa al thriller erótico, categoría que hoy brilla por su ausencia.

Se busca Director

Joe Eszterhas era, por ese entonces, un guionista casi “estrella” dentro de la industria hollywoodense (hay quienes dicen que hasta tenía groupies), habiendo escrito los guiones de éxitos de los ochenta como Flashdance (en colaboración) y Al Filo de la Sospecha (ya en soledad). La compañía independiente Carolco le adquirió por tres millones de dólares el guion de Instinto Básico (originalmente se iba a titular Love Hurts, es decir El Amor Duele) y de inmediato se abocó a la búsqueda de un director.

Eszterhas quería a Milos Forman (unos años antes ganador del Oscar por Amadeus), pero la elección recayó finalmente sobre Paul Verhoeven, quien venía de dirigir en su país varias películas de éxito internacional como Delicias Turcas o Eric, Oficial de la Reina (conocida también como El Soldado de Orange), en tanto que para el medio norteamericano había ya tenido a su cargo RoboCop (aquí retro-análisis) y Desafío Total, hoy clásicos del cine de ciencia ficción.

Su llegada trajo otra óptica; quería llevar más al límite lo que el guion proponía, particularmente en lo tocante a sus temas predilectos: sexo y violencia. Y allí donde Eszterhas solo pretendía sugerir, el director neerlandés, en cambio, quería atacar directo al hueso y de modo bien impactante, algo que, desde ya, estaba acostumbrado a hacer en la cinematografía de su país, pero que no era tan común en el mucho más conservador cine americano.

En disconformidad con los cambios que pretendía introducir, Eszterhas abandonó la producción y lo mismo el productor Irwin Winkler, quedando la misma a cargo de Mario Kassar (uno de los fundadores de Carolco) y Alan Marshall, mientras que Verhoeven encargó a Gary Goldman la reescritura del guion. No quedó conforme: a la larga y con las básicas modificaciones del director, el guion terminó siendo bastante parecido al original y Eszterhas fue acreditado como único responsable.

Se busca Actriz

El papel del detective Nick Curran recayó sobre Michael Douglas , quien ya había protagonizado un thriller erótico de éxito con Atracción Fatal (1987). Este, a su vez, propuso a Kim Basinger para dar vida a la escritora Catherine Tramell: la rubia, recordemos, vivía entonces su momento de gloria pues venía de protagonizar el filme erótico Nueve Semanas y Media (de floja taquilla en Estados Unidos, pero exitosísimo en el resto del mundo) e interpretar a la reportera Vicki Vale en el Batman de Tim Burton (aquí retro-análisis).

Pero Kim rechazó el papel y lo mismo otras diez: Julia Roberts, Meg Ryan, Michelle Pfeiffer, Geena Davis, Demi Moore, Kelly Lynch, Kathleen Turner, Greta Scacchi, Ellen Barkin y Mariel Hemingway. Todas y cada una dijeron que no: estaba claro que el personaje asustaba un poco… Acertadamente, Verhoeven pensó entonces en alguien que no era todavía ninguna estrella y con quien además ya había trabajado…

Instinto Básico no puede ser entendida sin Sharon Stone. Se hace difícil, desde luego, imaginar cómo hubiera quedado en caso de aceptar alguna de las actrices antes mencionadas, pero no puedo visualizar, por ejemplo, a Julia Roberts en el papel.

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Pocos saben que, con solo veintidós años, Sharon había tenido su debut cinematográfico a las órdenes de Woody Allen en Recuerdos (1980) donde aparecía solo por breves segundos como una bella mujer a la que el protagonista se quedaba mirando desde la ventanilla de un tren.

Después, entre varios papeles menores, había participado en la cuarta película de la saga Academia de Policía (1987) y, antes de ello, en dos de aventuras que, en línea cercana a Indiana Jones, protagonizara junto a Richard Chamberlain: Las Minas del Rey Salomón (1985) y Allan Quatermain y la Ciudad Perdida del Oro (1986). Y vaya coincidencia: Douglas también había tenido las suyas en ese estilo: Tras el Corazón Verde (1984) y La Joya del Nilo (1985).

Pero fue justamente a Douglas a quien no cayó en gracia la designación de Stone: a sus ojos y de su representante, no tener como compañera a una gran luminaria podía incidir negativamente en su carrera de allí en más. El tiempo demostró cuán equivocado estaba pero, mientras tanto, la química entre ambos fue complicada durante el rodaje.

Sharon, que cobró por el papel lo que hoy sería una ganga (500.000 dólares), ya había actuado a las órdenes de Verhoeven en Desafío Total interpretando a la (falsa) esposa del protagonista. Una de las razones esgrimidas por el director al momento de elegirla fue que le había impresionado gratamente su drástico cambio de personalidad cuando en dicho filme su verdadera identidad era delatada y se trenzaba a golpes con Arnold Schwarzenegger.

La Historia

La película comienza de modo tan impactante como traumático cuando, en una escena de tintes sadomasoquistas, una mujer, cuyo rostro no distinguimos, acaba el acto sexual destrozando prácticamente a su amante con un picahielos: imposible algo más explícito para revelar, ya desde el inicio, la intención del director de introducir el germen europeo en el cine de Hollywood, cosa que ya había hecho parcialmente en RoboCop, donde hay escenas casi igual de explícitas.

El escabroso hecho tiene lugar en la ciudad de San Francisco y la fatal víctima es un rocker en decadencia conocido como Johnny Boz. El detective asignado al caso es Nick Curran (Michael Douglas), quien no tiene su pasado demasiado limpio por haber estado involucrado en la muerte accidental de varios turistas: está, por lo tanto y permanentemente, bajo la lupa de Asuntos Internos, aunque le salva que quien tiene a cargo sus informes es la psicóloga Beth Garner (Jeanne Tripplehorn), que ha mantenido con él una fogosa relación que cada tanto resurge.

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La investigación descubre que el fallecido tenía alguna relación sentimental esporádica con una escritora llamada Catherine Tramell (Sharon Stone) y no solo eso, sino que esta ha escrito una novela en la cual ocurre un asesinato exactamente igual. Desde ya que se convierte en blanco de las sospechas, pero también existe la posibilidad de que algún fan, en carácter de copycat, esté imitando los asesinatos de sus historias.

Desde el momento en que Curran entra en contacto con ella, queda subyugado y obsesionado por su personalidad: se trata de una mujer enigmática que tiene sexo tanto con hombres como con mujeres, lo cual introduce en la lista de sospechosos a posibles amantes despechados o despechadas. Tiene además tendencia a la hibristofilia, pues algunas de sus amistades y relaciones son con gente que, por ejemplo, ha estado en prisión por matar completa a su familia. Un encanto, digamos, aunque Catherine lo justifica diciendo que recurre a esas personas en busca de ideas para sus historias.

Absolutamente segura de sí misma, se vale de su sensualidad como arma de seducción pero también de manipulación y demuestra especial percepción para descubrir conflictos y traumas reprimidos en aquellos con quienes se relaciona, lo cual, obviamente, convierte también a Curran en uno de sus juguetes. Es además hábil al volante y amante de la velocidad, tanto que él la pierde cada vez que pretende seguirla.

El detective irá cayendo en una espiral de decadencia en la medida en que se vea atrapado en las redes de Catherine al punto de ya no controlar su propia vida: está fumando nuevamente, ha regresado al alcohol y se muestra particularmente salvaje y violento en sus relaciones sexuales con Beth, a quien somete prácticamente a un simulacro de violación.

Habrá nuevos crímenes, desde luego. Y las sospechas y testigos irán girando uno sobre el otro hasta un final que no contaré, pero en el que la verdad, al mejor estilo Ciudadano Kane, es revelada solo al espectador y en la escena final.

El Interrogatorio

Si en la reseña no he hecho referencia al interrogatorio policial, es porque merece tratamiento aparte. Sin esa escena y aun cuando en la misma no muera nadie, Instinto Básico sería como Psicosis sin la ducha.

Llevada a la seccional policial para ser interrogada, Catherine pone en marcha sus armas de manipulación para mantener a los interrogadores atentos a lo que ella quiere, del mismo modo que los prestidigitadores se valen de asistentes muy generosas en curvas para así distraer del truco a su audiencia. El cruce de piernas está, por cierto, entre las escenas más sensuales de Hollywood…

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Ojo: de Hollywood. Lo que en Estados Unidos podía sorprender y escandalizar, era ya moneda corriente en el cine europeo y ni qué hablar del de Verhoeven. Una mujer sin bragas hubiera pasado desapercibida en un filme de Bertolucci o Pasolini, pero cruzando el Atlántico era otro el cantar, aun cuando se tratara de una imagen muy fugaz.

En un interesante giro, el propio Curran es después sometido a un interrogatorio que es casi un calco: no porque se cruce de piernas, sino porque acaba prácticamente respondiendo las preguntas con frases idénticas a las que en su momento pronunciara Tramell. Después de todo, quizás ella no sea entonces tan culpable o, en su defecto, no lo sea más que él, con las muertes de su pasado a cuestas.

Lo que resulta curioso es que después de muchos años, Stone haya salido a decir que, en realidad, hizo la escena engañada: que le pidieron quitarse la ropa interior porque producía un reflejo que alteraba la imagen. Si fue así y lo creyó, es realmente ingenua, por mucho que después diga que se desencajó al ver la escena y abofeteó a Verhoeven.

Sin embargo, admite ella misma, terminó aprobando la escena porque trató de verlo con los ojos del director (no sé si su coño o qué) y se puso a pensar que, después de todo, estaba allí porque muchas actrices de primera línea se habían negado y no podía, por tanto, dejar pasar la oportunidad. O sea: entendió perfectamente que salir sin bragas podía darle un impulso definitivo a su carrera y lo del “engaño”, en tal contexto, no parece cuadrar demasiado. Parece más bien una declaración de “culpa a la distancia” en una época en que hay otra visión acerca del sexismo y la explotación de la mujer.

Verhoeven niega sus dichos. Admite que la escena no estaba en el guion y fue agregada sobre la marcha, pero ella siempre lo supo. Y si uno presta atención a los gestos y actitudes con que la actriz acompaña el cruce de piernas, no da impresión de no tener conciencia de lo que está ocurriendo en el set.

Erotismo a la Europea

Haciendo extensivo lo dicho sobre el interrogatorio, todo el filme está dotado de una atmósfera sexual que (siempre hablando del contexto americano) va al límite. Verhoeven no se contenta con que Catherine se acueste con mujeres: además lo muestra. Y si va a recrear escenas sexuales, que los cuerpos se vean nítidos en su desnudez: nada de oscuridad o escenas borrosas, sino todo perfectamente visible.

De algún modo, se puede definir al filme como neo-noir, ya que toma mucho elementos del noir clásico, pero los lleva más allá: también aquí hay femme fatales, pero en lugar de fumar de boquilla mientras miran de reojo bajo el ala de sus sombreros, van sin anestesia hacia el contacto carnal.

No es que no hubiera antecedentes: ya en 1980 Brian De Palma iniciaba Vestida para Matar exhibiendo sin tapujo alguno el cuerpo de Angie Dickinson y deteniéndose casi con impudicia en pezones y vello púbico. Pero sus filmes, justamente, se llevaban al principio pésimo con la crítica y las más de las veces eran arrojados al cesto de “basura B” para esperar muchos años a ser finalmente reconocidos. Además De Palma, después de todo, era bien consciente de no estar haciendo filmes “mainstream”.

Son en cambio otros los tiempos y la intención que caben a Verhoeven en Instinto Básico, pues lo que quiere es, justamente, subir la vara del “mainstream” hollywoodense. Y lo logra, al menos hasta donde puede: se había propuesto, de hecho, que la película fuera la primera de Hollywood en mostrar un pene erecto, pero fue demasiado para los productores y debió contentarse con el bastante cuadrado y poco estético culo de Douglas.

Y ya que hablamos del actor, no salió indemne de esta. Ya su personaje tenía mucho de sí mismo, particularmente en cuanto a la adicción al alcohol e incluso a las drogas, pero después de rodar Instinto Básico, sumó una nueva: el sexo. Ignoro si habrá sido en parte estrategia de marketing, pero llegó a ser internado por “descontrol sexual”, algo así como que el miembro esté permanentemente erecto y nunca caiga. Todo ello le devino (paradójicamente) en separación e incluso manifestó después haber contraído cáncer por el exceso de sexo oral sin protección alguna.

En cuanto a Sharon, quedó inmediatamente convertida en ícono sexual y de algún modo desplazó de su sitial a Kim Basinger que, irónicamente, había sido la primera a quien se le ofreció el papel. No deja de resultar llamativo, pues para ese entonces la Stone tenía ya treinta y cuatro años, edad que en el cine suele ya ser de ocaso para los sex-symbols.

Pero el papel en Instinto Básico dio impulso definitivo a su carrera y es muy meritorio que, a pesar de ello, no se haya resignado a ser solo imagen: es cierto que está increíblemente hermosa en Acosada, El Especialista o Rápida y Mortal, pero también muestra una interesante evolución actoral que le valdría unos años después ser nominada para el Oscar por Casino, de Martin Scorsese.

Homenajes a Granel

Cuando vi por primera vez la película, yo estaba bastante fanatizado con Hitchcock y De Palma. Cuánto me sorprende entonces no haberme dado cuenta de la cantidad de homenajes a ambos que contiene. Supongo que estaría tan obsesionado y encerrado en mi prejuicio contra el “Verhoeven hollywoodense” que no vi nada más…

Tanto Hitchcock como De Palma (su mejor discípulo, por cierto), están presentes en homenajes como la peluca rubia, el mirador con vistas al convulsionado mar, escenas en ascensores o en duchas y ataques furiosos e intempestivos con notas estridentes de fondo. Se nos cruzan por allí imágenes de Psicosis, La Ventana Indiscreta, Doble Cuerpo o la ya mencionada Vestida para Matar.

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La música de Jerry Godsmith, está también impregnada de fuerte sentido retro, con un uso de cuerdas y vientos que nos transporta al cine noir de los cuarenta y cincuenta, confirmando así el tono neo-noir de que antes habláramos. Eso sí: el leitmotiv principal, bien icónico, se repite tanto que en cierto momento puede producir algo de hartazgo.

Por último en cuanto a homenajes, casi nadie se dio cuenta de que las escenas de persecución callejera que involucran a Michael Douglas rinden claro tributo a Las Calles de San Francisco, serie que lo lanzara al estrellato y cuya acción transcurría, de hecho y como su título lo indica, en la misma ciudad.

Valoración y Legado

Vamos primero a las pegas de la película, que las tiene. La principal: en ningún momento vemos a Catherine escribir y se supone que es una novelista exitosa. Se la ve más bien de fiesta en fiesta o a la búsqueda de placeres libertinos, pero jamás escribiendo una sola línea: en un momento se le pregunta por su nuevo libro y, en lo que termina siendo casi un chiste, responde que “se está escribiendo solo”. Ya sobre el final, vemos a la máquina eléctrica repetir eternamente una misma frase por sí sola y de modo automático, pero sin nadie sentado a ella.

No deja de ser en parte cierto, por otra parte, que Verhoeven busca amoldarse al cine de Hollywood para encajar en él, como tampoco que, entre tanto homenaje, se desdibujan algo la personalidad y estilo que le hicieron identificable en la cinematografía europea. Pero, como hemos dicho antes, lo hace inyectando pequeñas dosis del mismo y, en tal sentido, Instinto Básico termina siendo prácticamente una llave de entrada que introduce algo de óxido y corrosión en el conservador y por momentos cerrado mundo del cine americano.

No estoy tan de acuerdo con quienes cuestionan el final, pues la película no es un whodunit en el sentido tradicional en que las pistas llevan al espectador de manera unívoca hacia la resolución del enigma. Tal como el filme acaba (y que no contaré), la idea es que hasta el razonamiento más perfecto puede llevar a una conclusión equivocada, o bien un mismo camino a dos conclusiones aparentemente contradictorias.

En su momento, grupos activistas del movimiento gay se quejaron precisamente del final. No diré cuál era su queja porque para ello debería justamente contarlo, pero viéndolo hoy parece un planteo injusto: el filme no deja bien parados ni a homosexuales, ni a bisexuales ni a heterosexuales, pues la idea que de fondo subyace es que la perversión y la violencia van por fuera de cualquier sexualidad…

Sharon Stone luce fantástica y da brillo propio al personaje, tanto que nos cuesta imaginarlo en la piel de otra. Y Michael Douglas siempre demuestra un don especial para encarnar a personajes que, sobrepasados por la situación, se van hundiendo en la mierda y no saben cómo salir de ella: lo había hecho en Atracción Fatal, lo volvería a hacer al otro año en Un Día de Furia (probablemente su mejor actuación) y, dos después, en Acoso.

El resto del elenco cumple, estando muy sólida Jeanne Tripplehorn como la psicóloga que se ve atrapada entre su amistad con Nick y su deber para con la institución policial (más una tercera arista que no quiero revelar), así como también George Dzundza interpretando a Gus, detective, amigo y confidente de Nick.

En definitiva, Instinto Básico es un thriller erótico de tono neo-noir que sigue luciendo bien después de más de tres décadas y que significó introducir casi de contrabando un toque de audacia en una cinematografía generalmente pacata.

No sería la última propuesta interesante o irreverente de Verhoeven para Hollywood. Unos años después dirigiría la injustamente vituperada Showgirls, que le hizo incluso acreedor del Premio Razzie como peor director. Para quienes no sepan de qué se trata tal “distinción”, digamos que es un anti-premio otorgado por gente que desconoce por completo el sentido de la ironía y, sin entender absolutamente nada, nominan como peores producciones a películas que no están hechas en serio.  De hecho, Verhoeven demostró estar años luz por encima de ellos al convertirse en la primera figura en presentarse a recibir el premio, camino luego imitado por otros.

No quiero hablar mucho más de Showgirls porque bien podría ser merecedora de retro-análisis, pero la otra digna película de Verhoeven para Hollywood fue Las Brigadas del Espacio, que venía a adaptar la tan famosa como polémica novela Starship Troopers del escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein.

Como dato curioso, Sharon Stone volvió a interpretar a Catherine Tramell en un breve cameo de El Último Gran Héroe en la que se la ve encender un cigarrillo mientras sale de la sede de policía a la que llegan Jack y Danny.  También, ya de manera más formal, en una olvidable secuela de 2006 en la que no estuvieron involucrados Paul Verhoeven ni Michael Douglas.

Quedará por preguntarse por qué ha desaparecido el thriller erótico y, como en la película, es difícil que haya una única respuesta. Se lo podría relacionar con las tendencias anti-sexismo tan en boga hoy en día, pero la realidad es que la decadencia del género comenzó bastante antes, diría en la segunda mitad de los noventa y, en ese sentido, es posible que Verhoeven haya llevado el género a un punto del cual ya no se podía pasar o, por lo menos, el cine americano no estaba dispuesto. En otras palabras, ¿se asustó Hollywood?…

De cualquier modo, no deja de ser cierto que el panorama actual hace impensable cualquier resurrección del género. Los extremos suelen tocarse y lo progresista puede terminar en conservador: hoy el solo sexo, por ejemplo, es confundido con sexismo y, por alguna razón, está permitido mostrar el trasero de un hombre pero no el de una mujer. Al menos, Instinto Básico mostraba los dos…

En fin, la invitación a redescubrir el filme queda hecha y quizás, quién les dice, les ocurra como a mí que les termine resultando mejor de cómo la recordaban. Gracias por leer y hasta la próxima. Sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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4 COMENTARIOS

  1. Hola, Rodolfo! Cuando vi esta película, que venía con la fama del aspecto erótico, me sorprendió la trama de thriller, bastante interesante. Como película de suspense funciona muy bien. Desconocía el casting previo de actrices, algunas podrían haber hecho un papel similar, como Kim Basinger, pero, como mencionas, cuesta mucho imaginarse a Julia Roberts. En cuanto la mítica escena del interrogatorio, combina muchos elementos, no es solo el cruce de piernas, es ver cómo la interrogada domina la situación frente al grupo de policías, cuando lo normal siempre es lo contrario, es el interrogado el que suda la gota gorda.
    Respecto al erotismo, no es que haya desaparecido en el género del thriller, es que ha desaparecido en todos los géneros. Ahora podemos ver escenas de sexo en según qué series o películas, pero erotismo no se ve por ningún lado y son cosas bien distintas. Hoy en día la sensualidad, sugerir más que enseñar, generar expectativas de forma gradual… todo eso ha desaparecido. ¿Por qué? Pues no lo sé. Pero es curioso que el por-no haya crecido tanto y el erotismo haya casi desaparecido.
    Por cierto, antes de Instinto Básico Sharon Stone ya se desmelenó en la película “Sangre y arena” (1989) que tenía escenas bastante subidas de tono, quizá el director también la engañó, vete a saber.
    ¡Saludos!

    • Hola Jama_Wan: gracias por comentar! Realmente acertada tu afirmación de que es el erotismo lo que desapareció; viéndolo así, la desaparición del thriller erótico es solo una arista de ello. Lamentablemente, existe hoy una tendencia a relacionar todo eso con sexismo y eso lleva a la autocensura de los realizadores.
      Tienes razón con lo de Sharon Stone en Sangre y Arena. Ufff, vi esa película en VHS y la tenía casi olvidada: versión de la novela de Vicente Blasco Ibáñez, una de las tantas. Y muy irónico lo de que quizás allí también la engañaron, jaja…
      Gracias por leer y por el valioso aporte de siempre. Hasta cualquier momento!!

  2. Estás siendo bastante desagradable criticando a Sharon Stone y la escena del cruce de piernas. Ella ha reconocido que pidió que por favor no emitieran la escena. Ingenua? Es una actriz joven delante de un equipo d grabación. Presión, ingenuidad… Las mujeres hemos vivido aceptando que nuestro cuerpo podía ser manejado al antojo de los gustos de los hombres. No lo entenderás ni querrás ponerte en nuestro lugar, pero por favor, no hagas esos comentarios. Por suerte, como dices, la visión del sexismo ha cambiado.

    • Hola, Angy: gracias por comentar.
      Pues, en efecto, la cuestión del sexismo ha cambiado y la sensación que me da es que Sharon Stone intentara encajar hoy en una postura que no tenía al momento de filmar la película. La prueba está en que no dijo nada durante casi tres décadas a pesar de ser una estrella altamente reconocida y tener peso propio como para hacerlo. No estemos tan a la defensiva porque no es ni mucho menos un comentario sobre las mujeres como sugieres, sino sobre el oportunismo de discurso según la época y eso es algo que no solo se puede ver en Sharon Stone sino en muchos actores y actrices de Hollywood. Me quedo, de hecho, con algo que tú misma dices: “las mujeres hemos vivido aceptando que nuestro cuerpo podía ser manejado al antojo de los gustos de los hombres”. Exacto. Y pregunto: ¿no es mejor entonces admitir eso en lugar de decir que no sabía cómo se vería la escena o que le hicieron creer que la ropa interior reflejaba la luz? Porque si realmente fue por eso, entonces no cabe otra palabra más que ingenuidad: no estamos hablando de Brooke Shields en El Lago Azul; Sharon no era una adolescente, sino que tenía treinta y cuatro años al filmar Instinto Básico y si bien no era la estrella que fue a partir de esa película, tenía ya una carrera detrás suyo y no estaba en la miseria.
      La impresión es que aceptó filmar algo de lo que luego se arrepintió, lo cual sería mucho más honesto admitir. De hecho, ella misma vuelve a cruzarse de piernas en la secuela de 2006 que prácticamente manejó a su antojo y utilizó esa misma imagen para promocionar la película. Si tanto le costó hacer esa escena como dice o tanto la traumó, ¿por qué repetirla y rendirle homenaje? No es un juicio de valor contra Sharon: simplemente creo que se arrepintió con el tiempo, no que fue engañada. Desde ya que es una cuestión interpretativa y puedo estar equivocado…
      Y no tengo absolutamente nada contra Sharon. Muy por el contrario, si sigues leyendo, habrás notado que le destaco el haber evolucionado como actriz en lugar de resignarse a ser una imagen: nada más lejano del discurso sexista que me adjudicas más allá de que, desde luego, respete absolutamente tu opinión.
      Un saludo y gracias por el aporte

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