InicioLibrosMeridiano de sangre, la novela más impactante del siglo XX.

Meridiano de sangre, la novela más impactante del siglo XX.

Cormac McCarthy, autor prolífico, deja tras de sí una enorme cantidad de obras. Nadie olvidará “La carretera” ni “No es país para viejos”.

Cormac es un universo propio. Frases esculpidas, casi poemas. Descripción hiperrealista de acciones. Léxico cuidado. Personajes arrojados a un mundo que ya no es suyo o que nunca lo será. Y la parábola. Pues no hay obra que pueda entenderse solo como divertimento; en todas hay un mensaje a cada cual más crudo.

ARGUMENTO

Meridiano de Sangre”, escrita en 1985, es violencia pura.  Cuarenta y un años después sigue viva. Perturbadora y filosófica, se ambienta en la frontera entre Estados Unidos y México. Es la época del Lejano Oeste: vaqueros e indios. Pero narrada de una manera brutal.

En este ambiente de violencia y gente sin piedad, un joven -nacido en la mayor de las inmundicias y arrebatado hasta de su nombre, pues nunca se lo dieron- ha de sobrevivir como sea. Ese ímpetu de supervivencia, sumado al azar, le llevará a unirse a un grupo de mercenarios que cazan indios.

El mismo se compone de personajes desprovistos toda humanidad, salvo destellos mínimos. O quizá esa es la verdadera humanidad: bestias bajo trajes divinos.

El lejano oeste de “Meridiano de Sangre” es más cercano al infierno de Dante en la “Divina Comedia” que a cualquier western que hayas visto de John Ford o Howard Hawks.

Para McCarthy es un mundo despiadado, donde la violencia se convierte en estructural. No hay buenos ni malos. Porque esos conceptos no son humanos. Lo humano es sobrevivir, y vivir un día más solo depende del exterminio del otro.

john ford
El director de cine John Ford

ANALÍZAME ESE LIBRO, COLEGA

Cormac McCarthy talla sus obras con un lenguaje cuidado; ya anunciábamos la preferencia culta del autor para describir los mayores horrores. Todo está narrado sin intermediarios morales.

La obra comienza con una narración rápida sobre la infancia de nuestro protagonista.  Sin embargo, evoluciona a una parte más descriptiva, componiendo escenas en las cuales veremos diferentes aventuras, todas descritas minuciosamente y creando encuentros incómodos con personajes oscuros y violentos.

Cada capítulo se convierte a su vez en un pequeño relato.  Cada uno contiene un elemento perturbador, inquietante, que hace que se rompa: con una acción totalmente inesperada o bien una charla filosófica que, sabemos, esconde algo aún desconocido para nosotros; o quizá sí conocido, pero a lo que no queríamos enfrentarnos.

La magia de este libro es que es tan duro, incómodo y brutal que parece que nada debiera estar ahí. Incluso así, el autor se saca un as de la manga y consigue que, dentro del infierno, sigan apareciendo elementos que nos incomodan todavía más.

Esta forma de narrar de Cormac McCarthy, dividiendo las escenas, adopta tres ritmos en la obra…

Una primera parte en la que se describen las acciones de los protagonistas en un ambiente brutal hasta cumplir una de sus misiones de caza de indios. Casi la mitad del libro consiste en llegar hasta esa caza, donde estalla la violencia. Pero la genialidad de McCarthy es que la misma ya está presente desde la primera página a través de la atmósfera.

En la segunda parte, todo es acción. Nos encontraremos matanza tras matanza; ahora la sensación de brutalidad llega desde la concatenación de acciones violentas. La sombra de los personajes se convierte en ríos de sangre.

Y la ultima parte del libro vuelve a un tono más pausado. Notamos aquí que el autor va cerrando la obra. No apuesta por una frase final que le dé sentido a todo, sino que se toma su tiempo para construirlo. Como dijo Albert Camus: hay que tallar palabras. Y como dijo Andréi Tarkosvki: hay que esculpir el tiempo.

Pues Cormac lo hace, y lo hace de una manera tan precisa que casi no lo percibimos. El ritmo, que se había convertido en un encabalgamiento abrupto, frena.  Respira, observa alrededor y nos da brochazos, advirtiéndonos que todavía algo sigue ahí. Es el final, y nos prepara para él. Hasta llegar a unas escenas clave que construirán el marco para entender el mensaje sin piedad que el autor tiene para nosotros.

Gran forma de construir un libro que contiene una de las ideas más brutales de la literatura.

EN RESUMEN.

La lectura es densa. Un lenguaje tan cuidado y la abundancia de descripciones de actos hacen que el lector deba entregarse a la obra. Si no, el avance lento de la primera parte puede facilitar que se abandone la lectura.

Pero ese pacto entre escritor y lector es fácil de aceptar. Todo es tan raro, tan incómodo, tan nuevamente brutal que no puedes dejar de mirar. Ese es el principal acierto de “Meridiano de Sangre”: su atmósfera, y ver todo lo que ya nos habían contado, pero ahora desde ojos nuevos. Y son unos ojos totalmente desquiciados.

El mensaje de la obra es accesible y no se vuelve hermético; no obstante, hará que nos sintamos desconcertados y desolados.

No tiene adaptación al cine, de momento, porque sería demasiado violenta. Pero quizá esa barbarie sea la realidad de nuestros días y la de los anteriores. Como dice el cómic “Dioses Mancos” en boca de su protagonista, el Capitán Maní: “Mira a tu alrededor, hoy día.  ¿Quién no es un hijoputa?”

Parece que ese día no acaba.

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