A los ochenta y ocho años y después de un largo proceso de deterioro de salud, nos dejó Alain Delon, icono del cine francés y mundial que actuó en casi cien películas, entre las que destacan A Pleno Sol, Rocco y sus Hermanos o El Gatopardo. En estos últimos tiempos había llegado incluso a pedir la eutanasia.
Fue para el cine francés y europeo el estereotipo del galán recio y seductor. Considerado en su momento como el hombre más atractivo del mundo, impuso, como James Dean, un tipo de personaje que lograría cautivar a millones de espectadores, siendo objeto de deseo para las mujeres y de envidia para los hombres. La infancia de Alain Delon, sin embargo, había estado lejos de ser envidiable y su entrada al mundo del cine fue más producto de la casualidad que de otra cosa. “Soy actor por accidente”, llegó a decir, aunque aclarando a la vez que “si no fuera actor, estaría muerto”.
Alain Fabien Maurice Marcel Delon Arnauld había nacido un 8 de noviembre de 1935 en Sceaux, Altos del Sena, hijo de un carnicero y sufriendo a los cuatro años el divorcio de sus padres, lo que le obligó a vivir con distintas familias postizas. Su perfil de “enfant terrible” le hizo recorrer distintos colegios e instituciones religiosas en donde sus padres adoptivos de ocasión creyeron ingenuamente que le reencaminarían, pero la realidad fue que terminó expulsado de un lugar tras otro.
Enrolándose en el ejército francés, sirvió como paracaidistas durante la guerra de Indochina (prólogo de la de Vietnam), siendo a su regreso y tras la derrota, ocultado con vergüenza por el gobierno como tantos, a la vez que rechazado por las nuevas generaciones que, en prólogo a lo que la contracultura juvenil de finales de los sesenta, comenzaban a ver al colonialismo como un cáncer del pasado.
Durante esos años se desempeñó como jornalero, tendero y carnicero hasta que quisieron su suerte y belleza física que fuera casualmente descubierto por la actriz Brigitte Auber, quien, diez años mayor que él, no solo entabló una relación sino que además le llevó al Festival de Cannes, en donde fue descubierto por el productor estadounidense David O. Selznick, que quiso llevarlo a Hollywood, pero el director Yves Allégret le ganó de mano…
Fe así como Alain debutó en Quand la femme s’en mêle (1957), donde interpretaba a un matón al que el dueño de un club nocturno encargaba hacerse cargo del amante de su esposa. “Sé tú: no actúes” fue el consejo de Allégret que Delon llevaría a la práctica durante toda su carrera.

Pero su papel consagratorio lo tendría al otro año con Amoríos (Pierre Gaspard-Huit, 1958), en donde compartiría cartel con la legendaria actriz austríaca Romy Schneider, iniciando con ella una relación de cinco años a la que definiría más tarde como “el amor de mi vida” (aunque también como “chica aburrida y caprichosa”) hasta que le dio corte final con una nota diciendo que se iba con Nathalie Barthélemy, a la cual había conocido el año anterior en una discoteca y que sería más tarde Nathalie Delon.
En los años que siguieron, llegaron papeles clave en películas icónicas como A Pleno Sol (René Clement, 1960), Rocco y sus Hermanos (Luchino Visconti, 1960), El Eclipse (Michelangelo Antonioni, 1962), El Gatopardo (Luchino Visconti, 1963), El Tulipán Negro (Christian-Jacque, 1964), ¿Arde París? (René Clement, 1966), El Silencio de un Hombre (Jean Pierre Melville, 1966), Tres Aventureros (Robert Enrico, 1967), El Clan de los Sicilianos (Henri Verneuil, 1969) o La Piscina (Jacques Deray, 1969), en donde, curiosamente y alimentando el morbo general, volvía a compartir cartel con Romy Schneider.

Los años setenta le vieron mayormente volcado al cine de acción o al western, como en Sol Rojo (Terence Young, 1971) e interpretando incluso a Don Diego de la Vega en El Zorro (Duccio Tessari, 1975), la cual fue un gran éxito de taquilla en Europa y América Latina, además de integrar Alain, por si quieren echarle un vistazo, mi listado de diez reconocidos actores que interpretaron al Zorro.
Para los ochenta, su figura de seductor entró lógicamente en declive ante galanes más jovenes, no obstante lo cual siempre siguió actuando e incluso se hizo acreedor del Premio César (máxima distinción del cine francés) por el filme Nuestra Historia (Bertrand Blier, 1984). En lo personal, recomiendo siempre No despierten al Policía Dormido (José Pinheiro, 1988), a la cual incluyo en mi listado de las quince mejores películas sobre corrupción policial que, si no han leído, les invito a echar un vistazo.
Y en las décadas que siguieron interpretó a Giacomo Casanova (personaje que ya había sido antes interpretado por Donald Sutherland y Marcello Mastroianni) en El Regreso de Casanova (Edouard Niermans, 1992) o a Julio César en Astérix en los Juegos Olímpicos (Frederic Forestier y Thomas Langmann, 2008). E incluso apareció haciendo de sí mismo en filmes como Las Cien y Una Noches (Agnés Varda, 1995) o Toute Ressemblance (Michel Denisot, 2019), que sería su última participación cinematográfica.

Y no olvidemos su faceta de cantante, que le valió un gran éxito con el tema Laetitia que, incluido en la banda sonora de Tres Aventureros, tiene una de las melodías despreocupadamente silbadas más famosas en la historia de la música (se los dejo abajo). O la versión en francés del clásico italiano Parole, Parole, que interpretó junto a Dalida y tuvo también gran suceso.
Las mujeres, por supuesto, fueron parte importantísima de su vida. “Por ellas siempre quise ser el más grande, el más guapo y el más fuerte”, llegó a escribir en su autobiografía de 2011. Además de las ya mencionadas Brigitte Auber, Romy Schneider o Nathalie Delon (única que lo llevó al altar), también pasaron por allí Mireille Darc, Rosalie Van Breemen, Anne Parillaud o la cantante alemana Nico, musa de Andy Warhol.
En cambio, la supuesta relación con Brigitte Bardot, que alimentó por décadas fantasías en revistas del corazón, fue siempre definida por ambos como platónica. Alguna vez, Alain declaró que solo se enamoró de verdad tres veces en su vida, aunque no dio nombres. Me permito arriesgar: Romy, Nathalie, Mireille…
Entre sus grandes amigos cabe mencionar a Jean-Paul Belmondo, otro gran icono del cine francés cuya muerte, ocurrida en 2021, fue un durísimo golpe para él y para su ya muy deteriorada salud, que venía de un ACV en 2019. Por esos días llegó a declarar que quería morir y las fotografías en que se lo veía muy avejentado y moviéndose con dos bastones causaron gran impacto en el mundo.
Otro de sus grandes amigos fue el boxeador argentino Carlos Monzón, a quien incluso visitó en 1993 en el penal de Santa Fe en que el ex púgil campeón del mundo se hallaba recluido tras ser condenado por el asesinato de su esposa (ese mismo año recibió también la visita de Mickey Rourke).
A los ochenta y ocho años y tras una historia de acusaciones cruzadas entre sus hijos y herederos que involucraron también a la asistente que convivió con él durante el último tiempo, el legendario actor fallecio ayer en su residencia de Douchy, adonde se había instalado algunos años atrás diciendo literalmente que quería ser enterrado allí.
Queda detrás de sí un gran legado y un carácter de icono del cual ya no quedan muchos ejemplos porque los tiempos para los galanes rudos han cambiado, habrá que ver si para bien o para mal. Hasta siempre, Alain, gracias por tantos buenos momentos. Te vamos a extrañar…




