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Análisis de El Instituto. Temporada 1. Episodio 8. Final de Temporada

Y llegamos al cierre de la primera temporada de El Instituto con un capítulo final que cierra unos cuantos interrogantes, pero deja abiertos otros para la ya confirmada segunda temporada. La serie, creada por Benjamin Cavell y basada en la novela homónima de Stephen King, es emitida por MGM+.

Bienvenidos a nuestro último encuentro del año con El Instituto, cuyo octavo episodio titulado Lucha da cierre a la primera temporada con la noticia de que tenemos confirmada segunda, lo cual nos produce por un lado alegría pero por otro algo de preocupación al no haber un libro de Stephen King continuando la historia. ¿Estarán pues los escritores a la altura del desafío? Un capítulo, por otra parte, que nos revela que el instituto pareciera ser algo más grande de lo que a primera vista vemos, pues estamos ante una organización de alcance mundial y el de Maine no es el único.

Pero pasemos ya a ver qué nos ha dejado este episodio que vuelve a contar (como el anterior y los dos primeros) con la dirección de Jack Bender. Cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

Noche de Bengalas

Retomamos donde habíamos quedado, con Sigsby esposada en la seccional de policía mientras Luke le recrimina el usar a los niños para cometer crímenes y ella se vuelve a justificar en la necesidad de salvar el mundo, para lo cual se requiere que los mismos sean capaces de desarrollar la mayor habilidad de todas, que es la precognición.

En el instituto, y apurando las cosas, Stackhouse ha decidido que Avery sea quien dirija la función de “cine” en la noche de las bengalas. Hendricks, como durante toda la temporada, está muerto de miedo: lo ve demasiado prematuro y más cuando el niño viene de pasar por la prueba del tanque, a la cual tampoco estuvo de acuerdo en someterle. Dice que su poder es demasiado fuerte y no sabe cómo podría acabar la cosa pero, a la larga (y también como durante toda la temporada), lo que se hace no es lo que él dice…

Mientras oímos los pensamientos del niño decir que no habrá más funciones después de esa, Hendricks le anuncia como conductor ante el resto, a quienes les destaca que pronto estará en su casa, lo cual ya largamente sabemos que no es cierto.

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En la pantalla vemos un auto por un peligroso camino de montaña desde la perspectiva de su conductor. En el asiento trasero viaja una mujer que será seguramente la próxima víctima y piden a Luke que se concentre en el comando del vehículo. Apenas lo hace, Luke comienza en la seccional a retorcerse y convulsionar ante la preocupada mirada de Tim y Wendy. Claramente, está conectado con Avery…

Tim urge a largarse para llevar el caso de Luke a la justicia, pero este objeta que no podrá ayudar al resto si se aleja y quiere regresar al instituto. Wendy no está de acuerdo y tampoco Tim, que duda de que la conexión con Avery sea real o solo alucinación postraumática de Luke. Sin embargo, termina por creerle…

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Gas Cloro

En la sala de proyección y como es costumbre, todos mantienen sus ojos cerrados a excepción de Avery en su rol de conductor, tanto del auto en pantalla como de la función. De pronto algo cambia y se establece entre todos una conexión que les hace tomarse las manos mientras suenan voces mentales mezcladas, algunas de ellas en otros idiomas, lo cual evidencia que no hay un único instituto y Avery ha logrado establecer contacto con internos de otras partes del mundo.

Viendo la escena, un desesperado Stackhouse ve el reloj correr y sabe que el tiempo para cometer el crimen programado se agota. Tony recurre a su aturdidor eléctrico y Nicky le pregunta si alguna vez sintió curiosidad de saber qué sabor tiene. De repente, Tony no puede controlar su mano, que sube hacia su rostro hasta introducirle en la boca el aturdidor y provocarle una violenta descarga que lo acaba dejando inerte. Ya era hora: nos gustó…

La sala se sacude y los niños tienen ahora el control de la misma. Kalisha insta a Avery a salir, pero este le dice que necesitan más poder, por lo que se dirigen a la sala de recuperación, en la cual los niños gorkeados han despertado y no solo asesinado sino también desmembrado a su cuidadora (tampoco estuvo mal), a la que así encuentran al entrar Avery y el resto.

Unidos ambos grupos, escapan por los túneles, por lo que Stackhouse da orden de cortar la energía para que no puedan abrir la última puerta, así como a sus matones de rociar el lugar con gas cloro, el cual, al entrar en contacto con el agua, provocará sobre los niños una fatal lluvia de ácido. En ese momento, suena el teléfono de Stackhouse y él cree que se trata de Sigsby pero, para su sorpresa, es Luke desde el móvil de esta…

Stackhouse intenta convencerlo de que se entregue y, para convencerlo, le anoticia de que están por gasear al resto de los niños. Luke replica que ha visto las chimeneas y sabe que los matarán de todas formas, a lo que Stackhouse repone que no necesariamente tiene que ser así, pues no es ese el destino de los PC y él tiene altas posibilidades de serlo. Luke pregunta entonces qué pasará con el resto y Stackhouse responde que se puede negociar si se presenta voluntariamente. El muchacho acepta y corta la comunicación mientras Tim y Wendy le advierten desesperados que es una trampa. Él ya lo sabe…

Condenados

El punto de encuentro es el puente de entrada al instituto. Tim se baja del vehículo y exige a Stackhouse la liberación de los niños antes que nada, pero este no ha ido a negociar sino a atrapar al muchacho, por lo que los guardias apresan a Tim y van al auto por el joven. Sin embargo, al quitarle la capucha, descubren que no es él sino Wendy.

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Sigsby, ahora liberada, les anoticia a viva voz de que el joven se bajó del auto y debe estar en las cercanías, tras lo cual va a hablar con Hendricks y, furiosa, se entera de este que no solo cedió estúpidamente ante Stackhouse para llevar a Avery al tanque (lo cual al parecer potenció sus poderes), sino que además dio aviso a sus superiores, lo cual se condice con que momentos antes viéramos al misterioso “hombre del teléfono” observando por los monitores el encuentro del puente.

Le espeta que Stackhouse, con tal de salvarse, lo terminará entregando como responsable del desastre, a lo que Hendricks replica, con poca convicción, que es importante para el proyecto y lo necesitan. Sigsby, contrariamente, sabe que ya todos están condenados y su cabeza acabará también rodando.  Instantes después, de hecho, envía en privado un mensaje a la cuidadora de su anciano padre para que le dé a el mensaje de que no volverá por un tiempo…

Sacrificio Final

Luke llega hasta la valla del instituto y, repitiendo método canino, pasa por debajo. Consigue llegar a los túneles y encontrarse con Avery y los niños, tras lo cual, sumándoles ahora su telequinesis, logran doblar y hacer ceder la puerta.

Cuando llega el momento de huir, sin embargo, Avery dice que se quedará allí con los ex gorkeados, pues no pueden salir y él solo es útil quedándose con ellos. Quiere acabar con el instituto de una vez por todas y siente que solo puede hacerlo desde adentro…

Su decisión, desde luego, mortifica a Luke, pero termina aceptándola con resignación y, junto a Kalisha y Nicky, pasan a buscar a George (que nunca se enteró de nada) y salen fuera del instituto mientras la mampostería comienzan a resquebrajarse ante la aterrada mirada de Stackhouse, que termina muriendo aplastado… y está bien. Destino semejante cabe a Hendricks… y también está bien.

Desde afuera, Luke y los demás se suman al concierto telequinético y la estructura completa del instituto se eleva por los aires y permanece suspendida como en una pintura de Magritte para luego desplomarse pesadamente y destruirse por completo.

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El “hombre del teléfono” ve la escena mientras bebe y llama a alguien para ordenar que limpien todo y no dejen rastro. Por primera vez vemos su rostro, que termina siendo el del veterano actor Jeff Fahey (Silverado, Machete, Perdidos). Como desentendiéndose del asunto, este sale al patio a jugar con sus nietos en imagen escalofriante de tan contradictoria…

A todo esto, vemos a Sigsby haciendo autostop en la carretera, lo cual nos pone al tanto de que logró escapar al desastre. Una camioneta se detiene a recogerla y, cuando se sube a la misma, notamos que lleva consigo aquella memoria USB que Maureen entregara en su momento a Luke y de la que después perdiéramos el rastro.

En las cercanías del derrumbado instituto, Luke y el resto se encuentran con Tim y Wendy, quienes lograron liberarse de sus guardias en medio del desmadre. Tras las debidas presentaciones del caso, les ponen al corriente del triste final de Avery y los demás. Apesadumbrado, pero a la vez urgido, Tim dice que deben salir pronto de allí, aunque no hacia dónde. Consultado al respecto por Luke, manifiesta tener un plan, peo este le replica que es así. Tim lo mira con fastidio y le ordena que salga de su cabeza…

Balance de Temporada

Y se nos fue la primera temporada de El Instituto. Debo admitir que de los últimos cuatro capítulos, el de cierre fue el que menos me gustó, lo cual no es lo mismo que decir que no me haya gustado ni tan siquiera que haya sido el más flojo de la temporada; algunos de los primeros se quedaron a mi juicio por debajo. Pero, en líneas generales, la serie ha ido de menor a mayor y, de hecho, me llevó a leer el libro, casi lo mejor que puede pasarle a una adaptación.

Y el comenzar a leerlo con el visionado de la serie ya iniciado me hizo advertir algunas diferencias clave que ahora veo que van muy ligadas a mis primeras impresiones de la misma. Yo comentaba en mi primer análisis, por ejemplo, que no terminaba de ver a Luke como un genio que justificase su reclutamiento por parte del instituto. Finalizar una evaluación mucho antes que sus compañeros es algo que hacen unos cuantos de mis alumnos y (por suerte) nadie los ha venido a reclutar: que así siga siendo…

Pero, claro, en la novela el protagonista tiene doce años y supera en las pruebas a estudiantes universitarios que lo doblan en edad: allí tiene sentido. En la serie, se supone que Luke tiene catorce y si además le sumamos que está interpretado por Joe Freeman (19), todo queda trastocado y no produce el mismo impacto.

Más aún: me fue imposible quitar de mi mente el rostro del joven actor cuando leía la novela y, por más que quería imaginar un niño de doce años, ya no podía. Supongo que a muchos les habrá pasado lo mismo con su padre (Martin Freeman), cuyo rostro hayan probablemente ligado al de Bilbo Bolsón si leyeron El Hobbit con las películas de Peter Jackson ya vistas.

También hay en el libro un tono más violento: el secuestro y asesinato de los padres de Luke es allí un momento terrible y traumático, además de ocurrir ambos hechos a un mismo tiempo, mientras que aquí nos enteramos de la muerte de estos bastante después y en off. Supongo que habrán considerado que de la otra forma era demasiado oscuro, pero también que si convertían en asesina a Michelle, no nos daría después ninguna lástima su arrepentimiento ni mucho menos su muerte a manos de la traicionera Kate.

El instituto, por otra parte, es en la novela un concepto bastante más amplio que el que se puede apreciar en la serie. Se me ocurre que, al estar la misma producida por una plataforma nueva y con los temores que ello implica, los presupuestos no habrán estado a la altura de lo que la adaptación requería, lo cual se notó especialmente en este último capítulo: creo que allí está en parte la razón de que me haya gustado menos que los tres anteriores, que no requirieron tanta pompa en efectos.

Pero ojo: la serie tiene sus virtudes, comenzando por el gran trío actoral al frente. Joe Freeman me hizo olvidar por momentos la diferencia de edad con el personaje original y Ben Barnes ha estado magnífico como el policía honesto que carga con un estigma del pasado y que, citando a Pete Townshend, “se compromete con un coraje que no está seguro de poseer”. En cuanto a Mary-Louise Parker, no necesita ya para esta altura demostrar su talento interpretativo y la aparición de Jeff Fahey sobre el final es una grata sorpresa que agrega un condimento extra a la segunda temporada.

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A propósito de los dos últimos, uno de los méritos de este capítulo final ha sido mostrar a los personajes en sus contradicciones, lo que no los hace buenos ni mucho menos, pero sí interesantes.  La misma que asesina sin culpa a niños en el instituto es quien deja un sentido mensaje de despedida para su anciano padre. Y el mismo que da telefónicamente la orden de asesinarlos (aunque todavía no sabemos quién o qué está detrás, ni qué tan grande pueda ser) es el querible abuelo que juega luego con sus nietos. Me vino la imagen de Don Corleone acariciando a su gatito o jugando con su nieto en el huerto de tomates

En ese sentido, la serie ha terminado por dar más matices a algunos de sus villanos que a los buenos. Ya he hablado varias veces, por cierto, de la excesiva corrección de Tim, a quien no estaría mál ver algo más podrido en la próxima temporada. En cuanto a Wendy, acaba siendo un personaje casi innecesario e igual de anodino que la actuación de Hannah Galway. Creo que lo único bueno que hizo fue echarse encima la capucha de Luke…

Y nos rompe el corazón, por supuesto, el sacrificio de Avery. También el de los demás niños, desde ya, pero no les conocimos tanto y de algún modo ya les dábamos por muertos: lo suyo fue más bien un plus de vida que les vino de obsequio para terminar de ajustar cuentas, aunque no entendí por qué no pueden salir del instituto o por qué no podían hacer eso mismo que hicieron desde afuera. Claramente, este capítulo final no ha respondido todas las preguntas

También aparece todavía difusa la organización internacional que nuclea a los distintos institutos a lo largo del mundo. Un concepto que, por cierto, hace helar la sangre y ya hemos hablado de cuán corrosiva nos es la simple idea de asesinar niños en pos de un supuesto bien mayor. Remueve nuestra moral y lleva a dilemas éticos, siendo bueno que la serie no haya buscado evadir ese tono incómodo y provocador al adaptar la novela.

¿Y qué esperar de la segunda temporada? Bueno, el primer problema, como hemos dicho, es que no tenemos libro. Se nota, eso sí, que han buscado dejar al final de la serie más puntas abiertas que a la novela, lo cual puede ser otra de las razones de que el capítulo de cierre no haya tenido tanta fuerza.

¿Hacia dónde irán Luke y el resto? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué ocurrirá con Sigsby, quien se ha fugado con la memoria USB? ¿Irá contra el instituto ahora que se sabe prácticamente condenada? Se hace raro pensar en una alianza con Luke y Tim, idea hasta aquí repulsiva. Pero ya se sabe que en la guerra el enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo, así que puede terminar ocurriendo que acaben colaborando en la medida en que ella les sea útil a los demás y viceversa…

Todas preguntas y cuestiones que, esperamos, una segunda temporada pueda resolver, pero que, por sobre todo, sea capaz de contarnos una historia tan atractiva y llena de intriga como lo hizo la primera. Suena difícil al no haber libro, pero ojalá el maestro King esté lo suficientemente cerca de los responsables para hacerles de guía. Mientras tanto, El Instituto nos ha dado una primera temporada que ha cumplido con creces y nos deja expectantes, más allá de que el cierre no haya sido perfecto

Les espero aquí para analizar la segunda cuando sea que llegue. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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