Retro-análisis: Silverado (1985)

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“Quizás ha estado en el oeste pero jamás ha estado en Silverado”. Así rezaba la publicidad de la película estrenada en 1985, un año que se caracterizó por el estreno de cintas que quedarían grabadas a fuego en el imaginario colectivo. Entre Los Goonies, Regreso al futuro, El secreto de la pirámide o El club de los cinco, ese año tuvimos dos westerns de categoría.

Uno fue El jinete pálido, con Clint Eastwood (cuyo legado al western analizamos aquí) anticipando lo que sería Sin perdón (incluida en nuestro top de películas western de 1990 a 2018), su obra maestra; el otro fue Silverado, una propuesta totalmente diferente, de manos de un Lawrence Kasdan que por aquella época andaba empeñado en revitalizar todos los géneros que se le ponían a tiro. Ojo al trailer porque es ochentero hasta decir basta. Parece que estamos ante una comedia de esas que Marvel disfraza de superhéroes y nada más lejos de la realidad. Eran los 80, amigo.

El argumento

Aunque podríamos decir que es una película coral, el argumento se centra principalmente en cuatro personajes, cuatro pistoleros que han tenido sus más y sus menos con la justicia pero con su brújula moral intacta, interpretados por Scott Glenn, Kevin Kline, Danny Glover y un jovencísimo Kevin Costner. Por azares del oeste, los cuatro acaban confluyendo en el pueblo de Silverado, donde un sheriff corrupto y un cacique sin escrúpulos campan a sus anchas. Las viejas rencillas y las antiguas enemistades entre unos y otros, acabarán por desembocar en el inevitable duelo final, que lógicamente pondrá las cosas en su sitio.

Y es que Silverado está repleto de inevitables: el inevitable pistolero que ha cumplido condena injustamente (Scott Glenn), su inevitable hermano, algo locuelo y cabeza hueca (Kevin Costner en su personaje más optimista y alegre), el inevitable vaquero que regresa al hogar para descubrir que el mundo no es justo (Danny Glover) y el inevitable pistolero misterioso (Kevin Kline), ese que no sabes si sube o si baja la escalera, aunque al final acabará por decantarse del lado correcto.

Tampoco faltan las inevitables persecuciones, el inevitable robo, los inevitables duelos… tan sólo faltaron los indios, que se quedaron fuera porque la escena salía cara. El mérito de mezclarlo todo con acierto estuvo en el director, Lawrence Kasdan, quien a base de diálogos ingeniosos, escenas clásicas con un nuevo enfoque y movimientos de cámara que no eran los habituales del género (travellings por aquí, zooms por allá), consiguió, en una sola película y bebiendo directamente de los clásicos, modernizar un género que andaba de capa caída.

Para muestra la excelente escena inicial, con Scott Glenn refugiado en una cabaña y enfrentándose a pistoleros que nunca llegamos a ver, tan sólo el primero, que entra por la puerta para caer fulminado. A medida que acaba con ellos, el personaje de Emmet abre agujeros de bala en las paredes, dejando entrar la luz en una estancia que estaba casi a oscuras; cuando acaba, sale al exterior y la cámara le sigue, ampliando la imagen con ese paisaje del oeste y el título de la película impreso. Entre medias, ese imagen del rifle volando hasta caer en manos de Emmet ya nos indica que esto no va a ser lo de siempre. Si eso no es puro cine, ya no se qué es.

Modernizando, que algo queda

No era la primera vez. Lawrence Kasdan ya había puesto al día, aunque fuese como guionista, el cine de aventuras (En busca del arca perdida) y la space opera (El Imperio Contraataca); como director había hecho lo mismo con el género negro (Fuego en el cuerpo) y aquí hacía lo propio con el western. Parecía que quería mostrar el camino a seguir, que se podía hacer cine de género sin estar anclado en el pasado. A diferencia de Eastwood, que ese mismo año se marcó un western de corte más psicológico y oscuro y acabaría por dar el pistoletazo de salida al western crepuscular, Kasdan buscó la diversión por la diversión, la aventura por la aventura, la épica del género a base de personajes de una pieza y grandes paisajes de esos que tan bien quedan en pantalla grande. Silverado es una de esas películas que encajan en lo que podríamos llamar “películas que nunca te cansas de ver”.

Como ya hemos señalado, son cuatro los protagonistas principales, uno de ellos una incipiente estrella, pero todos grandes actores. Kevin Kline ya había trabajado con Kasdan en Reencuentro y años después ganaría el Oscar a mejor secundario por Un pez llamado Wanda; Danny Glover, dos años después, co-protagonizaría Arma Letal; Scott Glenn venía de pegar el pelotazo con Elegidos para la gloria y acabaría por ser el jefe de Jodie Foster en El silencio de los corderos; a Kevin Costner ya lo conocemos todos y repetiría lo del oeste en varias películas, incluida Wyatt Earp con Kasdan. A ellos se les sumaron Brian Dennehy como el villano, John Cleese, Jeff Goldblum, Linda Hunt y Rosanna Arquette.

Precisamente el personaje de Rosanna Arquette es el que queda más desdibujado. Su historia de amor a tres bandas con los personajes encarnados por Glenn y Kline se quedó en gran parte en la sala de montaje. Las presiones del estudio llevaron a un recorte brutal en la cinta, que pasó de un primer montaje de 170 minutos a otro más convencional, de unas dos horas. ¿Para cuándoo un Director’s Cut? Si Zack Snyder puede (y no debería poder porque de cine va justito), Lawrence Kasdan, mucho mejor director, debería tener derecho. Es por ese recorte que se nota un brusco cambio en la historia, el que media entre el asalto de los pistoleros del cacique al campamento de colonos y el enfrentamiento en el salón entre Kevin Costner y el ayudante del sheriff. Aquí se nota la historia algo cortada, pasando de una escena a otra sin una explicación de qué ha pasado entre medias. Sorprendentemente, deja de tener importancia porque a esas alturas ya estamos todos enganchados y es entonces cuando los acontecimientos empiezan a precipitarse hacia el final.

Nivel de envejecimiento

No existe. A pesar de ese fallo en cuanto a la historia (no achacable directamente a Kasdan) Silverado es un clásico por méritos propios. Es una película que se eleva por encima de sus contemporáneas, enfocada a un público adulto y buscando la incorporación de nuevos seguidores al género. Como ya he dicho, tiene la virtud de que se puede ver una y otra vez y nunca cansa. Muy pocos consiguen eso.

“Volveremos”, gritaba Kevin Costner al final pero no pudo ser. Silverado fue un oasis en el desierto. Nadie continuó la propuesta de Kasdan, ni siquiera el propio Kevin Costner, que volvería al género mucho más serio y formal. Terminamos señalando la última pieza que faltaba para conseguir que Silverado sea ese clásico que es, la impresionante banda sonora compuesta por Bruce Broughton, quien perdió el Oscar frente a John Barry por la empalagosa banda sonora de Memorias de África. Broughton consiguió una música que resaltaba todas y cada una de las imágenes de la cinta, por si la épica de Kasdan no era suficiente. Con ella os dejo. Escuchadla por sí sola, sin ver el infumable trailer de la película que he puesto al principio y veréis la diferencia. La película está disponible entre el inmenso catálogo de Netflix. Un saludo y sed felices.



el autor

Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

5 comentarios

  1. Buenas, al igual que tu anterior retro reseña, tras el corazón verde, esta película también me encantó, es un clásico del género y uno de los mejores westerns de la década en una década donde no hubieron muchos westerns, el jinete pálido, las dos de arma joven y poco más. Con una gran dirección de Lawrence kasdan, que repetiría en la también genial Wyatt Earp, un reparto de lujo, muy buen ritmo y buenas escenas de acción en un western que ha envejecido muy bien y que es de obligado visionado para cualquier amante del género.

    • Pedro Pérez S. el

      Hola Sergio. Coincido en todo, sobre todo en que Wyatt Earp es un western genial, a reivindicar, que cuando se estrenó recibió algunos palos. Gracias por leernos y un abrazo.

      • Rodolfo Del Bene el

        Wyatt Earp es buenísima! El problema es que para esa época los críticos estaban en guerra con Costner por algún entredicho que habían tenido y no le perdonaban una. Como pasó con Waterworld, que estuvo lejos de ser una gran película pero tampoco el desastre abominable que pretendieron presentar. Cuando la prensa norteamericana se ensaña con un actor por algo, llega a ser implacable y funcionan de modo muy corporativo: hoy en día, por ejemplo, tienen por deporte pegarle a Tom Cruise no importa lo que haga. La razón es que a cada uno que le quiere hacer una entrevista lo obliga a presenciar antes una charla de cuatro horas sobre la iglesia cientológica.
        Sí, ya sé… me fui un poco de tema pero de algún modo venía a cuento de las exageradas malas críticas recibidas por Wyatt Earp. Gran artículo, Pedro! Un abrazo

        • Pedro Pérez S. el

          Hola Rodolfo. Es verdad que con Costner se ensañaron de mala manera. Recuerdo ir a ver Waterworld convencido de que sería un desastre y resultó que, como dices, no era para tanto. Hoy en día cuesta creerlo pero, en aquellos años, cuando llegaban noticias de críticas furibundas no tenías acceso a otros medios para contrastarlas, como puede suceder ahora con internet. Te lo tragabas todo. ¿Por qué decían que Wyatt Earp era mala? Como mucho, la puedes acusar de larga pero no de mala película. Creo que ahí empezó lo que podríamos llamar el declive de Lawrence Kasdan como director. Se hartó de las superproducciones y recaló en películas menores. Una pena.

  2. Buenas, creo que el problema de Wyatt Earp además de larga, pero no aburrida, de hecho es muy entretenida, de hecho más entretenida que películas con menos duración, es que Tombstone salió un año antes. Pero cualquiera que viera ambas películas verá que son películas muy distintas. Tombstone se centra en la historia de Wyatt Earp en Tombstone mientras que Wyatt Earp cuenta toda su vida, a mi me gustan ambas y no creo que por defender una tengas que crucificar a la otra.

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