En un año prolífico en adaptaciones de Stephen King, MGM+ acaba de estrenar la serie El Instituto (The Institute) que, basada en la novela homónima de 2019, tiene a Benjamin Cavell como creador y escritor, así como a Jack Bender en la dirección. Subidos de un tirón los dos primeros episodios, hacemos reseña y análisis…
Ya lo hemos dicho: este es el año de Stephen King en lo que a adaptaciones se refiere, pues estamos ante lo que es ya el segundo estreno (el primero fue la película El Mono) y restan por lo menos otros tres (La Vida de Chuck, La Larga Marcha y The Running Man) más Welcome to Derry, que si bien no adapta en particular ninguna historia suya es precuela de It. La serie El Instituto se basa en la novela homónima de 2019 y, habiéndose ya estrenado los dos primeros episodios en MGM+ (El Chico y Tiros por Puntos), procedemos a repasar y analizar lo que nos han dejado no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.
Muchacho Prodigio
La historia sigue básicamente dos arcos que se mueven en paralelo y aún sin conectarse, aunque es de suponer que terminarán haciéndolo. El primero y principal sigue a Luke Ellis (Joe Freeman), joven superdotado de catorce años que vive en Minneapolis y es capaz de terminar un examen mucho antes que sus compañeros, pero también de mover involuntariamente objetos con la mente, suficiente para que alguien le eche ojo y decida que ya no debe seguir viviendo con sus padres.
En efecto, un grupo comando armado irrumpe en su casa en plena noche para narcotizarlo y secuestrarlo, despertando el joven luego en un lugar desconocido, pero a la vez en un cuarto extrañamente decorado como el suyo.
En los pasillos, una muchacha llamada Kalisha (Simone Miller) le pone al tanto de que ya no se halla en Minneapolis (divertida la analogía que hace con el perrito Toto de El Mago de Oz), sino en Maine y, específicamente, en una institución en la cual mantienen a jóvenes recluidos y aislados de todo contacto con el exterior, inclusive con sus familias, más allá de que dentro de su cautiverio se les permita moverse libremente e incluso beber o fumar (otra divertida analogía, en este caso con la Isla del Placer de Pinocho).
Los jóvenes, le cuenta, son clasificados en TP (telépatas, entre los cuales se inscribe ella) y TK (telequinéticos), siendo obvio que a él le secuestraron por tener esa habilidad. Antes de que Luke llegue siquiera a reaccionar, Kalisha le estampa en la boca un beso sin consentimiento que hace pensar en todo lo que se hubiera dicho de haber sido la cosa al revés…

Los que están al frente del proyecto no son lo que se dice gente adorable, por mucho que la señora Sigsby (Mary-Louise Parker), directora a cargo, se esfuerce por parecer simpática y afable con los internos, aunque claramente tiene sus propios demonios por dentro y en la intimidad se autoflagela con quemaduras en la pierna.
Todavía más oscuros y espectrales se ve a sus subalternos, el lacónico jefe de seguridad Stackhouse (Julian Richings) y el rocambolesco doctor Hendricks (Robert Joy), al que Sigsby define como “el arquitecto de toda esa retorcida ciencia” y que parece uno de esos sádicos médicos experimentadores de finales del siglo XIX en la línea doctor Jeckyll o Frankenstein.
Tony (Jason Díaz) es el matón pedante y sádico que nunca falta en este tipo de institución y que oficia como asistente de los dos anteriores, a la vez que encargado de los chismes tecnológicos, como el rastreador que inserta a Luke en su oreja sin vacilar en cruzarle la mandíbula de un puñetazo al negarse en principio este a recibirlo.
Es que el instituto no se anda con rodeos a la hora de exigir disciplina y, de hecho, Michelle (Elise Bauman), la joven que estuviera a cargo del operativo de secuestro de Luke, es asesinada sin contemplaciones de un tiro en la espalda por su propia pareja Kate (en realidad una agente puesta para controlar su lealtad) apenas muestra culpas y conflictos con su trabajo y quiere dar a conocer lo que hace.
De todas formas, ninguno de los que hemos presentado como mandamases lo es realmente, pues quien por detrás mueve los hilos en sombras (literal, así aparece) les llama cada tanto para darles instrucciones y se le nota disgustado por el modo en que vienen trabajando, particularmente en cuanto al reclutamiento, que no cumple con las expectativas y no da aún con lo que aparentemente están buscando, que es un joven PC, es decir con habilidades precognitivas.
¿Y cuál es en sí la finalidad del instituto? Sigbsy no da a Luke precisiones al respecto, pero sí le dice que lo que allí están haciendo es importante para el mundo, dependiendo incluso de ello que el mismo siga existiendo tal como se lo conoce. Tras ser informado el joven de que sus padres siguen vivos (“no somos monstruos” desliza ella con algo de ironía), también se le anoticia de que, al igual que el resto de los jóvenes, permanecerá allí un tiempo para luego marcharse con sus recuerdos borrados.
En el medio, sin embargo, deben pasar por dos etapas, pues el instituto, cuya fachada externa es la de un laboratorio biológico, consta de una Mitad Delantera y una Mitad Trasera, a la cual pasan después de varias pruebas y ya no vuelven a tener contacto con quienes quedan atrás.
Desde ya que eso jamás puede oler bien, pero todo lo que deben hacer es lo que se les dice, así como someterse sin chistar a las pruebas y experimentos pues, según palabras de Sigsby, los mismos son “innegociables”. Como compensación, de todas formas, pueden sumar puntos que cambian por golosinas en las máquinas expendedoras del instituto.
Mi Pasado me condena
El otro arco de la historia sigue a Tim Jamieson (Ben Barnes), quien ha pasado por el ejército con condecoración incluida y ha sido también policía, llevando la carga de un joven al que debió matar en una situación de vida o muerte y la de un pasado alcohólico. Al cancelarse el vuelo en que está a punto de viajar de Boston a New York, opta por salir a la carretera a hacer dedo y así cae en Dennison, una pequeña comunidad de Maine en la cual decide pedir trabajo en la oficina del sheriff.

Consigue en efecto un puesto como vigilante nocturno, trabajo en principio de poca monta pero que cuadra a lo que busca por el karma que las armas le han dejado. En la seccional, le toca sufrir el ninguneo de la oficial Wendy Gullickson (Hannah Galway), quien se muestra en principio burlona y poco amistosa, pero irá poco a poco mostrando su costado más humano y propios conflictos en la medida en que avance la trama.
Esta le pone al tanto de que hay rondando por las cercanías dos peligrosos ladrones que de un momento a otro pueden aparecerse por la ciudad, razón por la cual le recomienda estar atento, a pesar de lo cual él persiste en no portar armas. En la calles, Tim conoce a Annie (Mary Walsh), mujer de edad que vive en carácter de indigencia y que es para todos “la loca del pueblo”, pues habla todo el tiempo de teorías conspirativas acerca de cuanto les rodea.
Entre otras cosas, le cuenta a Tim de una joven apellidada Sloane, que según ella fue asesinada a pesar de haber su muerte sido dada en su momento por accidental e incluso su propia madre creerlo. También le hace la primera mención al instituto (que se halla en las cercanías) y sorprende a Tim al conocer un dato de su pasado.
Preguntando luego en la seccional por la chica Sloane, Tim se entera que su muerte se produjo unos cuantos años antes de la llegada de Annie a Dennison, por lo que, uniendo cabos con el acierto que con respecto a él tuvo, se queda pensando si la mujer no tendrá algo de razón con respecto al asesinato.
Mientras tanto, se hace amigo de Dobira (Tawiah Ben M’Carthy), simpático comerciante local que recita a Keynes y tiene un pasado de refugiado en Kenia pero que, lamentablemente e instantes después de marcharse Tim de su local, recibe la visita de los temidos ladrones antes mencionados.
Tim regresa y, aunque alcanza a poner a los delincuentes en fuga al no saber estos que no lleva armas, se encuentra con la situación del pobre Dobira desangrándose en el piso tras haber recibido un disparo en el abdomen. Sus atenciones, no obstante, logran mantenerle a salvo hasta que llega la ambulancia…
Compañeros y Reclusos
En el instituto, a todo esto, Luke traba amistad con otros internos, como George (Arlen So), Iris (Birva Pandya) y Nick (Fionn Laird). El primero es lo que se llama un TK positivo, es decir que, a diferencia de Luke, puede mover objetos y sustancias a voluntad, lo cual demuestra haciendo levitar el agua tras derramarla sobre la mesa o consiguiendo que la máquina expendedora le devuelvan su moneda aun habiéndole dado su golosina.
Iris está próxima a hacer su paso a la Mitad Trasera y a Nick se lo ve rebelde e impulsivo, haciéndonos creer por un momento que es uno de los clásicos matones acosadores de colegio tan habituales en King, pero no: a medida que lo conocemos, nos va cayendo mejor. Está intentando urdir un plan de escape y, después de que Luke logra derrotarlo al ajedrez en solo seis jugadas, considera que quizás haya encontrado al candidato ideal para ayudarlo: no sé por qué hace esa relación, pero así lo piensa…
En cuanto a Kalisha, vuelve a besar a Luke sin previo aviso y nos enteramos que la razón de ello es que ha sido sometida a cuarentena por varicela y quiere contagiar a quien pueda para evitar perder amistades y quedarse sola en la Mitad Delantera: no deja de ser no consentido… Por otra parte, parece tener o haber tenido algo con Nick, lo cual introduce algún triángulo que, de momento al menos, no ha sido explotado…
Se advierten asimismo conflictos internos entre quienes controlan el instituto, particularmente en cuanto a Hendricks, cuyos experimentos parecen estar recibiendo cuestionamientos. Stackhouse, sin embargo, dice confiar en él y de hecho lo hace partícipe de manera confidencial de tales rumores, lo cual les convierte en socios potenciales complotando a espaldas de Sigsby.
Los experimentos de Hendricks, por cierto, siguen adelante, siendo George sometido a lo que se conoce como “la caja de los sueños”, a la que se define como vivir una película de terror en la propia mente. Luke, por su parte, es sometido a un experimento no tan extremo pero igualmente tortuoso para constatar su potencial, logrando como resultado del mismo mover una silla.
Llega en tanto la “graduación” para Iris, quien abandona la Mitad Delantera. La misma reviste carácter casi de fiesta de cumpleaños, haciendo referencia las trece velas del pastel a los días que precozmente le ha demandado a la joven el pasaje de una mitad a otra.

No sabemos adónde irá a parar la muchacha, pero ninguna presunción puede ser buena y menos cuando Luke y Nick, mientras juegan al baloncesto, clavan la vista en chimeneas cercanas que despiden columnas de humo que, según el segundo, aparecen más o menos cada semana.
Ha llegado, entretanto, el reemplazo para Iris y es un niño de diez años llamado Avery (Viggo Hanvelt), a quien encuentran llorando en los pasillos y es al parecer un telépata muy poderoso, lo cual lleva a Luke y Nick a pensar que es justo lo que necesitan para terminar de urdir su plan de escape, pues nada mejor que alguien capaz de leer las mentes de los demás y no de manera aleatoria o anárquica como lo pueden hacerlo Kalisha y el resto de telépatas allí internados.
Balance de los dos Primeros Episodios
Lo primero que debo aclarar es que esta es una novela de Stephen King que no he leído. Sabido es que no es fácil seguirle el ritmo de producción al genio de Maine y habrá seguramente cuestiones que desconozco al momento de comparar serie y libro, pero un cierto conocimiento de su obra es suficiente para saber que en general se caracteriza por un fuerte desarrollo de los personajes, así como de sus traumas o motivaciones.
Vistos los dos primeros episodios, eso es algo que en buena medida, al menos hasta ahora, falta. Ignoro qué tan rápido será el ingreso al instituto en el material de origen, pero aquí no llegamos a conocer demasiado a Luke antes de su “reclutamiento”. Nada hasta allí que demuestre su supuesta brillantez salvo terminar un examen mucho antes que el resto (he tenido unos cuantos alumnos así) y nada que muestre a pleno sus virtudes telequinéticas, salvo una bandeja cayéndose en una pizzería (me ha pasado y nadie me adjudicó ningún poder especial): no parece mucho para que alguien haya pensado en reclutarlo…
Tampoco se puede decir que, aun dentro del instituto, haya exhibido aún su verdadero potencial. Ignoro la razón, pero series y películas tienden a mostrar que alguien es un genio haciéndole ganar una partida de ajedrez en pocas jugadas. Sin ser gran ajedrecista ni tan siquiera bueno, cualquiera que conozca algo sobre el juego sabe que ninguna partida entre grandes maestros se define en dos movidas ni en seis: si ocurre, es porque uno de los contendientes jugó muy mal. Supongo de todos modos, que si Luke es realmente un superdotado, habrá ya oportunidad de que nos lo muestren de modo más contundente…
Por otra parte, las relaciones dentro del instituto y particularmente entre los adultos están todavía trazadas a pinceladas gruesas. Se advierte un conflicto interno, pero no se llega a saber con precisión en qué se basa ni cuáles son los prejuicios contra Hendricks a los que Stackhouse hace referencia o por qué quiere hacer causa común con él contra Sigsby. También aquí esperamos mayores definiciones en los próximos capítulos.
Y un último punto que hace que la trama aún no cobre impulso es lo desconectados que avanzan los dos arcos principales, más allá de alguna referencia aislada por parte de Annie y de que demos por descontado que los caminos de Luke y Tim se terminarán inevitablemente encontrando. De momento, el arco de este último marcha demasiado lento y quita con ello clima al que tiene lugar en el instituto; si mantiene algo de interés es por el buen trabajo de Ben Barnes, quien cumple como nos tiene acostumbrados aun cuando su personaje se vea hasta aquí “demasiado bueno” y algo chato en matices.
Lo mejor hasta aquí tiene que ver sin duda con la subtrama de los adolescentes y las relaciones que van tejiendo entre sí, más allá de que, como hemos dicho, el pasado de Luke, y más aún el del resto, sea una incógnita. Pero el gran desempeño del casi debutante Joe Freeman (hijo de Martin), magníficamente complementado por quienes interpretan a sus compañeros de reclusión, hace al arco interesante y nos lleva a estar pendientes aun cuando la mayoría de los jóvenes luzcan demasiado poco angustiados para haber sido separados brutalmente de sus familias y convertidos en conejillos de indias de vaya a saber quién.

Y entre los adultos, por supuesto, hay que destacar lo bueno que siempre es ver a Mary-Louise Parker, una de esas grandes actrices a mi juicio injustamente nunca oscarizadas ni tan siquiera nominadas (aunque tiene en su haber dos Globos de Oro, un Emmy y un Tony), que es calidad interpretativa en todo aquello que haga y nos hace, de hecho, estar atentos a su personaje por muy débilmente que el guion hasta aquí lo haya trazado.
En definitiva, todavía la serie no ha despegado lo que debería. La historia tiene potencial y puntos de contacto con otras de Stephen King que hacen referencia a fenómenos sobrenaturales, niños especiales e instituciones que buscan valerse de sus poderes. Seguramente la que más relacionemos sea Ojos de Fuego (que ya tuvo dos adaptaciones cinematográficas), pero hay más y también podemos encontrar nexos con historias no suyas, pero que le rinden tributo: Stranger Things, sin ir más lejos. E incluso se me cruzaron imágenes del manga y anime The Promised Neverland…
Pero a pesar de un comienzo todavía algo descafeinado y falto de ritmo, la historia tiene potencial y es de creer que, estando involucrado Jack Bender (Perdidos, From, Juego de Tronos), vaya poco a poco encontrando su lugar. Esperaremos pues a ver qué nos trae el próximo episodio y, sobre todo, si las subtramas de Luke y Tim comienzan a tocarse de manera más decidida: esa referencia de Annie (gran personaje, por cierto) a un supuesto asesinato del pasado puede tener, creo, parte de la clave…
Hasta entonces y sean felices…



