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Análisis de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Temporada 2. Episodio 7

Nos queda un único episodio para dar por concluida la segunda temporada de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder y analizamos hoy el séptimo, cuyo título (haciendo honor al célebre poema de los anillos) es Condenados a Morir. La serie, creada por J.D. Payne y Patrick McKay, es precuela de las más afamadas historias de J.R.R. Tolkien y producida por Amazon para su plataforma Prime Video.

Bienvenidos una vez más humanos, elfos, enanos y por qué no algún orco para analizar un nuevo episodio de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder, que en este caso es el séptimo y ello significa que ya estamos a solo uno del final de temporada. Un capítulo que ha estado basado casi con exclusividad en la batalla por Eregion, aunque con algunos saltos a Khazad-dûm para mostrarnos el creciente conflicto interno entre los enanos que, en buena medida, acaba relacionado.

Pasemos pues a ver qué nos ha dejado este penúltimo episodio de la temporada no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

El Velo del Engaño

Mientras el fuego de las catapultas arrecia sobre Eregion, Annatar mantiene a Celebrimbor en su prisión mental y está ansioso por los anillos que dice ya casi tener, aunque pronto sabremos que el herrero está en realidad ganando tiempo porque ha descubierto ciertos patrones que le hacen sospechar que está siendo víctima de ilusión o engaño: el ratón repite siempre el mismo comportamiento, las brasas se ven siempre iguales y la vela no se ha consumido…

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Cuando le echa en cara todo eso a Annatar y le pregunta por el supuesto mithril que le ha dado para forjar los anillos, este se corta la mano y revela en su sangre el mismo líquido oscuro que está siendo usando en la forja. Celebrimbor sabe ahora que Annatar es Sauron

Un momento de tensión acaba con una ventana destruida por un martillo y eso permite al herrero ver la ciudad oscurecida y bajo ataque. Se siente devastado, pero cuando sale a tratar de convencer a los suyos de la verdadera identidad de Annatar, nadie le toma en serio porque ya antes este se encargó de convencerles de que el maestro herrero ha perdido la cabeza.

Presa de la impotencia y la desesperación, este último acaba forcejeando con Mirdania y la arroja sin querer de la muralla; ya en el suelo y en desgarradora escena, la muchacha es atravesada por las armas de los orcos ante la mirada de un angustiado Celebrimbor…

El Esperado Reencuentro

En Khazad-dûm y junto a su esposa Disa, Durin IV está armando una sublevación para desplazar del poder a su padre y cuenta incluso con el aporte de varios mineros que han cambiado de bando. Anoticiado de que un elfo desterrado ha llegado para hablar con él, descubre con alegría que se trata de Elrond, produciéndose así el emotivo y largamente demorado reencuentro de una dupla que nos regaló algunos de los mejores momentos de la primera temporada, pero a quienes no veíamos juntos desde entonces.

Puesto al tanto por Elrond de la situación en Eregion, Durin IV compromete sus fuerzas para defender la ciudad, pero cuando está a punto de partir, un Narvi con el rostro ensangrentado le informa que su padre ha vuelto su hacha hacia los suyos y está matando enanos, lo cual, aun a su pesar, le obliga a quedarse para detenerlo antes de que en su ambición acabe liberando a la ominosa criatura que Disa oyera en la caverna.

Triste Amanecer

En una táctica no esperada, los orcos de Adar disparan sus catapultas contra los riscos cercanos al río de forma de hacerlos caer para crear una represa y así poder avanzar hacia las murallas sobre terreno “seco”. Por fortuna, las fuerzas de Gil-Galad y Elrond llegan al choque, pero detienen su ataque cuando este último descubre que tienen cautiva a Galadriel.

Reunidos a conferenciar, Adar ofrece a Elrond la vida de la elfa a cambio del anillo que sabe en su poder, pero este no negocia y pide en cambio despedirse de Galadriel. Al hacerlo (¡con un beso en los labios!), le entrega un broche élfico del cual esta se valdrá luego para abrir sus grilletes y escapar antes del ataque de la caballería elfa.

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Las cosas, no obstante, se le complican a Galadriel en su huida, pero afortunadamente aparece Arondir para auxiliarla. Al ver los elfos a Galadriel, su perspectiva cambia, pues a ella sí le creen que Annatar sea Sauron.

Entretanto, un ahora encadenado Celebrimbor ha sido nuevamente puesto por Sauron a trabajar en los anillos. Una vez que los tiene, intenta destruirlos en el fuego, pero es inútil. En un momento “saw” (aunque también con algo de homenaje a Frodo), se corta un dedo para zafarse de la cadena y huye hasta llegar hasta Galadriel, a quien, tras la emoción de verla nuevamente, entrega los anillos.

Mientras Elrond aguarda por la llegada de las fuerzas de Durin al amanecer, el panorama está complicado para los atacantes y Adar decide liberar al troll aunque ello cueste también vidas de sus súbditos. Para cuando Elrond y Alondir logran acabar con la criatura (bastante decepcionante su desempeño en realidad), ya ha quedado abierto un corredor por el cual vuelven a avanzar los orcos y Arondir termina apuñalado por Adar.

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El sol está empezando a despuntar en el horizonte y ello despierta alguna esperanza en Elrond, pero nada… Aquí y allá, los elfos mueren superados en número mientras él mira la escena con profunda desazón y evidente decepción…

Balance del Episodio

No caben dudas de que ha sido la entrega con más épica de la temporada, ocupando la batalla de Eregion el episodio casi por completo. En buena medida, tuvo un estilo reminiscente de aquellos penúltimos capítulos de las temporadas de Juego de Tronos, lo cual es inevitable porque durante mucho tiempo va a ser imposible sacarse de encima la sombra de esa serie en este género aun cuando, como en este caso, la propuesta se base en un un universo literario muy anterior e incluso influyente sobre la misma.

Sin embargo, también ha tenido el episodio claras referencias a batallas del universo tolkieniano, siendo la del Abismo de Helm y la de los Campos de Pelennor las más reconocibles: la intervención de la caballería guarda evidente reminiscencia, como también la esperada llegada de refuerzos al amanecer, más allá de que finalmente no se acabe produciendo. Y con todo lo que me molesta que se repitan arcos a modo de homenaje, sí me parece un buen guiño amagar a repetirlo para que el resultado termine siendo otro.

La factura visual del episodio ha sido asimismo magnífica y si me parecía que durante el resto de la temporada había alguna merma en los presupuestos, tal sensación se me ha diluido aquí, pues la batalla, por el contrario, se vio muy superior a aquella de las Tierras del Sur en el sexto episodio de la primera temporada.

No es que no haya peros. Lo de la represa no lo entendí demasiado ni tampoco por qué el ejército de Adar (cuyo número no parece además verse tan impresionante como se supone) avanza sobre un terreno que no luce tan fangoso o cenagoso como se supone que debería estar el cauce de un río que corría por allí solo instantes antes y probablemente lo haya hecho durante millones de años. Y la participación del troll, como ya hemos señalado, no ha estado a la altura de la expectativa creada.

Pero fuera de ello, el resto no ha tenido fisura y la iluminación nocturna ha sido increíble, no dejando difuso detalle alguno ni nada que no se apreciase con claridad. Ambientar una batalla de noche no significa que no entendamos qué está pasando y ojalá hubiera sido iluminada de este modo aquella de los caminantes blancos en Juego de Tronos. Y si bien es cierto que el troll ha estado poco en pantalla y fue eliminado con bastante facilidad, su diseño se vio impresionante.

También ha habido un par de giros que, aun saliéndose de la letra de Tolkien, tienen sentido. Parece coherente, por ejemplo, que los nueve reyes de los hombres hayan acabado como Nazgûl si sus anillos fueron forjados con la sangre de Sauron. Como también que Elrond acabe siendo el caracúlico que será después cuando conocemos de cerca el tenor de la desilusión que se ha llevado al no llegar nunca las fuerzas de Khazad-dûm al mando de su amigo.

Párrafo aparte para el beso, que probablemente haya molestado a los fans de Tolkien y de hecho así ha quedado evidenciado por estos días en redes sociales. Cierto es que se sale de la línea y se ve entre edípico e incestuoso considerando que Galadriel será algún día la suegra de Elrond, pero hay que tomarlo simplemente como un beso estratégico y sin más connotación que ayudar a permitir que ella escape. A no rasgarnos pues las vestiduras ni escandalizarnos por un simple contacto que, nunca mejor dicho, fue meramente físico…

Hemos tenido tres actuaciones superlativas: Robert Aramayo haciéndonos sentir de manera increíble el viaje interno de Elrond, Charles Edwards dando magníficamente vida a un Celebrimbor que duda de cuanto le rodea y por último, pero no menor, un impecable Sam Hazeldine, a quien le tocó en esta temporada la pesada tarea de reemplazar a Joseph Mawle en el rol de Adar y demostró en esta entrega estar más que a la altura. Y ojo: Charlie Vickers, cuyo Sauron no me termina de convencer, ha estado bien aquí.

Pero si tantas virtudes ha tenido el capítulo, ¿por qué he tenido todo el tiempo la sensación de que algo no funcionaba? Pues a riesgo de ser reiterativo, vuelvo a caer en lo mismo: la falta de suspenso al conocerse el final. La épica se basa justamente en la incertidumbre del enfrentamiento y si bien por lo general sabemos que el mal será vencido, está siempre la posibilidad de que caiga muerto un rey Arturo o de que “perdamos”a Gandalf en las minas de Moria.

Sí, sé perfectamente que también en esos casos sabemos cómo va a terminar todo y más aún siendo las historias de base tan conocidas. Pero allí opera otro factor, que es precisamente nuestro compromiso emocional con dichas historias. No nos importa el saber de antemano cómo va a terminar la batalla, porque estamos tan consustanciados con la base que queremos igualmente saber de qué modo será recreada o qué aditamentos le incorporarán a los fines de hacerla distinta o más visual.

Pues bien: ello no puede ocurrir aquí porque no hay una historia de base, salvo algunas líneas que ha dejado Tolkien. Se trata básicamente de una historia nueva pero con un final conocido y cuando es así, cuesta encontrar compromiso con la épica que, en algún punto entonces, deja justamente de ser épica. Ya sabemos que a la larga Adar no podrá con Sauron, como tampoco los enanos con lo que la codicia del rey Durin ha despertado de las profundidades de la Tierra. Exactamente esa era la sensación que tenía mientras veía escenas tan magníficas visualmente.

El otro punto que de una vez por todas debemos mencionar (y que fue señalado por un lector en comentarios previos) es el de las distancias entre los lugares. No me había querido meter demasiado por no tenerlas del todo claras, pero siempre me daba la impresión de que las mismas fueran mayores en la obra de Tolkien o que al menos les llevara más tiempo a los personajes llegar de un sitio a otro.

Tal diferencia ha quedado del todo confirmada en este episodio con Elrond yendo a Khazad-Dum y de allí a Eregion, como también el hecho de que este esperara la llegada de los refuerzos de su amigo Durin al amanecer. Definitivamente, en esta serie todo parece más cerca

En cuanto a las muertes que tuvieron lugar en el episodio, la de Mirdania fue desgarradora y sin concesiones más allá de que no hubiéramos llegado a desarrollar suficiente vínculo o empatía. A Arondir le conocíamos un poco más, pero murió casi como un trámite y sin demasiado impacto emotivo en el resto. Y con respecto a Rían (Selina Lo), la elfa que termina sacrificándose entre una lluvia de flechas, la escena es muy impactante (y hasta con alguna reminiscencia de Kurosawa), pero la realidad es que casi ni la conocimos…

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En el balance final, pues, un episodio que mejora los anteriores, pero que me vuelve a generar sensaciones encontradas. La factura visual ha sido sorprendente, lo mismo que las actuaciones, pero los puntos débiles siguen estando y habrá que ver si el único episodio que le queda a la temporada podrá corregirlos. Por lo pronto, en este episodio no hemos tenido noticias del Extraño, de las pelosas ni de Númenor, lo cual hace temer un final demasiado apretujado si se pretende dar algún cierre parcial a todas las subtramas…

Ojalá que no. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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3 COMENTARIOS

  1. Visto el capítulo 7 y me ha parecido una terrible decepción… como la serie en sí.

    La segunda temporada me había parecido hasta el momento mejor que la primera, pero vamos, no es que la serie en sí me parezca buena, ya que los agujeros de guion están a la orden del día, pero por lo menos sí me parecía con mejor ritmo que la primera.

    Que mal montada y llevada esta la batalla, nada que ver con lo que Peter Jackson nos ofreció en el asedio al Abismo de Helm o a Minas Tirith, donde la contienda era el eje central y a su alrededor confluían otras tramas, pero aquí fue totalmente al revés, parece que la batalla era el fondo y las otras forzadísimas tramas que vimos eran lo importante. Aquí te metan una escena de batalla, cortan, vemos algunas de las tramas que pasan fuera de ella, se vuelve a la batalla, parece que se va a poner interesante y vuelven a cortar. No esta nada bien manejado los manejos de los clímax y anticlímax.

    A eso hay que sumarle un monton de cosas que no tienen mucho sentido. Por mencionar algunas:

    La elfa herrera dando ordenes a los elfos soldados en la batalla ¿Qué pinta que ese personaje este dando indicaciones de combate? ¿Los elfos son multi task o qué? ¿Aparte de herrera también era comandante de la guardia élfica de Eregion?

    Sauron, esa misma elfa herrera, Celebrimbor y demás guardias elfos hablando como si nada en la almena del muro, sin la mayor preocupación de que algún enemigo les arrojé una flecha o algún proyectil.

    El ejercito orco lanza piedras a las montañas y como Adar es un experto en geología e hidrología ya sabe que con un par de pedruscos de metro y medio se van a despeñar las enormes rocas, se va a formar una presa artificial y el rio mágicamente se va a secar en un par de minutos, teniendo un terreno casi «ideal» para avanzar a pie.

    Durin IV convocado a todo un ejército para ayudar a los elfos ¿Desde cuando Durin IV es el rey de Khazad-dûm para que todos los enanos le hagan caso? Si hemos visto que a duras penas ha logrado convencer a un par de enanos para evitar que su padre siga cavando en la mina. Y era evidente que si Durin IV salía de Khazad-dûm obviamente su padre iba a aprovechar para seguir cavando en la mina.

    Y el tan comentado beso entre Galadriel y Elrond, supuse que fue pura estrategia para darle la llave para escapar, pero siento que podrían haber manejado de otra forma esa escena. Pero vamos, no me parece lo peor del capítulo, me parece más absurdo que los orcos, en lugar de utilizar el ariete en algunas de las puertas de Eregion, lo utilicen directamente en el muro de la ciudad que por simple lógica va a tardar muchísimo más en quebrarse.

    Eso ni hablar del tema de las “distancias” (me alegra ver que Rodolfo de Bene haya comentado sobre eso en la reseña) que no se entiende nada bien los recorridos que hacen los ejércitos o porque Arondir, que andaba por las Tierras del Sur haya llegado de repente hasta Eregion. Además, su “supuesta” muerte resultó bastante anticlimática.

    En fin, visualmente muy bien la serie, pero un desastre de guion. A ver que depara el último capítulo, del cual no espero mucho.

  2. Hola Javier: gracias por comentar y perdón por la demora en responder, pero esto de cubrir cuatro series episódicas me ha tenido a maltraer y sin tiempo para nada. Coincido con todas las apreciaciones que haces y lo de la «represa» lo más inverosímil de todo. Además era más fácil hacer un puente. Y en cuanto a las batallas, desde ya que no podemos esperar comparar con el Abismo de Helm o con Minas Tirith. De todas formas y habiendo visto ya el que sigue, creo que hay una mejora, aunque no por igual en todas las tramas. Nos hablamos allí y comparamos sensaciones. Un saludo y gracias por tan extenso y valioso aporte!

    • Nada que perdonar Rodolfo Bene, todo lo contrario, te agradezco que siempre te tomes el tiempo de leer y contestar los comentarios. Me da gusto ver que coincidimos en muchas de las cosas » inverosímiles» que este episodio presenta.

      Al rato me paseo por la reseña del último capítulo (que ya vi) y dejo mis impresiones, que tampoco serán precisamente muy positivas.

      Saludos.

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