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Análisis de Fargo. Temporada 4. Episodio 7

Como cada semana nos reencontramos para analizar el nuevo episodio de Fargo, séptimo de la cuarta temporada y que lleva por título Lay Away (Guarda). Recordemos que la serie, creada por Noah Hawley, se emite por FX y que en España puede ser vista por Movistar+.

Hola, fargueros: bienvenidos a nuestro análisis semanal, hoy para desbrozar el séptimo episodio de esta cuarta temporada de Fargo que viene manteniendo el gran nivel de las anteriores. Un episodio, por cierto, lleno de enigmas y situaciones inciertas que nos hacen devanarnos los sesos pensando el modo en que la trama irá uniéndolas, aunque bien sabemos que esto es Fargo y no una historia detectivesca, lo cual significa que no todo tiene por qué tener una explicación o, si la tiene, puede ser de lo más disparatada y hasta perversa.

Sin más prólogo, pasamos a analizar el episodio, no sin antes advertirles que, en caso de que aún no lo hayan visto, SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA recordarles que pueden echar un vistazo a nuestros análisis anteriores aquí.

Y, por supuesto, no olvidar: “Los sucesos que aquí se narran son reales; ocurrieron en Kansas City, Missouri, en 1950. Por pedido de los supervivientes, los nombres han sido cambiados; por respeto a los difuntos, el resto se cuenta tal como ocurrió”.

Macarrones

Así como el anterior episodio había concluido con Oraetta, este comienza con ella: haciendo gala de sus habilidades en repostería, invita al doctor Harvard con unos macarrones que ha preparado.

Este, en principio se niega, pero finalmente accede y en nada nos sorprende que, instantes después, esté en el piso retorciéndose entre convulsiones: en su agonía, ve la figura de la enfermera difuminarse como una imagen espectral,  propia del ángel de la muerte que, en  cierta forma, es.

La situación es aprovechada por ella para revisar el escritorio y extraer de uno de los cajones la carta que la incriminara en el episodio anterior. Tal como Harvard le había dicho, no hay nombre ni apellido de remitente sino solo “un ciudadano preocupado”.

¿Habrá reconocido, de todas formas, la letra de Ethelrida? No llegamos a saberlo, pero se marcha de allí con la carta y pidiendo a los gritos atención para Harvard, a quien, dice, encontró en ese estado.

Queda claro que Oraetta no puede consigo misma ni con su psicosis. Aun no sabemos si mató al paciente en el episodio anterior pero, viendo lo ocurrido, es posible que aquella sonrisa del final tuviera que ver con el plan que estaba elucubrando y a través del cual se ha terminado cargando al doctor Harvard: sin querer, además, le ha arrebatado su venganza personal a Josto Fadda. Es uno de los tantos imponderables que hacen grande a la serie: las cosas terminan ocurriendo, pero por algo distinto de lo que preveíamos.

Cajas y Ataúdes

Si ya habíamos visto poco a los Smutny en el anterior episodio, en este ni siquiera asoman sus rostros a excepción de Ethelrida, quien, con expresión desorientada, ve a unos afroamericanos trayendo cajas a la funeraria. ¿Estará tomando posesión Loy Cannon, tal como anticipó que haría? Tampoco lo llegamos a saber, pero alcanzamos, por un momento, a ver levantarse fugazmente la tapa de un ataúd, denotando que hay alguien escondido: otra cosa más que queda en el misterio, pues no volvemos a saber de ello en el resto del episodio ni tan siquiera a ver a Ethelrida.

Sangre y Nieve

Josto y los suyos han ido al antiguo campo de prisioneros de guerra al cual Paolo, obedeciendo sus órdenes, llevara al niño Satchel a los efectos de liquidarlo. Pero como bien sabemos, el cuerpo que allí encuentran, de bruces sobre la nieve y al pie de la escalinata, no es el del niño sino el de Paolo: escena de sangre y nieve bien típica de la serie que, además, permite a Josto inferir que Rabbi le ha traicionado y ha salvado al niño.

Ofuscado, le maldice y jura cobrarse mientras, consultado acerca de sepultar a Paolo, sencillamente responde que se lo dejen a los pájaros. Josto se revela cada vez más frío y desalmado y las diferencias de método con su hermano Gaetano son, para esta altura, más de forma que de fondo.

Diez Indiecitos

Al marshall Odis se lo ve nervioso, lo cual se hace evidente en el hecho de que no deja de canturrear ni por un instante la famosa canción infantil Eran Diez Indiecitos (la misma que inspiró la célebre obra de Agatha Christie). Como si no tuviera bastante con haber quedado entre el fuego cruzado de los Cannon y los Fadda, ahora también es tenido entre ojos por Deafy, el detective mormón que, si bien sigue sin pasar a la acción directa, claramente trama algo.

De hecho, se le sube al auto policial y, entre citas bíblicas, lo pone al tanto de sus averiguaciones sobre Loy Cannon: sabe de su pasado como corredor de apuestas y chantajista, pero también de su presente asociado a las dos fugitivas que él viene buscando y que, según Odis le mintiera, se habían marchado a Chicago. Si bien es cierto que Deafy siempre desconfió, ahora da por descontada la vinculación policial con las mafias locales: Odis, alterado, lo echa del vehículo.

La Propuesta

Calamita, quien, de algún modo, se ha quedado sin jefe con la captura de Gaetano, finge lealtad a Josto o, por lo menos, a la familia, pero está claro que se mueve por propia cuenta o bien respondiendo a su jefe aun in absentia. De hecho, se dirige a casa de Loy para recuperar al niño Zero, hermano menor de Josto: para su sorpresa, Buel, esposa de Loy, lo recibe con una escopeta, no dejándole más remedio que marcharse como vino.

Loy, en tanto, está cada vez más fuera de sí tras la muerte de Doctor Senator, tanto que ni siquiera permite a nadie mencionar su nombre. Inclusive, en una escena promediando el episodio, se lo nota conmocionado viendo un cartel de publicidad que promociona la llegada de Diners, lo cual indica que, finalmente, le robaron a su socio y amigo aquella idea de la tarjeta de crédito que, supuestamente, le habían rechazado. Mi esperanza de que, cuando menos, le reconociesen los derechos, se ha esfumado.

A pesar del dolor y del resentimiento, Loy persiste en mantener con vida a Gaetano aun contra los deseos de su propia banda, lo cual deja en evidencia que está urdiendo un plan que solo él conoce.

Sorpresivamente, Josto, acompañado por Violante, le cae de visita en sus oficinas. Para desolación de Loy, le informa que Satchel está muerto (miente, claro) e involucra a Gaetano y Calamita tanto en ello como en el atentado contra Lemuel. La intención de Josto se empieza a ver clara: si los afroamericanos eliminan al dúo que le está complicando la vida, habrá matado dos pájaros de un tiro sin tener que responder ante la mafia de New York por la muerte de su hermano, ya que, recordemos, la condición desde allí impuesta fue que solucionasen sus problemas.

Devastado por la noticia sobre Satchel (inmensa demostración actoral de Chris Rock), Loy escucha, con asombro, la propuesta de un supuestamente compungido Josto que le pide que no tome venganza sobre la vida del pequeño Zero, sino sobre la de Gaetano y Calamita. Además , le ofrece el control de dos importantes rutas de camiones para compensar lo ocurrido con Senator.

Todo parece indicar que Cannon está considerando la oferta pero, como ya dijimos, tiene su propio plan y, de todas formas, la noticia (a la que cree cierta) sobre la muerte de Satchel lo deja demasiado turbado. De hecho, tiene que regresar a casa para darle la mala nueva a una desesperada Buel, quien siempre temió por la vida del niño.

La Bestia Desencadenada

Odis, por su parte, está haciendo maletas para largarse de la ciudad: sabe bien lo que se viene y corre peligro de muerte, cualquiera sea el bando del que provenga. Sin embargo, Loy siempre está un paso adelante y lo sorprende justo antes de subir al auto.

Le brinda una disertación sobre la esencia de los delincuentes americanos, cuyo mérito distintivo, según dice, es el lograr engañarte al punto de que, sin darte cuenta, te robes a ti mismo. Por lo pronto, está claro que Odis no podrá fugarse fácil de Kansas City. Quienes sí lo harán, en cambio, son Zelmare y Swanee, a quienes, tras sus servicios, Loy otorga sendos pasajes de tren para marcharse de la ciudad cuanto antes, rompiendo con toda esperanza que pudieran tener de seguir trabajando para él.

¿Volveremos a tener noticias de las fugadas? En principio, da la impresión de que no, pero atendiendo a aquella “clase magistral” que ambas, en la habitación del hotel, dieran a Ethelrida acerca de la diferencia entre delincuente y forajido, no sería raro que se las arreglaran para seguir operando de manera marginal a lo que, en su lógica, ven como “el sistema”. Como tal, pueden volver a aparecer cuando menos lo esperemos haciendo alguna de las suyas e interfiriendo, accidentalmente, con la trama principal.

Loy sigue moviendo sus piezas con apariencia de no dar pasos en falso, pues se lo ve seguro. En otra jugada inesperada, suelta a Gaetano. ¿Es su plan que los italianos se maten entre sí? Por lo pronto, una vez que lo libera, da instrucciones a los suyos de que Calamita debe morir.

Balance del Episodio

¡Regresaron las pantallas divididas! ¡Qué gran noticia! Y, por cierto, de modo muy original, ya que nos permiten conocer los distintos destinos posibles  que Josto, viajando en el asiento trasero de su auto, imagina para Gaetano. Fuera de ello y una vez más, gran episodio, con dos aspectos a destacar: la cantidad de enigmas que quedan abiertos y un Chris Rock que nos sigue tapando la boca.

La jugada de Oraetta ha sido sumamente arriesgada, pero cuesta saber qué pasa dentro de su psicótico cerebro . ¿Lo arriesgó todo solo para obtener la carta? ¿Reconoció a la autora? De ser así, ¿qué piensa hacer? No olvidemos, por ejemplo, que ella estaba al tanto de la intención de Josto de eliminar a Harvard en venganza por lo de su padre: ¿irá a comunicarle que su deseo está cumplido para así reclamar algo a cambio?

Por lo pronto, la enfermera sigue siendo uno de los personajes más excéntricos e imprevisibles de la serie, el “elemento exógeno” (y patógeno) que podría estar alterando todo lo demás: la guerra entre bandas pasa totalmente por fuera de su vida y, sin embargo, está incidiendo claramente en ella. Sin esos cruces accidentales, no hay Fargo.

¿Qué son esas misteriosas cajas llegadas a la funeraria de los Smutny y quién está oculto en el ataúd? ¿Cuál será el papel final de Ethelrida en toda esta historia?

Loy es un gran interrogante y, a la vez, da la impresión de no estar dando puntada sin hilo. ¿Qué trama con la liberación de Gaetano? ¿Será parte de su plan que los italianos se destruyan entre sí para, luego, recoger los restos? Lo que sí está claro es que la muerte de Doctor Senator lo ha afectado profundamente y ni qué decir la de Satchel, que, hasta aquí, da por cierta.

A propósito de ello, no hemos tenido en todo el episodio noticias del niño ni de Rabbi, quien se ha propuesto protegerlo. ¿En dónde están? ¿Tomará Loy alguna decisión muy drástica sin saberlo?

Deafy no deja tampoco de ser una incógnita. Es obvio que su postura de frío observador encubre un plan para pasar a la acción. Pero, por alguna razón y por debajo de su aparente seguridad, no me parece, como sí Loy, alguien que dé puntada sin hilo: no olvidemos que su intento en el hotel salió mal y perdió a las fugitivas. Me da la impresión de que su casi mesiánico fundamentalismo religioso puede, en algún momento, terminar jugándole en contra, tal como ya le ocurriera cuando Ethelrida contrastó sus argumentos con evidencia antropológica.

Por último pero no menor, otra vez remarcable el trabajo de Chris Rock, cuyo personaje tiene que recorrer distintos estados de ánimo, pero siempre alejado del perfil de comediante que le hemos conocido. Lo suyo, en esta temporada, viene siendo magistral.

En definitiva, quedan cuatro episodios y nuestra impaciencia es grande por ver cómo se irá resolviendo cada una de las historias y cómo se irán entrelazando entre sí. Hasta pronto, fargueros: nos encontramos la próxima semana con un nuevo análisis.

Que estén bien y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

2 COMENTARIOS

  1. Muy buen análisis,pero para mí está temporada no tiene nada que ver con las otras de Fargo le falta esa esencia diría yo,me parece buena pero la pondria última de las cuatro temporadas.

    • Hola, Jos:
      Muchas gracias por comentar. La temporada es distinta ya desde el momento en que se plantea la historia en un ámbito más urbano que semirrural o de pequeño pueblo como en las anteriores. Así y todo, el Kansas City de 1950 no es ve tan diferente a una pequeña población, pero sí lleva a que haya más personajes interactuando.
      En lo personal, creo que sigue habiendo una esencia que tiene que ver con la presencia de imponderables, hechos casuales que generan consecuencias, la mención de “Fargo” como una misteriosa palabra mágica, la muerte en la nieve (que apareció tarde), el policía loser (aunque no honesto en este caso), las pantallas divididas, el elemento marginal fantástico (el fantasma en este caso; el ovni alguna vez) y, por supuesto, los toques de humor negro.
      Como diferencias se pueden señalar lo del ámbito que ya dije antes, la mayor cantidad de personajes interactuando, una mayor presencia de homenajes cinematográficos, etc.
      Pero, bueno, a mí me cuesta elegir una temporada sobre otra porque, aun con sus elementos en común, son bastante distintas (la tercera, por ejemplo, tuvo una personalidad diferente de las anteriores en más de un punto). De todas formas, por supuesto, todo es materia opinable y tu opinión es sumamente respetable. Gracias nuevamente por leer, por comentar y por aportar. Vuelve a hacerlo cuando lo creas oportuno. Que estés bien!!

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