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Análisis de The Nevers. Temporada 1. Episodio 4

The Nevers, serie steampunk creada por Joss Whedon y que emite HBO, nos ha entregado su cuarto episodio y, como cada semana, nos sumergimos en su análisis.

Bienvenidos a una nueva entrega de The Nevers. ¿Cómo están? Yo bastante confundido en la medida en que continúan sin unirnos tanta subtrama inconexa o lo hacen a ritmo de tortuga. Ya mismo entramos al análisis de este cuarto episodio que lleva por título Undertaking, algo así como una encomienda, tarea o misión, lo cual, veremos, se ajusta bastante al contenido. Si todavía no lo han visto, cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y si quieren echar ojo a nuestros análisis anteriores, pueden hacerlo aquí.

Funeral y Huelga

El episodio comienza con el entierro de Mary, entre cuyo cortejo de tocadas sobresale, claro, la muchacha gigante. Frank Mundi, en una imagen ya repetida, mira la escena desde lejos mientras un grupo de inadaptados que lucen brazaletes rosados insultan a las asistentes y provocan la ira del detective, que los detiene tras una trifulca.

Resulta que los seguidores de Lord Massen ya tienen nombre: se alude a ellos como puristas y, desde una óptica actual, serían algo así como protonazis (a punto estuve de escribir neonazis, pero no cuadraba).

Hablando de Massen, sus obreros han descubierto que están, de incógnito, acarreando proyectiles de artillería, lo cual les pone en estado de agitación y exigen una mayor paga por trabajo riesgoso. Sin mosquearse, el líder ultraconservador les arenga sobre la alta fiabilidad de los explosivos y les recuerda la cantidad de extranjeros que andan por los muelles dispuestos a tomar sus puestos laborales.

Da la huelga por terminada con la advertencia de que, en adelante, hagan sus planteos de manera individual y no como gremio, clara alusión condenatoria a las protestas sociales de fin de siglo.

Cuatro Sospechosos

Además de Maladie, la gran ausente al funeral es Amalia, que, rodeada de sujetos rudos, prefiere emborracharse en un pub de las cercanías, besar a un violinista y tomarse a golpes con la concurrencia para luego arrojarse hacia la misma cual pionera del mosh.

Increpada luego por Penance, replica que en el lugar de donde viene no existen los funerales, lo cual nos sigue llenando de interrogantes sobre sus orígenes: insiste en que fue dejada allí (o aquí, no sé) sin que sepamos por qué ni por quiénes.

Las sospechas sobre el asesinato de Mary van en cuatro sentidos: Maladie, porque el hombre ametralladora era su socio en fechorías; el Rey Pordiosero, porque el caminante del agua era uno de sus hombres (aunque aún no se sabe si los ataques contra Mary y Amalia estuvieron conectados, cosa que no creo); Lord Massen, por apadrinar un movimiento fanático e intolerante contra las tocadas y, por último (sospechosa número uno quizás) Lavinia, hacia quien Amalia más apunta especialmente porque conocía lugar y hora del concierto. Su sospecha, sin embargo, no goza de aceptación entre el resto, que no pueden pensar mal de su madrina y benefactora.

Es más: Amalia no solo desconfía de ella sino también de su hermano Augustus, no sé si por el solo parentesco o por lo nervioso que siempre se le ve. Penance no quiere creerlo, pero va a hablar con él y si bien duda en un principio, termina convencida de su inocencia al enterarse que fue él quien envió, de manera anónima, la mayor ofrenda floral del entierro. Fácil de convencer la muchacha y marche pareja de enamorados, por mucho que Lavinia desapruebe la relación: de hecho, él pide a Penance disculpas por su desplante en aquella noche del evento social.

Hielo y Fuego

Como si se repartieran sospechosos, Bonfire Annie va tras el Rey Pordiosero y, particularmente, de su esbirro Odium, el caminante del río que, finalmente, no murió.

Lanzando bolas de fuego a su paso, se abre camino entre los callejones hasta toparse con un tal Nimble Jack (Vinnie Heaven), quien crea espontáneamente escudos de hielo y le ofrece ayuda por tener, según dice, un “enemigo en común”, pero le recomienda dejar de perseguir a Odium, que es solo un imbécil desvinculado del hecho. Finalmente se aleja formando una escalera con sus escudos de hielo. Hasta pronto, Nimble… no sabes cuánto necesitábamos un personaje más.

Tenemos un Topo

Amalia va tras Lord Massen, quien niega responsabilidad en el asesinato y escupe una de sus clásicas diatribas nacionalistas sobre el mantenimiento del orden y arremetiendo contra quienes pretenden destruirlo, particularmente anarquistas y extranjeros, dentro de los cuales parece incluir a los tocados. Con respecto a Mary, dice que no fue un objetivo sino un daño colateral en la guerra que cree librar contra quienes amenazan la armonía británica.

Massen no parece mentir sobre el asesinato en sí, pero Amalia se va convencida de que es solo un engranaje de una maquinaria mayor y no tan inocente si lidera una cruzada de intolerancia. A modo de represalia, quiere volarle las municiones que oculta en el puerto y, expuesto su plan al resto, Lucy Best (Elizabeth Berrington) dice saber en qué almacén las guarda.

Ingresando en el mismo tras gasear a los guardias con un mini robot ideado por Penance, se encuentran con que las cajas solo contienen piedras.

Lejos de sorprenderse, Amalia confirma así su presunción de que Lucy es informante de Massen, algo que venía sospechando desde que mencionara sus trofeos de caza, de los cuales no podía saber sin haber estado en su casa.

La increpa duramente, pero Lucy se escuda en la desdicha de vivir destruyendo todo al solo tacto, al punto de haber matado a su propio bebé con apenas tomarlo en brazos: Massen le ha prometido cura para su mal y Amalia solo un inexistente mundo mejor.

Tras una singular lucha en la que Amalia logra mantenerse fuera del alcance destructivo de sus manos, la termina encañonando con su arma y conminándola a abandonar Londres una vez que haya dicho en dónde guarda sus municiones Massen: ha logrado reprimir el impulso vengativo y asesino, quizás anteponiendo lo que Penance o Mary hubieran hecho. Por lo pronto, el arsenal de Massen vuela por los aires en plena noche.

Visita Sorpresiva

Nadie va en busca de Maladie por desconocerse su paradero pero, sin previo aviso, aparece en la jefatura de policía: allí la encuentra Mundi, quien viene de romper, en malos términos, su acuerdo con Hugo Swann, al que acusa de estar encubriendo a alguno de sus clientes ricachones. Sosteniendo una cuerda en torno al cuello del superintendente, Maladie se queja del maltrato que le está dando la prensa al incriminarla, sin pruebas, por el asesinato de Mary. Contrariamente, confiesa haber sentido atracción por ella y hasta haber estado dentro del ataúd durante el entierro.

Tras exigir que se la deje de difamar, escapa por la ventana dejando aparentemente inerte el cuerpo del superintendente, aunque después de lo de Odium, no podemos afirmar que haya muerto por ahorcamiento. Mundi sale a perseguirla y la deja inconsciente golpeándole la cabeza contra un muro, tras lo cual disuade a los agentes de la fuerza que buscan asumir justicia por mano propia.

Ya en cautiverio, oímos a Maladie delirar en sueños mientras repite que “este no era el plan”, para agregar: “siempre he sido tu instrumento; ¿por qué no me usas?”.

Mensaje Cantado

En el análisis anterior, me quejaba de lo poco que, hasta el momento, había aportado Myrtle, cuyo único y dudoso “don” es hablar involuntariamente un galimatías de diferentes lenguas. Sigue sin quedarme en claro la utilidad de ello, pero, al parecer, es la única que ha entendido el mensaje en la canción de Mary aunque, claro, no sabe cómo transmitirlo al resto por no hacerse entender.

Al principio, se comunica con dibujos pero, finalmente, la hacen hablar ante un grupo de inmigrantes y tocados conocedores de otras lenguas diferentes del inglés para así, por retazos, ir decodificando lo que quiere decir: el “comité de notables” termina traduciendo sus palabras y, por ende, la canción de Mary.

Resulta que el mensaje iba dirigido a Amalia, a quien alguien dice que no la abandonó sino que está en la ciudad y que tuvo que sanar porque estaba herido. Insta, además, a unirse para enfrentar a la oscuridad y así poder salvar… no sabemos qué, pues el mensaje se interrumpe, presumiblemente, al ser Mary alcanzada por los disparos.

Críptico y enigmático para nosotros, el mensaje impacta en Amalia, cuyo rostro se va poblando de lágrimas.

Balance del Episodio

La serie sigue dándonos más confusión que respuestas. No es que me disgusten los enigmas; todo lo contrario: son útiles para sostener trama e interés siempre que el guion nos permita conocer en profundidad las distintas subtramas y poder conectarlas, como también sentir empatía por los personajes que es, creo, donde más se está fallando y, encima, no nos dan tiempo para hacerlo. Casi ni llegamos a conocer a Mary o a Lucy y ya están, respectivamente, enterrada y desterrada.

En ciertas series me molesta el abuso de los flashbacks, pero aquí no vendrían mal para bucear en la psicología de unos personajes que se nos presentan herméticos e inescrutables, además de ser demasiados y no dejárselos descansar: hasta nos acaban de presentar uno nuevo.

Es una pena porque la serie contiene un par de ideas interesantes y se sigue luciendo en cuanto a ambientación y decorados, cuidando incluso que los muros presenten moho y los goznes herrumbre. Otro tanto puede decirse de los maravillosos diseños como el pequeño robot gasificador que hemos visto en este episodio y ni qué decir del glorioso auto de tres ruedas en cada una de sus apariciones.

Asimismo, hay un buen retrato de los debates e ideas de la época, como cuando Amalia y Penance discuten acerca de derribar el sistema o corregir sus injusticias (socialismo científico contra socialismo utópico). También se aprecia una sociedad que, en líneas generales, aún no ve la guerra en ciernes, tal como ocurrió durante la paz armada: las municiones escondidas son una gran metáfora histórica. También son interesantes algunas actuaciones: Ben Chaplin, en el papel de Frank Mundi, está teniendo momentos realmente buenos al mostrar conflictos, traumas y contradicciones.

Pero sigo pidiendo algún atisbo que nos permita comenzar a unir las historias en lugar de mantenerlas tan aisladas. Sabemos, eso sí, que Amalia y Maladie fueron dejadas por alguien (quizás de otro mundo) que está buscando comunicarse, sobre todo con la primera, aun cuando no entendamos por qué lo hace de un modo tan retorcido y no más claramente. Digamos que si dejas a alguien un mensaje codificado en una canción solo entendible para una muchacha que habla mil idiomas, no se lo estás haciendo fácil.

Mantengo esperanza de que la trama principal comience a despuntar con más decisión en próximos episodios y ojalá así sea para que no se desperdicien tantos detalles accesorios que ayudarían a construir una historia atractiva con un sólido guion detrás.

Encendiendo velas para que así sea, les espero para analizar el próximo episodio.

Hasta entonces y sean felices…

 

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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