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Crítica de As Bestas (2022), tan contundente en su inicio como laxo en su final.

No importa lo lento que pase el tiempo. Todo llega. Hasta uno de los estrenos más esperados del año, el largometraje español As Bestas, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen que arrasó en el festival de Cannes (uno de los más importantes del mundo) con el premio del Público y en el festival de Tokyo, donde se llevó los premios más importantes.

As Bestas es una historia rural afincada en la Galicia profunda que relata el enfrentamiento entre dos casas vecinas. Por un lado, un matrimonio francés que ha acudido a la aldea buscando un proyecto idílico basado en la reforma de casas para atraer turistas y la agricultura ecológica. Por otro lado, dos hermanos nacidos en la aldea que odian a los forasteros por no haber firmado la entrega de los terrenos a una compañía ecológica. La tensión entre ambos llegará a un punto sin retorno.

Dirige Rodrigo Sorogoyen es probablemente el director español más en forma del panorama patrio. Lo conocí en la desconocida y fascinante Stockholm, pero pronto su carrera viró hacia el thriller marcado por un ritmo acelerado y una tensión exasperante en películas como Que Dios nos perdone y El Reino (una de las veinte mejores películas de política de la historia del cine), además de su mejor obra, la serie Antidisturbios. De Madre prefiero no hablar. Mejor os recomiendo el cortometraje y que obviéis su adaptación al largo.

Crítica de Antidisturbios

Con este director a los mandos, esperaba una As Bestas tensa y con una visión desesperanzadora del ser humano. Y así es. En ese sentido, la película supone un paso más en la evolución del talento cinematográfico de Sorogoyen.

Durante gran parte de la película, asistimos a un neowestern en el que se intercambia la figura de colonos y rancheros por forasteros franceses y ganaderos gallegos. La tensión entre ambos grupos irá aumentando de forma exponencial, aunque el ritmo es más lento que en otras películas del director. La maestría de Sorogoyen para mostrar la violencia latente y la tensión es tan palpable que solo necesita una conversación en plano fijo para ponernos más tensos que una vela.

Y hacernos sentir mal. Porque As Bestas utiliza el diálogo, que debería servir para acercar posturas entre cualquier ser humano, como un método que se encamina, inexorablemente, a un enfrentamiento frontal cada vez físico y, con ello, mortal.

Esto no sería posible sin un gran guion, de Sorogoyen e Isabel Peña, y unas grandes interpretaciones. Alternando gallego, castellano y francés, As Bestas cuenta con cuatro interpretaciones protagonistas memorables, pero ninguna como la de un brutal Luis Zahera, merecedor de todos los premios del año.

Hasta aquí todo correcto. Tenemos un thriller rural con ecos de Conspiración de silencio o Perros de paja, con una tensión brutal y enormes interpretaciones. Esto nos lleva a intuir un clímax insoportable que nos deje con el corazón acelerado al llegar a los títulos de crédito.

Pero no. En una decisión difícilmente comprensible, al llegar a los dos tercios de película, esta se rompe. La tensión se difumina y As Bestas se transforma en otra película. Es cierto que el talento persiste y esta parte tiene su sentido, revelando una intensa historia de amor latente durante toda la película.

Pero se desliga completamente con lo vivido hasta ahora. Puede que Sorogoyen sea un maestro a la hora de retratar la violencia y la tensión latente en el ser humano, pero le cuesta alcanzar la calma del mundo interno de cualquier persona. De hecho, esta parte de la película, paradójicamente, me termina sacando de esta, ya que me pasé cuarenta minutos preguntándome hacia dónde iba.

Y es una pena. Porque As Bestas podría haber sido la mejor obra de Sorogoyen y una de las mejores películas españolas del siglo XXI si se hubiera limitado a ser un thriller rural en el que los personajes, más o menos miserables, se encuentran dominados por las invisibles redes de un sistema cuyas manos están manchadas de sangre aunque no empuñen la escopeta.

Desgraciadamente, en un alarde pretencioso que recuerda al Iñarritu de El Renacido con sus imágenes lisérgicas en una historia de supervivencia, decide contar “algo más”, como si considerara que la historia que vemos en los dos primeros tercios de la película fuera insuficiente.

En definitiva, As Bestas es una gran película que refleja el talento cinematográfico de Rodrigo Sorogoyen. Una tensa historia que pierde al romperse con una decisión argumental que afecta a todo el último tercio. Una pena la contundencia con la que comienza y la laxitud con la que finaliza.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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