Cinco películas mudas de terror que ver en Halloween

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La efectividad de cualquier libro, cómic, videojuego o película de terror depende de muchos factores, pero uno de los principales es la extrañeza que produce: si no fuera así, no habríamos acabado perdiendo el respeto a todas las fórmulas que hemos visto repetidas mil veces, desde los viejos monstruos de la Universal hasta las películas de metraje encontrado, pasando por los famosos slashers. Todas estas tendencias, cada una menos duradera que la anterior, se han convertido en la presa fácil de todas las Scream y Scary Movie del mercado, así como de numerosos vídeos de Internet que parodian las convenciones de un género. Porque, cuando uno sabe lo que va a suceder, una película de terror pierde su efectividad. A pesar de novedades interesantes y originales como La bruja, los códigos más reconocibles del cine de terror sirven más como guiño al espectador que como un vehículo para provocarle congoja.

Quizás por ello algunas de las películas más siniestras que existen se hayan rodado durante los años del cine mudo: estos callados largometrajes resultan especialmente perturbadores al público actual por lo extraños que resultan en comparación con lo que conocemos. Para el espectador curtido en cientos de gritos agudos de scream queens y en miles de sustos con la música a todo volumen, el lirismo silencioso de las primeras películas de miedo podría suponer un remedio escalofriante. Por ello os recomendamos cinco alternativas al bullicio actual, para que podáis preguntaros si esa brisa que escucháis a través de vuestra ventana es el presagio de algo terrible.

El gabinete del doctor Caligari (1920)

La obra más recordada del cineasta alemán Robert Wiene sentó las bases para todo un género de terror que surgió a partir de ella: aunque ya se habían producido filmes de este género con anterioridad, fue El gabinete del doctor Caligari el primero que consiguió establecer una atmósfera única y opresiva que muchos trataron de igualar. Cuenta la historia de un siniestro doctor cuyo esclavo hipnotizado Cesare va sembrando el caos allá por donde ambos pasan, y sobre la maligna influencia que tienen sobre la ciudad donde se desarrollan los hechos.

Esta obra maestra ha dejado su huella en gran cantidad de películas posteriores como, por ejemplo, la filmografía temprana de Tim Burton. Los decorados de este terrible cuento de hadas están diseñados para provocar una sensación de irrealidad y espanto, y lo consiguen con creces: no hay ni un instante de respiro en toda la película porque en todo momento se sabe que hay algo que no está bien, aunque no sepamos explicarlo. El final, tan imitado y tan impactante en su momento, explica lo que ha sucedido sin renunciar a una siniestra ambigüedad.

El golem (1920)

Esta es la tercera película sobre el legendario monstruo de barro que realizó el director Paul Wegener, pero la única que conservamos a día de hoy. Por ello, resulta irónicamente apropiado que el realizador hiciera un remake en lugar de una secuela y volviera a contar el origen de ese coloso al que también interpreta: el célebre golem de Praga, creado por un rabino versado en la cábala ante los pogromos constantes que sufría su pueblo. Sin embargo, cuando la criatura pierda el control, se convertirá en una amenaza tanto para la nobleza local como para los propios judíos.

Aunque esta película no resulte tan escalofriante como Häxan u otras cintas que se quedan fuera de la lista, hay que destacarla por su enorme influencia, al ser un predecesor evidente del Frankenstein de James Whale, esa película tan famosa e influyente que hasta quienes no la han visto la recuerdan. La historia de este gentil pero brutal gigante, aderezada con elementos de humor y romance, ha envejecido bastante bien, y las escenas en las que la figura de barro recibe la vida resultan perturbadoras aún hoy en día.

La carreta fantasma (1921)

De Alemania pasamos a Suecia, con una fascinante joya más desconocida del director Victor Sjöström, que luego aparecería como actor en la película Fresas salvajes de Bergman. Aunque habrá quienes no consideren a esta película como un exponente del cine de terror, cuenta con suficientes elementos inquietantes como para pasar a formar parte de la lista. El tema que trata es ya algo incómodo de por sí: un borracho muere en una gélida Nochevieja, lo que acaba condenándolo a conducir el carruaje de la Muerte y a cargar con las almas de los difuntos durante un año hasta que el último ser humano en morir tras esos 365 días le releve. A lo largo del filme, comprenderemos cómo ha llegado hasta su lamentable situación.

La película no muestra a un monstruo terrorífico ni a un asesino. Por el contrario, el terror proviene de la propia mortalidad del ser humano y de las distintas formas en las que este puede desperdiciar su vida, que aparecen reflejadas con crudeza en el largometraje. La estampa de pobreza que recoge La carreta fantasma es tan universal como triste, y los efectos fantasmagóricos son extraordinarios teniendo en cuenta la época en la que fue rodada. Este particular Cuento de Navidad merece la pena ayer, hoy y mañana.

Nosferatu (1922)

Esta otra película del expresionismo alemán surgió cuando Murnau quiso adaptar la popular novela de Bram Stoker, Drácula. Al no contar con los derechos, trasladó la acción a la Alemania del siglo XIX, creando una película cuyo ambiente sórdido y decadente se ganó la admiración del público desmoralizado de la República de Weimar. Al igual que en el libro, un agente inmobiliario viajará a un viejo castillo para gestionar la venta de unos terrenos con un propietario que resulta ser más de lo que parece… pero el elegante villano de Stoker ha sido sustituido por una criatura horrible mucho más cercana a los vampiros originales de las leyendas.

Las imágenes de esta película siguen siendo reconocibles a día de hoy, y el monstruoso conde Orlok es uno de los no-muertos más escalofriantes que han aparecido en el celuloide. En el futuro se adaptaría la novela con una fidelidad mucho mayor y, a pesar de ello, Max Schreck sigue siendo un mejor Drácula que Bela Lugosi. En el cine, el rey de los vampiros habla alemán.

El fantasma de la ópera (1925)

Esta película, dirigida por Rupert Julian, es uno de los exponentes más tempranos del terror norteamericano que hoy domina el mercado. Se trata de una adaptación de la famosa novela de Gastón Leroux en la que un misterioso hombre desfigurado aterroriza a los asistentes y a los actores de un decadente teatro haciéndose pasar por un espectro.

Aunque su ambiente gótico no puede equipararse al que muestran sus compañeras en esta lista, El fantasma de la ópera cuenta con una baza importante a la hora de provocar escalofríos: la interpretación de Lon Chaney, el llamado“hombre de las mil caras” y probablemente la primera superestrella del género de terror, precediendo a profesionales como Boris Karloff, Vincent Price o Robert Englund. El intérprete consigue trasladar la tragedia del grotesco fantasma al mismo tiempo que transmite una presencia amenazadora, algo a lo que ayuda la excelente cinematografía. El uso del color en una escena, no inédito pero sí inusual en la época, provoca un contraste con el blanco y negro que contribuye a dibujar un ambiente enfermizo y trágico.

Conclusión

El género de terror sigue ofreciendo novedades interesantes de vez en cuando, pero hace mucho que su edad de oro pasó. Hoy es más necesario que nunca echar un vistazo a los clásicos, no solo por su importancia histórica sino por el impacto que siguen teniendo a día de hoy. Estas películas de dominio público deberían hacernos reflexionar sobre aquellos recursos narrativos de los que podríamos aprender… y, por supuesto, resultan una alternativa deliciosamente diferente para pasar un Halloween terrorífico.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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